#DE LA CASA #114: TACO`S/ TAller(es) de ACOntecimientoS.

#Tacos en #LaFondark.// Nos estamos preparando para festejar nuestro séptimo aniversario con todas las ganas y como parte de la celebración, les anunciamos con mucho antojo nuestro próximo proyecto: “TACO’S/ TAller(es) de aCOntecimientoS…”// Este será el platillo estrella de nuestro menú para el 2017, estamos seguros los hará pedir más.// ¿Quieres probar y participar? Nos vemos el 8 de enero para la junta informativa.// Detalles e info extra, envíen un correo a: arkeopatias@gmail.com.// #proyectos #arkséptimoaniversario #quieroprobar

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DE LA CASA #113: ARK11/MEMORIAS.

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#REVISTA.// Como recordarán, los días 24, 25 y 26 de noviembre del 2015, estuvimos presentes en el Encuentro Nacional de Estudiantes de Arqueología. “Arqueología del Siglo XXI: Nuevas Perspectivas Mismos Retos”, que se llevó a cabo en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (#ENAH) en la Ciudad de México, con una nutrida participación de alumnos de todos los semestres de la carrera presentando trabajos de gran calidad. Por lo que, en un acuerdo de colaboración con la Coordinación de la Licenciatura de Arqueología de dicha escuela, decidimos que las memorias de este evento serían publicadas en un número especial de la revista #TextosArKeopáticos. Es así que aprovechamos esta ocasión para anunciar oficialmente el arranque de los trabajos de edición de publicaciones tipo “memorias” por parte del Colectivo #ArKeopatías.

Los textos que podrán leer en este número fueron enviados a nuestro correo electrónico y evaluados por un grupo de jóvenes académicos y profesores, quienes con sus comentarios ayudaron a los autores en el proceso de preparación de sus trabajos para su inclusión final en esta publicación. Nuestro sincero agradecimiento a la labor desinteresada de estos colegas (Ustedes saben quiénes son).

Finalmente, no queda más que reconocer a todos los compañeros estudiantes de arqueología que participaron en el #ENEA2015, así como a ustedes la lectura de este ejercicio de apertura editorial a todas las voces, sin importar grados académicos ni filiaciones grupales. ¡Disfruten y discutan!//

Aquí el link para su consulta y descarga:

#LasPrestadas: Tláloc no quiere a los arqueólogos.

Por: Pablo Ferri

Roberto Junco recuerda aquella vez en que la comisión de pueblos indígenas del Estado de México acusó a su equipo de “romper el orden cósmico”. Era el año 2009. La subdivisión de arqueología subacuática del Instituto Nacional de Antropología e Historia, el INAH, buscaba restos de rituales prehispánicos en una de las lagunas del Nevado de Toluca. Roberto y sus buzos rastrearon las aguas y encontraron, entre otras piezas, un cetro de madera. Se lo llevaron. Más tarde sabrían que databa del año 1200 o 1300. “Era un cosa rarísima, muy valiosa”, dice Junco. Los arqueólogos lo catalogaron y meses más tarde se enteraron de la afrenta: no habían pedido permiso a la montaña.

“La comisión indígena nos convocó a una reunión con mis jefes para solucionar el asunto”, cuenta Junco. Fueron, claro. El Nevado de Toluca, un volcán inactivo a dos horas de la Ciudad de México, es un lugar sagrado para los pueblos que lo rodean. Las lagunas que hay dentro del cráter también lo son. Desde entonces los científicos suelen rendir pleitesía a los dioses antes de empezar cualquier trabajo.

Hace unos días, Junco y un grupo de arqueólogos viajaron a otro volcán, el Iztaccíhuatl, para recuperar restos de ofrendas de hace más de mil años. A las 5 de la mañana del jueves 3 de noviembre, Iris Hernández, encargada de la expedición, coordinaba los últimos preparativos antes de salir. Los bultos en las camionetas, los puntos de encuentro, claros.

El equipo iniciaba así la primera gira en 30 años a un enclave especial, los llanos y la laguna de Nahualac, desde donde se ve con todo detalle la cima del Iztaccíhuatl cubierta de nieve y también, algo más lejos, entre los árboles, el cráter de su amante, el Popocatépetl.

Iris Hernández explica que el interés de la expedición es “entender el significado ritual de ambos sitios –los llanos y la laguna–, la temporalidad –en qué momento se usó–, por quiénes y con qué fin”. De entrada, añade, “hay mucha diferencia entre el llano y la laguna”. El llano es un espacio abierto, de cara al volcán. Antiguamente desde ahí se veían los dos volcanes. Por eso asumen que era un lugar idóneo para las ofrendas. Los árboles que han crecido desde entonces dificultan la visión del Popo.

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El caso de la laguna parece más complejo y a la vez, excitante. Nahualac, vocablo náhuatl, significa “el arroyo de los nahuales”. O manantial. Stanislaw Iwanizsewski, veterano arqueólogo polaco, explica que los nahuales son “entidades anímicas”, como duendes traviesos que campan a su antojo por el volcán. Dentro de la laguna quedan los restos de una estructura prehispánica, como las paredes derruidas de un cuarto de diez metros de lado. Alrededor de la estructura, los investigadores ya conocían la existencia de nueve montículos de piedra. Pero, ¿qué tipo de estructura fue? ¿Para qué servía?

Iwanizsewski piensa que era el templo que un chamán había consagrado a la montaña, a una de las entidades “anímicas” que la habitan, una importante. El polaco se decanta por Tláloc, una de las deidades con mayor presencia en la cosmovisión de los pueblos mesoamericanos, el dios de la lluvia. De hecho, dice el experto, “si alargamos el templo de Nahualac hacia el poniente muestra la puesta de sol el 3 de mayo sobre el volcán”. La fecha es representativa pues simboliza el inicio de la temporada de lluvias. Iwanizsewski dice incluso que los antiguos pudieron pensar que la laguna era la puerta de entrada al mítico Tlalocán, el país de Tlaloc. “Hay un códice”, cuenta, “que menciona que Tlalocán está ubicado en el mismo cielo que Metztli, La luna. Y todo se refleja muy bonito en el estanque cuando sale La Luna”.

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La mitología de los pueblos mesoamericanos comprendía la existencia de 13 cielos y nueve infiernos. La Tierra separa unos de otros. En el supramundo, cada cielo es la casa de una entidad: La Luna, el Sol, las estrellas. Es en el primero donde coinciden Tláloc y el astro terrestre.

Los montículos representarían elementos del paisaje –otras montañas– o, quizá, entidades anímicas menores: nahuales. Imaginar rituales chamánicos de hace mil años es una cuestión de fé. ¿En qué pensaban los presentes? ¿En grandes dioses y duendes traviesos, en la luna saltando como un conejo por el cielo? Sin duda esos rituales debieron ser en parte terribles. En su Historia de la Indias de Nueva España, fray Diego Durán escribió que en las fiestas que dedicaban a la señora Iztaccíhuatl, vestían elegantemente a dos niños y dos niñas y luego, en la montaña, los sacrificaban.

En todo caso, los vestigios del estanque son únicos. No hay otra igual sobre un espejo de agua en México. ¿Estaremos a las puertas de descubrir la entrada a uno de los míticos cielos mexicas, el cielo de La Luna? ¿El soportal de Tlalocán?

La expedición paró en Amecameca, un pueblo cercano al volcán en el Estado de México. Iris quería pedir apoyo a la policía estatal. Por lo que cuenta la gente de la zona, la montaña se ha vuelto tan insegura como las calles del pueblo. Ha habido asaltos, violaciones y robos de todo tipo. Entre 20 y 30 arqueólogos acamparían a 4.000 metros durante diez días. Policías armados de fusiles asegurarían su estancia.

La segunda y última parada antes de llegar a Nahualac fue el pueblo de San Rafael, hogar de graniceros y tiemperos. Los chamanes más prestigiosos de la región tienen ahí su casa. Para evitar problemas con el orden cósmico, la expedición prepararía una ofrenda gigantesca a la orilla de la laguna antes de empezar a trabajar.

No deja de ser curioso que un grupo de los científicos, académicos y estudiosos más preparados de México inicien sus trabajos pidiendo permiso a Dios y a los volcanes. Ricardo Cabrera, antropólogo físico, opina que los científicos en México son así, “abonados al pensamiento científico y al mágico”. Roberto Junco añade que “siempre tienes que pedir algo, que no haya accidentes”. Salvador Estrada, de la Subdirección Arqueología Subacuática del INAH, decía que es “por respeto a la gente” e Iris parece de acuerdo: “este lugar tiene ánima, la gente venía por algún motivo y estamos sacando algo que la gente quería que se quedara acá”. Iwanizsewski concluye que “estos rituales les sirven a los pobladores para mostrar cariño y respeto por estos lugares”.

La camioneta de los graniceros se incorporó a la expedición del INAH camino a la montaña. Les acompañaba Margarita Loera, veterana historiadora del instituto de antropología. Loera es experta en este tipo de rituales. Gran conocedora de la vida y la obra de Sor Juan Inés De la Cruz, la historiadora explica el proceso por el que los graniceros deciden el contenido de la ofrenda. “Ellos tienen sueños y depende de lo que sueñen, deciden. Esta vez el maestro pidió miel. Es normal por esta época, después de las lluvias. La miel es el agua de estos días”.

La caravana de vehículos tardó dos horas en subir la falda del volcán. Además del material de la expedición, las camionetas cargaban ahora con el contenido de la ofrenda: decenas de litros de miel, kilos de cempasúchil naranja y amarillo, terciopelos morados, mole con pollo, frutas, mezcal, pulque… Todo un homenaje gastronómico que acabaría bajo tierra días después.

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Para iniciarte como granicero tiene que caerte un rayo encima. O si no, llevarlo en la sangre, “tener linaje”, como dice Margarita Loera. Al maestro Gerardo le cayeron dos rayos. No encima, justo al lado. Además, tenía linaje. Gerardo fue el encargado de dirigir la ofrenda en Nahualac.

El ritual empezó a las cuatro de la tarde. Gerardo intercedió por los investigadores ante Dios, la virgen, la señora Iztaccíhuatl y el señor Popocatépetl. Todos rezaron un padre nuestro. Gerardo, sus ayudantes y los arqueólogos instalaron la ofrenda junto a la laguna. Luego la bendijeron con un cáliz lleno de copal ardiendo. Los arqueólogos la dejarían junto a la laguna hasta que concluyeran sus trabajos. Luego la enterrarían.

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A eso de las cinco bajaron todos, los trabajos empezarían al día siguiente. Luego empezó a llover y lo hizo durante horas. Parecía que la ofrenda no había generado los efectos deseados: Tláloc mandó un diluvió que obligó a Gerardo a hacer otra ofrenda cuando él y los suyos volvieron a San Rafael.

El día siguiente amaneció soleado. Los arqueólogos delimitaron una zanja para empezar a cavar y trabajaron hasta la hora de comer. La lluvia amenazaba de nuevo. Esa semana llovió y granizó casi todos los días, algo raro en el inicio de la temporada seca. Además, sufrieron heladas. “Las condiciones fueron muy duras”, contaba Iris Hernández este miércoles, ya desde casa.

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Los arqueólogos resistieron hasta el 13 de noviembre. El maestro granicero hubo de interceder una tercera vez ante Dios, la virgen y los volcanes. Iris decía el miércoles que aún no ha hablado con él, pero que tiene ganas de hacerlo. Han pasado cosas muy raras en la montaña. “Hubo temas con la ofrenda”, dice, “porque cuando las velas estaban apagadas, llovía y cuando las encendíamos, dejaba de llover”.

En cuanto a la laguna, el misterio continúa. Ha caído tanta agua este año que en noviembre continúa anegada. El próximo abril, antes de que empiecen de nuevo las lluvias, los arqueólogos volverán con un georradar, como el sonar de un barco. Tecnología punta en busca del mítico Tlalocán.

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Fuente: Periódico El País [Consultado el 11 de noviembre del 2016].

#DE LA CASA 112: BASTA YA DE PERDER BATALLAS/ SV.

Por Selene Velázquez

Vamos a hablar de Monterrey, la sultana del norte, la capital de Nuevo León, la ciudad industrial y boyante del siglo XX perfumada a carne asada, la ciudad de las montañas, los estadios y ahora, de edificios altos, mi ciudad.

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Imagen I, Selene Velázquez, 2016

Monterrey se distingue por muchísimas cosas pero, casi nunca, por su patrimonio arquitectónico. Y es que, cuando arrasas con más de 20 manzanas para crear una macro plaza pues, digamos, se te queda la mala fama.

Acostumbrados a decir que en el norte “no hay nada de patrimonio” generalmente tendemos a menospreciar lo que sí hay. Algunos políticos lo consideran como un estorbo o como leímos hace poco “cadáveres”. Pero, ¿en serio no  existe el patrimonio edificado? ¿O no lo queremos ver?

En la ciudad se han editado libros que muestran un magnífico patrimonio ahora perdido que podría haber estado en Morelia o Querétaro, existen más de ocho grupos de Facebook con miles de seguidores sobre el Monterrey antiguo y se publican libros de historia sobre nuestro pasado. Pareciera entonces como si estuviéramos destinados a solo ver en páginas impresas  o por las redes sociales las fotografías del antiguo Monterrey.

Recordarán que el año pasado presenté un artículo sobre la construcción de un mercado “gourmet” en dos predios de la zona del Barrio antiguo, una construcción en la calle de Morelos muy modificada, pero rescatable, y otra la colindante en la calle Padre Mier que estaba completita, y que fue destruida para dar paso a una mole de modernidad de concreto con sillares de fachaleta aparentes como para que se vea “viejito” y le de ese toque chic para un mercado gourmet, claro. Hubo mucha agitación en las redes sociales y en los medios impresos, pero, obviamente, nada pasó. (Por acá el link)

Sin embargo, ya estamos cansados de que no pase nada, de que nunca pase nada.

Hace unos días un amigo arquitecto me dio un “pitazo”: una casa en el primer cuadro de la ciudad estaba siendo demolida. Sin la ubicación exacta, fuimos a calle por calle para buscarla sin resultado. Días después, en uno de los grupos antes mencionados del Facebook encontré una imagen de la casa con la ubicación. Sin perder un minuto fuimos a documentarla: la propiedad era excelsa, dos niveles, planta en forma de herradura, techos de terrados y vigas de madera, muros de sillar de caliza, un patio central flanqueado por arcos de medio punto, y en la fachada detalles neoclasicistas. Una maravillosa casa (aparentemente del siglo XX) estaba siendo convertida en polvo. Todo para dar paso, ¿adivinen a qué? A un estacionamiento.

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IMAGEN II, Restāurika 2016

Esta vez se sumaron más voces para a pedir que se detuviera la demolición de una casa que, prácticamente estaba ya demolida. Sin embargo para nuestra fortuna Eduardo Quintanilla subió a la red una ficha de catálogo realizado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, el Instituto Nacional de Bellas Artes y el Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León en el año de 2004 donde se decía que la casa estaba protegida, aunque  la ubicaban en el siglo XX. Más tarde, Juan Casas subió a las redes una ficha de catálogo más antigua realizada solo por el INAH donde se inscribe a la propiedad como del siglo XIX e incluso se comenta que hay una inscripción: “Septiembre de 1885, E.M.” sin imagen de la misma. Sin embargo hay inconsistencia en el número de la propiedad, horrores y errores de origen a la hora de documentar: ¿De cuándo era la construcción? ¿Siglo XIX o siglo XX? Nos preguntamos entonces: ¿debería de ser demolida por ser de un siglo u otro? ¿Quién la debe proteger? ¿Era un paraje desolado que ya no se podía restaurar? O peor aún: ¿era ya un cadáver mal oliente?

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IMAGEN III, Eduardo Quintanilla, 2016

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IMAGEN IV, cortesía Juan Casas, 2016

Pues bueno, viene acá lo más interesante, según un documento difundido por los periódicos de Milenio Monterrey y El Norte de grupo Reforma: el primer permiso de DEMOLICIÓN TOTAL lo dio nada más ni nada menos que el Instituto Nacional de Antropología e Historia Delegación Nuevo León en julio de este año 2016. Hasta este momento no conocemos los dictámenes estructurales del bien patrimonial realizado por ingenieros o arquitectos peritos en la materia, mucho menos si quiera, alguna fotografía que pudiera evidenciar el daño irreparable para su eminente destrucción.

http://www.milenio.com/cultura/avalo_inah-demolicion_casona_protegida-milenio_0_848915522.html

http://www.elnorte.com/aplicaciones/articulo/default.aspx?id=986678&v=3

Sin embargo, horas más tarde, Elsa Rodríguez delegada del INAH Nuevo León declaró ante los periódicos antes mencionados que no reconocía la firma en el documento como suya y que era, muy probablemente una falsificación, por la que interpondría una demanda contra quien resulte responsable. Lo más terrible de esto, es que quien realizó el documento apócrifo lo hizo desde el mismo Instituto, pues los sellos estaban ahí.

http://www.milenio.com/cultura/desconoce-inah-permisos-pondra-denuncia-milenio_0_849515366.html

http://www.elnorte.com/aplicaciones/articulo/default.aspx?id=986955&v=2

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IMAGEN V, Obtenida en grupo Reforma y Milenio, 2016

Aún así imágenes de Google Street y Google Earth fechadas en febrero de este año nos muestran una casa con una aparente estabilidad estructural. ¡Digo!, viviendo la que escribe también en la ciudad de Guanajuato, donde hay losetas de barro que literalmente se caen de los balcones y que bien podrían matar a un cristiano ¡y no por eso tiran la finca! La restauran. Pero en Monterrey pareciera que por un posible colapso de azotea decidieron tirar el inmueble entero.

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IMAGEN VI, Google Earth, 2016

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IMAGEN VII, Google Earth, 2016

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IMAGEN VIII, Google Earth, 2016

El mismo día que salieron las notas en los periódicos hubo un movimiento ciudadano importantísimo afuera de la ruina que es ahora la casona en la calle Allende, donde más de 30 personas nos reunimos para externar nuestro interés en la conservación y preservación del patrimonio arquitectónico de la ciudad de Monterrey, y digo importantísimo porque no es algo que se vea muy seguido en la ciudad. Sin embargo, y con todo y la colocación de los sellos de suspensión de obra por parte de desarrollo urbano,  la propiedad había sido demolida ya en más de un 80%. http://refor.ma/9s-baei3T

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IMAGEN X, Restāurika 2016

Pero entonces, volvemos a la premisa ¿tenemos patrimonio o no? ¡Claro que tenemos patrimonio y mucho! Sobra decir que las autoridades que se supone son las competentes para su resguardo se están quedando cortas. Y es que, dar un permiso de demolición total sin antes proponer su conservación es un error garrafal. Ahora, ninguno de quienes estamos en contra de este tipo de acciones decimos (porque este es un error muy común, créanme) que para conservar el patrimonio edificado este debe ser momificado, o convertirlo en un museo con tapices del siglo XIX y candelabros franceses. ¡No!. Un edificio patrimonial puede y debe tener usos múltiples, debe ser adaptado a las nuevas necesidades de la comunidad con materiales que sean compatibles para su conservación, pero de eso a que parezca que estamos en los tiempos de Don Porfirio, se dista mucho.

En la propia ciudad de Monterrey Marcela González, de Oficio Taller Arquitectura, intervino una propiedad en la calle 15 de mayo para adaptarla a uso de oficinas. ¿Cómo? Respetando la construcción antigua y creando junto con su despacho una intervención contemporánea y amigable al contexto. Pero claro, tuvo la visión y el respeto por el patrimonio.

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IMAGEN XI, Cortesía Marcela González, Oficio Taller Arquitectura, 2015

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IMAGEN XII, Cortesía Marcela González, Oficio Taller Arquitectura, 2016

Algo está fallando en Monterrey, lo he dicho en más de una ocasión, debemos dejar de hablarnos entre especialistas sobre patrimonio, debemos dejar de darnos palmaditas en la espalda y hay que llevar el patrimonio a todos, desde los niños hasta los ancianos, desde los dueños de los bienes arquitectónicos hasta los posibles y futuros inversionistas, y obviamente, a las escuelas de arquitectura. Hay que incentivar con apoyos económicos a los propietarios de los inmuebles de valor histórico y artístico, para que en realidad éstos se puedan conservar, porque muchas veces sí hay un amor al patrimonio y apego a la propiedad, pero sin dinero y un conocimiento claro sobre los materiales constructivos, seamos realistas, poco o nada se puede lograr. Más de uno estamos cansados de que nunca pase nada y de que los catálogos sólo sirvan para llorar por lo desaparecido. Así que basta ya de perder batallas.

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IMAGEN XIII, Restāurika 2016

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Actualización del 29 de noviembre: “”Acá (un par de videitos) del Barrio antiguo: pura construcción que se integra perfecto al contexto histórico.” by Selene Velázquez.

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Sobre la autora: (Monterrey, Nuevo León – 1982) Maestra en restauración de sitios y monumentos por la Universidad de Guanajuato y arquiterca por la Universidad Autónoma de Nuevo León, ama a la arquitectura norestense y a su tierra. Es co-fundadora de Restáurika, empresa que se dedica a la arquitectura contemporánea y a la restauración de bienes muebles e inmuebles. No le gusta quedarse callada cuando ve que le tiran el patrimonio de su ciudad./

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Versión para imprimir y descargar aquí //

ArKeopatías opera bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento – NoComercial – Compartir Igual 4.0 Internacional License, por lo que agradecemos citar la fuente de este artículo como: Proyecto ArKeopatías./ “Textos de la casa #112″. México 2016. https://arkeopatias.wordpress.com/ en línea (fecha de consulta).

#LasPrestadas: Violencia y narco obstaculizan el trabajo de arqueólogos.

Por Reyna Paz Avendaño

Reportaje. Crónica narra algunos de los casos de violencia que han provocado la disminución del trabajo arqueológico en los estados de Durango, Jalisco y Michoacán. No obstante, el trabajo de los investigadores continúa en diversas zonas de conflicto.

En el camino que diario tomaban para ir a su campamento de trabajo apareció un narcomensaje, la nota era una amenaza de muerte con firma de Los Zetas. Era el año de 2010. Fue entonces cuando el arqueólogo José Luis Punzo y su equipo de trabajo apresuraron las investigaciones en San Bernardino de Milpillas, Durango, para proteger un sitio prehispánico con barreras antifiltrantes y cortafuegos. Pero otras comunidades duranguenses con patrimonio arqueológico no tuvieron la misma suerte: el fuego cruzado destruyó la vida local, incluido el campamento de los arqueólogos.

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Una situación similar vivió el año pasado el arqueólogo Eduardo Ladrón de Guevara en Jalisco. Mientras un helicóptero del Ejército era derribado por el Cártel Jalisco Nueva Generación, el investigador tenía la tarea de registrar vestigios prehispánicos en una zona aledaña al incidente, la Sierra de Ameca; sin embargo, por su seguridad, lo transfirieron a otra zona, los Altos de Jalisco, pero ahí la violencia con cara de hombres armados también les impidió hacer su trabajo.

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Ésas son algunas historias que han vivido en los últimos años especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y son testimonios que evidencian cómo la violencia a causa del narcotráfico ha provocado la disminución del trabajo arqueológico en los estados de Durango, Jalisco y Michoacán.

Narcomensajes y pueblos quemados.

El arqueólogo José Luis Punzo llegó a la Sierra Madre Occidental de Durango en 1994 a excavar y registrar ciudades prehispánicas, pero llegó cuando el cultivo de amapola y la extracción de su savia para producir heroína ya era una práctica cotidiana.

“Llegué a la sierra, a la región Mesa de Tlahuitoles, en el invierno de 1994, en ese momento podíamos llegar a cualquier poblado después de las cortesías de rigor y explicar lo que hacíamos. Al ver que éramos unos locos inofensivos buscando cosas viejas se nos invitaba a pasar (a sus casas), a comer y a dormir, estableciéndonos con las familias. Así, pudimos hacer varias temporadas de trabajo al año”, señala el arqueólogo que trabajó en la zona hasta 2012.

De 1994 a 1999 el investigador del INAH comenta que en la sierra se podía vivir con bastante comodidad, hasta que inició la militarización de la región durante los sexenios de Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón Hinojosa.

“La violencia en la zona aumentó en 2007, con la disputa de los cárteles de Sinaloa y Los Zetas, los propios cárteles comenzaron un proceso de militarización de sus integrantes, cambiando las estrategias, formando lo que se ha conocido popularmente en esa región como la mafia nueva. Eso en la sierra ocasionó una fuerte ruptura en el tejido social que funcionaba a través de las relaciones de parentesco a escala regional, eso se trastocó porque ahora la relación era con el cártel con el cual se trabajaba”, platica.

Tal panorama hizo que el equipo de José Luis Punzo implementara nuevas estrategias para el trabajo de campo porque ya no tenían claro con quién debían hablar para desarrollar las excavaciones sin riesgos ni malentendidos.

“En 2007 iniciamos un proyecto de investigación en las Casas en Acantilado de la Cueva del Maguey, zona indígena del estado de Durango, y para iniciar el trabajo fue muy importante contar con el consenso de la comunidad y las autoridades tradicionales ya que la cueva (a estudiar) se encontraba en una zona de cultivo muy fuerte de amapola y mariguana”, recuerda.

Los estudios arquitectónicos, la conservación de vestigios y el registro puntual de materiales en dicho sitio, indica Punzo, se lograron gracias a la fuerte vinculación que establecieron con las autoridades comunitarias de San Bernardino de Milpillas, sin embargo, la investigación terminó abruptamente en 2010.

“En verano de 2009 recibimos una amenaza directa por parte de los grupos de sicarios de la región, Los Zetas. Nos dejaron una nota por la brecha en que transitábamos, amenazándonos de muerte, afortunadamente la comunidad nos arropó, pudimos continuar el trabajo y declaramos junto con la comunidad indígena a San Bernardino de Milpillas Chico como un bosque de alto valor cultural”.

Los arqueólogos además de colocar una cédula institucional que reconoce el valor arqueológico del sitio, trazaron polígonos de protección, hicieron barreras antifiltrantes y barreras cortafuegos. “Pero al subir a la sierra durante la última temporada de trabajo, en el trayecto pudimos ver los primeros pueblos quemados por la guerra entre cárteles”.

En diciembre de 2010, narra el investigador, se quemaron pueblos, entre ellos San Manuel, comunidad donde habían trabajado, entonces “ya no pudimos subir. Tuvimos que suspender el proyecto y no sabemos si nuestro campamento fue saqueado o quemado, ya nunca más regresamos”.

Narcolaboratorios y sembradíos.

“Ante el panorama de violencia surge continuamente una pregunta: ¿cómo cumplir cabalmente y coherentemente el cometido de dar protección al patrimonio arqueológico disperso por la amplia geografía jalisciense?”, comenta la arqueóloga Martha López Mestas, directora del Centro INAH Jalisco y quien afirma que el incremento de violencia en la entidad la ha llevado a replantear medidas de trabajo para asegurar la integridad de los investigadores a su cargo.

“Esta situación ha hecho que nos demos cuenta de que ya no podemos salir tan sencillamente a campo. Muchas de las medidas que hemos implementado son de carácter paliativo, si no es que psicológicas, ya que ante los grupos armados poco se puede hacer y el riesgo de ser levantado o de encontrarse en un tiroteo es latente”, comenta.

Por eso López Mestas se pregunta si en los próximos años los arqueólogos deberán limitarse al trabajo de gabinete y estudio de colecciones, en espera de tiempos mejores.

Para ejemplificar, la responsable del Centro INAH Jalisco realiza un breve recuento de noticias que reportan los medios de comunicación: el Cártel Jalisco Nueva Generación, con el liderazgo de Abigail González Valencia, superó al Cártel de Sinaloa en ganancias netas por el trasiego internacional de narcóticos a Europa y Asia, siendo el cártel mejor conectado con el extranjero, el proveedor número uno de la cocaína para México procedente de Colombia, Ecuador y Perú. También son la principal organización de tráfico de metanfetaminas en Canadá y Europa, al igual que los más grandes traficantes de precursores químicos de Asia y Europa hacia México.

¿Cómo afecta eso a la investigación?, se cuestiona.  “Implica que gran parte de la zona serrana de Jalisco, Colima y parte de Tierra Caliente en Michoacán, se encuentren ocupados por la presencia de narcolaboratorios que procesan clandestinamente los precursores químicos”, responde.

En ese contexto, a mediados de 2012, indica, el proyecto de salvamento arqueológico Macrolibramiento Sur de Guadalajara, tuvo que suspender temporalmente la excavación de un sitio arqueológico en el municipio de Atlacomulco que se encontraba sobre el eje del trazo de la carretera, por encontrarse a escasos 100 metros de narcolaboratorios.

Lo mismo sucedió con los sitios La Boquilla y Las Ánimas en el municipio de Tala, en donde se desmantelaron narcolaboratorios, lo cual dio origen a levantones y asesinatos en los meses de marzo y junio de 2012.

Un caso específico, narra, le sucedió al arqueólogo Eduardo Ladrón de Guevara, quien tuvo que cambiar su zona de trabajo porque acababa de suceder el derribo del helicóptero del Ejército por integrantes del Cártel Jalisco Nueva Generación.

“Sucedió el año pasado, cambié a Eduardo de lugar porque fue entonces cuando tiraron un helicóptero militar, le recomendé que se moviera porque estaba muy preocupada. Lo trasladamos a los Altos de Jalisco, pero tuvo una situación incómoda: se encontró con unos saqueadores que iban armados y que lo invitaron amablemente a que colaborara en el proceso de excavación”, platica la arqueóloga.

Otro problema ligado al narcotráfico es la siembra de amapola y marihuana, actividad común en la Sierra de Ameca que también afecta la conservación del patrimonio cultural.

“Los narcos suelen desmontar varias decenas de hectáreas (de bosque) ocasionando incendios forestales para (que ellos puedan) visualizar a los soldados y, en un momento dado, sembrar. Lo que sucede con esto es que todos los petrograbados ahí localizados se resquebrajan y deterioran”.

¿Cuánto bosque con patrimonio se ha quemado? 

—No lo sabemos, es un problema que están enfrentando las autoridades forestales porque se desmontan para el cultivo ilegal y lo que hemos notado es eso, que realmente el problema de afectación sobre los sitios arqueológicos es muy grande. Con el calor la piedra de los petrograbados se revienta y las áreas pequeñas como unidades habitacionales prehispánicas se arrasan para sembrar amapola o mariguana.

¿Cuántos proyectos arqueológicos se han detenido en Jalisco en los últimos dos años?

—Hemos hecho pocos. Por ejemplo, ahora tenemos el caso de una prospección arqueológica del Parque Eólico Palo Alto en el municipio de Ojuelos, pero nos recomendaron que los arqueólogos tendrían que ir cada día a campo con sus papeles de identificación porque estaba habiendo operativos militares, porque en las mesetas se estaban identificando campamentos de narcotraficantes, en teoría, relacionados con Los Zetas.

“El problema es que si los arqueólogos están en campo, cómo identificar que realmente son arqueólogos. Los estudios de campo se han vuelto riesgosos para ellos”, responde.

¿Ha buscado alguna protección o denuncia legal?

—Cuando hay afectaciones a sitios arqueológicos presentamos la denuncia con quien resulte responsable, pero la decisión de poner una denuncia en términos de violencia pensamos que debemos hacerla pero nos preguntamos si es lo indicado… como delegada tengo que estar consciente de la seguridad de los arqueólogos. Hemos tenidos casos de arqueólogos que han sido amenazados, entonces preferimos resguardar su seguridad.

Autodefensas michoacanas.

Después de que el arqueólogo José Luis Punzo terminó sus investigaciones en Durango, en 2012 le asignaron un proyecto en la cuenca del Río Balsas, región enclavada en la Tierra Caliente de Michoacán.

“Ahí el conflicto nos alcanzó porque con la llegada de Alfredo Castillo y del arresto y sustitución del gobernador, presidentes municipales y de altos funcionarios, surgieron las autodefensas. Nosotros tuvimos muy buena relación con las guardias comunitarias indígenas de Paramuén, donde pudimos hacer buen trabajo de campo con ellos, sin embargo, las autodefensas en la Huacana eran otra cosa, me gustaría aclarar que no todo es lo mismo”, platica.

En 2014 el investigador hizo salvamento arqueológico en el emplazamiento de una presa de riego en Chugüero, Huetamo, en la frontera con Guerrero y una de las zonas más conflictivas del país. “Implementamos las mismas relaciones que habíamos hecho y pudimos trabajar bajo el amparo de las autodefensas de Huetamo, con cortes y restricciones en cuanto a movilidad y horarios de trabajo”.

Fue un año tranquilo porque existía una violencia institucionalizada, es decir, los arqueólogos tenían con quien hablar y de esa forma pudieron trabajar.

“Pero la violencia apareció en la zona tras la disolución de las  autodefensas en 2015, muchas áreas quedaron bajo el control de cárteles locales y nosotros en medio. Gracias a las estrategias de comunidad, pudimos concluir los últimos seis meses del proyecto pero con intimidaciones directas a los arqueólogos. En esa zona registramos 59 sitios arqueológicos”, indica Punzo quien además comenta que a pesar de la violencia, el trabajo de investigación se continúa al igual que la vida de cientos de personas que habitan en localidades consideradas focos rojos de inseguridad.

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Fuente: Crónica.com.mx  [Consultado el 11 de noviembre del 2016] // Fotos: Juan Tonchez. Trabajos de Recorrido de Superficie en Zacatecas, México.