DE LA CASA #64: Casa Dana-Thomas de Frank Lloyd Wright/ JTG.

Por Javier Torres Gómez

“El arquitecto debe ser un profeta… Un profeta en el verdadero sentido del término… Si no puede ver por lo menos diez años hacia adelante no lo llamen arquitecto.”

Frank Lloyd Wright (1867-1959)

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Casa Dana-Thomas, Springfield, Illinois. Fecha de construcción 1902-1904. Fig. 1. Fachada interior. (c)

En esta ocasión me gustaría compartirles una crónica de la visita que realicé a una de las casas diseñadas por uno de los mejores arquitectos de la historia (según el mismo) y tal vez el más polémico.

Por un lado estaba muy emocionado por el hecho de iniciar el recorrido, por una de las casas diseñadas por el reconocido arquitecto Frank Lloyd Wright, del que hace algunos años sabía solamente lo investigado para mis clases de Teoría de la Arquitectura o cuando a la mitad de la Licenciatura, recuerdo que trataba de procesar uno que otro de sus proyectos, mientras terminaba una de mis entregas del Taller de Arquitectura y por otro lado estaba enfocándome en las sensaciones que esta casa pudo haber provocado a los propietarios y que ahora estaba experimentando.

En el exterior se puede apreciar una fachada diferente a todas las demás casas que existen alrededor.  El uso de los vitrales es la característica que identifica el diseño de Wright. Él buscaba sintetizar las formas de la naturaleza en figuras geométricas plasmándolas en intrínsecos diseños, únicos para cada una de las residencias (ahora entiendo el porqué de esas clases de redes, en los primeros semestres de la carrera de arquitectura de mi querida maestra la Arq. Elodia Gomez Maqueo). La manera en que la luz pasa por esos vitrales de una manera espectacular, al penetrar en cada recinto  es transformada en una gama de colores imperceptible para el ojo humano, matizando la madera de roble y demás mobiliario al interior. Esta casa posee la colección más grande de mobiliario original diseñado por Wright con 103 muebles y 450 piezas de vitral. (1)

Wright hace uso del concepto “orgánico”, el cual va desarrollando a través de los años y él  lo define como la utilización de materiales propios de la zona tales como piedra y madera, con esto logra mimetizarse con el entorno empleando los colores y texturas, a diferencia del concepto orgánico que otros arquitectos han desarrollado en fechas más recientes, donde utilizan formas de la naturaleza como analogías. Otro de los principios que emplea en esta casa es la horizontalidad y es posible apreciar desde la barda que delimita el predio, utilizando ladrillos muy largos, así como también en la volumetría de la casa.

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Fig. 2. Vista desde el patio interior. (c)

A veces conocida como la Casa Dana- Thomas en reconocimiento a la extensa restauración realizada por el Sr. y la Sra. Charles C. Thomas en 1944, está diseñada en una planta cruciforme e incorpora parte de una casa anterior dentro de la estructura. Es una construcción estilo Prairie (Pradera) es el primer ejemplo de rasgo característico de Wright y espacios a doble altura.

La Sra. Dana hereda una antigua construcción de su padre, localizada a un lado de las vías del ferrocarril en Springfield, Illinois, se trataba de una Mansión de estilo Victoriano la cual estaba construida a base de piedra y ella tenía pensado remodelarla para darle un estilo italiano.

La familia Lawrence llegó a ser una de las más prominentes y bien establecida en la sociedad de  Springfield, Illinois. La Sra.  Dana heredó una gran fortuna, se hablaba de que era muy excéntrica y que además realizaba labores de filantropía y ahora deseaba tener una casa que fuera al mismo tiempo un tributo para su familia pasado, presente y futuro.

Dana se pone en contacto con el joven Frank Lloyd Wright de 33 años a quien contrata para la remodelación de esta casa.

Wright tenía la intención de demolerla por completo, puesto que él quería imponer su estilo por encima de cualquier vestigio que hubiera de otra edificación, pero a petición de la Sra. Dana, deja un cuarto que le recordaba mucho a su fallecido padre y lo integra en su distribución.

El costo aproximado de la construcción fue de $60,000 dls, considerado que una casa de dimensiones normales hubiera costado unos $4000 dls, sobrepaso por mucho el costo promedio para la época. Está distribuida en 35 espacios con una superficie de 1170.5 m2. (2)

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Fig. 3. Fachada principal exterior. (c)

Exterior

La volumetría es muy interesante, maneja techos ligeramente inclinados y en diferentes planos, el juego que hace con el remetimiento de los diferentes elementos arquitectónicos provoca un efecto variado de luz y sombra que hace aún más rica la composición de las fachadas.

Los vitrales son muy evidentes desde el exterior pero no permiten la visibilidad hacia el interior y de esta manera evita el uso de las cortinas, ya que él lo consideraba un obstáculo para los usuarios desde el interior, así como también le restaba protagonismo a los diseños de los vitrales.

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Fig. 4 Detalle de la cubierta y canalones. (c)

Utiliza también unos elementos de cobre que tienen un diseño muy particular y que paulatinamente han adquirido un color verde producto de la oxidación, que al mismo tiempo hacen juego con los canalones y bajadas de agua que además de ser ornamentales cumplen con la función de canalizar el agua, producto de las fuertes precipitaciones pluviales y de las nevadas.

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Fig. 5. Levantamiento de las fachadas. (c)

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Fig. 6. Planta arquitectónica. (c)

La planta de la casa está basada en espacios grandes: un comedor de doble altura, una librería y una galería de arte separador de la construcción pero unidos con pérgolas en el extremo largo del complejo.

Interior

El acceso principal cuenta con un arco de medio punto de grandes dimensiones que enmarca la entrada, al ingresar, se llega a un vestíbulo donde se abre el espacio dramáticamente y nos encontramos en un recinto a doble altura. Al ingresar al vestíbulo se encuentra una escultura llamada “Flower in the Crannied Wall” diseñada por Wright y ejecutada por Richard Bock, la cual tiene forma de obelisco y conforme va subiendo se convierte en una mujer que está dando los últimos toques a un rascacielos, además  de dos sillas, una de cada lado de la estatua, donde esperaban los visitantes antes de ser atendidos, buscando siempre la simetría.

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Fig. 7. Escultura en el vestíbulo de acceso. (c)

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Fig. 8. Vista desde el interior hacia el acceso (c)

En el vestíbulo se localizan la circulación vertical para ingresar a la sala, al comedor, un sanitario y la recepción donde existe una fuente en el muro llamada “The Moon Children”, por Richard Bock la cual está enmarcada con vitrales artísticos que la acentúan aún más. El maneja el cambio de niveles en cada habitación ya que el sostenía que cada espacio era diferente y por lo tanto se vivía diferente, este principio lo maneja también en la planta alta, cabe señalar que la mayoría de los espacios son de una altura reducida, Wright diseñaba conforme a la escala perfecta: su escala.

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Fig. 9. Comedor. (c)

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Fig. 10. Oficina. (c)

El Comedor podía extenderse hasta para 40 personas, en su diseño intercala una silla alta y otra baja, para facilitar el servicio, a unas personas se les servía por el lado izquierdo y a otras por el lado derecho.

Las lámparas colgantes tienen motivos multicolores y son empleadas para unificar los demás elementos de la casa.

Wright tenía una obsesión también en cuanto a la geometría y en algunos casos llego a ser absurda, como lo es en la recamara principal, ya que colocó dos camas individuales separadas para conservar esa simetría.

El encargo consistía en convertir esta casa, en un lugar donde toda la gente de la alta sociedad de Springfield asistiera a las fiestas que la señora Dana realizaría continuamente. Como un dato curioso la primera fiesta que se realizó después de terminada la obra, fue para todos los trabajadores que hicieron posible la construcción.

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Fig. 11. Cada lámpara tiene un diseño. (c)

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Fig. 12. Detalle de uno de los vitrales. (c)

El sótano cuenta con un espacio para jugar boliche, el cual en algún momento quedo inundado y actualmente se encuentra en restauración, por lo cual no tuvimos acceso en esta ocasión.

Frank Lloyd Wright diseñó cada parte de la casa, cada mueble y cada rincón, hasta ahora es una de mis favoritas. Él fue un genio para su época, recordemos que la construcción de esta casa se inició hace más de 113 años.

Estas construcciones son únicas, el pueblo estadounidense las cuida y admira de una forma impresionante. Se mantienen por medio de las donaciones realizadas a la fundación Frank Lloyd Wright, que fue creada por algunos de sus alumnos así como también, de la venta de artículos oficiales y réplicas de sus diseños. Si algo hay que aprender de este ejemplo, es la manera tan ordenada y respetuosa con que tratan a sus edificios históricos.

Ahora que radico en los Estados Unidos y he mostrado imágenes de las construcciones diseñadas por los arquitectos mexicanos al pueblo estadounidense, he visto como ellos realmente aprecian la arquitectura de México, y les entusiasma la idea de visitar en un  futuro estas construcciones realizadas por arquitectos de la talla de Pedro Ramírez Vázquez, Ricardo Legorreta, Agustín Hernández, Mario Pani, Juan O’ Gorman, Luis Barragán, etc. solo por mencionar algunos, si creen que me falta alguno no dejen de mencionarlo.

México cuenta con el potencial para el turismo internacional, continuemos promoviendo nuestro patrimonio arquitectónico y eduquemos a las siguientes generaciones enseñándoles la importancia de preservar cada edificio que forma parte de nuestra historia como nación.

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Notas:

[1] Frank Lloyd Wright, year by year, Iain Thompson, 2003, 480pp.

[2] Frank Lloyd Wright, Field Guide, his 100 greatest works, Marie Clayton, 480pp, 2002

[3] http://www.dana-thomas.org/

[4] http://www.franklloydwright.org/

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ArKeopatías opera bajo una licencia Creative Commons, Atribución-NoComercial 2.5 México, por lo que agradecemos citar la fuente de este artículo como: Proyecto ArKeopatías./ “Textos de la casa #64″. México 2015. https://arkeopatias.wordpress.com/ en línea (fecha de consulta).

PRESERVAR, INVESTIGAR… Y DESTRUIR. ESQUIZOFRENIA DE NUESTROS TIEMPOS

marcha 1

Mtro. Israel Lazcarro Salgado

En verdad que ya son pocas las instituciones creadas por el cardenismo, y que hoy sobreviven al embate del neoliberalismo. El Instituto Nacional de Antropología e Historia (el INAH) es una de ellas. Creado en 1939, como bien sabemos, ha tenido por misión la protección, conservación, promoción y difusión del patrimonio cultural de México. ¿Qué fue entonces lo que sucedió en Tlaltizapán, Morelos?, ¿qué sucedió ahí, con trascabos destruyendo restos arqueológicos con siglos de antigüedad?, ¿cómo es que un sitio arqueológico, La Mezquitera, que logró sobrevivir a los embates de la historia, no logró en cambio, subsistir al INAH? ¿Acaso no la labor de dicho instituto era la protección, preservación y difusión del patrimonio? Pues sí, pero al parecer su tarea se ha vuelto difícil, y hoy el instituto enfrenta una aguda crisis que los medios de comunicación no han dejado de exhibir con justa razón. Sin embargo, el ataque a la imagen del INAH quizá no sea del todo ingenuo: hay poderes interesados en demoler este instituto con todo lo que significa, y entre los escombros del sitio arqueológico demolido en Tlaltizapán, posiblemente yacen también los escombros de un proyecto de nación, que ha tenido por misión, la preservación, difusión, rescate del patrimonio.

Destrucción

Tarea nada sencilla por cierto, y aún estratégica para la definición de un Estado nación que tras la Revolución Mexicana buscaba consolidarse, apelando no a ideales propios del colonialismo (la Virgen de Guadalupe, el catolicismo), sino a la riqueza cultural de su propia gente, el devenir histórico de su población, anterior y posterior al contacto con los europeos. ¿Qué sucedió en Tlaltizapán entonces? ¿Acaso una violación a la ley que rige al INAH?, ¿un mal entendido de lo que significa “proteger”? Hagamos una mirada retrospectiva de lo que significa proteger y preservar el patrimonio. Hoy dicho patrimonio se divide entre lo tangible y lo intangible. Casas, edificios, templos, cualquier estructura, lo mismo que cualquier resto u evidencia del acontecer humano, sea de origen biológico o artefactual (huesos, cerámica, piedras labradas, etc.), forma parte del patrimonio tangible. En cambio, la lengua, la ritualidad, una danza, una receta de cocina y hasta una canción, forman parte del patrimonio inmaterial. La preservación en ambos casos, supone estrategias de aproximación y resguardo muy distintas. De cierto que la cultura es dinámica, y respetar sus transformaciones, sus innovaciones y respuestas a un entorno cambiante, forma parte de las labores del INAH. Lo que se resguarda, lo que se valora, no son piedras ni pedazos de una vasija rota, no se trata de montículos o platillos típicos, sino la gente, la lógica cultural que a través de esos objetos y prácticas se identifica, se organiza y se desenvuelve, ya sea ahora o hace miles de años. Es el acontecer humano en toda su magnífica diversidad, lo que se protege, o al menos se busca comprender.

la mezquitera

Pero la cosa no es tan simple: México es un país excepcionalmente rico en materia cultural. La preservación de todo su patrimonio bien se ve que es una tarea titánica, descomunal. Pocos países se encuentran en una situación similar, y sin embargo se inspiraron en el ejemplo mexicano creando instituciones similares al INAH. Es dable preguntarse no si debemos preservarlo “todo”, sino tan sólo si es posible. De llevar las cosas al “extremo”, los vivos no podremos vivir en el suelo de los muertos. Sea para construir las líneas del Metro en la Ciudad de México, sea para edificar un hospital, muchos restos arqueológicos han debido ser destruidos. Claro está, ello se realiza tras el previo registro, estudio y análisis de lo que habrá de ser destruido, y rescatando lo que se pueda rescatar. Son famosos los desencuentros entre arqueólogos e ingenieros, unos pugnando para disponer siquiera de un día más para investigación, los otros pugnando para meter la maquinaria pesada lo antes posible. Es frecuente escuchar cómo miles de estructuras arqueológicas, entierros y ofrendas funerarias han sido destruidos con celeridad por los ingenieros de una obra, a fin de que el INAH no se entere de su existencia. Las presiones por la conservación y destrucción del patrimonio en cada rincón del país son en verdad muchas.

El problema aquí es definir cuánto es “demasiado”. Cuánto es “suficiente”. ¿Sabemos lo suficiente sobre el pasado prehispánico de Morelos?, ¿acaso ya hay demasiado patrimonio resguardado y es inviable tratar de proteger más? En cuestiones de conocimiento e investigación científica, nunca es “suficiente”. Y si nos atenemos a rigor académico, nunca estaremos en posición de saberlo “todo” ni pronunciar la “última palabra” sobre algo, especialmente si sucedió hace cientos de años. Entonces, si no es un criterio científico el que nos impone detenernos en una investigación, sólo podría ser un criterio administrativo programático el que nos imponga la imposibilidad de seguir investigando: falta de recursos financieros, o bien, falta de recursos humanos o de condiciones sociales que permitan si no la investigación, al menos la preservación de todo tipo de patrimonio. Si no puede hacerse todo lo que se quiere, al menos haremos lo que se puede, siempre en pos de la protección y difusión de dicho patrimonio.

Sin embargo, los embates neoliberales que entienden la cultura como mercancía folklórica y los sitios arqueológicos como parques de diversiones buenos para el negocio (en el mejor de los casos), no han cesado durante los últimos veinte años, afectando sustancialmente las labores y capacidades del INAH en su noble misión. Dicha lógica neoliberal, choca de lleno con los principios ideológicos y políticos que inspiraron la creación del INAH. Si el INAH sirvió para fortalecer al Estado Mexicano, el neoliberalismo ha buscado y conseguido, precisamente, su debilitamiento, de manera que en su patética labor de demolición del Estado, para los gobiernos neoliberales de los últimos años el INAH ha sido un estorbo.

Pese a todo, sus investigadores (antropólogos, historiadores, etnólogos, lingüistas, etnohistoriadores, arquitectos, biólogos, médicos, etnomusicólogos y por supuesto, arqueólogos), han buscado realizar su trabajo pese a un creciente aparato burocrático- administrativo que por ignorancia o inercia institucional, acaba desempeñando funciones que debieran ser competencia de los mismos investigadores. No sólo se trata de una extrema burocratización del instituto: éste se encuentra atrapado entre una misión cultural plasmada en la legislación (y en la mente de muchos de sus investigadores), y una casta de funcionarios gubernamentales que desde la Presidencia de la República hacia abajo, se muestran más interesados en el coleccionismo privado y la compraventa del patrimonio nacional como negocio. En este contexto, donde hay poderosos agentes interesados en construir un centro comercial, un aeropuerto, una zona residencial o una simple carretera, hoy pueden gozar de impunidad, aprovechando un resquicio administrativo que explota una debilidad institucional sin precedentes.

El desastre

Por desgracia, hay investigadores que parecen ignorar el hecho de que trabajan con seres humanos. Enfrascados en la piedra, pierden de vista al humano que está atrás de ella. Y en esta perspectiva en extremo limitada, casi miope de lo que significa la preservación del patrimonio, terminan avalando por acción u omisión, esta demolición del Estado mexicano a manos de la lógica neoliberal. Esos trascabos demoliendo una escalinata en Tlaltizapán, son justa metáfora de la demolición neoliberal del Estado. Quizá en el caso de este sitio arqueológico, el investigador en cuestión, un arqueólogo con larga experiencia en este tipo de eventos, haya considerado que se trataba de un sitio secundario, que ya se sabía lo suficiente, o que se trataba de un sitio ya muy saqueado, víctima de negligencias anteriores. Sin embargo, por saqueado, alterado y dañado que esté, un edificio no se destruye. Si así fuera, no habría argumento válido alguno que impidiera destruir las pirámides de Teotihuacan: saqueadas desde antaño, excavadas con dinamita en la época porfiriana, y remodeladas al gusto estético de la época, podrían muy bien ser demolidas.

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No cabe duda que el problema no se limita a un asunto legal: en términos jurídicos la destrucción con trascabos, pudo haber sido avalada académica y administrativamente, con apego a un reglamento. Después de todo, la parte administrativa del INAH, directivos, abogados, que realizan su trabajo de cotidiano enfrentando toda suerte de conflictos y presiones, en ciertas ocasiones parecen no tener criterio suficiente para discriminar entre lo válido, lo imprudente y lo insensato, debiendo confiar necesariamente en lo que la voz calificada de un arqueólogo les diga. Confían. A veces a ciegas, y en ciertos casos se equivocan.

En lo personal, confío en que eso es remediable, acudiendo a más investigadores, confrontando puntos de vista. Pero los investigadores también nos equivocamos. Un investigador suele equivocarse sobre todo, cuando merced al permanente amparo institucional, pierde contacto con la realidad. Que no es fácil evitar la locura cuando se vive demasiado mimado, demasiado aislado. En este caso, nada peor para la academia que el encierro en Torre de marfil. Puede haber razones técnicas y argumentos jurídicos atrás de estos yerros, pero no sensatez.

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El problema real y de fondo, es precisamente la virtual desconexión entre las disposiciones administrativas del INAH y la realidad cultural y humana del país. Ya que aún suponiendo que “no hay valor” histórico suficiente, en términos académicos, del sitio arqueológico en cuestión, al menos sí hay (y de manera ostensible) valor social e identitario, que el INAH también debiera proteger. ¿Con qué frecuencia los habitantes de una localidad realizan marchas en defensa de un sitio arqueológico? Si el drama en la actualidad ha sido la desvalorización y desconocimiento que permea a gran parte de la población, que está dispuesta a demoler su iglesia colonial, por considerarla “vieja y fea”, tal como sucedió en el municipio de San Pedro del Monte, en Tlaxcala bajo instigación del cura párroco, ¿cómo es posible que el INAH ignore el clamor popular que surge en defensa de su patrimonio? Así se tratara de una pirámide reciente, hecha hace cuarenta años, el INAH debiera buscar preservarla, no por el valor histórico, sino por elemental respeto a la identidad, territorialidad y dignidad del pueblo que la defiende. Porque el patrimonio histórico y cultural es de la nación, no del INAH: el instituto es el encargado de protegerlo. No es el dueño. Y si algo escapa a sus facultades jurídicas y legales, al menos puede hacer sugerencias puesto que el INAH (a diferencia del variopinto espectro de instituciones de Estado) se supone tiene “sensibilidad” en materias culturales.

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Como otras cosas, el patrimonio es de la nación, y la nación es todo el pueblo. Si dicho pueblo no valora su patrimonio, es deber del INAH hacerlo valer, educando, informando, concientizando. No se puede defender el patrimonio en contra del pueblo. El caso de la capilla tlaxcalteca demolida hasta sus cimientos es elocuente ejemplo de ello: ahora el INAH interviene con una denuncia penal en contra de los responsables de dicha destrucción (el pueblo), pero se enfrenta a un dilema moral insoslayable: ¿con qué autoridad moral condena una destrucción si avala otra?, ¿cuándo sí es válido destruir el patrimonio? Pareciera que un sector del instituto está empeñado en enfrentarse y enemistarse con el pueblo: en un caso por destruir su patrimonio, en el otro por defenderlo. Extraña esquizofrenia de una institución a un tiempo sensible y solidaria para con las necesidades de la gente, y al mismo tiempo copada por la miopía y el cálculo de corto plazo. Si hubo insistentes demandas del pueblo de Tlaltizapán por defender lo que considera su patrimonio, es un extremo despropósito, clímax de la desconexión entre ciertos elementos del INAH y la población mexicana, permitir la entrada de trascabos a un sitio arqueológico y demolerlo a la vista de su gente. Claro desvarío institucional el permitir su destrucción, y más aún, hacerlo bajo el argumento de que es así como se protege. Tesis defendida por el Coordinador Nacional de Arqueología, Pedro Francisco Sánchez Nava, que raya en lo que parece ser ya una burla. Y es que es ahí, en esa coordinación, en ese “Consejo” de Arqueología, donde se han encabezado las medidas más atroces, más déspotas y más miopes de los últimos años (como la construcción de un museo sobre una plataforma prehispánica en las Yácatas de Tzintzuntzan, Mich.; o la “remodelación” y techado al Fuerte de Guadalupe, en Puebla; y tantas obras más).

Que el INAH estorbe a los empeños demoledores de un Estado mexicano en proceso de desmantelamiento, no significa tratar inútilmente de acoplarse a los designios de sus verdugos neoliberales, y perder la dignidad. Perder cordura no es opción. Porque si acaso este Consejo de Arqueología pretendía ser sumiso una vez más para con aquellos intereses oligárquicos, y no “molestarlos” negando un permiso de destrucción, hoy encontramos que de todas formas el instituto está sumido en el escándalo. Que el ataque mediático al INAH no es ingenuo. Y de cualquier forma, sumiso o no, el INAH seguirá estorbando. Defender al INAH significa pues, defender un proyecto, una idea de nación, rica y diversa. El INAH no podrá defender su existencia asumiendo el papel de tapete frente a los grandes poderes, pues ello sólo termina socavando su legitimidad y respaldo social. Tampoco es la labor del instituto hacer regir a los muertos sobre los vivos.

Defender al INAH no significa defender cada piedra, cada tepalcate: el INAH no protege piedras, protege ventanas a mundos distintos, ventanas de entendimiento con nosotros mismos. Quizá la lógica burocrática haga perder de vista esto, y no tenga herramientas para enfrentarse a la lógica neoliberal que se impone. Pero los investigadores sí tenemos herramientas. O se supone. Simple y sencillamente la misión de cada investigador del instituto, ha de ser proteger y convertir en valor social toda la riqueza cultural que hasta la fecha se desconoce. Y tal ha sido el empeño cotidiano que gran parte de los investigadores del instituto realizan de cotidiano, en todas las áreas antropológicas. Por desgracia, basta uno solo, un solo investigador desconectado de la realidad socio-cultural en la que vive, para arrastrar al instituto en el extravío, y se empañe la labor y mérito de todos sus investigadores.

El INAH no tiene capacidades ni recursos (aunque sí facultades) para estar buscando pleitos legales contra todo mundo. De lo que se trata es de defender y hacer valorar por otros, lo que se considere pertinente y valioso, en términos que puedan ser aceptables para todos. No significa disimular nuestra existencia. Tampoco disimular errores. Es preciso defender al INAH, cierto, porque es esa una de las maneras de defender nuestro patrimonio. Sin embargo, defender al INAH lo que sí no puede significar de manera alguna, será defender sus extravíos, así cuenten con respaldo legal y seudo-académico.

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Fuente: El Tlacuache. Suplemento cultural No. 687, 16 de agosto de 2015. Delegación INAH Morelos.

III Congreso Internacional sobre Experiencias en la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial

III Congreso Internacional sobre Experiencias en la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial

Del 3 al 6 de septiembre de 2015, la ciudad de Cuernavaca será sede del III Congreso Internacional sobre Experiencias en la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial (PCI). El congreso reunirá investigadores, estudiantes, funcionarios, promotores, gestores culturales y ciudadanos interesados en el tema, para ofrecerles un espacio en donde podrán compartir experiencias, ideas, estrategias y descubrimientos en torno a sus propios esfuerzos de conservación del patrimonio inmaterial a través de mesas de trabajo, clases magistrales, mesas de diálogo y proyección de documentales. La alianza institucional encargada de dirigir el congreso está formada, por un lado, por el proyecto Archivo de la Palabra de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), y por el otro, por la Cátedra UNESCO del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Montserrat Rebollo, directora ejecutiva de Archivo de la Palabra y Cristina Amezcua, investigadora e integrante del comité académico y organizador del CRIM, hablaron a fondo sobre los orígenes, los alcances, las metas y la naturaleza comunitaria de este congreso internacional.ecard-iii-congreso-01_1ecard-iii-congreso-02_0ecard-iii-congreso-03_0

Más información: http://tercerciespi.morelos.gob.mx/

DE LA CASA #63: RASCACIELITIS y otras aberraciones modernas/ MM.

Por Marlen Mendoza

Hace poco (ya no tanto) me enteré mediante una de esas páginas, encargadas de difundir los acontecimientos relevantes en el terreno arquitectónico,  de la construcción de la Torre KOI, a edificarse en la ciudad de Monterrey, de 67 pisos, con una altura total de 216 mts. Y  9 sótanos para estacionamiento. La cual ya está en su última fase, prevista la culminación de la obra en éste 2015.

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Generalmente, al igual que las series televisivas, redes sociales y chismes de la farándula, suelo enterarme tarde y en éste caso en concreto tiene sus ventajas. Me interesaron unos datos que posteriormente compartiré; consultando varias fuentes, noté que la Torre KOI no es la única prevista o en proceso para Monterrey, también destaca la Torre Insignia de 350 mts. a terminarse en el 2018, la Torre Mitikan con 267 mts de uso mixto entre vivienda y comercio; todos los anteriores acomodados en la zona San Pedro Garza, área en auge inmobiliario.

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(c) Foto: skyscrapercity.com

Independientemente de si los proyectos tienen una propuesta interesante a nivel volumétrico, un planteamiento que “genera ciudad” (lo que sea que signifique eso) o pretendan certificación LEED, la cuestión radica en la densificación, si hacemos memoria, Le Corbusier plantea por allá de 1933 con un ambicioso proyecto conocido como La Ville Radieuse, el cual está conformado por altas torres de departamentos y comercio, separadas entre sí por vastas áreas verdes, a nadie le parece una idea descabellada, era un sueño de iluminación natural, ventilación y liberación del terreno. Inclusive hay varios intentos a lo largo del mundo de recrear ésta visión utópica de la entonces “modernidad”.

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Lamentablemente, como todo en este mundo, cada buena idea tiene una manera de corromperse, en éste caso la intención de dar aire y sobre todo devolver las áreas verdes que se estaban perdiendo por la sobre- explotación de los lotes, se tergiversa y muta exponencialmente, la lógica macabra es la siguiente:  en un terreno de 100 m² se construía una vivienda para una sola familia, Le Corbusier sugiere en esos 100 m² levantar una torre que ocupe un 40% del terreno y albergue 10 familias, dejando así 60% de terreno destinado al espacio público, que sumado al de los otros lotes resultando un porcentaje significativamente mayor de la relación entre el área construida y el área libre, mismo espacio que sirve para dar aire a las torres, por tanto buena iluminación y ventilación, generando entre sí plazas y nodos de intercomunicación vecinal; posteriormente cuando la arquitectura deja de preocuparse por la manera en que van a vivir sus habitantes y comienza a poner los ojos en la cantidad de ceros que dejará de utilidad, regresando a esos 100 m² se construye el 80% y se vende una vivienda a 40 familias cuando menos.

Ahora el virus muta hacia parajes más oscuros, los edificios mixtos que tanto aman poner en los ejercicios de las escuelas de arquitectura, esos mismos 100 m² pero ocupados al 90%, con 10 sótanos y 80 niveles, con: vivienda, oficinas, centro de convenciones, gimnasio y centro comercial, parafraseando a Sheldon Cooper de la serie de Warner “The Horror, the horror”, entonces cómo es que no queremos ciudades sobre densificadas, cuando estamos haciendo todo y más para llegar a ello.

Y si aún no le he generado pesadillas, tenemos otro agente que interviene, se está asociando la idea de que vivir/trabajar/construir/diseñar en un rascacielos, es sinónimo de poder, sofisticación, dinero, elegancia, distinción; se promocionan como obras escultóricas y efectivamente a mayor altitud el precio por m² aumenta y no tres pesos, no se vende igual un departamento en el primer nivel que el penthouse. Sin percatarnos que estamos comprando un condominio en el aire.

De vuelta a la Torre KOI, cuenta con 218 departamentos de los cuales 18 son penthouses, van desde 90 m² hasta 350 m², incluye de 2 a 4 cajones de estacionamiento por departamento, altura libre de 3.20 m., aire acondicionado, opción a automatización (persianas e iluminación), agua purificada, instalación Triple Play (voz, datos y video); sus amenidades son: salas privadas de visitas, por si tienes que atender a un cliente y no deseas ir a la oficina, sala de cine, salón de juegos, salón de eventos con capacidad para 100 personas, gimnasio equipado, área de práctica de yoga (muy new age), sauna, solárium, alberca infinity semi-olímpica, jacuzzi, bar. Eso sí áreas compartidas entre 218 familias.

Haciendo una pequeña comparativa en cuanto a números, sí la arquitectura también son cifras, tenemos que un departamento de 130 m², con dos recámaras, 2 ½ baños tiene un costo de $5,268,000.00, arrojando que el costo de venta por m² es de $40,523.00/ m² contra los 600 USD (sí en dólares) promedio/ m² en Polanco, edificios sabemos que no suelen exceder los 5 niveles y que evidentemente no cuentan ni con una cuarta parte de las amenidades, lo que se vende aquí es exclusividad. ¿Considerarían exclusivo vivir en un rascacielos junto con otras 218 familias?

Solemos criticar las viviendas de interés social, por sus desarrollos carentes de toda ética profesional y de criterio, al someter a familias enteras a vivir en 49 m² con otras 218 familias en un fraccionamiento en serie, pero ¿un rascacielos no sería algo similar? Estamos de acuerdo que se apelan las dimensiones de los departamentos, los acabados, ubicación, amenidades etc., pero al final del día es una sobre densificación del espacio solo que en diferente eje cartesiano.

Tenemos enfrente un severo problema, partiendo desde el número de habitantes y su demanda, también estamos en un mundo capitalista en el cual satisfacer esas demandas es un negocio, y visto como producto, la calidad es severamente afectada por producir más unidades en menor tiempo, ready made que le dicen, junto con otros inconvenientes como la movilidad y sus necesidades espaciales… ¿hacia dónde vamos a crecer? ¿Realmente la respuesta está en las alturas? Donde van a  quedar las calles si estamos elevándonos cada día más, y leemos noticias sobre el nuevo más alto rascacielos del mundo, pisándose los talones y buscando sobresalir quizás por las razones equivocadas.

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Fotos: http://ciudadanosenred.com.mx/estos-seran-los-5-edificios-mas-grandes-de-mexico/

ArKeopatías opera bajo una licencia Creative Commons, Atribución-NoComercial 2.5 México, por lo que agradecemos citar la fuente de este artículo como: Proyecto ArKeopatías./ “Textos de la casa #63″. México 2015. https://arkeopatias.wordpress.com/ en línea (fecha de consulta).

DE LA CASA #62: Mercado del Barrio/ SV.

Por Selene Velázquez

Mucho calor, (o mucho frío), cerveza, futbol, cabrito y carne asada, ¿adivinan? ¡Sí! estamos hablando de Monterrey, la capital del estado de Nuevo León, que se caracteriza entre otras cosas por su clima, la afición futbolera y el asador siempre listo. O al menos así nos conocen en el resto del país.

En días recientes se ha dado una gran movilización en las redes sociales debido a la creación inminente de un mercado gourmet en el área del centro histórico de la ciudad, en un cuadrante conocido como Barrio Antiguo, ¿lo conocen? Para ponerlos un poco en contexto es una de las áreas con inmuebles más antiguos de la capital, (después de que en los 80´s destruyeron varias manzanas para crear la Macroplaza), en los 90´s se decide ponerle nombre a un polígono y llamarlo simplemente así: Barrio Antiguo.

Ahí habitaban y habitan, aunque en menor medida, ciudadanos. Hace algunos años el área estaba llena de pequeños cafés, galerías y sí, muchos antros. Las calles se volvían un caos nocturno y los pocos lugares de estacionamiento eran el paraíso de los “viene viene”. Y de repente la violencia llegó. Balaceras, cobro de piso y un ambiente de inseguridad acabó por expulsar a una buena cantidad de vecinos que de por sí, hartos de la fiesta nocturna, tenían ahora que lidiar con el crimen en la zona.

Casi cinco años después la marea bajó. La situación volvió a normalizarse en la ciudad y la gente empezó a salir. Para entonces, el área del Barrio Antiguo ya de por sí, vapuleado por la violencia, se convirtió en una zona de especulación inmobiliaria, en donde los edificios, o lo que quedaba de ellos, se empezaron a cotizar a un precio relativamente bajo. No está de más contarles que los nuevos usos que durante varios años tuvieron los inmuebles se limitaron a dejar solo las fachadas y obviamente, demoler todo el interior para crear un tipo de “naves industriales” para ir a bailar. Cabe mencionar, que aún y que existe una “Ley del patrimonio cultural del Estado de Nuevo León”, publicada en el periódico oficial del estado en 1991, ésta no se cumple.

http://sic.conaculta.gob.mx/documentos/560.pdf

Regresemos ahora al mercado gourmet.

El 9 de agosto del 2014, se publicó en Milenio Monterrey, la regeneración de una calle que atraviesa el barrio, la calle Morelos, peatonal en el lado poniente de la macro plaza, se buscaba ahora hacerla semi peatonal en su lado oriente. Las obras comenzaron, y bueno ¿por qué no? Se pintaron con vinílica las fachadas que daban a la calle, después de todo, ellas también debían de verse regeneradas para estar ad hoc con el entorno, se colocaron lonas con postes que se pusieron en las casonas de sillar para crear sombra, bancas, estacionamiento para bicicletas, guías para los débiles visuales, y se plantaron árboles, que esperemos crezcan y nos den no sólo como las lonas, sombra, sino mucho oxígeno.

Fachada por la calle Morelos, SV, 2015

(c) Fachada por la calle Morelos, Foto: SV, 2015.

http://www.milenio.com/monterrey/rehabilitacion_Morelos-Plaza_Morelos-trabajos_Plaza_Morelos_0_350964924.html

El mercado que nos ocupa (y que van a hacer) escogió… viene otra adivinanza: adivinen ¿cuál calle? ¡Correcto! ¡La calle Morelos! Se decidió como fachada y entrada principal dicha vía, pero se conectará con otra que corre paralela, Padre Mier.

Empezó a demolerse el interior del predio ubicado en la calle regenerada, que a según del INAH Nuevo León, ya estaba modificado, y se propuso una flamante fachada de cristal, (esperen, creo que se parece al: http://www.mercadodesanmiguel.es/el-mercado/)   dejando, claro, algunas ruinas de sillar (bloques labrados, en esta región del país es usual que sean de tierra caliza), para que haya un  testigo de que “alguna vez hubo sillares por aquí”.

Propuesta de la fachada del mercado para la calle Morelos, Milenio Monterrey 2015

(c) Propuesta de la fachada del mercado para la calle Morelos, Milenio Monterrey 2015.

Registro de la casa en catálogo, calle Morelos, 2013

Registro de la casa en catálogo, calle Morelos, 2013

El inmueble por la calle Padre Mier, es otro cantar. Catalogado incluso por el propio gobierno del estado y municipio de Monterrey como un inmueble con un valor alto para su conservación los constructores del mercado lo demolieron, y esta vez, no sólo el interior sino también la fachada.

Registro de la casa en catálogo, Padre Mier, 2013

Registro de la casa en catálogo, Padre Mier, 2013

Fachada semi demolida de Padre Mier, SV, 2015

(c) Fachada semi demolida de Padre Mier, Foto: SV, 2015

http://www.milenio.com/cultura/Alistan-mercado-obra-genera-dudas-plaza-comercial-propuesta-INAH-construcciones_0_553144716.html

Ustedes seguro se preguntarán, bueno, y el Instituto Nacional de Antropología e Historia, ¿qué hace? ¿Dónde está? Pues están en sus oficinas en el cerro del Obispado, y pues, no pueden hacer mucho, es siglo XX. Se limitaron a pedir otra fachada que no sea de cristal y la que tiraron “pues que la repongan” Yo me pregunto, ¿encontrarán la cantera de donde se extrajo ese sillar de caliza de hace casi 100 años que tiraron?

Detalle de la demolición por Padre Mier, SV 2015

(c) Detalle de la demolición por Padre Mier, Foto: SV, 2015

Y ojo, no estamos en contra de que regeneren calles o hagan mercados (incluso gourmet si quieren) y le den nuevos giros a las construcciones históricas. Estamos en contra de que demuelan o que hagan “fachadismos”, en contra de cascarones vacíos y fachadas pintorescas. La arquitectura norestense vale en su conjunto: partida arquitectónica y fachada, es un todo. Estamos conscientes de la evolución de los inmuebles y sabemos que un inmueble que no se usa, se cae, pero no aceptamos se demuela en “aras” de la modernidad.

En Monterrey estamos (mal) acostumbrados a decir que aquí no hay patrimonio, que nuestra “cultura” es tirar todo, que “así somos”. Nos maravillamos de lugares como Oaxaca, Guanajuato o Morelia, “ellos sí que tienen patrimonio”, nos vamos de vacaciones para allá cuando no escogemos la Isla del Padre.

Acá en el noreste queremos ver grandes construcciones coloniales o una pirámide del adivino como en Uxmal y decir entonces que hay patrimonio, ¿a quién le importan las zonas arqueológicas del estado?  ¿Las conocen? , ¿A quién le importa una casona sin arcos? ¿A quién le importa tener una casa que no tiene decoración barroca? Pareciera que a nadie. Nuestro clima es distinto, nuestra manera de construir también lo fue, pero es una manera muy sabia de la cual deberíamos aprender. Si el progreso es la acción de ir hacia delante en cualquier materia, entonces  ¿por qué no progresar conservando nuestro legado histórico?

Pareciera que a los restauradores/conservadores se les quiere estigmatizar con las etiquetas de “románticos” “atrasados” “amantes de las piedras viejas” y a los que manejan las inmobiliarias como “lobos feroces” “devoradores del patrimonio (artístico, histórico o natural)” “amantes del dinero”. Habrá que llegar a puntos intermedios. Dialogar. Proponer sin lastimar el poco patrimonio que nos queda, porque aunque no lo crean sí hay. Tal vez no se parece al del centro del país, pero vale igual.

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Extra: “A propósito de la demolición en días recientes de parte de la fachada y el interior de una casa ubicada en la calle Padre Mier en la zona conocida como Barrio Antiguo en Monterrey, para conectarla con otro predio ubicado por la calle Morelos (donde también demolerán la fachada, so pretexto de un cambio) y así crear un mercado gourmet, Jesús Torres, mejor conocido en el noreste como El Gato Raro convocó a dos charlas, la primera con Indira Kempis y en la segunda a Selene Velázquez (quien escribe estas líneas), para dar ambas su postura ante el hecho. Tal vez están un poco largas, (45mins c/u) pero valen la pena! Ahora vienen los dos links aquí abajo, esperamos sus comentarios!” (facebook.com/Restaurika)

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