DE LA CASA #166: UNA FÁBULA DE LA EDAD DE PIEDRA / WMC.

Por Wilmer Mejía Carrión

Incluso el pasado puede modificarse;

los historiadores no paran de demostrarlo.

              Jean Paul Sartre (1905-1980)

La historia oficial, que se nos cuenta en la escuela, contiene una serie de sesgos, llena de hechos que han sido encubiertos. No es ninguna novedad para muchos docentes que en los últimos 50 años se ha reescrito muchos detalles de nuestra historia nacional. En el caso de la historia del Perú existen periodos tradicionalmente sesgados, la conquista española, es uno de los ejemplos más conocidos, por siglos se nos enseñó que fue producto de no más de 200 españoles a caballo que gracias a su nobleza, valentía y sus armas de fuego lograron capturar al Inca. Gracias a la investigación del historiador Waldemar Espinoza sabemos que junto a ese puñado de españoles estuvieron diversos grupos étnicos que colaboraron efectivamente con los invasores y que sin la ayuda de éstos no hubiera sido posible conquistar un imperio como el del Tahuantinsuyo[1]. Otro ejemplo clásico es el de la independencia en la cual se contaba que negros, indígenas, mestizos y criollos a una sola voz exigían la independencia del Perú pero en realidad sabemos gracias a los estudios de los historiadores Heraclio Bonilla y Karen Spalding[2] que ésta fue promovida desde “afuera” y que Lima lejos de querer separarse de España veía en la continuidad de la colonia el reforzamiento de su poder y que los grupos subordinados al poder colonial -sobre todo los indígenas- no tenían mayor interés en la Independencia pues esta no era más que un cambio de amo sin mayor cambio en su condición servil. Estos encubrimientos se deben a que el conocimiento de lo que realmente ocurrió iba en contra de los intereses de ciertos grupos de poder. Así los mismos invasores españoles trataron de ocultar la ayuda de los pueblos andinos a su causa para no perder los privilegios que España les conferiría.  Pero hay una parte de la Historia que aunque más lejana tanto en el tiempo como emocionalmente su enseñanza ha estado bastante sesgada y al igual que otros ítems, a pesar de las nuevos conocimientos que se tienen de esta se sigue repitiendo los mismas enunciados de siempre. La Edad de Piedra.

Huesos, palos y piedras

Cuando hablamos de la Edad de piedra o de la Pre historia, lo primero que se le viene a la mente a la gran mayoría de personas, es una serie de estereotipos acerca de la vida en aquella época, tal vez lo primero que nos imaginamos sean personas de ínfimo nivel cultural, desnudos o semidesnudos, y por tanto primitivos y sin una gran capacidad creativa, pero ¿fueron realmente los hombres de aquellas tempranas épocas  toscos y salvajes como se piensa?

A mediados del siglo XIX, las recién formadas ciencias sociales, empiezan a descubrir y rebatir las viejas teorías que empezaban a ser caducas pero aun firmemente arraigadas, las investigaciones prehistóricas le dan un giro de 180º a todo el conocimiento considerado sagrado hasta ese momento, como nos dice Pericot y Maluquer:

”La prehistoria ha progresado muy rápidamente desde que hace un siglo empezó a hacerse popular, tras lograr la adhesión de científicos de prestigio, pero teniendo que luchar contra la rutina, la ignorancia y el ambiente intolerante contra las ideas evolucionistas.  A uno de los autores de este libro todavía se le enseñó en las aulas universitarias que la fecha de la creación del mundo era el 4000 a.C.… (Pericot y Maluquer: 1969, negritas son mías).

Fue una dura batalla la que dieron los antropólogos de aquella época por cambiar la forma de pensar de los hombres del siglo XIX, la prehistoria simplemente no existía por eso era necesario atacar con fuerza en contra de esta idea[3]. Fue así que los primeros científicos sociales arremetieron contra estas teorías mediante la doctrina llamada: Evolucionismo.

Así para los científicos sociales de la época era obvio que los restos y esqueletos pertenecían a gente que estaba en la base de la escala evolutiva, y en su nivel más inferior en contraposición de la idea oficial de la creación del hombre.

Fue así que la ciencia del siglo XIX, apoyó e institucionalizó la idea que la cúspide de la evolución cultural era la Europa Occidental de su tiempo (sobre todo en su vertiente nor-europea) y por ende los inicios hayan sido totalmente primitivos, así se idearon una serie de postulados e ideas acerca de cómo debieron haber sido aquellos tiempos, tomaron como ejemplo de aquella etapa primitiva  a las tribus de tecnología simple ubicadas en diversos puntos remotos del planeta, los pueblos “salvajes” de la tierra serían como cuadros, estáticos en el tiempo sin cambio alguno, viviendo en la miseria y en la incomodidad total. Muchas de estas ideas se basaron en realidad en observaciones hechas por viajeros, misioneros, administradores coloniales o aventureros, ningún científico había observado in situ las cosas, era la época de los antropólogos de salón. Fue así que se fue creando una imagen donde los europeos del S. XIX representaban la cúspide de la evolución y el progreso:

”El mundo occidental se ha sentido reconfortado por la creencia de que el progreso material nunca concluirá, como prueba de que vivir es hoy mucho más fácil para nosotros de lo que fue para nuestros abuelos, ofrecemos nuestros coches, nuestros teléfonos… Aunque reconocemos que el progreso puede ser lento y desigual… sentimos que pensándolo bien será mucho mas fácil en el futuro que en el presente. Las teorías científicas, en su mayoría, formuladas hace cien años, alimentan esta creencia… Desde la superioridad del punto de vista de los científicos victorianos, la evolución de la cultura, pareció ser un peregrinaje por una escarpada montaña desde cuya cima los pueblos civilizados podían mirar hacia abajo a los diversos niveles del salvajismo y barbarismo., que aun debían superar las culturas inferiores… (Harris: 1986, V)

Esta forma tradicional sigue siendo enseñada quedando los estudiantes con la idea de una evolución lineal donde sin querer regresamos a la vieja idea evolucionista clásica.

Hasta ahora se pueden leer libros que tratan el tema de la manera descrita, sino veamos lo que nos dice David attenborough:

”El homo sapiens llevó tal existencia, cazando animales y recolectando frutos, semillas y raíces en todas partes del mundo durante muchos milenos. Tal estilo de vida resultó peligroso y pesado. Hombres, mujeres y niños se exponen al escudriñamiento implacable de un ambiente impersonal. Los lerdos y los necesitados propenden a ser matados por los predadores, los débiles pueden perecer de inanición, los viejos pueden no sobrevivir al tormento de la sequía. Aquellos cuerpos que estaban mejor  por azares de la variación genética, mejor dotados para tales condiciones se hallaban en mejor situación sobrevivieron y se reprodujeron, trasmitiendo esta ventaja a su descendencia. (Attenborough: 1981:304)

La exageración acerca de la forma de vida de los cazadores- recolectores también ha estado presente en los textos referentes a los primeros habitantes de del Perú. Así por ejemplo encontramos:

”…Los primeros poblados fueron nómades, que recorrían las fragosidades de nuestra geografía en busca de alimentos. Carentes de toda organización social y política, no tenían otra motivación que no fuera la recolección de frutos y plantas silvestres y la práctica incipiente de la caza y la pesca. Albergándose en las cuevas que encontraban a su paso, enfrentándose unos a otros por la posesión transitoria del territorio que depredaban, es probable que a lo largo de milenios no tuvieran otras preocupaciones que las que impone el instinto. Muy lenta debió ser la evolución y enriquecimiento de su lenguaje. Igualmente escasos debieron ser los elementos culturales de estos primeros habitantes de lo que hoy es el territorio del Perú…” (Bonilla: 1983, págs. 10,11)

Nótese que en las líneas anteriores se describe la vida de los cazadores recolectores que llegaron a lo que actualmente es el territorio peruano guiada completamente por los instintos, con una cultura material pobrísima, y sin organización social ni política, sin embargo en la actualidad esa idea  ha cambiado. La antropología ahora clasifica a los cazadores recolectores dentro de un amplio rango de sistemas políticos que pueden agruparse en dos: tribus y bandas y estas a la vez tienen subdivisiones[4].

Se puede concluir así que la vida de los cazadores- recolectores era terrible y que la agricultura fue la tabla de salvación de la humanidad. Pero Harris nos dice:

”Los victorianos exageraron la pobreza material de los así llamados salvajes y al mismo tiempo inflaron los beneficios de la “civilización” industrial. Representaron la Edad de Piedra como una época de grandes temores e inseguridades, en que la gente pasaba los días en una incesante busca de alimentos y las noches amontonados alrededor del fuego, en cuevas incomodas acosados por tigres de dientes de sable. Sólo cuando se descubrió el secreto de la siembra de cosechas, nuestros antepasados “salvajes”, tuvieron tiempo libre para establecerse en aldeas, construir viviendas confortables. Solo entonces pudieron almacenar excedentes alimenticios y contar con tiempo para pensar y experimentar nuevas ideas. Esto a la vez supone que condujo a la invención de la escritura, a las ciudades, a los gobiernos organizados. Y al florecimiento del arte y la ciencia. (Harris: 1986: v)

Primitivizando lo nuestro

Esta corriente denigratoria no ha sido exclusivamente enfocada en la historia sino que ha primado en nuestra percepción sobre el antiguo Perú.  A pesar de muchas veces machaconas repeticiones acerca de lo avanzados que fueron los pueblos pre hispánicos que habitaron nuestro país aún no hay una idea clara, acerca de cuan avanzados eran y en qué eran avanzados; es decir aún la gran mayoría solo tiene ideas vagas acerca de los avances culturales de los habitantes del antiguo Perú.

Salvo las grandes culturas como mochicas, chimúes e Incas aun es muy difícil que la gente reconozca un merito tecnológico a la generalidad de las culturas andinas. Y el escepticismo crece si se habla de una zona y una cultura no tan conocida (para el público en general no para los arqueólogos) como es la costa  central y los Ichma[5]. ¿Líneas? Las de nazca. ¿Canales? la de los mochicas. Pocos son los que conocen que al fondo de la quebrada Canto Grande, en la comunidad Campesina, anexo 22, se encuentran parte de un conjunto de líneas miles de años mas antiguas que las de Nazca o que lo que ahora es la zona baja de San Juan de Lurigancho era un valle artificial que existía gracias a la presencia de un canal que llevaba el agua del río Rímac, subiendo el cerro sin ayuda de ningún motor.

Así pues cerca de casa los antiguos peruanos dejaron muestras de inteligencia y sapiencia, si seguimos permaneciendo ciegos a esto estamos denigrando la inteligencia de nuestros ancestros y encogiendo nuestra perspectiva de futuro.

Nuestro pasado como especie, debe ser visto con nuevos ojos. Tenemos que empezar a entender que en realidad los seres humanos de la actualidad no son necesariamente mejores que nuestros predecesores ni que necesariamente lo moderno es sinónimo de bienestar. Esto es de capital importancia en un mundo que se está destruyendo poco a poco a causa de la avaricia de las empresas transnacionales que lo que buscan es lucrar hasta el infinito sin importarles el medio ambiente de nuestro planeta incentivando el consumismo a grados irracionales.

Bibliografía

Attenborough David, La vida en la tierra, Fondo Educativo Interamericano, EEUU, 1981

Bonilla, Heraclio. Metáfora y realidad de la Independencia en el Perú, IEP, Lima, 2001 

Harris Marvin, Caníbales y reyes, Los orígenes de la cultura, Salvat Editores, Barcelona, 1986

Kaplan, David y Robert A. Manners. Introducción crítica a la antropología, Editorial Nueva Imagen, México, 1979.

Pericot y Maluquer, La Humanidad Prehistórica,  Salvat Editores, Madrid, 1969

Lewellen Ted C. Introducción a la Antropología Política, Editions Bellaterra, 2000


[1] Para mayor conocimiento del tema pueden consultar: Espinoza Soriano, Waldemar. La Caída del Imperio de los Incas.

[2] Para mayor conocimiento del tema pueden consultar: Bonilla, Heraclio. Metáfora y realidad de la Independencia en el Perú, IEP, Lima,2001  

[3] ”Al juzgar a los etnólogos victorianos, no debemos olvidar que eran hombres de batalla esforzados en borrar la maldición de Adán de sus antiguos ancestros…” (Kaplan y Manners: 1981: 76)

[4] Si el lector desea consultar más sobre este tema en Lewellen, Ted: 2000

[5] Esto pude verlo en  una clase de geografía en una academia premilitar con chicos que han salido recientemente de la secundaria. Al hablar sobre la cuenca del río Rímac y como esta ha cambiado a través de los siglos cuando les mencioné que la zona baja y media del distrito de San Juan de Lurigancho era un valle artificial gracias a la existencia de un antiguo canal de regadío que llevaba el agua desde el Río Huaycoloro, afluente del rio Rímac hasta esta zona, los alumnos lo tomaron con escepticismo.


ARK MAGAZINE opera bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento – NoComercial – Compartir Igual 4.0 Internacional License, por lo que agradecemos citar la fuente de este artículo como: Proyecto ArKeopatías / “TEXTOS DE LA CASA #166″ / México 2021. https://arkeopatias.wordpress.com/ en línea (fecha de consulta).

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