DE LA CASA #127: DÍA DE MUERTOS EN MISANTLA, VERACRUZ; UNA TRADICIÓN QUE SE ESTÁ MODIFICANDO CON EL PASO DEL TIEMPO/ C.E.A.R.

Por Clara Elena Aguilar Ramos

Resumen

El día de Muertos es una de las festividades más importantes que se tienen en México. Los colores, los aromas y sobre todo los sentimientos, son lo que hacen de ésta una celebración mágica. El tema a tratar en este texto es la modificación que se le ha dado a la festividad de Día de Muertos en la ciudad de Misantla Veracruz. La siguiente investigación se realizó con el fin de dar a conocer cómo se ha ido modificando dicha festividad; se dará un salto al pasado escuchando a los abuelos contar su historia para de esta manera salir un poco de la cotidianidad y olvidar por un momento el materialismo que hoy en día nos consume. Solo así recordaremos nuestras raíces y haremos conciencia de lo importante que es la conservación de una tradición tan magnífica como Día de Muertos.

La tradición

Solo tres días son en los que nos permitimos sentir cerca a todos aquellos que ya no están entre nosotros. En realidad esto es digno de fiesta; preparar el platillo favorito del abuelo y comprar la bebida que más le gustaba al tío, son cosas básicas que no pueden faltar en el altar. El colorido papel picado con diseños elaborados de catrinas dan el toque alegre, las flores de cempasúchil y de dientes de león desprenden un aroma inconfundible que transmite un sentimiento de alegría y nostalgia, pues representa la llegada de esos seres que ya no están físicamente con nosotros, a quienes extrañamos como el primer día que partieron, con la diferencia de que ya nos acostumbramos a su ausencia o más bien ya nos resignamos.

Durante la festividad no nos permitimos sentir tristeza, al contrario, nos invade la felicidad pues es como si se nos otorgara el regalo de podernos encontrar con todos aquellos que ya no están. Al decir encontrar, no me refiero a un encuentro físico, sino que es una conexión más allá de lo palpable, es algo que simplemente se siente. Misantla, Veracruz tiene raíces muy arraigadas gracias a las cuales a pesar de ser considerada ciudad hacen que conserve su aire pueblerino; un aire que le da esencia y hace de Misantla un lugar único y verdaderamente bello.

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“Misantla es uno de los 212 municipios del estado de Veracruz, se ubica en la región montañosa de la zona centro del estado, cuenta con un clima cálido – húmedo, el cual permite que tenga una riqueza inmensa de flora y fauna, creando un ecosistema bastante diverso (Pérez, 2018)”.

Hablamos de una ciudad muy singular, con magia en su nombre, pues no es casualidad que en la noche al iluminarse, el municipio asemeja la forma de una cabeza de venado (el significado del nombre Misantla es “lugar del venado”). Aunque no hay muchas referencias sobre el Día de Muertos en esta ciudad, se sabe que es una de las más antiguas, pues desde tiempos remotos se han hecho ritos dedicados a la muerte, los cuales han ido modificándose conforme a los cambios de la sociedad. “En la era prehispánica era común la práctica de conservar los cráneos como trofeos y mostrarlos durante los rituales que simbolizaban la muerte y el renacimiento (Romera,  2016)”.

Misantla y el Día de Muertos

Para realizar el presente texto, se llevó a cabo el acercamiento con algunas personas de la comunidad. Tras las charlas con los ciudadanos se puede caer en cuenta que la festividad se ha ido modificando con el paso del tiempo; hoy en día solo esperan a que se dé la hora de asistir a las actividades, pues son la mayor distracción en esos días y convierten la tradición en diversión, en cambio, antes la veían como un culto a los muertos.

A mediados del 90’s las personas esperaban a que llegara el mes de octubre para comenzar a preparar todo lo necesario, ya que se aproximaba la visita de sus difuntos. Comenzaban recolectando todo lo que utilizarían, tanto para hacer el altar, como para los diferentes platillos que iban a elaborar. Los altares eran hechos con papel picado color morado y blanco o morado y negro, también se les ponían flores propias de esos días (cempasúchil y diente de león), bejuco y ramas de tepejilote. En el altar no podían faltar los racimos de naranja y las pencas de plátano, así como los dulces caseros de yuca, calabaza y las pequeñas figuritas de pipián. Los días que duraba la tradición eran días de convivencia entre familias, pues hacían intercambio de comida.

Antes esperaban a sus difuntos en diferentes días, pues creían que los accidentados llegaban  el 28 de octubre, el día 30 los que iban al limbo por no ser bautizados, el día 31 todos los niños y el 1 de noviembre llegaban todos los demás difuntos, a medio día. Por esta razón, las familias iban al panteón desde el día 28 de octubre en la mañana, a limpiar las tumbas de sus difuntos y el día 2 de noviembre, en la noche, ponían velas con la intención de que sus difuntos tuvieran iluminado el camino para regresar al más allá.

Calle del centro Misantla

Hoy en día la tradición ha cambiado, sin embargo las fechas siguen siendo las mismas pues el día 28 de octubre inicia la festividad; un grupo de personas que se reúnen en la plaza la Concordia para hacer un recorrido en bicicleta y es éste el que se encarga de dar inicio a la festividad de Día de Muertos- Después de su recorrido, en el que asisten disfrazados, llegan al parque Morelos donde posteriormente el presidente municipal da un discurso conmemorativo a la festividad y es ahí donde todo comienza. El día 29 es la inauguración de altares y muestra gastronómica, en el parque Morelos; y al finalizar, el pueblo espera que llegue la noche para asistir al desfile de catrinas que hay en el centro de la ciudad.  El 30 de octubre, por la mañana y tarde, el panteón municipal está repleto de personas, algunos van a ver las tumbas de sus familiares y otros se encargan de vender flores, veladoras y comida, convirtiendo el cementerio en un lugar de encuentro familiar.

En la noche, los Misantecos se reúnen en el pocito de Nacaquinia para ser testigos de la obra de teatro que se celebra cada año. “La llorona” es la obra más popular en esta fecha, pues tiene un toque de terror y drama,  por lo que es la preferida de los Misantecos. Por último el 1 y 2 de noviembre son los días más tranquilos, se puede ir al parque Morelos a observar los altares y artesanías propias de la ciudad.

La llorona

pocito de Nacaquinia

Tras un pequeño resumen de cómo se llevaba a cabo antes el Día de muertos y las actividades que se realizan hoy en día podemos preguntarnos, ¿Existe el sentimiento de felicidad y nostalgia que anteriormente daba vida a los días de Día de muertos? Con el paso de los años se está modificando todo el sentido de la festividad. En el pasado, tal vez, no había tantas actividades que dieran realce a la ciudad durante Día de Muertos, pero sí había charlas en familia recordando a los difuntos.

Reflexión

Día de muertos era comenzar a poner el altar unos días antes del 31 de octubre, para que estuviera listo a tiempo. Cuando llegaba el 1 de noviembre, las personas se despertaban  temprano para ir al panteón a dejar flores. Era ver la sepultura del abuelo y pensar que ahí está; irse con ese sentimiento a casa de la abuela donde se reunía toda la familia. Llegaban los primos, tíos, y algún amigo de la familia, todos esperaban comer los ricos tamales de la abuela y tomar el delicioso chocolate acompañado con pan de huevo o de granillo. Mientras se degustaba la comida se tenía una charla recordando a los que ya no están con nosotros; entre risas se platicaban las anécdotas que se vivieron con el abuelo. Como aquel día, cuando ya le fallaba la memoria y a las 10 de la noche alistaba todas sus cosas para ir al rancho pidiendo que lo llevara el tío, o aquel otro día que entro a las 4 am a cada habitación de la casa y con lámpara en mano despertó a todos, pues según él ya era tarde. Así infinidad de anécdotas que te hacen extrañarlo, y valorarlo aunque tal vez ya sea tarde. Transcurría  el día y era hora de poner la comida en el altar, para que en la noche si llega el abuelo, viera que se le preparó lo que le gustaba comer cuando estaba entre nosotros. Al día siguiente y ya sin tanto ajetreo en casa, se iba a misa y al llegar la noche  era tiempo de poner las velitas en la banqueta, pues se creía que esa luz alumbraba a los difuntos en su camino. De esa manera concluía la festividad de Día de Muertos; una tradición muy familiar, llena de recuerdos y sentimientos.

+Andrés Aguilar y Palmeros+ Andrés Aguilar y Palmeros

Es hora de preguntarse, ¿Aún existe un valor sentimental? ¿Qué sentido está tomando la tradición?… Son preguntas que dejo abiertas hacia la comunidad Misanteca, invitándolos a reflexionar.

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Referencias

Pérez, Á. M. (2018). Fundación de Ciudades en México (Vol. II). Quintana Roo.

Romera, L. E. (2016). El Trigo Ahogado (Vol. V). España: Xinxii.

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Sobre la autora: (Xalapa, Veracruz – 1994). Actualmente es estudiante de la Licenciatura en Arqueología de la Universidad Veracruzana.

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Fotografías: Pepe Calletano

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ArKeopatías opera bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento – NoComercial – Compartir Igual 4.0 Internacional License, por lo que agradecemos citar la fuente de este artículo como: Proyecto ArKeopatías./ “Textos De La Casa #127″. México 2018. https://arkeopatias.wordpress.com/ en línea (fecha de consulta).

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