DE LA CASA #184: LO TANGIBLE EN EL PATRIMONIO CULTURAL Y SU SALVAGUARDIA / EDRS.

Por Eduardo Daniel Ramírez Silva

Estimado/a lector/a, con el gusto que me causa saber que sus ojos se encuentran con estas palabras, me propongo presentarle el tema del patrimonio cultural intangible y su salvaguardia. Es sabido que la intangibilidad se refiere a lo “imperceptible” porque es algo que aparentemente no se puede tocar o ver; lo intangible está conformado por ideas, memorias, lenguas, valores, ideales, conocimientos y demás, sin embargo, es posible encontrar destellos que nos permitan, de cierta manera, percibirlos. Por lo que en estas páginas hablaremos de la definición de patrimonio cultural intangible, sus complejidades y su conexión con lo material.

María Ángeles Querol Fernández (2010) señala que el patrimonio cultural intangible se conforma por la parte no física de las tradiciones de los pueblos; tales como las lenguas, la música, los sonidos, actitudes de socialización, narraciones orales, entre otras. En ese sentido, surge la siguiente pregunta: ¿Cómo se protege algo que se dice ser imperceptible? Lo primero que se toma en cuenta es que estas manifestaciones están sujetas a las formas de vivir, pero nos topamos con los constantes cambios acentuados por el desarrollismo económico y los avances vertiginosos de la tecnología.

Sobre esta base, se formula el vínculo tradición-progreso en el que el pasado se invalida si no se revitaliza continuamente en el presente-futuro. Entonces, para proteger el patrimonio cultural intangible es preciso reconocerlo, comprenderlo y ser sensibles ante éste para que sea transmitido. En consecuencia, propongo entender el término “tradición” (vinculado con el patrimonio cultural intangible) desde su origen. Proviene del verbo latino tradere y que significa “entregar”, es decir, aquello que pasa de uno a otro; y comparte raíz con la palabra “transmisión”, que se asocia al traslado de algo, como las lenguas, los conocimientos, las ideas y muchos otros.

Nos encontramos inmersos en un devenir histórico que se debate entre tradiciones genuinas y/o revitalizadas, contexto que impacta a todo el espectro de la cultura, por lo que afrontamos una serie de cambios y nuevas dinámicas llevándonos a replantear antiguas ideas y concepciones. Esto funge como punto de partida para cuestionar y reflexionar la pertinencia de comprender el hilo conductor que existe entre los conceptos de transmisión y traslado de la tradición que sostienen el ejercicio de  la salvaguardia del patrimonio cultural intangible.

Entonces surgen más interrogantes: ¿Qué interesa de las tradiciones?, ¿qué papel desempeñan en la dinámica del patrimonio cultural?, ¿cómo se transmite o traslada una tradición?, ¿para qué ha servido?, ¿quiénes participan en él?, entre otras. El papel que juega el término “tradición” contribuye a la vinculación entre el patrimonio tangible y el intangible, el primero como expresión física del segundo y éste, como esencia del primero; es decir, se complementan.

En 1997 los Estados Parte de la UNESCO decidieron involucrarse en la salvaguardia del patrimonio intangible, esa inmaterialidad que está presente en sus tradiciones, en el imaginario, en los sonidos, en las lenguas y en la cosmogonía de los individuos y comunidades que les permite la construcción de esos reflejos tangibles de lo que constituye su colectividad. Tomó seis años para que la UNESCO pudiera diseñar un documento normativo internacional para guiar a los Estados en el camino de la salvaguardia del patrimonio cultural intangible.

De ese modo, en el 2003, se lleva a cabo la Convención de la UNESCO para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, cuyo objetivo fue complementar la Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural de 1972. Esto implicó fuertes procesos de transformación social, sobre todo bajo el impacto de la globalización, “reconociendo que las comunidades, en especial las indígenas, los grupos y en algunos casos los individuos, desempeñan un importante papel en la producción, la salvaguardia, el mantenimiento y la recreación del patrimonio cultural inmaterial, contribuyendo con ello a enriquecer la diversidad cultural y la creatividad humana”[1]. Es sobre esa base que se comienza a examinar, desde el interés auténtico, las expresiones culturales que requieren medidas de salvaguardia.

A partir de la Convención del 2003 se entiende por salvaguardia a las acciones encaminadas a garantizar la viabilidad del patrimonio cultural intangible, estas contemplan la identificación, documentación, investigación, preservación, protección, promoción, valorización, transmisión -a través de la educación- y revitalización de este patrimonio en sus distintos aspectos. aunado a estas, también podrían incluirse la sensibilización (crear consciencia), el reconocimiento (del patrimonio de otros) y la difusión.

El patrimonio cultural intangible que se transmite -o traslada-, de generación en generación es resignificado y recreado constantemente por las comunidades y grupos en función de su entorno, su contexto, su interacción con la naturaleza y su historia, inspirándoles un sentimiento de identidad, permanencia y continuidad. Esto contribuye a impulsar el respeto y admiración por la diversidad cultural, la creatividad y la imaginación humana.

Entonces, las manifestaciones que abarcan el espectro del patrimonio cultural intangible permiten visualizar las conexiones entre éstas y los bienes físicos (muebles e inmuebles), así como los sitios resultantes de la cosmovisión de personas, grupos y sociedades que habitan o se sirven de los mismos, ya sea porque viven o se benefician de sus lugares o de su espiritualidad.

Quizás ese sea el punto de unión de ambos patrimonios (tangible e intangible), porque ahí es donde ocurre la relación entre los paisajes, los espacios culturales, los artefactos y demás, todo conlleva una esencia (lo intangible) y una tradición. Hay también en el patrimonio cultural intangible usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas que se vinculan no solo con instrumentos, objetos y/o espacios que les son esenciales, sino que se asocian también a sitios donde su permanencia es posible, como las expresiones orales de una determinada sociedad, la música y danza en un ritual, entre otros ejemplos que son elementos de la identidad de una comunidad gracias a la tradición y a un entorno cultural que favorece su ejecución y su desarrollo.

Aún estamos en constante reflexión en torno al patrimonio cultural intangible; es misterioso, místico, mágico, incierto y maravilloso. Es inminente y necesario llevar a cabo estudios y acciones sobre éxitos, retos, obstáculos y la pertinencia de los mecanismos que se han utilizado para su implementación. Los cambios son constantes, por lo que se abren nuevos horizontes y son cada vez más los desafíos que se presentan diariamente con respecto a la correspondiente salvaguardia y transmisión, a la definición de estrategias que orienten a una adecuada e innovadora perspectiva de tratamiento de los elementos que conforman ese patrimonio “que no se ve”.


[1] Párrafo 7 del Preámbulo de la Convención de la UNESCO para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, 2003.


Fotografía: Juan Tonchez

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