#LasPrestadas: ¿Cambio o continuidad en el INAH? / Carlos García Mora

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Reconozco que la tendencia del voto no me favorece…, en este momento habrá de reconocer que, de acuerdo con las tendencias, fue Andrés Manuel López Obrador quien obtuvo la mayoría”, declaró José Antonio Meade en la vibrante noche del 1.º de julio de 2018. Antecedió aquella jornada casi ocho décadas de luchas, muchas sangrientas. En ese contexto, la problemática que se abordó en el II Congreso Nacional del Sindicato Nacional de Profesores de Investigación Científica y Docencia del Instituto Nacional de Antropología e Historia (inah), los días 14 al 17 de octubre de 2018, tuvo como trasfondo un contexto nacional que obligó a discutirla con un enfoque político. Sobre todo, porque versó acerca de “El quehacer y el compromiso social del inah en el contexto nacional”.

 

Contexto político

Hace más de 35 años, el neoconservadurismo de la llamada “revolución de la nueva derecha internacional” asaltó el poder en México, emprendió una guerra clasista contra el pueblo, un desmantelamiento del nacionalismo popular revolucionario, una cancelación de las reivindicaciones populares y una depredación de la geografía, entre otras consecuencias.

Ello provocó la rebelión popular neocardenista en todos los rincones del país. Aplastada mediante un colosal fraude electoral en 1988, dejó latente la inconformidad social que resurgió varias veces, hasta que un tsunami arrasó al régimen en las elecciones presidenciales de 2018. Al parecer, ahora se abrió la oportunidad de buscar un camino distinto.

Sin embargo, dicho con franqueza: no es de esperarse lo que se llamó, de modo en extremo exagerado: la “cuarta transformación” de México, ni es de pensarse que realmente se estuviera viviendo “la hora cero de la nueva república”. No es una revolución, ni la toma del poder por las clases trabajadoras, aunque sí una insurgencia cívica, como la que en 2005 llevó a Evo Morales a la presidencia en Bolivia.

Si se sucediera un gobierno de centro izquierda, podría hablarse de una socialdemocracia, lo que no es el caso. Algo así como un capitalismo con rostro humano, si puede ser humano un sistema basado en la explotación del hombre y de la naturaleza ¿Cómo hablar de un gobierno de centroizquierda con funcionarios de malos antecedentes, alejados de cualquier progresismo y movimiento popular, y apoyado, entre otros, por algunos diputados y senadores de la peor calaña?

Por lo pronto, se ha retrocedido en las posiciones esgrimidas en la campaña electoral. Una cosa se sostuvo y otra se hará, ya que no se irá tan lejos como se postuló. Aun el abatimiento de la corrupción —en que tanto se insistió— sólo será moderada. Sólo es de esperarse que no ocurra lo que en Grecia con la Coalición de Izquierda Radical que llevó al gobierno al excomunista Alexis Tsirpas, quien terminó doblegado a los dictados del capital europeo en 2015 imponiendo al pueblo medidas de austeridad más severas.

Con todo, en México sí ha ocurrido un cambio histórico, aunque está por verse si derrotó al antiguo régimen. Asciende un gobierno favorable a los intereses nacionales y, en algún grado, a los populares. Lo segundo dependerá de la presión del pueblo. El asunto de la continuación o no de la construcción depredadora de un aeropuerto internacional en la cuenca de Texcoco será un indicador, tanto si la presión empresarial consigue imponer sus intereses como si los pueblos de la región lacustre logran defender su territorio. Hacia donde se incline la balanza marcará la orientación de la nueva administración antecedida por el pregón: “Por el bien de todos, primero los pobres”.

Ahora bien, entre las tareas del nuevo gobierno al menos en seis el inah está en condiciones de contribuir de una u otra manera:

  • Llevar a cabo la transformación del régimen
  • Suprimir la corrupción
  • Bajar altos ingresos y prestaciones a los funcionarios
  • Simplificar el aparato administrativo
  • Eliminar gastos superfluos
  • Reactivar el campo

 

Alternativas del inah

El inah quedará incluido en un gobierno que ofrece cambios en su estructura, en su funcionamiento, en sus erogaciones, en su orientación y en sus prioridades. En tanto sea posible efectuar cambios verdaderos se verá una inversión profunda. Ello depende de sus integrantes, no de funcionarios del viejo régimen que sólo auguran continuidad estructural. La comunidad científica del inah afronta el reto de un cambio en la conducción del país y en la orientación general de sus programas.

Al parecer, la actual dirección de la Institución continuará el próximo sexenio. Ello puede o no ser positivo, se han manifestado varias y encontradas posiciones al respecto. En todo caso, de ocurrir tal continuidad se corre el peligro de conservar el mismo inah, con todo y su monstruoso organigrama y sus respectivos cuadros burocráticos. Eso no sería una mudanza sino una continuidad desfasada del actual tiempo político.

Varios de los futuros secretarios del próximo gobierno han anunciado la simplificación de sus secretarias y la supresión de gastos superfluos. El inah, en cambio, ¿seguirá igual? ¿Acaso preservará el dominio de sus cuadros burocráticos?, ¿Las tareas de la institución seguirán siendo las mismas?, ¿Qué hará el Instituto en lo que toca a salarios, prestaciones, bonos, aguinaldos, apoyos de oficina, equipo, vehículo y chofer de los altos funcionarios?,

¿Revisará el inah qué rubros pueden suprimirse para ocupar mejor sus recursos en el cumplimiento de sus obligaciones por el bien de la nación?

 

El apoderamiento burocrático del inah

Un importante asunto político es el poder de los cuadros burocráticos, los llamados “mandos medios y superiores”. Éstos deben estar jugando sus piezas para resguardar su posición y el control que ejercen. Siempre se ha escuchado la existencia de redes parentales y políticas de un núcleo de estos cuadros que tratan de imponer administradores de su grupo en los centros de trabajo. Incluso, según se dice, dichos cuadros presentan “proyectos” propios para obtener recursos. Los antropólogos sociales, capacitados para identificar redes sociales, tienen la tarea de estudiarlas en su propia institución.

Es desaconsejable mantener funcionarios que se sirven a sí mismos y obstaculizan las labores esenciales. La Dirección General debe evitar seguir apoyándose en ellos, pues la transformación del Instituto requiere como base social a investigadores, maestros y técnicos. De lo contrario, ninguna renovación tendrá lugar sino, más bien, ocurrirá un agravamiento del enquistamiento de “mandos” burocráticos que impedirán el cumplimiento cabal de la misión encomendada a la institución.

Un ejemplo del desplazamiento del sector científico es la difusión pública. No sólo está cada vez menos en manos de antropólogos, sino que se observa aislamiento y autosuficiencia de quienes llevan a cabo esta tarea. Con frecuencia, eligen temas y elaboran guiones ignorando los resultados de investigación. Contra lo que suele suponerse, aun los más especializados estudios de antropología física y de lingüística es posible traducirlos a un lenguaje comprensible para el público. Cabe reconocer la calidad alcanzada en la producción de videos en el inah y en la distribución por medios de gran difusión. No obstante, nada justifica el desperdicio del conocimiento científico que, cuando más, se difunde en revistas de corta circulación. Solamente el acrecentamiento del control autónomo por parte de algunas dependencias explica que esto ocurra.

Los [antropcnicos y especialñigir de nuewvoólogos]* perdieron la conducción de la Institución que les había sido encargada. La comunidad científica trabaja con entusiasmo pero contracorriente. Hoy requiere un programa político para asaltar de nuevo la Alhóndiga de Granaditas, retomar el control, derrocar a los cuadros burocráticos y suprimir el viejo régimen institucional. Antropólogos e historiadores calificados deben dirigir de nuevo dependencias que requieren de su orientación (museos, bibliotecas, archivos, departamentos de difusión, escuelas, oficinas de edición y similares). Por supuesto, reteniendo a especialistas que han demostrado eficacia y disposición, pero bajo supervisión de antropólogos e historiadores. Tal lucha enfrentará el inframundo burocrático que tomó el timón, impone normas a su arbitrio y sabotea el esfuerzo sustantivo, las iniciativas y la creatividad. Deben cesar sus irracionales exigencias de informes, papeles y trámites, mientras los mandos burocráticos no informan sus actividades ni su programa anual de actividades, ni dicen qué hacen para facilitar que el Instituto lleve a cabo sus funciones científicas y académicas.

Cabe suprimir coordinaciones administrativas y rebajar a categoría de departamentos las unidades en que sean absorbidas para evitar que estén jerárquicamente por encima de los directores de investigación y docencia. Conviene identificar “jefaturas o mandos administrativos” innecesarios, cuyas funciones asimilen unidades simplificadas. Algunos sostienen que, al menos, debe suprimirse el 50 % de las autoridades administrativas. Asimismo, cabe desaparecer la aberrante “normateca” arraigada por cuadros burocráticos como instrumento de control y sabotaje. De ninguna manera, se trata de desemplear al personal burocrático de base, sino de simplificar el organigrama a su mínima expresión operativa, así como evitar que el presupuesto dedicado a la administración rebase el 20 % del total, puesto que éste debe dedicarse preferentemente a investigación, docencia, museografía, restauración, difusión, resguardo de bodegas arqueológicas y etnográficas, archivos, bibliotecas, zonas arqueológicas, etcétera.

Por lo demás, ¿qué sabemos de la corrupción en el inah? De cuando en cuando, circulan rumores de tal o cual funcionario o de tal o cual dependencia donde ocurren malos manejos de diverso tipo, como contratos a empresas propiedad de parientes o amistades o a cambio de beneficios personales. Nunca se sabe a ciencia cierta, pues se desconocen los detalles de egresos e ingresos y de un diagnóstico acerca del tema. ¿Existe o no corrupción en el inah? Si la hay, ¿en qué niveles ocurre y en qué rubros?

Otro asunto son los salarios y prestaciones de funcionarios. Considérese tanto el sueldo nominal como aguinaldos, bonos y prestaciones en efectivo y en especie. Los vehículos y choferes están destinados a las actividades fundamentales, no para el uso personal de las jefaturas que deben usar transporte público o conducir su propio vehículo sin recibir bono para gasolina. Asumir una jefatura debe ser un servicio a la comunidad, no un beneficio personal. En los asentamientos campesinos, ciertos cargos carecen de remuneración, puesto que se asumen como un servicio al pueblo. En el inah, el pago es necesario para el sostenimiento personal, pero cabe la noción de cargo sin remuneración adicional si se le considera un servicio a la comunidad.

 

Vuelta al origen: la antropología nacional

El inah es mucho más que un encargado del resguardo del llamado “patrimonio cultural” que, en la práctica, se ha reducido al cuidado de monumentos. El inah también investiga, forma profesionales, difunde conocimiento científico y preserva fondos de diversa índole. El tamaño de su esfuerzo es apreciable si se considera la ardua investigación científica de antropólogos físicos, paleontólogos, lingüistas, arqueólogos, etnólogos, antropólogos sociales, etnohistoriadores e historiadores. El gran catálogo de publicaciones del inah lo prueba.

Debe volverse a discutir antropología en el ámbito sindical, esbozar los problemas científicos que deben atenderse, emprender diagnósticos acerca del proceso del trabajo científico y superar el horizonte meramente laboral. Por supuesto, los asuntos laborales son los propios de un sindicato, aún así, en el pasado, éste luchó por mejorar la situación laboral, pero asimismo por contar con los medios y facilidades para emprender investigación científica de alto nivel.

Por ello, es pertinente examinar las cuestiones que la antropológica mexicana está abordando e identificar campos de vanguardia en los que se atienden problemas científicos y los grandes problemas nacionales. Acerca de los segundos, el imperio de bandas criminales ha obligado a pensar en una antropología de la desintegración nacional, la depredación total del territorio, el desentramado social del pueblo, la guerra, los atroces asesinatos de mujeres como rito de paso, la violencia desatada, las matanzas, la tortura, la corrupción generalizada y la siembra del pavor para vaciar pueblos y apropiarse de sus recursos.

Igualmente, hay que continuar desentrañando el pasado de México, pues tiene su propia relevancia política. La antigua civilización y sus secuelas siguen siendo un medio para ligar la nación con la tierra y para cimentar la identidad nacional, amén de ser sustento cultural del pueblo. Los antropólogos lo hacen explícito y lo articulan con el gran norte novohispano y mexicano.

Por cierto, la creación de seminarios de discusión por iniciativa de investigadores y maestros es expresión de la inquietud intelectual de los colegas. Conviene discutir si el seminario sigue siendo modelo de organización o de recurso académico.

 

El inah y el pueblo

Actualmente, comprometer un acompañamiento de la antropología con las comunidades rurales y urbanas es una inquietud creciente de parte del gremio antropológico. La actividad política le corresponde a organizaciones dedicadas a ella, en las cuales los antropólogos pueden o no participar. Sin embargo, entre las responsabilidades de la Institución y considerando sus facultades y sus recursos intelectuales y técnicos, hay varias tareas en las que es capaz de prestar servicios apreciables.

El ejemplo más reciente fue la atención a los templos dañados por el último sismo importante, dado que, como se sabe, éstos cumplen una función como espacios simbólicos, de identidad y de cohesión social. La magnitud de este problema es mayúscula, pero otros también deben ser atendidos. ¿Qué posibilidades tienen cada una de las disciplinas antropológicas en el inah para hacer antropología aplicada?

La antropología física incidió en el tema de los desaparecidos de Ayotzinapa. Un antropólogo del inah desmintió con argumentos y datos técnicos la posibilidad de una incineración al aire libre de 43 cadáveres. Por otra parte, proporciona elementos para exhibir la desnutrición infantil y sus consecuencias en el crecimiento. Además, influye en la ergonomía del mobiliario escolar. En fin, los propios antropólogos físicos son quienes establecen en qué ha consistido la vertiente aplicada de su disciplina.

Tocante a la lingüística, ésta tiene incumbencia en el ejercicio de los derechos lingüísticos de los pueblos naturales. El inah podría impulsar la creación de academias de las lenguas vivas, como la Academia de la Lengua Maya, fundada en 1937 y participante, con apoyo del inah, en la elaboración del monumental Diccionario Maya Cordemex. Tal tarea requiere de medios para apoyar la vigencia de las lenguas mexicanas, como la ardua elaboración de gramáticas, la preparación de material didáctico y otras tareas indispensables. La arqueología y la etnografía son capaces de atender la solicitud de abrir museos comunitarios. La primera ha participado en la recuperación de prácticas purépechas antiguas como el kuilichi, una especie de patolli. La segunda incide en las políticas que atañen a las manufacturas populares.

La etnohistoria y la historia, así como a la restauración, atienden peticiones comunitarias de restauración y estudio de códices y documentos primordiales. Cabe mencionar la investigación de una historiadora que sirvió de prueba documental exitosa —desde el punto de vista legal— para la defensa de las tierras de San Mateo Atenco. Ello le valió a ella el reconocimiento de la comunidad e incluso era —durante el atrincheramiento del pueblo— una de las pocas forasteras a las que se les permitía la entrada (Rosas Vargas 2002). No ha sido la única vez que esto ha ocurrido.

Etnólogos, etnohistoriadores y antropólogos sociales tienen mucho que argumentar contra la destrucción del medio y de los poblados campesinos en la cuenca lacustre de Texcoco, por el negocio de la construcción de un gigantesco aeropuerto. Lo mismo cabe decir del ahorcamiento de otros pueblos y barrios viejos aplastados por empresas constructoras y especuladores de bienes raíces en contubernio con funcionarios. De allí, el papel de la etnología para mantener a la vista a los pueblos originales y para facilitar su fortalecimiento cultural.

A su vez, la tarea de la antropología social es inmensa: diagnosticar la compleja crisis social, la guerra, la actividad criminal y los daños en los medios rurales y urbanos en prácticamente todos los estados del país, la masiva migración laboral, la depauperación, el explosivo crecimiento de los asentamientos irregulares, etcétera.

Un último ejemplo. La investigación etnológica —junto con disciplinas naturales y sociales— tiene incidencia en el problema de la infiltración de semillas transgénicas y la destrucción de los granos criollos y las huertas rurales, así como el impulso irresponsable de fertilizantes, defoliadores e insecticidas químicos contaminantes.

Por supuesto, toca a cada disciplina fijar sus campos de acción práctica. Aquí solamente se han mencionado brevemente casos al azar.

 

Epílogo

Quedan mencionados unos aspectos, entre otros, que competen a los investigadores, y que muestran unas cuantas de las orientaciones capaces de canalizar esfuerzos para cumplir tareas asignadas al inah, conforme a las actuales circunstancias políticas. Queda la certeza de que con el actual aparato administrativo no sólo es imposible un cambio en el inah que le permita cumplir mejor con sus compromisos científicos y sociales, sino que se ha convertido en un obstáculo para hacerlo posible.

En el horizonte, dicho con franqueza, el panorama es pesimista. No se percibe una revolución del inah, ni siquiera una reforma, sólo un acomodamiento político para que todo siga igual. Sin embargo, dar por anticipada la derrota es un error político. Por lo tanto, si alguna consigna fuera necesaria esgrimir para subvertir la actual situación, podría pregonarse: “Que ésta sea la hora cero de la nueva república y del nuevo inah”.

 

Referencia bibliográfica

Rosas Vargas, Rocío (2002), Reparto agrario en San Salvador Atenco, Edo. de México, 1910-1940, tesis de maestría en ciencias en sociología rural, Chapingo, Universidad Autónoma de Chapingo. Departamento de Sociología Rural, 324 pp. con figs. y planos.

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[*] Transcrito literalmente del original.

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Fuente: Tsimárhu. Estudio de etnólogos. [pdf]

2 comentarios sobre “#LasPrestadas: ¿Cambio o continuidad en el INAH? / Carlos García Mora

  1. humm, la cosa es que ya les montaron a diego y no veo combatividad en el personal INAH, los veo con la serviz doblada, sino recuerden el archivo , PUEBLA Y TODAS LAS DEMÁS

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