Diálogos y vinculaciones entre el arqueólogo y la comunidad en cinco continentes: una invitación a la arqueología pública

Por Yael Dansac

Diálogos y vinculaciones entre el arqueólogo y la comunidad en cinco continentes: una invitación a la arqueología pública. (Resumen)

La arqueología pública, comprendida aquí como una vertiente de la antropología aplicada, es una disciplina dedicada al estudio, planeación, ejercicio y evaluación de las relaciones existentes entre las comunidades actuales, los vestigios locales y la práctica arqueológica. Partiendo de la definición teórico-metódica de esta disciplina y contextualizando los factores que dieron pauta a su emergencia y consolidación, en el presente trabajo se desglosa una selección de investigaciones extranjeras adscritas a la arqueología pública que fueron realizadas en: Mozambique, Estados Unidos, Japón, Inglaterra y Australia. Con esto se construyó un panorama global sobre las diversas aplicaciones, problemáticas y resultados que son obtenidos en el ejercicio de esta arqueología aplicada, que poco a poco ha encontrado bastiones para su desarrollo en suelo mexicano.

Palabras clave: Arqueología Pública, Arqueología Comunitaria, Globalización, Panorama internacional.

Dialogues and Linkages between archaeologists and communities in five continents: an invitation to Public Archaeology. (Abstract)

Public Archaeology understood as a branch of Applied Anthropology, is a discipline dedicated to the study, implementation and evaluation of the existing relations between communities, local vestiges and archaeologists. Starting from the theoretical and methodical definition of the discipline and contextualizing the factors that led to its emergence and consolidation, in this paper we present a selection of foreign researches attached to Public Archaeology that were carried out in Mozambique, United States, Japan, England and Australia. With them we build a global picture of the various applications, problems and results that can be obtained in the exercise of this Applied Archaeology, which gradually has found bastions for its development in Mexican soil.

Key Words: Public Archaeology, Community Archaeology, Globalization, International Scene.

Arqueología pública, arqueología aplicada.

La arqueología pública es primeramente una corriente interesada en fomentar la participación activa del profesional de la arqueología, con la comunidad o público que tiene contacto con los vestigios de la antigüedad. En segundo plano, se enfoca en estudiar las implicaciones sociales, económicas y políticas que acarrea la práctica arqueológica para las sociedades actuales. En diversos textos suele referenciarse como arqueología aplicada o comunitaria debido a su relación con la antropología puesta en uso, definida por la aplicación de conocimientos y metodologías antropológicos en el estudio de fenómenos y problemáticas sociales (véase Kedia y Van Willigen, 2005:1). El objetivo de la antropología aplicada sobrepasa el nivel de la producción y análisis de los datos empíricos, exigiendo reflexividad y ética por parte del investigador, quien forma parte de un proceso de investigación – acción donde él analiza un fragmento de la realidad y establece múltiples relaciones con los individuos que componen su objeto de estudio.

Nick Merriman (2004:3) establece que el término arqueología pública fue presentado primeramente en el artículo de McGimsey de 1972, donde dicha expresión se relacionaba con el manejo de recursos culturales. En dicho texto el público era presentado como un aliado potencial a favor de la legislación sobre protección de sitios y objetos arqueológicos en Estados Unidos, pero su participación activa en los proyectos de investigación no era considerada. Como sostiene Merriman (2004.:4), esta noción de arqueología pública ha sido desechada para orientar a la disciplina hacia el trato con el público, ahora comprendido como un grupo de ciudadanos activos, capaces de elegir y participar en la toma de decisiones concernientes a la construcción de su patrimonio cultural.

Con respecto a los métodos utilizados en las investigaciones sobre antropología y arqueología aplicadas, estos suelen componerse de herramientas etnográficas utilizadas para recolectar la información requerida, que es utilizada para desentramar y comprender los nexos y divergencias que tienen las comunidades contemporáneas, con los vestigios arqueológicos y sus estudiosos. El acercamiento del investigador al objeto de estudio, en el proceso de recolección de datos, implica una interacción continua entre el investigador y las personas, por lo que dicho contacto forma parte esencial de la metodología de ambas disciplinas antropológicas. Las entrevistas semi-estructuradas y/o la observación participante suelen ser herramientas imprescindibles para familiarizar al antropólogo o al arqueólogo con los individuos, y legitimar cualquier inferencia que éste construya sobre ellos. Por ende, el investigador adscrito a la antropología y arqueología aplicadas se convierte en observador y a la vez en participante del proceso social que él mismo analiza, siendo una parte activa del mismo.

La arqueología pública enfatiza la relación, vinculación y diálogo del arqueólogo con el público para el cual labora, ya que finalmente los resultados de sus investigaciones deben repercutir en la sociedad sin limitarse a la divulgación académica. Como subraya Paul Shackel (2004:2) en su artículo sobre la colaboración entre el arqueólogo y la comunidad, la arqueología es mucha más que el implemento de métodos científicos para la recolección e interpretación de datos. Su ejercicio constituye un proceso histórico donde el pasado es elaborado y valorado en el presente, vinculándolo con las sociedades que habitan en dicha dimensión temporal.

Sociedades contemporáneas, arqueología y globalización: nuevas relaciones entre las comunidades, los arqueólogos y los vestigios.

La emergencia de la arqueología pública como un campo de investigación y acción se debió a múltiples factores, aquí contextualizados en la actual era global que Octavio Ianni (1996:163) caracterizó por la intensificación de relaciones entre diversas sociedades, a escala mundial.

Para comenzar, las funciones delegadas a los objetos del pasado han variado a lo largo del tiempo, ya que han fungido como símbolos nacionales, atracciones turísticas, escenarios para conciertos, etc… En la actualidad dichas funciones ya no pueden justificar la preservación de los vestigios de la antigüedad, así como tampoco pueden continuar utilizándose como excusas para financiar tal o cual proyecto de investigación arqueológica. Esto se debe a que hay otros factores sociales prioritarios, como la demanda de presupuestos monetarios destinados a mejorar la calidad de vida de los habitantes, los cuales han determinado que el apoyo a la práctica arqueológica y a la conservación de objetos y ruinas antiguos, se encuentre en los últimos lugares de las metas a cumplir. Aunado a ello, la época contemporánea se ha definido porque “las instituciones de la vida moderna no guardan continuidad, en muchos aspectos claves, con las diversas culturas y formas de vida del pasado” (Ballart, 2006:39), resultando ello en la destrucción y perdida de los objetos que solían brindar a las personas “una sensación reconfortante de continuidad en el tiempo y de identificación con una determinada tradición” (Ibid.:36). El nuevo orden mundial caracterizado por la globalización ha moldeado las actitudes de las sociedades ante el pasado y sus reminiscencias, ya que el propio dinamismo de la sociedad red debilita la noción del tiempo lineal, irreversible, medible y predecible, que como menciona Manuel Castells (1999:467) regía la vida cotidiana anteriormente.

Afortunadamente la globalización no acarrea únicamente problemas y desventajas: es en estos nuevos escenarios donde han surgido los cambios sustanciales en las relaciones que tienen las sociedades contemporáneas con los objetos históricos ubicados en su entorno, así como también, han surgido nuevos temas de investigación antropológica al respecto. Dos ejemplos del cambio en las relaciones entre sociedad y vestigios lo conforman la reapropiación, manejo y gestión de los sitios arqueológicos que es llevada a cabo ahora por aborígenes australianos (Mulvaney, 1999), y la resistencia de las comunidades de la ex – Yugoslavia para aceptar las versiones históricas del pasado que difunde afanosamente el Estado (Brown, 1998:82). Otra par de ejemplos, en este caso de investigaciones, lo componen la recopilación de las interpretaciones tradicionales sobre los sitios arqueológicos en Sierra Leona (DeCorse, 1994:128), y el rescate de las interpretaciones locales sobre los vestigios prehispánicos que son elaboradas en las comunidades de la región chilena de Tarapacá (Jofré, 2003).

Los cambios políticos, económicos y sociales presentes a escala global, exigen un nuevo tratamiento del pasado que incluya e involucre a las sociedades contemporáneas.

Construcción de un panorama global.

A lo largo y ancho del planeta diversos científicos sociales, tanto arqueólogos como antropólogos, han desarrollado proyectos de investigación que analizan las complejas relaciones que existen en la actualidad entre las sociedades contemporáneas, los arqueólogos y los vestigios que estos estudian. Esta explosiva propagación de estudios orientados por la arqueología pública a escala mundial se debe primordialmente: a) a la exclusión histórica que ha tenido la gente en la construcción y presentación del patrimonio cultural, b) a la falta de reflexión en las implicaciones socio-económicas y políticas que conlleva el estudio o conservación de un sitio arqueológico para las comunidades próximas, c) y a la nula o escasa comunicación con la gente para la cual se desentierra y explora diariamente el pasado. Si se busca que la arqueología constituya una práctica socialmente responsable y útil para las sociedades contemporáneas, estas acciones no pueden continuar tolerándose.

A continuación se presenta una síntesis de cinco investigaciones actuales auto-adscritas a la arqueología pública, que han sido llevadas a cabo en cinco países de distintos continentes: Mozambique, Estados Unidos, Japón, Inglaterra y Australia. De cada proyecto se extrajeron los datos sobre el contexto de estudio, las problemáticas identificadas, y los métodos y resultados que fueron obtenidos. El objetivo del ejercicio es presentarle al lector un panorama global sobre la aplicación de la arqueología pública.

África: Proyecto Arqueológico Manyikeni en Mozambique.

Mozambique es un país muy reciente que logró su independencia de Portugal hace treinta y siete años. Aunque antes de 1975 el pasado arqueológico de la colonia portuguesa ya había sido someramente explorado, Martin Hall (1996:44) subraya que entre 1976 y 1983 el número de sitios arqueológicos registrados se elevó drásticamente y con ello mejoró la comprensión sobre las culturas que habitaron esta porción del sureste africano. El autor (Ibid.:44) menciona que uno de los ejemplos más notables del ejercicio de la arqueología pública en el país se gestó en el proyecto arqueológico del sitio Manyikeni, iniciado en 1977 en el marco de una atroz guerra civil que azotaba la reciente nación. Dicho asentamiento, ubicado 700 km al norte de la capital del país, fue el escenario de diversas prácticas científicas que según Sinclair et al., (1993:429) integraron el trabajo científico con el comunitario. Más de 400 voluntarios de la región participaron en las excavaciones arqueológicas y catalogación del material, evidenciando con ello el interés de la población local por conocer el pasado de su territorio. Inclusive fue construido un museo comunitario en Manyikeni con el fin de exhibir la información arqueológica y las principales piezas recuperadas. Mapunda y Lane (2004:217) afirman que las colaboraciones entre los arqueólogos y las comunidades locales llevadas a cabo en Manyikeni, han sido replicadas en otros países del continente africano, como por ejemplo en Namibia, donde varios proyectos arqueológicos han implementado estrategias similares para fomentar la conservación de los vestigios entre los habitantes locales.

América: Proyecto Seneca Village en Nueva York, Estados Unidos.

El área verde neoyorkina conocida mundialmente como Central Park no fue siempre un parque. Como reportan Diana Dizerega et al. (2004:102-104), durante el siglo XIX una porción de dicho espacio, entonces ubicado en los límites de la ciudad, contenía una comunidad de inmigrantes irlandeses y afroamericanos llamada Seneca Village, establecida en 1820 cuando un grupo de estos últimos compro tierras para habitar. Posteriormente arribaron al lugar algunas familias irlandesas en busca de mejores oportunidades de vida, y la comunidad conformada por casas, escuelas, iglesias, cementerios y comercios, comenzó a crecer rápidamente. Para 1850 este asentamiento conocido coloquialmente como nigger village ya contaba con 260 residentes, de los cuales solo una tercera parte eran europeos. Para mediados del siglo XIX el crecimiento de la ciudad y la demanda de espacios públicos y áreas verdes termino por ejercer presión, y esta comunidad afro-americana e irlandesa fue arrasada y sus habitantes re-ubicados. Encima del poblado se construyo el famoso parque, quedando sepultada la historia de esta comunidad. Tuvieron que pasar cerca de 150 años para que un grupo de estudiantes y profesores del City College comenzaran la planificación de un proyecto de investigación arqueológica que recuperara la memoria de este lugar, el cual representaría una parte importante del pasado de la actual sociedad neoyorkina, altamente multi-racial y multi-cultural.

El Proyecto Seneca Village comenzó en 1997 y continúa hasta la fecha. Una primera estrategia del proyecto fue la formación de un comité que incluyó tanto a investigadores como a descendientes directos de aquellos afro-americanos e irlandeses que habitaron el lugar. Los autores (Ibid. 105-115) precisan que la comunicación con la comunidad de descendientes fue imprescindible en cada etapa del proyecto, ya aquellos restos arquitectónicos y osteológicos representaban sus raíces, orígenes y genealogías. Por esta razón, se procuró en el proyecto que los diversos significados conferidos a Seneca Village fueran recuperados por medio de entrevistas, las cuales fueron hechas a estudiantes que participaron en las exhumaciones y excavaciones, a descendientes que participaron activamente como voluntarios y a neoyorkinos que visitaron el sitio arqueológico. Finalmente el proyecto recupero una parte de la historia local, íntimamente ligada a las personas que habitan la urbe en la actualidad.

Asia: Proyecto Tsukinowa en la prefectura de Okayama, Japón.

Las relaciones entre el público y la arqueología en Japón después de la segunda guerra mundial son definidas como gestión del patrimonio arqueológico. Katsuyuki Okamura (2011:80) menciona que el desarrollo de esta gestión se puede dividir en dos fases políticas, ejemplificadas aquí por dos proyectos de investigación. La primera fase es representada con las excavaciones Tsukinowa, que comenzaron en 1953 e incluyeron a cerca de 10, 000 personas entre las cuales hubo arqueólogos, historiadores, habitantes locales, alumnos y profesores. La amplia respuesta de la comunidad, influenciada por el nacionalismo que imperaba en el Japón de la segunda mitad del siglo XX, hizo de la excavación del sitio Tsukinowa “un ejercicio de colaboración entre investigadores y habitantes locales comprometidos a aclarar científicamente la historia de su localidad” (Ibid.:80), y conformó a la par el primer proyecto de arqueología pública del que se tenga noticia, antes de que dicho término se acuñara. La segunda fase comenzó en 1970, cuando se estableció un organismo nacional de gestión del patrimonio arqueológico que le resto participación a la comunidad. Debido a esto, en Japón han imperado hasta la fecha los enfoques descriptivos en los trabajos arqueológicos, así como también, los discursos patrimonialistas que le restan importancia a la relación anteriormente establecida entre el público y los sitios arqueológicos, frenando con ello el desarrollo de la arqueología pública en el país. A pesar del sombrío panorama el autor menciona que esta relación no se ha perdido del todo, pues el público japonés suele interesarse mucho en los hallazgos arqueológicos difundidos por la prensa u otros medios de comunicación masiva.

Europa: Proyecto Shoreditch en Londres, Inglaterra.

El proyecto Shoreditch de arqueología urbana apoyado por el Museo de Londres y el Fondo de la Lotería se llevó a cabo del año 2005 al 2006, con la finalidad de realizar excavaciones en contextos históricos de los siglos XVII al XX que brindaran información arqueológica e histórica relevante para la comunidad local. Faye Simpson y Howard Williams (2008:77) subrayan que el formato flexible del proyecto invitó a los habitantes locales a interpretar los vestigios explorados, permitiéndoles construir su patrimonio cultural e identificarse con determinados elementos arqueológicos. A lo largo de su desarrollo la excavación recibió cerca de tres mil visitantes, contando con la colaboración de setecientos voluntarios que participaron activamente en los trabajos de excavación. La activa participación local se debió en gran parte a la ubicación del sitio en una zona habitacional, y a la temporalidad de sus contextos los cuales incluían artefactos de la segunda guerra mundial, un periodo experimentado en carne propia por muchas personas de la tercera edad que habitaban cerca de la excavación. Entre las actividades implementadas se invitó a los adultos mayores del vecindario a contar sus historias y experiencias sobre la guerra, las cuales fueron escuchadas por los jóvenes y estudiantes que visitaban el lugar. También se les permitió a los voluntarios excavar en un contexto arqueológico. Los autores (Ibid.:78-80) notaron la importancia que tuvo la experiencia arqueológica del público como factor de éxito del proyecto comunitario, ya que los voluntarios se mostraron muy interesados en participar en las actividades de excavación, que resultaron divertidas y educativas.

Al finalizar de las excavaciones de Shoreditch el número de visitantes bajo drásticamente, pero a final de cuentas el proyecto pudo lograr su objetivo principal: permitirle a los londinenses del área develar el pasado que se encontraba bajo sus pies.

Oceanía: Proyecto de arqueología comunitaria en Burra, Australia.

Durante las últimas décadas del siglo XIX, el proceso de migración y colonización apresurada fomentado por la llamada fiebre del oro, condujo a muchas personas hacia la búsqueda de minerales preciosos en diversos puntos del planeta. Ejemplo de esta época fue el importante yacimiento de cobre descubierto en 1845 en el sur de Australia, donde se construyó la mina Burra Burra que cerró en 1877 (Birt, 2004:156-157). Una vez cerrada la mina, el poblado ex minero se conservó albergando una porción de su población original. Debido a su importancia histórica para el desarrollo de la región, Burra fue reconocido en 1970 como un sitio patrimonial y el poblado original se convirtió en un museo al aire libre, donde hasta 1998 solo algunas exploraciones arqueológicas habían sido realizadas. Fue en ese mismo año cuando comenzó el Proyecto de arqueología comunitaria de Burra, que buscó integrar a la comunidad local en las exploraciones arqueológicas de este sitio histórico industrial. Hasta la fecha, las investigaciones regulares realizadas en Burra han producido tesis y reportes, pero también han albergado los programas de prácticas en arqueología de los alumnos de la Universidad de Flinders. Ahora bien, ¿en qué se basa el programa de arqueología pública del proyecto? El autor (Ibid.:164-166) menciona que la comunicación con los habitantes locales fue considerada imprescindible desde un principio, y por ende a través de los años los propios arqueólogos se han dado a la tarea de informar a la población sobre los hallazgos y avances rutinarios en el sitio, realizando conferencias, exposiciones, o repartiendo volantes o trípticos etc…. En este caso los locales no participan activamente en las excavaciones, pero se les ha integrado al proyecto de otras formas: organizando exposiciones, divulgando la información impresa, canalizando a los turistas hacia los diversos puntos de interés, etc.. El desarrollo de este proyecto ha demostrado que lo importante de excavar un sitio, como en este caso Burra, es concientizar e informar a la comunidad local.

México ¿tierra fértil para la práctica de la arqueología pública?

Aunque la arqueología pública es una disciplina ampliamente ejercida en el extranjero, no es desconocida en México. Basta revisar el artículo de Jaime Litvak (1980) publicado hace veinte años en la obra Arqueología y Derecho en México, para conocer cómo entendía dicho autor esta clase de arqueología, y que problemáticas supondría su aplicación en un contexto mexicano.

Cómo subraya el Litvak (op.cit.), las leyes y reglamentos sobre la protección, exploración y manejo de los recursos arqueológicos dificultan enormemente el ejercicio de una verdadera arqueología pública, que en México “adolece de problemas que dificultan su aplicación legal o material, puesto que la idea misma esta empapada de contradicciones” (Ibid.: 48). Basta tomar como ejemplo la protección de los vestigios prehispánicos por parte del Estado Mexicano. Esta estrategia anula cualquier responsabilidad por parte de la población hacia con la protección y conservación de estas reminiscencias, e imposibilita entre otras cosas “el aprovechamiento que el país hace de su arqueología en función de su potencial para el desarrollo económico regional” (Ibid.:52). Aunado a ello, en México la explotación de los recursos arqueológicos para el bien común es reprobada todavía por muchos arqueólogos, quienes opinan que ese uso del pasado denigra una disciplina que “no debe usarse para fines lucrativos y cuyo secreto es sólo de los arqueólogos” (Ibid.:52).

Afortunadamente las ideas sobre las relaciones que debe tener el arqueólogo con la sociedad mexicana comienzan a cambiar radicalmente. Ejemplo de ello es el Taller de Arqueología Comunitaria de la Licenciatura de Arqueología de la Universidad Autónoma del Estado de México. Sus objetivos y actividades, expuestos en su portal de internet1, están orientados por la gestión del patrimonio arqueológico y buscan crear conciencia entre las comunidades de los municipios de Tenancingo, Malinalco y Ocuilan, para que estas aprendan a valorar los recursos patrimoniales de su entorno. Proyectos como este son susceptibles de replicarse en otras zonas del país, adecuándose a los contextos sociales e históricos a los cuales se enfrentan. Así mismo, los enfoques públicos o comunitarios pueden incluirse en los programas de los proyectos arqueológicos ya establecidos, los cuales no tenían contempladas dichas líneas de trabajo en un principio.

Para terminar es necesario considerar las dificultades ideológicas que implica para el arqueólogo el pensar en la arqueología como un recurso más, que puede ser explotado responsablemente por su carácter no renovable y cuya finalidad debe centrarse en su utilidad para las sociedades contemporáneas. No puede omitirse también que la aplicación de la arqueología pública en México acarrea consigo numerosas interrogantes existenciales, como por ejemplo, ¿es ético e incluso legal dejar que el público excave en un contexto arqueológico?, ¿es posible tener buenas relaciones con la comunidad cercana al sitio, de modo que su intromisión en los asuntos del proyecto no tenga efectos negativos para el mismo? y finalmente ¿de qué manera podría lograrse que los arqueólogos y la sociedad civil mexicana dialogaran de forma oficial?

Todas estas cuestiones plantean una larga discusión que no se aborda en este trabajo, pero no por ello se ignora. Afortunadamente la arqueología pública es mucho más que darle una cucharilla y un recogedor a una persona interesada en su pasado. Implica primeramente un cambio radical en los objetivos profesionales del arqueólogo y en su propia postura como investigador ante la sociedad, porque lo obliga a reflexionar al respecto de la importancia que tiene su profesión, su trabajo, los resultados de su investigación y sus publicaciones, para la gente, no para la comunidad académica a la cual pertenece. Además, redefine la figura del arqueólogo para presentarlo como un profesionista al servicio de la sociedad, no de las instituciones gubernamentales.

Resta aclarar que estos puntos deben ser considerados por quienes aspiran a ejercer la arqueología pública dentro de sus propios proyectos de investigación, ya sea de forma individual o colectiva.

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Semblanza: México, D.F. 1984. Licenciada en Arqueología por la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Colaboradora en proyectos de investigación arqueológica: Templo Mayor (2006-2009), Tehuacalco (2009) y Paisaje Agavero (2010). Actualmente es estudiante de la Maestría en Ciencias Sociales de la Universidad de Guadalajara y ha realizado estancias de investigación en la Universidad Pablo de Olavide en España (2011), y en la Université de Poitiers en Francia (2012). Fue profesora de Arqueología y Cartografía en el Centro Universitario del Norte. Como becaria del CONACyT desde agosto del 2010, lleva a cabo un proyecto de investigación sobre los significados que confieren los habitantes de Teuchitlán (Jalisco) a los vestigios prehispánicos de su entorno.

Contacto: derhexenhammer@hotmail.com

Publicaciones: (2011) Entre agaves y moneros: el patrimonio arqueológico del paisaje agavero, Red Patrimonio. Revista digital sobre estudios en patrimonio cultural. México. (En prensa) Del fuego fatuo a los tesoros enterrados: algunos testimonios orales de las personas que habitan alrededor del Volcán de Tequila, Estudios Sociales, no.9, México. (En prensa) Conceptualizaciones nativas y etno-conocimientos sobre los vestigios prehispánicos en el folclore rural. Notas sobre la exploración del patrimonio etnológico de Teuchitlán (México), Apuntes. Revista de estudios sobre patrimonio cultural, vol. 25, no.1, Colombia.

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Foto: Héctor Espinoza, Programa de Empleo Temporal [PET Oaxaca]

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