DE LA CASA #183: LA CONSERVACIÓN DEL PATRIMONIO CULTURAL: HACIA LO TANGIBLE / EDRS.

Por Eduardo Daniel Ramírez Silva

Apreciable lector/a, con este artículo pretendo compartirle qué es la conservación del  patrimonio cultural y porqué esta actividad le concierne a lo tangible. El patrimonio cultural abarca un vasto universo de símbolos y significados dotados por las comunidades, sin embargo, es necesario que sepamos el concepto de lo tangible que se materializa en lo mueble e inmueble. La memoria, los valores y los significados son lo más importante en torno al patrimonio cultural, conforman su espíritu, por ello es que se busca conservar los objetos o bienes como vivos recuerdos, mantener esa esencia que los constituye y preservar la identidad de la comunidad que los ha significado.

En ese entendido, se establece que el patrimonio cultural tangible se refiere a lo material, a un objeto específico (utensilio, artefacto, obra de arte, monumento, edificio, etcétera) que contiene un significado especial y que representa algo en particular. Para el patrimonio cultural tangible, los mecanismos de conservación son distintos y diversos dada su composición, contexto, entre otros aspectos. Los problemas que plantean son diferentes y la especialidad de quienes participan en sus soluciones, también. Este tipo de patrimonio se divide en dos: mueble e inmueble.

Los bienes muebles son aquellos que pueden ser trasladados de un lugar a otro sin perder su carácter de bien cultural. Esta facultad de “fácil” traslado los convierte en muebles y se muestran en objetos arqueológicos, pinturas, carteles, cuadros, fotografías, obras de arte, libros, documentos, mobiliario, entre muchos otros objetos. Los bienes inmuebles viven en el suelo, están enraizados en él y son inamovibles. Además, en ese suelo desempeñan un papel definidor y contextual y, a su vez, lo que les rodea imprime personalidad propia al mismo bien.

¿A qué nos referimos con conservación?

La Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural promovida por la UNESCO en 1972 indica que el patrimonio cultural (tangible) “está cada vez más amenazado por la destrucción, no sólo por las causas tradicionales de deterioro sino también por la evolución de la vida social y económica que las agrava con fenómenos de alteración o de destrucción aún más temibles”. Como una respuesta a esta situación, se ha considerado que los bienes que conforman este tipo de patrimonio deben ser conservados, adoptando así, nuevas disposiciones que establezcan un sistema eficaz de protección colectiva del patrimonio cultural con valor excepcional organizada de una manera permanente y basada en métodos científicos actuales. De modo que esta labor engloba a otras que se definen más adelante.

En consecuencia, entenderemos la conservación como el conjunto de diferentes operaciones que tienen por objeto evitar el deterioro del patrimonio cultural tangible y garantizar su preservación para transmitirlos a las generaciones futuras con toda la riqueza de su autenticidad. La conservación se integra con acciones preventivas, curativas y de restauración.

Entonces, la conservación preventiva alude a las intervenciones cuyo principal objetivo es crear condiciones que ayuden a evitar daños o pérdidas en los bienes y contribuir a prolongar el ritmo de envejecimiento de los materiales. A pesar de que las intervenciones de conservación preventiva no producen resultados visibles en los objetos, son esenciales para mantener las colecciones en buen estado. Como bien señala el dicho popular: “más vale prevenir que lamentar”.

En caso de que existan daños en el objeto, se aplican medidas de conservación curativa que contribuyen a la interrupción del deterioro y estabilizan el material, reduciendo el riesgo de que se produzcan más daños. Esta intervención es fundamental para mantener la cohesión de los diversos bienes muebles e inmuebles hasta que eventualmente se decida realizar una intervención más profunda (restauración). Estas acciones funcionan como «primeros auxilios”.

La restauración es, por ende, el conjunto de operaciones que actúan directamente sobre el bien. Estas actividades se aplican cuando el patrimonio ha perdido parte de su significado o características originales y se interviene de manera científica y rigurosa para transmitirlo a las generaciones futuras con toda la riqueza de su autenticidad. La restauración es la actividad extrema de la conservación.

Además, se incluyen otras dos acciones: la protección y el mantenimiento. En la primera se actúa desde cuestiones académicas, técnicas y legales que promueven la investigación, identificación (inventarios, catálogos y registros), resguardo, recuperación y difusión de los bienes materiales. La segunda aborda las operaciones permanentes que conservan la consistencia física de los bienes culturales, evitando que las agresiones físicas, químicas y/o biológicas aumenten su magnitud en demérito del patrimonio cultural.

En conclusión, la importancia de la conservación del patrimonio cultural tangible, y de todas las acciones que giran a su alrededor, radica en la preservación de los significados; los bienes materiales por sí solos carecen de un valor. Lo que en realidad se conservan son los recuerdos, los momentos, los sentimientos, entre otros aspectos que se manifiestan en la diversidad de objetos, monumentos y edificios. Conservar los bienes representa mantener vivo su espíritu que se compone de aquello que no podemos ver, pero sí sentir y el patrimonio cultural tangible es el punto que nos conecta a todo eso que nos es valioso y memorable.


Fotografía: Juan Tonchez

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