Experiencias de restauración en Colombia y en el departamento del Tolima

Colombia portada

Olimpia Niglio

Resumen:

El 28 mayo del 1963 a Bogotá en la Pontificia Universidad Javeriana Carlos Arbeláez Camacho fundó el Instituto de Investigaciones Estéticas, hoy Instituto Carlos Arbeláez Camacho para el patrimonio arquitectónico y urbano. El Profesor Carlos Arbeláez Camacho nació en París en el 1916 pero su familia fue de orígenes colombianas. La obra de búsqueda y estudio desarrollada por el Profesor Arbeláez Camacho a Bogotá del 1945 al 1969 ha sido sobre todo muy importante para haber introducido en el país una mayor atención para la conservación del patrimonio histórico y cultural.

Después 50 años (1963-2013 quincuagésimo) de la fundación del Instituto la obra de Carlos Arbeláez Camacho continua por el trabajo de muchos estudiosos y profesores ocupados en la enseñanza de la conservación de la arquitectura y del territorio. Las actuales exigencias también han dirigido la atención al estudio de los contextos urbanos pero la investigacion es la base única para valorar y para intervenir el patrimonio construido, concebida como columna vertebral del proyecto académico.

Esto articúlo, después una introduccion conceptual sobre los criterios de intervención en Colombia, analiza la realidad cultural del Departamento del Tolima y las experiencias en la Universidad de Ibagué desde el 2006.

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[…] Hasta bien entrado el siglo XX, pocas personas en lo medios culturales del país tuvieron conocimiento o interés en una actividad que, es cierto, había comenzado no mucho antes, en la segunda mitad del siglo XIX en Europa. Como es usual en la historia colombiana, surgió primero una legislación que los hechos concretos a los cuales aplicarla. En la década de los años veinte se dieron los primeros pasos oficiales para la protección del patrimonio cultural del país, pero no se sabía bien en qué consistía este —aún se sabe mal— ni cómo llevar a la práctica tal protección. Por claras razones históricas, predominada en el país el criterio del ‘zapato viejo’ —inmortalizado en Cartagena de Indias— respecto de las edificaciones que sobrepasaran una generación de edad. La arquitectura colonial, en particular, que llegara por entonces a la senilidad edilicia simplemente era derribada o abandonada. Esto era lógico, pero lamentable, habida cuenta del invento europeo del cuidado cultural de la arquitectura del pasado. La década de los años treinta presencia simultáneamente una tremenda oleada de vandalismo destructor y las primeras restauraciones de ejemplos aislados en unos pocos lugares del país, los cuales comienzan a ser más abundantes hacia la mitad de la década siguiente. Si los arquitectos formados en Colombia apenas comienzan a surgir por entonces, se comprenderá que el ejercicio profesional estaba en manos de unos pocos extranjeros y colombianos formados en el exterior, y cuyos intereses personales rara vez incluían, como parte vital, la rarísima disciplina de la restauración (Téllez, s. f., p.3-4).

En este complejo ambiente, la cultura europea de la restauración encuentra una referencia importante en Colombia con el arquitecto y profesor Carlos Arbeláez Camacho.1 Su obra ofrece las bases para el desarrollo de una teoría y una metodología de investigación e intervención para la tutela del patrimonio arquitectónico y artístico de Colombia. Carlos Arbeláez Camacho, el 28 de mayo de 1963 fundó el Instituto de Investigaciones Estéticas en la Universidad Javeriana —desde el 15 de noviembre de 2001, Instituto Carlos Arbeláez Camacho para el patrimonio arquitectónico y urbano, icac—.

Consciente del abandono y de las demoliciones de la arquitectura histórica en todo el país, el proyecto del profesor Arbeláez Camacho fue el de crear un organismo de formación e investigación, también coordinó la Sociedad Colombiana de Arquitectos —sca—, para orientar con una correcta metodología investigativa el trabajo de los profesores, sobre todo de Historia de la Arquitectura de las facultades del país. Su finalidad era la de formar una consciencia histórica de la arquitectura y educar a los estudiantes para constituir un archivo monumental de Colombia, para el conocimiento de la evolución, protección y preservación del patrimonio cultural construido de la nación. Para lograr su propósito buscó la creación de los institutos de investigaciones estéticas en las distintas facultades de arquitectura, de manera que cada uno estudiara la arquitectura de una región del país. El primero fue el de la Pontificia Universidad Javeriana, en 1963, en el que poco tiempo después —1967— también se fundó la revista Apuntes, como un medio de divulgación de las actividades del Instituto y para la difusión de la cultura histórica y la conservación del patrimonio arquitectónico y artístico.

Después de la muerte de Carlos Arbeláez Camacho fue nombrado como Director el arquitecto Gabriel Uribe Céspedes; en 1972 fue dirigido por Jaime Salcedo Salcedo —10 de enero 1972 – 10 de enero 1994—, quien afirmó que con los estudios de los templos doctrineros en el Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Javeriana, Carlos Arbeláez “postuló la unidad conceptual que existe en el arte y la arquitectura de Hispanoamérica, pese a su diversidad formal […] También trazó por primera vez un esquema histórico de la arquitectura colombiana desde la época colonial hasta la contemporánea” (Web-icac, s. f., Historia).

El Padre Alfonso Borrero (1980), personaje de gran importancia en la historia de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Javeriana2, escribió sobre la restauración y sus aportes conceptuales fueron y son hoy también fundamental para comprender la cultura de la conservación en Colombia. Alfonso Borrero escribió además sobre la contribución fundamental para conocer el valor y la enseñanza del trabajo de Carlos Arbeláez. En Semblanza Carlos Arbeláez Camacho, Borrero describe el contexto cultural donde obró Carlos Arbeláez y las dificultades de introducir en el país un aporte diferente para la conservación y la valorización del patrimonio cultural. El Padre Borrero define a Carlos Arbeláez como: “figura sabia y señorial. En él se conjugaron la visión del pasado y la previsión efectiva del futuro” (p.13-14). En particular resalta en la obra de Carlos Arbeláez la importancia de la historia, vista primero como:

[…] Partición excesivamente sesgada, exclusiva y especializada, y después entendida como un gran universal de la cultura que corre a lo largo de todas las civilizaciones con perfiles más o menos típicos, como fruto de lo social, de lo político y de lo económico, de lo artístico, de lo técnico y de lo religioso (p.14-15).

Carlos Arbeláez creyó en la contribución de diferentes disciplinas y, por lo tanto, en la interdisciplinariedad de la historia de la arquitectura y de la restauración del patrimonio cultural. Como restaurador, Arbeláez defendió la arquitectura histórica contra vandalismos y demoliciones. Consideró fundamental la enseñanza de la restauración en las facultades de arquitectura porque el restaurador debe ser un arquitecto formado en esta disciplina. El arquitecto que ocasionalmente se ocupa de los monumentos no es un restaurador y no tiene el poder para trabajar en esta especialidad. El restaurador necesita cursar una maestría y un doctorado en restauración de monumentos arquitectónicos. En los años setenta, en el Instituto de Investigaciones Estéticas de Bogotá, se creó la Maestría en Restauración de Monumentos Arquitectónicos.3 Época en la que fue muy evidente el deterioro y la destrucción del patrimonio arquitectónico y artístico colombiano, muy importante para la historia cultural del país.

Después de casi cincuenta años de la fundación del Instituto —1963-2013—, la obra de Carlos Arbeláez Camacho continúa gracias al trabajo de muchos estudiosos y profesores que se ocupan de la enseñanza de la conservación de la arquitectura y el territorio (Téllez, 2002, p.12-17).4 Las actuales exigencias también dirigen su atención al estudio de los contextos urbanos.

En particular, las enseñanzas y la teoría de la restauración de Carlos Arbeláez Camacho también son compartidas en otras universidades como la Jorge Tadeo Lozano, Seccional del Caribe en Cartagena de Indias, con la obra del arquitecto Alberto Samudio Trallero (Niglio, trad., 2007), profesor de la Especialización en Conservación y Restauración del Patrimonio Arquitectónico.5 En Cartagena de Indias vale la pena mencionar la obra de restauración arquitectónica de Álvaro Barrera y de Alberto Samudio Trallero.

LA CULTURA DE LA RESTAURACIÓN EN EL TOLIMA EL MOVIMIENTO MODERNIZADOR

La cultura de la restauración de Carlos Arbeláez Camacho, después de su muerte, ha tenido repercusiones en muchas partes del país, principalmente en las regiones interesadas en los flujos turísticos y, por lo tanto, con relevantes presencias históricas. Un informe de la unesco de julio 1969 denominado Desarrollo turístico y valorización del patrimonio artístico e histórico de F. Engel (1970), relata un viaje de exploración por diferentes zonas de Colombia. Se describe el puerto de Buenaventura en la Costa Pacífica y las ciudades de la Costa Atlántica como Santa Marta, Barranquilla y, en particular, Cartagena de Indias, con todos sus monumentos coloniales. También la Cordillera Andina y la ciudad de Bogotá, el Valle del Cauca y las ciudades más importantes como Medellín, Manizales, Cali y Pereira. Al sur del país se cita la ciudad de Popayán con sus principales monumentos, para terminar en la Amazonia.

Este informe de la unesco narra la situación económica, política y social de Colombia a finales de los años sesenta del siglo veinte, cuando el país fue considerado el más avanzado de América Latina por su cultura y desarrollo, tal como se posiciona hoy. Pero en el documento no se refiere a ningún lugar del centro del país, solo se habla del Río Magdalena.

Lo anterior realmente demostró un conocimiento parcial del territorio colombiano en el 1970, situación determinada por las enormes dificultades del transporte aéreo y terrestre. En esta situación encontramos al Departamento del Tolima, cuya capital se denomina Villa de San Bonifacio de Ibagué del Valle de las Lanzas, ubicada en el margen norte del Río Combeima, de origen español pero con preexistencias precolombinas.6

Como todas las ciudades de la América Latina, Ibagué también padeció de las grandes transformaciones del movimiento modernizador del siglo veinte. En este contexto es interesante leer la contribución de Leopoldo Combariza Díaz (2008), director de la restauración de la Catedral de Tunja, al referirse al caso de esta ciudad en el Departamento de Boyacá. Sus observaciones también describen todo el territorio colombiano incluido el Tolima.

‘Modernizar en nuestro medio significa destruir, renunciar, borrar, abjurar. Modernizar en Europa y Japón quiere decir conservar, afianzar, exaltar lo antiguo heredado’, sostiene el autor. En Colombia y en América Latina en general, el movimiento ‘modernizador’ comenzó a mediados del siglo xix, cuando llegaron a nuestro continente los rezagos del eclecticismo europeo, época que coincide con el origen de lo que ha dado en llamarse nuestro estilo ‘republicano’, y se mantuvo hasta la década de los treinta del siglo xx. Por ‘modernizar’ se entendía entonces la tendencia a ‘demoler del todo’, aislada o conjuntamente, edificios y zonas provenientes de la Colonia para reemplazarlos por construcciones de carácter italianizante o, en otros casos, la insistencia en superponer a las fachadas coloniales fachadas neoclásicas, o, al menos, a agregar algunos detalles decorativos pertenecientes al nuevo estilo. Esta tendencia es fruto de un pomposo academicismo muy poco acorde con la modesta economía del país; de ahí que el neoclasicismo criollo se exprese rara vez en mármoles y piedra, como los originales europeos que le sirvieron de modelo, y sí en cambio en yeserías sobre muros de adobe y pinturas aplicadas a imitación de los llamados materiales nobles. Se perseguía así la ingenua finalidad de llegar a un imposible parecido con los deslumbrantes modelos del otro lado del mar. Sin embargo, esa intención imitatoria se limitó por lo regular a expresarse en casos aislados, y su eficacia destructora fue relativamente escasa, pues no se atentó contra grandes conjuntos de la arquitectura anterior. Curiosamente, ese afán arribista y vergonzante ante la simplicidad de nuestros arcaicos monumentos antiguos o ante todo lo que revelara su origen español o mestizo, está en la base de la nueva tendencia que se confirma en el mundo subdesarrollado, de copiar las expresiones y modelos de un posmodernismo arquitectónico que es producto del hastío y la superabundancia posindustrial de las naciones superdesarrolladas. Curiosamente, los primeros impulsores de esta manía neoclasizante fueron las autoridades eclesiásticas, admiradas por la pompa de Roma y el Vaticano. A su sombra, los estratos jerárquicos de menor nivel se sintieron autorizados para modificar, reemplazar o maquillar las humildes capillas coloniales, templos doctrineros y edificaciones religiosas provincianas en grotescas imitaciones de grandes iglesias góticas (p.2).

En Ibagué la acción del movimiento modernizador fue muy fuerte. Esto abrió las puertas a la destrucción total del patrimonio cultural con la excusa del progreso y del desarrollo.

En Colombia, en la primera mitad de siglo veinte, no existía una Ley de protección del patrimonio. La primera, de manera general, fue la Ley 163 de 1959, después surgieron instituciones como la Subdirección de Monumentos Nacionales, el Fondo de Inmuebles Nacionales, Colcultura, la Fundación para la Conservación del Patrimonio Cultural Colombiano del Banco de la República, el Consejo de Monumentos Nacionales —actual Consejo Nacional de Patrimonio Cultural—. En 1997, con la Ley 397 nació el Ministerio de Cultura. Actualmente la gestión y la protección del patrimonio cultural está regulada por la Ley 1185 del 2008, una de las normas más innovadoras en temas de patrimonio cultural en el ámbito colombiano.

Pero en la mitad del siglo veinte, por falta de dichas leyes de tutela y cultura de conservación, fueron demolidos muchos monumentos de estilo colonial y republicano. En particular, en Ibagué fue demolido en 1954 el edificio de la Gobernación, un hermoso palacio situado en el centro de la ciudad, al igual que el Colegio de San Simón y la total trasformación del Parque Murillo Toro. Fue demolido el Teatro Torres —hoy Teatro Tolima— y todos los edificios de la Calle del Comercio, hoy carrera 3ª y el palacio de estilo republicano de la Alcaldía. En 1982 fue totalmente destruida la Estación del Ferrocarril Pedro Nel Ospina.

En las imágenes históricas de Ibagué podemos observar una ciudad muy interesante, hoy totalmente desaparecida. En el centro de la ciudad, en el Barrio la Pola, aún se mantiene una arquitectura histórica de interés, pero la más importante es la antigua cárcel de la ciudad, El Panóptico, cuya construcción comenzó en 1892, hoy de interés como obra de restauración, cuyo proyecto es del arquitecto bogotano Luis Humberto Duque Gómez, ganador en el 2005 del concurso nacional que se promovió para tal fin (Niglio, 2008). Esta es la primera obra importante de restauración en la ciudad de Ibagué, en la que la cultura general no es muy sensible a la conservación de la arquitectura histórica. La defensa de esta cultura y del paisaje aún no es percibida como instrumento de valorización de un territorio. La actual actitud de los proyectistas es la introducida por el movimiento modernizador.

Ibagué. La Gobernación (1920). Demolición (1954)

Creditos: CD Banco de la Republica de Colombia

Ibagué, Palza Murillo Toro y la Gobernación hoy

Creditos: Olimpia Niglio (2008)

Ibagué, Parque Murillo Toro con el Colegio de San Simón y la Gobernación (1925). Demolición total.

Creditos: CD Banco de la Republica de Colombia

Ibagué. Teatro Torres (1923)

Creditos: CD Banco de la Republica de Colombia

Hoy ocupa su lugar una nueva edificación

el Teatro Tolima

Creditos: Olimpia Niglio (2006)

Ibagué. Estación Ferrocarrill “Pedro Nel Ospina” (1926). Demolición (1982).

Creditos: CD Banco de la Republica de Colombia

Esta práctica modernizadora ha sido menos fuerte en municipios pequeños del Departamento, donde todavía se mantienen interesantes ejemplos de arquitectura colonial. Son los municipios de Mariquita, Honda, Ambalema, Guamo y Purificación, que se han convertido en importantes modelos de referencia cultural para el conocimiento de la arquitectura histórica colombiana. En realidad, el aparente aislamiento de estos municipios ha favorecido la conservación del patrimonio histórico arquitectónico, hoy tutelado por el Ministerio de Cultura.7

EL CURSO DE RESTAURACIÓN ARQUITECTÓNICA EN LA UNIVERSIDAD DE IBAGUÉ

En agosto de 2006 la Universidad de Ibagué crea el primer curso de verano en restauración de la arquitectura.8 El curso tiene la finalidad de aportar los conceptos fundamentales de la teoría e historia de la restauración de la arquitectura y plantear su lectura actual como conocimiento directo —levantamiento topográfico— e indirecto —diagnóstico—, para afrontar e ilustrar los métodos analíticos de la conservación de la arquitectura y del arte. Como objetivos específicos, el curso del verano 2006 tuvo como principal: desarrollar en el alumno su capacidad de reconocer y diferenciar las expresiones arquitectónicas y artísticas de la arquitectura moderna y contemporánea, también conocer los diferentes métodos de intervención de conservación —estilística, histórica, filológica, crítica, conservativa—.

Estos objetivos se conservan y se consolidan en los años siguientes, cuando el curso de Restauración de la Arquitectura en la Universidad de Ibagué analizó el patrimonio arquitectónico de Ibagué y de algunas ciudades del Departamento, como la arquitectura colonial y republicana del municipio de Ambalema.

El objetivo principal de estas primeras experiencias de cinco años —2006-2010— ha sido el de acercar los alumnos y los profesionales a temáticas insólitas pero de gran importancia, para aprender a leer y analizar mejor el presente y poder construir el futuro, bajo el parámetro de tutelar y valorizar el pasado (Hernández Molina, Niglio, 2011).

Los temas principales del curso han sido: Historia de la restauración de la arquitectura italiana moderna y contemporánea —2006—; Proyecto de restauración de La Casona La Meseta en Ibagué —2007—; Restauración urbana y ciudad de fundación del nuevo continente. La ciudad de San Bonifacio del Valle de las lanzas de Ibagué —2008—; Las vías de hierro y de tabaco en Colombia. La estación del ferrocarril de Ambalema —2009—; Restauración de la arquitectura: la estación del ferrocarril de Picaleña en Ibagué —2010—. Restauración de la arquitectura moderna. El Club Campestre de Obregon & Valenzuela Arquitectos (1954) —2011—. Patrimonio Urbano y Cultural. Inventario urbano de Ambalema centro histórico —2012—.

Los resultados de los cursos están descritos en el volumen, Olimpia Niglio, La Restauración Arquitectónica en el Tolima. Experiencias Académicas, publicación de la Universidad de Ibagué (Programa de Arquitectura), Ibagué – Colombia 2012.

Universidad de Ibagué. Curso de Verano 2009. Propuesta por la Restauracion de la Estacion de Ambalema. Estudiantes y profesores durante la exposición final en el Auditorio de la Universidad de Ibagué. Creditos: Olimpia Niglio (2009)

La experiencia enriquecida en estos años con el curso, aportaron las bases para el desarrollo de esta disciplina fundamental en la formación profesional del arquitecto. Además, se crearon las condiciones para instituir un curso de especialización en Restauración del Patrimonio Cultural en la Universidad de Ibagué, que se ocupa de la salvaguardia de la arquitectura, del arte y del paisaje, porque otro recurso muy interesante del Departamento es el medio ambiente. La instauración de un curso universitario de especialización que valoriza la historia y el pasado, es fundamental para promover en las nuevas generaciones una consciencia cultural, que permita adquirir la capacidad de observar críticamente y obrar con sabiduría para conservar y transmitir a las generaciones futuras nuestro pasado y presente. Esto representará el patrimonio futuro, el recurso económico y turístico del país.

Además del interés por la historia de la arquitectura y del paisaje, el Departamento del Tolima ofrece innumerables atractivos turísticos culturales de carácter inmaterial: tradiciones populares, fiestas patronales, tradición musical, ecoturismo —Los Nevados y Las Hermosas—. En particular, en Ibagué la música constituye un importante recurso cultural y turístico que necesita un proceso de puesta en valor.

En 1906 el maestro Alberto Castilla fundó en Ibagué la Escuela de Música: Conservatorio del Tolima, en un sitio que a finales del siglo diecinueve fue construido como un edificio de uso diferente y luego destinado al Conservatorio. En 1931, el maestro Castilla vio convertida en realidad su idea de construir una sala de conciertos en Ibagué, la cual inicialmente se denominó Sala Beethoven. Esta sala fue construida junto al edificio principal, y quizás, para tal fin, se demolieron algunas casas tradicionales; su estilo republicano fue diseñado por el arquitecto Elí Moreno Otero, declarado monumento nacional en el 1994, así como todo el edificio principal; restaurado por el Ministerio de Cultura y reinaugurado en abril de 2000. Hoy el Conservatorio es la institución musical más representativa del municipio y del Departamento del Tolima; conocer la historia de esta realidad es muy importante para la valorización de este patrimonio —material e inmaterial— en todo el país.9 También hoy el patrimonio inmaterial constituye una importante referencia económica para una nación y, por lo tanto, posible objeto de estudio y formación de inversión, y el Tolima en este aspecto cuenta con grandes recursos para valorizar su propio futuro.

BIBLIOGRAFÍA

Engel F. (1969), Desarrollo turístico y valorización del patrimonio artístico y histórico, UNESCO, Serie 1712 BMS-RD/CLT, Paris enero 1970.

Borrero A. (1980), Semblanza Carlos Arbeláez Camacho, Revista Apuntes, Pontificia Universidad Javeriana, n°16, pp. 11-22

Dieste E., Gutiérrez R. (1996), Architettura e società: l’America Latina nel XX secolo, Jaca Book (edición italiana), Milano, p. 259.

AA.VV., Carlos Arbeláez Camacho, Revista Apuntes, n°21, enero-junio 2002

Téllez Castaneda G. (2002) Notas para no ovidar a Carlos Arbeláez Camacho, Revista Apuntes, n°21, enero-junio, pp. 12-17.

AA.VV. (2003), Álvaro Barrera. Arquitectura y Restauracion, Villegas Editores, Bogotà

Niglio O. (2007), El Panoptico de Ibagué. Memoria Historica y Restauracion, in “Urbanita”, rivista della Sociedad Colombiana de Arquitectos- Regional Tolima, noviembre

Niglio O. (2008), Il Panoptico di Ibagué in Colombia. Memoria storica e nuovo museo della città, in “Progetto Restauro”, Trimestrale per la tutela dei Beni Culturali, n°47.

Combariza Díaz L. (2008), La Catedral Metropolitana de Tunja: historia, espacios, formas, Tunja, Academia Boyacense de Historia – Búhos Editores.

Niglio O. (2009), La restauración en la arquitetura. Metodos y tecnicas de analisis, Universidad de Ibagué.

Hernández Molina R., Niglio O. (2011), Experiencias y Métodos de Restauración en Colombia, Aracne Editrice, Roma

Niglio O. (2012), La Restauración Arquitectónica en el Tolima. Experiencias Académicas, publicación de la Universidad de Ibagué (Programa de Arquitectura), Ibagué

Hernández Molina R., Niglio O. (2012), Experiencias y Métodos de Restauración en Colombia, vol. II, Aracne Editrice, Roma

AA.VV., ESCALA, Cultura Restauración, E3, Contenido 6, Bogotà

Olimpia Niglio

Profesora de Restauración Arquitectónica y Historia de la Arquitectura en la Facultad de Ingeneria de la Universidad eCampus (Novedrate, Como – Italia). PhD y Especialista en Restauración Arquitectónica. Desde 2006 es Profesora Invitada en la Universidad de Ibagué (Colombia) donde coordina el curso de verano en Restauración de la Arquitectura. Desde el 2012 es Profesora Invitada en la Kyoto University (Japon).

Es directora cientifica de la revista internacional de arquitectura, EdA, Esempi di Architettura. Es miembro del Forum UNESCO y ICOMOS Italia. Es autora de muchas publicaciones en el sector de la Historia y de la Restauración de la Arquitectura a nivel nacional y internacional.

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