DE LA CASA #123: CONTIGO NO APRENDÍ… A CUIDAR EL PATRIMONIO ARQUEOLÓGICO/ WMC.

Por Wilmer Mejía Carrión

Versión 2

Introducción

Este trabajo nace a partir de un debate que se inició de un par de artículos escritos anteriormente por mí. Se generaron una serie de respuestas y contra respuestas. Yo escribí que colocar una pantalla de cine adyacente a un sitio arqueológico para llamar la atención de los vecinos de las comunidades aledañas era poco efectivo pues este tipo de acciones no apuntaban a tomar como referente central el valor simbólico del patrimonio cultural arqueológico. Así propuse que todas las acciones y actividades para socializar el patrimonio hacia la comunidad que la alberga deberían “… emanar de la misma función social que posee la huaca”[2]

Una de las personas que estaba en desacuerdo conmigo entre otros comentarios[3] escribió:

“Mucha gente dice eso, pero pocos mencionan cual sería la “función social” de la huaca. Me pregunto si no es un término vacío que la gente repite, pero sin darle explicación? (Negritas son mías)

Este artículo tratará de dar una explicación a este término que –desde mi punto de vista- nada de vacío tiene.

Patrimonio cultural arqueológico y espacio público

¿Por qué no utilizar el patrimonio cultural arqueológico como un escenario para un concierto? ¿Acaso no buscamos que el patrimonio cultural arqueológico sea útil para las sociedades contemporáneas y se convierta en un espacio público de calidad? En nuestras mega ciudades latinoamericanas donde escasean tanto los espacios públicos de esparcimiento y recreación ¿no es una especie de pecado no usar los diversos sitios arqueológicos que se encuentran esparcidos en las diversas zonas urbanas para realizar eventos que congreguen a la mayor cantidad de gente (como conciertos y cines al aire libre)[4] y así convertirlo en un lugar valioso para los vecinos y de una vez por todas vean todos los ciudadanos su utilidad?

“Hay que entender las huacas como lugares modernos y públicos”, se nos dice. Y es cierto, concuerdo que las huacas son tan necesarias como los parques y plazas y que, como estos, deben ser de uso público. Sin embargo su uso no puede ser exactamente el mismo que el de un parque y una moderna plaza[5].

¿Por qué no? ¿Acaso pretendo señalar que la huaca debe preservarse mediante un muro que impida el paso de los vecinos y así evitar que maltraten nuestro valioso patrimonio cultural? No, nada de eso. Todo lo contrario deseo que todos conozcan el patrimonio de su localidad y que este sea un espacio público de calidad, lo cual no signifique que esté de acuerdo a que su uso sea igual que el de un parque o una plaza. Vayamos por partes.

En principio hay que entender algo sencillo, que tanto la idea de patrimonio cultural y de espacio público dentro de una ciudad, son construcciones sociales, es decir, conceptos que fueron inventados dentro de un determinado contexto social e histórico:

“… Es algo que no es inherentemente natural, sino creado por la sociedad. Es un concepto extremadamente importante en las ciencias sociales porque sin ellos, la sociedad no sería la misma. Las construcciones moldean mucho nuestras vidas. Pero nosotros también las moldeamos. Si la sociedad existente cambiase, nuevas construcciones se desarrollarían y las viejas se debilitarían”[6]

Así pues, cuando hablamos de patrimonio cultural se olvida que este es una construcción social, es decir, un concepto inventado y por tanto tiene una historia. El concepto de patrimonio cultural es una creación humana y como toda creación humana fue concebida con una función. Lo mismo el concepto de espacio público y dentro de ello parques y plazas. Ambos conceptos, espacio público y patrimonio cultural, tienen su propia historia, donde podemos ver que fueron creadas con funciones diferentes, que pueden interrelacionarse, pues al fin y al cabo nacieron bajo contextos sociales e históricos similares.

Parece ser que muchos en la actualidad olvidan o simplemente desconocen estas historias y funciones diferentes equiparando que un sitio arqueológico –sobre todo si se encuentra dentro de un área urbana- debe tener exactamente la misma función que un parque.

Ejemplo de esto es la siguiente apreciación:

“La propuesta de “Cine en tu Huaca” es interesante porque recoge la idea de la huaca y sus alrededores como un espacio público, como un parque que lo pueden usar todos, aun cuando el sitio no haya recibido una “puesta en valor”. Es la idea de convertir la huaca en un lugar y conectarla con el vecindario. Por supuesto que no puede ser una estrategia aislada, pero en una ciudad que carece de parques y otros espacios públicos y donde los pocos que hay están a cada rato en riesgo de ser privatizados o apropiados (miren el caso del Parque de la Exposición), plantear la huaca como una extensión del barrio, donde vas a jugar y ver pelis es algo positivo[7]

Lo que planteo es que correlacionar sitio arqueológico y parque es mezclar dos construcciones sociales con diferentes funciones, no me malinterpreten, existe un solapamiento(sic) entre ellas y de allí que puedan conjugarse y maximizar su potencial como elementos que generen un impacto positivo en el nivel de vida de gente, pero si perdemos de vista la historia de ambos y por qué fueron creados le daremos más importancia a uno (en este caso, la idea de parque, lugar de esparcimiento, recreación y articulación entre vecinos de una ciudad) que a la de patrimonio cultural (lugar con contenido simbólico que debemos conocer para reconocernos como miembros de la misma comunidad nacional)

Espacio público. La necesidad de espacios de reunión y esparcimiento en la ciudad

La idea de que una ciudad tenga espacios públicos de calidad exclusivamente para el esparcimiento y articulación de los vecinos de una ciudad no era una idea popular antes de la Revolución Industrial. Lo rural y lo urbano no tenían límites claros y aunque existían lugares de reunión para los habitantes de las ciudades (plazas de armas) estas no tenían el objetivo principal de que la gente se reuniera a pasar sus ratos de ocio con actividades que apuntaran a ese fin. La plaza era el lugar del mercado, el espacio de castigo para los pecadores castigados por la Santa Inquisición o de reunión de los vecinos para los asuntos del cabildo abierto, pero no eran lugares establecidos para el puro esparcimiento, ni para realizar actividades puramente “culturales”[8].

La revolución industrial crea nuevas formas de ganarse la vida; el taller familiar es reemplazado por la fábrica. Esto hace que muchos de los viejos lazos de articulación entre los vecinos de una ciudad se pierdan, y se creen nuevos.

“Durante la segunda mitad del siglo XVII y la primera del XVIII, Londres, París y algunas otras ciudades europeas crecieron en complejidad de funcionamiento a raíz del desarrollo manufacturero. A la par, comenzaron a albergar diferentes lugares destinados a una pujante clase media urbanizada; que con disponibilidad de tiempo libre–ocio–consumo dio paso al crecimiento de la ciudad, al centralismo, y al surgimiento de las zonas comerciales de finales del siglo XIX…” Con el urbanismo del siglo XIX, “…se formalizó la distinción jurídica entre espacio privado y espacio público y la diversidad de funciones y de usos colectivos que allí se podrían desarrollar”, “… La calle, el parque, la plaza y los lugares de encuentro ciudadano, son los vínculos que nos unen, conforman una sutil trama de relaciones que son el soporte de la vida urbana”[9]. Así pues el espacio público busca articular a los vecinos de una ciudad.

Ahora bien, los sitios arqueológicos puede funcionar como espacios articuladores similares a un parque o una plaza, sobre todo si el monumento arqueológico cuenta con suficiente espacio para realizar actividades de esparcimiento y recreación, pero aquí permítanme decir que el patrimonio tiene una función que va más allá de la mera articulación de los diferentes actores sociales de una ciudad, es más que un espacio de entretenimiento, es un lugar de memoria y reflexión, un lugar de formación ciudadana y de pensamiento crítico.

Patrimonio cultural, ciudadanía, nación  y memes

El patrimonio cultural tiene un valor simbólico derivado su propia historia, no necesita de elementos externos que lo “pongan en valor” Las comunidades humanas del pasado que lo crearon han plasmado parte de su cultura en ella, y por eso serían objetos culturales, está pues, llena de información sobre los seres humanos que la hicieron y la usaron con diversos fines. A diferencia de un parque no ha sido hecho con el objetivo de ser desde el principio un espacio público recreativo y de esparcimiento, aunque, obviamente, puede ser usado de ese modo, sin embargo por sus peculiaridades se le dotó de una función y sentido totalmente alejado de su función primigenia: la formación y consolidación de los Estados – Nación modernos. Lo repito tiene una función diferente pero que puede ser complementaría con la del espacio público.

Lo resumiría así, de una manera un tanto tosca:

El espacio público busca integrar a los vecinos de una ciudad, mediante la recreación y esparcimiento. El patrimonio cultural sirve para integrar a los ciudadanos de un país para que al ver que tienen un pasado común se integren a pesar de sus diferencias, reconozcan que tienen una identidad común y apuntar al desarrollo de su país.

Además el patrimonio cultural no es un depósito vacío, todo lo contrario, está lleno de información, de “memes”.

“El concepto de meme fue puesto en circulación por Richard Dawkins en su libro El Gen Egoísta. Además del gen, Dawkins identificó un segundo replicante, una unidad de transmisión cultural que saltaba de cerebro en cerebro por medio de la imitación y que iba mutando en el proceso. La palabra meme era una variación de la griega mimeme, imitar. Dawkins consideraba meme a cosas tan variadas como una canción o una frase pegadiza, pero la quintaesencia de meme son las ideas. El caso es que todos ellos compiten por una cosa: nuestra atención. Los memes eran los virus de la mente, algo infeccioso, un parásito de la mente”[10].

Los arqueólogos son los encargados de sacar estos memes contenidos en estos objetos culturales, estos memes nos pueden decir muchísimo de la sociedad que construyó lo que ahora es un sitio arqueológico y puede ser de muchísima utilidad tanto en la formación de una ciudadanía con pensamiento crítico, como para entender que entre pasado, presente y futuro existe un eslabón, un enlace y que tenemos una responsabilidad dentro de esta cadena, que es la de crear nuestro futuro colectivo como pertenecientes a un estado multicultural, pero que al fin y al cabo mantiene una base común, y en el caso de los latinoamericanos, esa base común está en los pueblos originarios.

Se quedan muchas cosas por hablar, el tema amplio y espero poder tocar otras aristas en otros artículos, por ahora como conclusión:

El monumento arqueológico debe ser parte de un espacio público de calidad pero nunca como parte de una escenografía donde una pantalla de cine o un concierto de jazz sean lo principal puesto que así no cumple con su función social[11], la de ser un lugar de memoria y reflexión, de educación ciudadana y de descolonización mental.

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Notas:

1. El título hace referencia a la canción “Contigo aprendí” escrita por Armando Manzanero  quien se presentó en Chichen Itzá. Este también es un claro ejemplo de la confusión de funciones que existe entre monumento arqueológico y espacio para conciertos en este caso. Chichen Itzá queda como un bonito escenario desprovisto de su valor simbólico y de su utilidad como lugar de memoria y reflexión.

2. Antes de proseguir debo aclarar que en el Perú el término “huaca” es usado como sinónimo de sitio o monumento arqueológico prehispánico.

3. Otro de los comentarios en contra de mi propuesta fue este “… El problema es que las huacas no vienen con una lista de instrucciones del uso correcto! Veamos un sitio como el Camino Inca de la PUCP – según esta interpretación, el único uso que tendría este monumento debería ser como camino! Aun cuando los sitios que conectaba ya no existan, o estén divididos por avenidas modernas…” Quisiera aclarar algo, es cierto las huacas no vienen con lista de instrucciones, realmente creo que no debería existir una pues cortarían la imaginación y las posibilidades inmensas en actividades que hacer en una huaca, sin embargo, la antropología y las demás ciencias sociales sirven para darnos una guía para la acción, nos plantea caminos para explorar a partir de la investigación y conocimiento de la realidad.

4. Ejemplos de uso de los sitios arqueológicos como simples escenarios son los siguientes:
https://www.youtube.com/watch?v=9exVe1JLw5g, (jazz en tu huaca) que fue parte del tour nocturno peatonal por el día de los museos el 2013 el cual incluía un recorrido guiado.

5. Ojo que la plaza y el parque con el pasar del tiempo y si la comunidad que lo alberga lo decide así puede convertirse en patrimonio cultural similar a los sitios arqueológicos.

6. https://www.theodysseyonline.com/social-constructs (traducción propia)

7. https://arkeopatias.wordpress.com/2015/04/18/de-la-casa-56-la-huaca-no-esta-en-la-pantalla-wmc/

8. Uso el término “culturales” entrecomillado para diferenciarlo del concepto antropológico, mucho más amplio. Así pues “cultural” es sinónimo de actividades recreativas relativas al arte, cine, teatro, música, ciencia.

9. http://revistascientificas.cujae.edu.cu/Revistas/Arquitectura/Vol-XXVI/1-2005/07-15-Lahistoriadelaciudad….pdf

10. https://evolucionyneurociencias.blogspot.pe/2015/05/que-fue-de-los-memes.html

11. Es a partir de esta función social que no estoy de acuerdo con una de las actividades que se quieren realizar para la socialización de la Huaca Mangomarca en San Juan de Lurigancho (Lima), la de enseñar a los niños de las familias vecinas a la Huaca, a tocar instrumentos de sinfónica. No me malinterpreten estoy de acuerdo con que este tipo de acciones se incentiven, aunque no conozco los detalles me aventuro a decir que si esta actividad es la actividad principal para socializar la huaca me temo que no servirá de mucho pero si es parte de un conjunto de acciones a realizar a favor de su socialización le doy el beneficio de la duda y la posibilidad de  que puede ser efectivo –al final de cuentas tocar un instrumento musical también te sensibiliza y te hace pensar- , siempre y cuando no se olvide que la huaca es más que un lugar para que las almas “sensibles” y “cultas” la aprecien solo porque es antigua.

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Sobre el autor: (Lima, Perú-1981) Antropólogo egresado de la Universidad Federico Villarreal. Miembro del área de investigación del Instituto Cultural Ruricancho, el cual se dedica a la investigación y la difusión de la historia local y el patrimonio cultural y natural de San Juan de Lurigancho, distrito de la ciudad de Lima. Apasionando por la historia local y la literatura, escribe diversos artículos enfocados en el tema del patrimonio cultural para la Revista Virtual ArKeopatías.

Foto: Juan Tonchez / Proyecto ArKeopatías (cc) 4.0

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ArKeopatías opera bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento – NoComercial – Compartir Igual 4.0 Internacional License, por lo que agradecemos citar la fuente de este artículo como: Proyecto ArKeopatías./ “Textos De La Casa #123″. México 2017. https://arkeopatias.wordpress.com/ en línea (fecha de consulta).

#LasPrestadas: La cocina como resistencia!!! Una probadita del #SOPA17 en Yucatán.

Por: Anabell Aspiros ÁlvarezAneth Citlalli Ledesma Lara, Mayra Fernanda Olvera Juárez, Nauiollin Padilla Arteaga, Cristóbal Solís Rivera, Alicia Lizeth Treviño Escobedo, Arlette Cristina Vergara Bautista, Adela Vázquez Veiga, Sabah Walid Sbeinati, Juanjo Pulido Royo.

Este año 2017 el V Congreso Internacional de Socialización del Patrimonio en el Medio Rural -SOPA- volvió a Latinoamérica, concretamente a México, para celebrar un encuentro a la vez procomún y no común. Procomún porque es un congreso “de todos y de nadie al mismo tiempo”, o mejor aún, porque se hace “entre todos”; y no común, porque se escapa de lo conocido, de los congresos repletos de sabios en los que suele operar un sistema vertical de transmisión de conocimiento, y en los que la expertise es terreno de “unos pocos”.

El objetivo principal del SOPA es educar en lo común, contactar, facilitar el acceso y la transmisión al patrimonio en el medio rural, propiciar una verdadera democracia cultural. Trabajar en el sentimiento colectivo, con gente que quiere comprometerse con la comunidad, que quiere cambiar las formas de relacionarnos con nuestra cultura. Emancipar el conocimiento mediante la expansión de los saberes y la co-creación de contenidos y metodologías. De este modo conoceremos las distintas formas de ver, tratar y considerar al patrimonio rural como generador de riqueza, posibilitando a los agentes locales el desarrollo de iniciativas culturales y económicas innovadoras y sostenibles dentro de su propio territorio. Por ello, creemos necesario profundizar en la construcción de nuevos espacios y nuevos procesos que faciliten la creación de sinergias positivas de colaboración entre entidades y proyectos, con el fin de mejorar los proyectos y establecer vínculos más fuertes y reales con la población o contexto en que se llevan a cabo; propiciarán el análisis sobre conceptos y metodologías; así como la creación de una línea conjunta de acción que incluya las aportaciones desde diferentes formas de entender y proyectar la gestión del patrimonio cultural.

Pero desde el SOPA consideramos que el concernido no es el patrimonio, son los colectivos de personas que trabajan en los bordes de la dicotomía público-privado para (re)activar lo común, procesos visibles a lo largo del mundo que evidencian la inclusividad social, y ponen en valor prácticas que surgen desde los afectados y los expertos en experiencia. Y es que, como defiende el filósofo francés Pierre Dardot, “ningún bien es por sí mismo común. Un común no es una <cosa>, aún cuando sea relativo a una cosa, sino el lazo vivo entre una cosa, un objeto o un lugar y la actividad del colectivo que se hace cargo de ella, la mantiene y la cuida”.

Durante el curso Patrimonio Cultural y Preservación de la  Licenciatura en Desarrollo y Gestión Interculturales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) dedicamos un tiempo a planear y diseñar la mesa de trabajo La cocina como resistencia!!! que facilitamos el miércoles 15 de noviembre de 2017 en la comunidad de Canicab, Yucatán, durante la celebración del V Congreso Internacional de Socialización del Patrimonio en el Medio Rural, de ahora en adelante SOPA, que se celebró entre la ciudad de Mérida y la comunidad de Canicab, Yucatán, entre el 13 y el 19 de noviembre de 2017, este año dedicado a la mujer rural y las memorias comunes.

Este pretende ser un relato colectivo que recoge algunas de las experiencias vividas por algunos de los participantes en el congreso y los facilitadores de la mesa de trabajo junto con diversas personas, desde asistentes al congreso provenientes de diferentes lugares del mundo a habitantes de Canicab y organizadores del congreso.

La preparación de la #SOPA de lima

Para hablar de la experiencia en el #SOPA17, es preciso comenzar con lo ocurrido en el salón de clase. Cuando Adela propuso participar en el congreso, casi como decisión unánime se dijo que sí, y desde ahí comenzó la hazaña.

Había que plantear una mesa de trabajo en relación al patrimonio desde y para la comunidad, saliendo de lo cotidiano de los congresos académicos que, si bien no se contaba con una experiencia previa en la organización, la metodología y forma de trabajo de éstos estaba presente por los concurridos a lo largo de la experiencia educativa.

Durante tres meses del curso de Patrimonio Cultural y Preservación, dedicamos varios momentos en las sesiones de cuatro horas a planear los objetivos, diseñar la mesa de trabajo y crear las dinámicas y herramientas para facilitarla junto con, aproximadamente, sesenta asistentes al congreso y personas de la comunidad. Una tarea compleja que supuso largos debates, lecturas y momentos de reflexión individual y colectiva que enriquecieron nuestro co-aprendizaje y nos permitió reconocernos como gestores y mediadores patrimoniales pero, sobre todo, como personas.

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Clase a clase se fue decidiendo el tema y la forma de presentarlo y, finalmente, se acordó titular la mesa “La cocina como resistencia!!!”. De ahí se desprenderían dos dinámicas participativas desarrolladas a la par: la Lotería y la Casa Maya –otoch-. La idea de la lotería era que la actividad partiera desde algo significativo para muchos mexicanos como lo es el juego de la lotería y con este, lograr un intercambio de recetas de los diferentes países que estarían presentes en el #SOPA17. En un principio se habló de diversos platillos originarios de cada país, pero al buscar las recetas fue notorio que, al ser en su mayoría los asistentes de países de Latinoamérica todos contaban con algún tipo tamal, a pesar de que en algunos lugares se les conoce con otro nombre. Así fue como se dispuso a hacer una lotería de tamales, agregando la empanada representando a España, dado que no tienen un platillo similar al tamal.

Elegir un alimento en común para la lotería fue ideal para poder desarrollar la dinámica del juego, en el que cada tabla comparte alguna figura con otras –como el maíz, las hojas de plátano o de maíz, la sal, la levadura, la manteca, etc.- pero, finalmente, hay algo que diferencia a cada una –el achiote, la leche, el azúcar, el trigo, la papa, etc.-.

La sede del congreso, Canicab

El miércoles 15 de noviembre de 2017 la sede del congreso SOPA se trasladó a Canicab, Yucatán, un pueblo rural situado a media hora de la ciudad de Mérida en el municipio de Acanceh. Tras la inauguración y apertura del encuentro, dimos un paseo guiado al Centro Comunitario que algunos maestros de la Universidad Autónoma de Yucatán como Juan Carlos Mijangos o Carmen Castillo Rocha, junto con Jesús Eduardo Puch Chan y otras muchas personas de Canicab han construido hace varios años con mucho esfuerzo y cariño; un espacio educativo, sostenible y abierto que es mucho más que eso.

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Tras el paseo exploratorio, dos integrantes de Las Hijas del Rap, Nany y Vk, compartieron una maravillosa charla sobre su trabajo, el rap, el feminismo y el activismo y cantaron algunos de sus temas más conocidos, Chocha e Ixchel, reivindicando la importancia de lo que hacen como patrimonio cultural. Las Hijas del Rap es una colectiva feminista multidisciplinaria conformada por Nany Guerrero, Phana La Yucatecana Mulixa, Vk, Sol y Chika Lion. Esta iniciativa de mujeres Hip Hop se realiza con la intención de lograr una transformación social por medio del arte, idea que viene desde la raíz de la cultura urbana, empoderar la Mujer a través del Hip Hop y utilizar este último como una herramienta de transformación social.

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Relatograma Las Hijas del Rap

La lotería intercultural

La mesa de trabajo empezó en el parque y nosotros, relata Cristóbal, estábamos sentados en el campo, por lo que tuvimos que pararnos y movernos; después Arlette se subió a la sentadera del parque a preguntar a los asistentes si habían jugado a la lotería anteriormente.

Adela fue la encargada de presentar la mesa, mencionando que cada año en el SOPA se comparte una mesa de trabajo participativa. Nos presenta a todos, el lugar donde estudiamos, qué es lo que estudiamos y el porqué de la mesa de trabajo junto con los objetivos de la misma, entre otros, visibilizar los roles de género e intercambiar recetas o interactuar en dos grupos de trabajo -la casa maya, el otoch y la lotería con ingredientes de platillos típicos de diversos países-. Ambas mesas estaban enfocadas en generar un diálogo intercultural donde se invitaba a jugar y a facilitar la convivencia entre los participantes.

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Arlette explicó cómo compartimos ingredientes en Latinoamérica y que, en el caso de la lotería mexicana adaptada para esta dinámica, cada tablilla tiene los ingredientes para preparar un tamal. También comentó que en otros países se le conoce a los tamales con otro nombre, aunque en esencia es casi lo mismo.

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Por su parte, Aneth nos cuenta que España es el único país donde no tienen un tamal como tal y se buscó un plato similar, la empanada, que también es típica en Argentina. Arlette habla sobre la importancia de compartir recetas e invita a la gente a tomar una carta para empezar el juego. Aneth señala que, en lugar de gritar lotería al momento de ganar, se grita el país que le tocó (Perú, Guatemala, España, Argentina, Colombia, México, etc.).

En ese momento la gente se emociona y empieza a invitar a otras personas a la mesa y, mientras tanto, Juanjo pregunta por qué en la tablilla de España ¡no están las aceitunas como casilla! y por qué en la de Argentina ¡no está el fuego! Algo furioso, grita a los cuatro vientos algo así como que “¿en España no hay aceitunas? ¿en Argentina no hay fuego?”.

El juego comienza y Arlette, mientras canta los ingredientes, hace comentarios interesantes y/o algo chistosos. ¡El ganador fue Eduardo, el guía de Canicab, que ganó con Perú! Mientras tanto existen palabras que algunos no entienden como ¿qué es el chicharrón o los cacahuates? Algunos jugadores se distraen en el cantar de Arlette y preguntan por ingredientes ya cantados, entonces Arlette tiene que describir algunos ingredientes y explicar qué es el tamal. Una mujer colombiana, con un doctorado en género, afirma que en Colombia los tamales no usan azúcar (y en su tablilla de Colombia estaba representado el azúcar). Entonces Aneth comenta que ciertos ingredientes se comparten en los diferentes países introducidos en la dinámica y, en un momento, la gente se dispersa, hace mucho ruido y la voz de Aneth se pierde en el bullicio.

Se da por concluida la mesa y una señora argentina se interesa por la licenciatura en la que estudiamos y nos pregunta por las materias y autores que abordamos; al mismo tiempo que nos comenta que ella coordina la primera carrera en gestión cultural en su localidad y que le gustaría que hubiera una mayor relación entre ambas entidades académicas.

Los niños de Canicab quieren jugar y se les da la oportunidad de hacerlo, integrándolos a la dinámica del juego, con la diferencia de que en lugar de colocar los frijolitos -usados para marcar las casillas- uno por uno a la par que alguien canta los ingredientes, lo hacen al revés, colocando todos lo frijolitos y quitándolos uno por uno mientras se canta.

Como bien relata Cristóbal, el objetivo de la mesa era el intercambio de recetas que, si bien no se logró del todo debido quizás a que en ese momento se llevaban a cabo dos actividades, quizás al hambre que ya existía entre la gente e incluso al entusiasmo por saber qué delicias culinarias nos tenían preparadas nuestras anfitrionas, pudimos darnos cuenta, durante la realización de la actividad y específicamente mientras buscábamos las recetas que usaríamos como ejemplos, que Latinoamérica, en general, además de compartir muchas veces el idioma compartimos muchos alimentos, con sus variaciones claro está.

Pese a lo dicho anteriormente, es decir, que no existió un intercambio de recetas tal cual al momento de realizar y finalizar la actividad, o al menos no tanto como lo deseamos, algunas de nosotras tuvimos la oportunidad de lograr lo mencionado, pues mientras degustábamos de nuestros sagrados alimentos compartimos algunas comidas típicas de nuestros lugares de origen; porque cabe aclarar que, exceptuando a nuestro compañero Cristóbal, quienes organizamos las mesas de trabajo no somos yucatecas y venimos de distintas regiones del país como Chiapas, Ciudad de México o Monterrey. Haciendo un muy marcado énfasis en que la comida mexicana no es lo mismo en ninguna región del país y que hay muchos platillos similares, la manera en la que se prepara nunca será la misma en el norte que en el sur. Se comentó también que la idea de homogeneizar o generalizar la comida de una región es sumamente difícil y en lo personal considero que es un crimen en contra de los saberes culinarios de las personas; bueno quizás estoy exagerando un poco en esto último pero el hecho es que cada región, pese a que se usen los mismos ingredientes o el gran parecido que pueda tener alguna comida en el modo de preparación, nunca serán iguales por la carga cultural y personal que cada quien le pueda dar.

Parecía que las personas estaban muy dispersas, se escuchaban voces por todos lados, pero cuando escucharon la palabra “jugar” nuestra mesa de trabajo se rodeo de esas personas. Fue muy gratificante ver que los objetivos de la mesa se dieron de manera natural. Los jugadores eran de distintos países, muchos de los cuales usamos como referencia para crear el juego, y todos opinaron sobre él:  sobre los nombres de las cosas, sobre cómo se nombraba a un ingrediente en su país o cómo se preparaba la receta. Algunos otros se cuestionaron qué era tal o cual ingrediente, pues nunca habían escuchado de él y al final se percataron que lo conocían de una manera distinta. Se escuchaban comentarios sobre cuáles de los tamales presentados habían probado, si les había gustado, si les gustaría comer alguno en el futuro. La actividad fue un momento muy divertido y un momento de intercambio que se convirtió en el espacio donde se reflejaba que la cocina resiste al paso de los años, a la globalización, y que genera diálogo y conexión entre culturas.
La casa maya, el otoch

En el grupo de trabajo que facilitaba la dinámica de la casa maya, Anabell, Nauiollin y Alicia facilitaron la propuesta con el material que se diseñó previamente y que consistió en la simulación de dos casas vernáculas de la región del Estado y utensilios propios de la casa. Conformamos dos equipos a los que se les asignó el espacio destinado de la cocina y diversos artilugios y personajes (hombre, mujer, niños, animales, etc.) según la costumbre y con el objetivo de conocer los roles y los espacios que ocupan dichos personajes dentro de su dinámica familiar. Mientras un equipo logró ponerse de acuerdo sin mucha complejidad, a pesar de ser de diferentes regiones y países del mundo, en el otro optó por hacer dos versiones de casa, ya que existían diferencias importantes -sí la cocina iba afuera o adentro, por ejemplo-.

Finalmente resultaron tres casas diferenciadas. Al momento de compartir sus resultados se desató cierta polémica, pues había personas que al escucharlas tanto participantes como espectadores no estaban de acuerdo con los roles impuestos y, metafóricamente, pusieron en la mesa la privacidad de sus hogares haciendo una reflexión entre lo que sucede en sus casas y sus vidas. Al mismo tiempo, las similitudes salieron a flote, como el hecho de que la cocina es punto de reunión familiar.

Comida en Canicab

El mediodía transcurrió entre risas, sabores y saberes en cinco casas de cinco mujeres fascinantes (Ernilda, Ernestina, Soco, María y Aida) que nos cocinaron con muchísimo amor y nos invitaron a sus casas para extender el debate, la vida en común. Tras la comida nos juntamos en la cancha para retratar este mágico momento y reconocernos unos a otros, soñar juntos y seguir disfrutando del día.

¡Gracias amigas y amigos de Canicab!

 

#LasPrestadas: “Nuestra señora del concreto”.

Sismo Juchitán

Por Alejandro López Musalem

Mucho antes de los sismos de septiembre de este año, comenzó la devastación de la herencia arquitectónica de los pueblos del Istmo. Desde los años 70 la fisionomía de Juchitán cambió, nos alcanzó la modernidad. Una tras otra las viviendas vernáculas fueron desapareciendo, dando paso a las casas de concreto de una y hasta dos plantas. Las primeras casas fueron edificadas por gente rica, cerca del centro, eran enormes, con balcones y estacionamiento. La creciente clase burocrática, imitando, edificó en lo que fueron sus patios y huertas. Ahora las máquinas, cual sicarios de un “cartel materialista” dan el tiro de gracia, derribando las restantes casas tradicionales, incluso las que aún se podrían restaurar.

No sólo se logró modernizar las casas y oficinas, también los gobiernos municipales se montaron a la ola “pavimentadora” del Salinismo. Las calles y hasta callejones fueron cubiertos por una gruesa capa de concreto, ahogando nuestro suelo. Se construyeron también edificios de tres y cuatro plantas desafiando el potencial telúrico de la región. Incluso fraccionamientos en lo que es un meandro del río Las Nutrias. Sin recato o aprecio, ni normas o plan urbanístico, pasamos de ser un idílico pueblo a ser una imitación barata de una “ciudad”. Claro, se restauraron edificios históricos como la Iglesia de San Vicente, el Palacio Municipal, la Casa de la Cultura para hacernos sentir “orgullo” por el pasado colonial, independiente y revolucionario.

Hubo al principio de este desastre, la opción de ser una futura ciudad habitable cuando en 1971 el reconocido Arquitecto Juchiteco Lorenzo Carrasco diseño un plan regeneración urbana donde, entre otras cosas, incluía un mercado de plaza (parcialmente techado), la venta de artesanías en el portal de la Industria y varios museos. El plan fue rechazado por las “fuerzas vivas” y ahora tenemos un mercado apestoso que crece como un cáncer y que además bloquea la vista de la doble arcada del palacio. Durante el terremoto de 8.2 R, la enorme estructura de concreto y acero del mercado, pegada al edificio del Palacio, no permitió el movimiento libre de éste, y al chocar ambas masas, el colapso sucedió en la parte donde hubo menor resistencia, que es la zona de arcos al extremo sur, ya que no tiene muros de carga como el resto del edificio.

Días después del terremoto, pude observar en una esquina de la calle Abasolo dos casos: en un lado, una casa de dos plantas en pie, donde el balcón dañado expuso una varilla de acero, esta era de mayor grosor que aquella que observe al otro lado, en lo que fueron castillos del edificio de tres plantas, el cual había colapsado totalmente. ¿Y las normas donde están? Otra de la cuestiones al trabajar con un material como el cemento armado es el fraguado, el cual afecta la resistencia del material si no se hace bien. ¿Quién capacita al respecto? Como siempre, queremos imitar, ser “modernos”, pero sin las previsiones ni la capacidad que implica manejar una nueva técnica constructiva.

Los materiales de construcción industriales (acero, cemento, aluminio, vidrio, yeso, etc.), vienen de lejos y son muy caros para el ciudadano común; además el costo ambiental de extraerlos, producirlos y transportarlos es altísimo, debido a que se requiere mucha energía en los procesos y a que contaminan. Sin embargo, aún dentro de una vivienda tradicional, puede haber usos adecuados para el concreto, como son refuerzos y amarres con cadenas y castillos. También es recomendable su uso en cisternas, tanques para almacenar agua de lluvia, tazas para sanitario seco, pisos, superficies de trabajo, etc.

Las casas hechas de concreto armado, losa y blocks de cemento, son inadecuadas para las condiciones tropicales como las del Istmo. Estas transmiten el calor solar al aire en el interior. Ademas, para ahorrar material, los espacios son reducidos y el techo mas bajo. Durante el día, la gente acaba estando más tiempo afuera que adentro; para soportar el calor, compra ventiladores o aparatos de aire acondicionado. Estas casas por lo general tienen puertas y ventanas metálicas, las cuales son mas susceptibles a la corrosion por salitre y transmiten mas calor aun hacia el interior. Por el contrario las casas de ladrillo, adobe, madera y teja, son más altas para que aire caliente suba por convección, y las gruesas paredes las mantienen frescas de día y tibias cuando hay “nortes”.

En un callejón de Juchitán encontré una vivienda tradicional con las tejas caídas, pero con las paredes completas y sin grietas; las de los costados son de ladrillo y las otras fueron hechas de lodo (técnica de bajareque). También visite una vivienda de ladrillo que fue luego reforzada con cadenas y castillos, con una grieta solamente, también solo las tejas se cayeron. Ambas se pueden reparar. Sin embargo, estamos en una encrucijada, o rescatamos y re-construimos nuestras viviendas y nuestra cultura con una combinación de materiales naturales y modernos, o de plano con la “ayuda” del gobierno y los bancos, nos convertimos en la ciudad Neza del trópico: violenta, gris, sin identidad.

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Fuente: http://cortamortaja.com.mx/opinion/4449-nuestra-senora-del-concreto

Fotogalería_: ArKeoNude

¡Gracias a todos por leernos! Como agradecimiento les tenemos una sorpresa, cortesía de Archaeology Tea-Club. El SHARP’s 2013 Calendar (Sedgeford Historical and Archaeological Reasearch Project) ¡Que lo disfruten!

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Fotogalería_: ¡Salvemos Casa Castiello!

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Patrimonio arquitectónico sobre la avenida Vallarta, Guadalajara, Jalisco, México. “Casa Castiello“, Av. Vallarta 1168 esquina Robles Gil, norponiente, proyecto Ing. Alberto Pani, 1912.

Está casa perteneció a Don Carlos Ávalos, posteriormenre el Dr. Ricardo Garibay (le decían el Dr. Penicilina pues fue el primero en traerla a Guadalajara, la vendía en $3,000 pesos! de aquel entonces, su padre tenía una botica por el rumbo de Sn. Juan de Dios, hacia el mismo sus pomadas, entre las mas eficaces “la pomada del soldado” para curar enfermedades venéreas.

También la habitó Fco. Javier Garcia de Quevedo “chorros de oro” quien la vende en $40,000 pesos al Sr. Fco. de la Torre y Ramos, de ascendencia española, se caso con Esperanza Ochoa de Tecalitlán Jalisco, con quien tuvo 8 hijos. La finca se queda con uno de ellos, se dedicaron a la explotación de bosques en la sierra de Tapalpa.// Fuente: Fernando Brizuela.

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