DE LA CASA #37: Entrevista de radio en Universo Temático/ ArK.

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Por ArK

El pasado 13 de septiembre tuvimos la oportunidad de hablar sobre nuestro proyecto y presentar el número 6 de la revista Textos  ArKeopáticos, en el programa Universo Temático, conducido por Gustavo Díaz dentro de la estación de radio por internet viveradio.com.mx /  Abajo les compartimos el audio completo de la entrevista que nos hicieron este sábado.

DE LA CASA #36: Historia de un olvido/ MFA.

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Por MaFer

Un escenario obscuro. Parecería que me encuentro a ciegas dentro de un teatro, o ¿me encuentro perdida en mis pensamientos? De la nada se escucha una voz lejana que grita: “la ceguera gradual no es tan grave, es como un lento atardecer de verano” y así bruscamente vuelvo a mi realidad.

Estoy sentada en el teatro, un teatro universitario que propone una apropiación de la literatura de Borges y Cortázar. Me parece extraño, la apropiación de lo inmaterial e intangible para crear arte efímero. ¡Qué gran paradoja! Una gran idea sin duda, la apropiación de recursos literarios para transformarlos en sonido e imagen, en cuerpo. Pero se trata de la creación de una imagen trazada por bailarines profesionales que conversa directamente con la imagen que tiene uno como lector en el subconsciente, al fin y al cabo un diálogo entre dos formas de ver y disfrutar el arte.

Analizo esto mientras disfruto de la escena, dos bailarines expresivos y altamente calificados bailan “a ciegas” se tapan los ojos con cintas y juegan con la luz y la obscuridad acompañados de melodías que gozan de largos silencios. Por ahí he escuchado que para que exista el blanco se necesita la existencia del negro y parece que esta sencilla regla se aplica para todo, incluso para la danza.

imagen 1Imagen 1. Teatro Sergio Magaña, “De Borges a Cortázar en las artes escénicas (La parábola de los ciegos y el gato, el tiempo y la otredad)” por la Cía. Taller de Quimeras, México 2014.

La experiencia en la visita de espectáculos escénicos me ha demostrado que asisten públicos variados, casi nunca comportándose según los estándares que median los análisis de públicos en las artes escénicas, sino más bien dependen de factores no siempre estudiados a profundidad. Y por ello me atrevo a hacer un análisis que me gustaría hacer más a profundidad, pero mientras se puede esto me gustaría ponerlo sobre la mesa.

Todos como espectadores cotidianos, observamos millones de sucesos a diario pero cuando algún día de la semana nos topamos con un espectáculo o alguna manifestación artística casual o decidimos ir al teatro a cambiar nuestro día, ¿realmente estamos valorando lo que sienten nuestros sentidos? En realidad estamos hablando de cultura, ese conjunto de relaciones, tradiciones y costumbres que evocan algo en particular que nos hacen sentir parte de algo más grande llamado sociedad, pero ¿cómo hacer que realmente pase algo en nosotros tras vivir esta experiencia artística, cuando estamos hablando de algo efímero? Y estamos acostumbrados por una parte, a la necesidad de la permanencia de las cosas trascendentes para el ser humano dejando pasar los impactos cotidianos clasificándolos como comunes y repetitivos.

A mi parecer, la manera de hacer que las experiencias te acerquen a nuevos espacios de diálogo y cambien el entorno para capacitarlo con nuevas herramientas, es el conocimiento del entorno, porque al conocer más de lo que rodea el día a día de manera un poco más profunda es como se puede apreciar. Hablando de los pasajes efímeros como la danza, es posible que para valorar aquello que incluso se debe identificar como nuestro propio patrimonio inmaterial sea necesario no sólo ser un espectador sino tomar acción a la manera de las posibilidades de cada individuo logrando que cada uno de los participantes abogue por un mejor entendimiento de su parte, que al final formará un todo. Es decir, que desde que te encuentras con el espectáculo casual del parque o decides ir al teatro a disfrutar de una obra tú como individuo eres capaz de cambiar tu experiencia, de no solo sentarte observar y seguir tu camino si no hacer de esa experiencia tu camino, así como el personal de taquilla puede dar un poco más e informarte de la sinopsis de la obra o a su manera indagar aún más en la posible experiencia individual que cada quién vivirá en el espectáculo y así cada uno de los participantes de la experiencia artística.

Podría incluso mencionar que así pasa con muchos otros aspectos de la cultura en general. Para que como sociedad tomemos conciencia de nuestros monumentos arqueológicos es necesario primero, que alrededor de ellos suceda alguna amenaza que los ponga en peligro y entonces sí parece que puede esparcirse la noticia de su existencia.

Mi propuesta es simple más no sencilla. Cuando tengamos las ganas o nos topemos con la oportunidad de disfrutar de alguna manifestación artística, sea teatro, danza, exposición plástica o la visita a un sitio arqueológico pongamos un poco más de nuestra parte no conformándonos con lo que nos dan por default, hagamos que el paseo sea más interesante o divertido o diferente logrando que nuestra experiencia esté en nuestras manos, así el discurso de la visita será nuestra contribución personal y aunque esta noción siempre está implícita ya que aunque un curador o un historiador nos dé una visita guiada siempre la visita individual es cosa de cada quién, es importante generarnos conocimiento que va a desembocar en gusto, cuidado y difusión de nuestros recursos artísticos, por ahí también dicen que no hay mejor recomendación que la de boca en boca.

Imagen 2Imagen 2. Teatro Sergio Magaña, “De Borges a Cortázar en las artes escénicas (La parábola de los ciegos y el gato, el tiempo y la otredad)” por la Cía. Taller de Quimeras, México 2014.

Por lo tanto, aunque a veces padecemos de una ceguera gradual sobre nuestro entorno; siempre, a diario es momento de apropiarnos del conocimiento de nuestro entorno para comunicar lo que somos en todas las facetas de la expresión.

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ArKeopatías opera bajo una licencia Creative Commons, Atribución-NoComercial 2.5 México, por lo que agradecemos citar la fuente de este artículo como: Proyecto ArKeopatías./ “Textos de la casa #36″. México 2014. http://arkeopatias.wordpress.com/ en línea (fecha de consulta).

DE LA CASA #35: Cosas que no… Cosas que tampoco: Breve listado de ideas erróneas sobre la arqueología/ HAQP.

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Por Adolfo

Es casi imposible evitar escuchar la palabra “Arqueología” y no asociarlos con algunas cosas como lo son: personajes de películas que portan látigos y sombreros de cuero, así como grandes perdidos tesoros que se encuentran en la espesura de la selva negra y que son custodiados por bravas tribus de nativos. Bien, la cultura popular nos ha pintado el quehacer arqueológico atribuyéndole unos colores que nada tienen que ver con la percepción objetiva y científica que la ocupa. Es cierto que la noción romántica nos remite hacia lo exótico de los paisajes egipcios, donde ocultos sarcófagos guardan maldiciones mortales para los incautos, pero es necesario advertir que todas estas percepciones no sólo son erróneas, si no que pueden resultar contraproducentes e incluso peligrosas para la realización del estudio del ser humano a través de los vestigios.

A continuación, hemos de mostrar algunas visualizaciones o asociaciones erróneas de la arqueología que todos debemos conocer antes de adentrarnos a las atrayentes aguas del mar de ideas que configuran la ciencia arqueológica.

1.- La arqueología no estudia piedras. Las obras talladas conforman sólo una mínima parte de todo el corpus material del que la arqueología se ocupa. No olvidemos que el objeto de estudio es el ser humano, no los minerales donde tallaron formas de animales, dioses… e incluso genitales.

2.- Arqueología no es buscar tesoros. El estudio arqueológico tiene una metodología. No buscamos el eslabón perdido ni la piedra filosofal.

3.- La arqueología no es lo mismo que tu opinión sobre las obras que fabricaron los humanos que habitaron antes que tú. El estudio científico es objetivo, No está basado en prejuicios u opiniones sentimentales. Hay un largo trecho entre decir: La fabricación de cabezas colosales es aún una interrogante para los estudiosos, y : Yo creo que esta cabeza olmeca la hicieron seres alienígenas porque un vagabundo me lo dijo.

4.- La arqueología no es una ciencia exacta. Todos los días surgen nuevas interrogantes y debates sobre las investigaciones del gremio. En esta comunidad no hay una verdad que dure más de 10 años.

5.- La arqueología no es religión. Las sociedades antiguas tuvieron sus sistemas de creencias propios y compartidos, y es muy válido que te sientas identificado con alguno de ellos. Pero no hay que confundir, la ciencia necesita postulados basados en la lógica, la coherencia y sistematización, Lo que menos queremos es que salgan herederos o hijos de Quetzalcóatl que crean que pueden interpretar un contexto arqueológico basado en danzas en el zócalo o en algún ritual peyotero dedicado a:_______Anote la deidad de su preferencia________. Puedes creer en Alá, Buda, Maradonna, Dios Eolo o en la Diosa de la Cumbia mientras esto no afecte tu juicio y ética profesional.

6.- Arqueología no es lo que TÚ pienses que es la arqueología. Desgraciadamente a veces caemos en la egolatría de pensar que tenemos razón en todo lo que pensamos. Esto puede llevarnos a una idea equivocada. La definición de arqueología aún está a debate, pero tradicionalmente se define como la ciencia o disciplina que estudia al ser humano, su forma de relacionarse, su economía, sus expresiones artísticas, símbolos, política etc.. a través de los vestigios materiales. Esto es diferente a pensar que la arqueología estudia “ruinas”, “Tesoros” o en el más exótico de los casos “A nuestras gloriosas culturas indígenas”.

7.-Arqueología no es fanatismo. Existe una línea bastante delgada entre sentirse identificado con las culturas que habitaron tu lugar de origen y el sentirse poseedor de las grandes verdades que sólo conocían nuestros antepasados indígenas. Así mismo es aberrante pensarse con la obligación de vengar las almas de los guerreros caídos en Tenochtitlan. (En el caso de México) por el simple hecho de que “nuestra cultura sería más avanzada si los europeos no hubieran llegado”. (¿Nuestra cultura? ¿Estábamos ahí?, ¿Nuestros antepasados? ¿Mi tatarabuela peleó contra Cortés?). Como debería de ser obvio, estudiamos hechos que ya sucedieron y no hay razón para precipitar la objetividad y dejarse llevar por ideas vengativas o nacionalistas extremas.

8.- Arqueología no es identidad ni nacionalidad. No importa tu lugar de origen, si a ti te place puedes estudiar arqueológicamente la cultura que más te guste. Eso no te hará un “malinchista” o un “vendepatrias”. De hecho es necesaria esa abertura para ampliar el panorama de investigación. Tú decides con qué o quienes identificarte, eso es independiente a la hora de ejercer, sin embargo, tu identidad no tiene por qué influir en tus juicios o interpretaciones profesionales.

9.- Arqueología es algo bastante complejo y gratificante… debemos seguir compartiéndola, admirándola y viviéndola. Pero recordemos que es una disciplina científica, por lo tanto hay que mantener un pensamiento coherente, objetivo y lógico para seguir construyéndola día con día.

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ArKeopatías opera bajo una licencia Creative Commons, Atribución-NoComercial 2.5 México, por lo que agradecemos citar la fuente de este artículo como: Proyecto ArKeopatías./ “Textos de la casa #35″. México 2014. http://arkeopatias.wordpress.com/ en línea (fecha de consulta).

Foto: “Conclusiones”; Autor: Adolfo Quintanar Pérez; Modelo: Alondra Quintanar Pérez./

DE LA CASA #34: Industrias Culturales, ¿para qué? [2]/ DEL.

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Por Daniela

Viene de… http://wp.me/pGVwp-1Xj

Quizá nuestra visita a las Industrias Culturales sería más agradable si formaran parte activa, amena y productiva de nuestro sistema sociocultural o de nuestra memoria histórica o de nuestro presente, sin embargo, no creo que debamos depender de un contexto académico o laboral que nos obligue a asistir para lograr disfrutarlas o conocerlas…podemos depender de nosotros mismos, de nuestros gustos, de la tecnología que tenemos a nuestro alcance y de lo que imaginamos en esos momentos de ocio en los que analizamos nuestros próximos pasos, y es aquí cuando nuestras alternativas: ver televisión, leer un libro, salir a caminar solos o con nuestras mascotas, ir a visitar a un amigo, conectarse a Facebook por horas- aunque no platiquemos con nadie- sólo para saber qué pasa en la vida de los demás o para jugar Candy Crush, Ninja Kingdom o cualquier otro juego que nos permita matar el tiempo o relajarnos; buscar imágenes, artistas, obras, conceptos, noticias en un buscador y por qué no: museos virtuales, el tema de hoy.

¿Qué son, cómo funcionan, cuáles son sus ventajas y desventajas, cuáles son?

Los museos virtuales -al igual que los tradicionales- son Industrias Culturales[1], De Contenido o De Entretenimiento que tienen un espacio físico en línea, en el ciberespacio y que cumplen con todos los requisitos de un museo no virtual: son temáticos, enfocándose en una Industria Cultural básica[2], tienen una sala de bienvenida o un módulo de información, salas de exposiciones temporales y/o permanentes, cédulas informativas, audio y video, tienda y… -a diferencia de los museos cien por ciento físicos- son gratis, nunca cierran y te permiten estar anónimamente en la sala que desees sin tener que hacer el recorrido completo y sin que nadie observe lo que haces, por lo tanto, otorgan cierta privacidad a la audiencia que los visita, además, puedes comer o beber lo que gustes mientras estás ahí.

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Todo lo que necesitas para conocerlos es proponerte visitarlos, una muy buena computadora con alta definición, excelente conexión a internet, audio y video, y, dependiendo de tu ordenador, alguno de estos programas: flash player, java, adobe reader –que pueden instalarse gratuitamente desde la página del museo o de un buscador- y sobre todo, tiempo, mucho tiempo para explorar tus opciones, relajarte y disfrutar el museo de tu elección en pijama y cómodamente desde tu hogar o cualquier otro lugar que te dé paz y te permita concentrarte en tu visita.

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Ten en cuenta que un museo con página web no es un museo virtual, puesto que la página no siempre es una guía virtual del mismo, sino, generalmente, una cédula informativa del lugar y de su contenido.

Algunos de los museos virtuales que puedes visitar son los siguientes:

  • Los diecisiete museos virtuales pertenecientes al Departamento de Investigación y Conocimiento de la Universidad Autónoma de Metropolitana, unidad Azcapotzalco.
  • Museo Nacional de Antropología e Historia
  • Museo Virtual del Palacio Nacional
  • Museo Virtual Agrario
  • Catálogo de Paseos Virtuales del Instituto Nacional de Antropología e Historia

Recuerda que para saber más de los museos aquí presentados, puedes consultar los enlaces al final del artículo.

Mis favoritos por su contenido, facilidad de acceso, velocidad de conexión y recorrido virtual son, hasta ahora: el Museo Nacional de Antropología e Historia, porque en su sección para armar, puedes descargar e imprimir una imagen de alguna sala en particular y tener un poliedro como recuerdo, gratis y sin complicaciones; y, finalmente, el catálogo de paseos virtuales del INAH, donde puedes encontrar museos, sitios arqueológicos, exposiciones y artículos académicos que te acercarán a distintos rincones de la República en español, inglés o francés.

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Fuentes de consulta

Artículos académicos

Piedras, Ernesto. Fundación interamericana para el desarrollo y la cultura. Industrias Culturales para el Desarrollo Integral en México y América Latina. Disponible en:

http://www.iadb.org/om/pdf/epiedrasp1.pdf

R. Santana, Vianka, 2008. Industrias Culturales. México en el Contexto Latinoamericano. Disponible en:

http://www.jornada.unam.mx/2008/01/06/sem-vianka.html

Enlaces a museos

Catálogo de Paseos Virtuales del Instituto Nacional de Antropología e Historia:

http://www.inah.gob.mx/index.php/catalogo-paseos-virtuales

Museo Nacional de Antropología e Historia:

http://www.inah.gob.mx/paseos/mna/

Museo Virtual Agrario:

http://www.inah.gob.mx/paseos/MuseoAgrario/MuseoAgrario.html

Museo Virtual del Palacio Nacional:

http://www.hacienda.gob.mx/cultura/museo_virtual_pal_nac/shcp_mv.htm

Museos Virtuales de la Universidad Autónoma Metropolitana:

http://museosvirtuales.azc.uam.mx/inicio.html

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ArKeopatías opera bajo una licencia Creative Commons, Atribución-NoComercial 2.5 México, por lo que agradecemos citar la fuente de este artículo como: Proyecto ArKeopatías./ “Textos de la casa #34″. México 2014. http://arkeopatias.wordpress.com/ en línea (fecha de consulta).

DE LA CASA #33: El Marchante Gourmet/ MMV.

num33Por Marlen

(…) y desde que llegamos a la gran plaza, que se dice Tatelulcu, como no habíamos visto tal cosa, quedamos admirados de la multitud de gente y mercaderías que en ella había y del gran concierto y regimiento que en todo tenían… cada género de mercaderes estaban por sí y tenían situados y señalados sus asientos.

-Bernal Díaz del Castillo

Mercado de Tlatelolco, Diego Rivera 1942

Mural: Mercado de Tlatelolco, Diego Rivera, 1942.

Cuando decidí el tema para mi siguiente entrega, estaba convencida que sería sobre el “hit” del momento, en cuanto a lugares “in” para dar el “rol” por la ciudad se trata, esos que aparecen en las revistas, especializadas en reseñar el abanico de posibilidades que nos ofrece la capital del país; y que mejor que hacer referente a una de las colonias con una fuerte presencia en la Ciudad de México: La Colonia Roma.

Nace de los potreros de la antigua “Hacienda de la Romita”, para posteriormente ser fraccionada a principios del siglo XX; fue diseñada con bulevares y amplios camellones, seccionada en extensos terrenos que permitieron trasplantar la idea anglosajona del chalet con mansardas, lucarnas y chimenea, circundado por un generoso jardín, a la inversa del modelo de construcción tradicional español. Fue concebido en sus inicios como un barrio para la élite capitalina; posterior al terremoto de 1985, un importante porcentaje de inmuebles desaparece y otros más presentan severos daños. Es así como baja la plusvalía de la zona y es ocupada por la clase social media y baja, en su mayoría comerciantes, que abren pequeños locales como barberías, misceláneas, panaderías y demás ultramarinos, creando así, una red vecinal sustanciosa que se fue consolidando en los años posteriores. Podemos encontrar un retrato muy acertado de cómo funcionaba la colonia en el libro de José Emilio Pacheco “Las Batallas en el desierto” enmarcando el contexto político y social durante el año de 1948.

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Colonia Roma. Fuente: http://www.ciudadanosenred.com.mx

No es una novedad que de unos años hasta la fecha, la colonia Roma ha estado en un proceso de auge, tanto inmobiliario como la revitalización de su infraestructura, se ha convertido en un atractivo foco de inversión y una excelente opción para vivir, ahora alberga a una población económicamente activa y de rangos de edad fluctuantes, sus gustos van enfocados hacia un comercio diferente al que contaba la zona; es propensa al cambio: una circunstancia generalizada en la ciudad, nada permanece estático.

Cobijado por la colonia Roma, se ubicaba en Querétaro 225 el prestigioso bar de rumba y música tropical: “El Gran León”, vástago del “Bar León” (con locación en el centro histórico) cuyo dueño era Pepe Arévalo; lugar conocido bajo la premisa de “La Rumba es Cultura”, albergaba noche a noche música en vivo, frecuentado por personalidades como Carlos Monsivaís, Gonzalo Celorio, Arturo Ripstein y el “Tigre” Azcárraga, entre otros. Operó durante 30 años, lugar de apabullante historia sirvió como locación en cintas como: “El mil usos”,”Hotel” y “Las glorias del gran Púas”.

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 Bar “El Gran León”. Fuente: Google Street View, 2011.

Se me ocurriría pensar que un inmueble que es un referente social y urbano, dentro en una colonia con una importante carga histórica, estaría protegido y no pienso que la manera de proteger un inmueble sea mediante la conservación extrema (ponerle un domo de plástico encima), ni tampoco trato de compararlo con la aportación plástica de la Ciudad Universitaria o el Polyfórum Cultural Siqueiros, pero es en definitiva parte de la identidad de un barrio y de quiénes interactúan con él.

Estoy a favor de la rehabilitación urbana, incentivar el aumento de la plusvalía de zonas que están decayendo y considero imperante poner los ojos en edificaciones “olvidadas”, para posteriormente intervenirlas y darles un nuevo aire; sin embargo requiere que estas intervenciones se realicen acompañadas de un profundo sentido de conciencia, análisis y respeto.

El proyecto del “Mercado Roma” por el despacho Rojkind Arquitectos, lamentablemente no es un ejemplo de esta conciencia espacial. He leído una buena cantidad de reseñas, críticas, comentarios y entrevistas, en las cuales hacen alarde del despunte económico y social que implica un proyecto como éste, haciendo énfasis en la calidad y lo minucioso de su diseño interior, de mobiliario y “branding” (que eso no está a discusión) así como de la selecta lista de colaboradores en la composición de la oferta gastronómica del lugar. Es efectivamente un planteamiento fresco, con un esquema inexplorado en el país y que ofrece una experiencia cautivadora.

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Mercado Roma. Fotografía: Victoria Zamora.

Sin embargo dista mucho de lo que debió ser: un sitio de convergencia que preservara su identidad y funcione simultáneamente de parteaguas para nuevas prácticas, en sinergia con la atmósfera que se ha moldeado con el paso de los años y la evolución del lugar.

Comencemos con lo fundamental: La diferencia de tipología entre el inmueble original al giro del producto final, es así como brincamos de un salón de baile a un “mercado”, lo anterior no es ni positivo o negativo, depende únicamente del resto del análisis urbano para determinar si era conveniente o no cambiar por completo el uso.

Extirpando al “El Gran León” y todo lo que esto puede significar, en el sentido estricto de identidad espacial, la calle dónde se encuentra emplazado el inmueble, no es la idónea para un proyecto con tales pretensiones, como lo es el Mercado Roma, es cierto que como proyecto aislado de un contexto, funciona como epicentro para un “boom” gastronómico que está caracterizando a la colonia, pero no cumple con los requerimientos mínimos para una buena operación, y no va en función de equipamiento urbano o de infraestructura, tiene que ver con la solidificación de un tejido urbano en conjunción con los habitantes, explotar su atractivo visual (al que le han puesto mucho énfasis) y de integrarse armoniosamente con su entorno. Sobresale por las razones equivocadas.

El contexto que acompaña al Mercado Roma no empata bajo ninguna circunstancia con su lenguaje plástico, tiene en frente un estacionamiento, lo cual mantiene el acceso al mercado plagado de contaminación visual, abrirse paso entre los automóviles que están esperando y los que circulan en la calle se convierte en la primera faena (de muchas), el mercado es un terreno entre medianeras, es decir no posee ninguno de los beneficios de los que están en una esquina: proveer de dos frentes visibles entre 3 puntos.

Cuando vas caminando por la calle de Querétaro, si es la primera vez, es arduo advertir si estas cerca por llegar, hasta que vislumbras un tumulto de jóvenes en la calle riendo y conversando, tampoco queda claro como interactúa con el exterior, cuenta con mobiliario urbano, pero la rehabilitación incluye únicamente su sección de la acera, el acceso no es intuitivo, al grado que cuenta con una placa que indica por dónde comenzar.

Ya en el interior, abruma la cantidad de elementos que lo componen, entre la muy extraña disposición de los locales (los cuales impiden un flujo limpio) el exceso de diseño en muros y mobiliario aunado a los colores y texturas que proveen todos los productos que se venden; el visitante no sabe hacia dónde mirar, hay en mi opinión demasiados estímulos y es una sensación que no me abandonó en toda mi estancia.

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 Interior del Mercado Roma. Fotografía: Victoria Zamora.

México tiene una gran tradición de mercados, nos sigue constantemente, la tenemos arraigada a nuestro código genético, pero estando en el mercado Roma nunca tuve la sensación de estar en un verdadero mercado, desde niña he visitado muchos (como casi cualquier Mexicano) y no logré encontrar una similitud en cuanto a su configuración espacial y mucho menos índices simbólicos de lo que identifico como un mercado. Lobo piel de oveja.

Modificaron la típica distribución locataria, proponiendo un esquema que no funciona óptimamente, genera flujos cruzados, donde es necesario caminar en zigzag, los locales centrales chocan con los que están arraigados a los muros circundantes, Sacal hace alarde de la zona comunitaria para comer, menciona que es algo que no se hacía en México, ¿Dónde entonces comí tacos de barbacoa y consomé, los Domingos por la mañana? ¿Soy la única persona que tiene recuerdos de mesas comunales en los tianguis y mercados?. El muro-huerto-verde lo considero como un acierto, quizás el más sobresaliente de todos los elementos que componen el proyecto; el mercado carece de adecuada iluminación natural y la movilidad es un verdadero inconveniente.

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 Disposición de los locales al interior del Mercado Roma.

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Fotografía de área común para comer.

Vi la entrevista que le hicieron a Carlos Sacal en Foro TV, dónde cuenta el nacimiento de la idea; con inspiración tomada del reconocido mercado de San Miguel en Madrid, se encontraba con su hijo mayor Pablo Sacal, y observaban mientras bebían una copa de vino a la gente contenta pasando un momento agradable, compartiendo una buena plática y degustando deliciosa comida, en un breve instante casi cual epifanía, pensaron en conjunto que sería acertado traer ese concepto a México.

Nuevamente en el país de las buenas intenciones pero malas respuestas, un concepto distinto e interesante se presenta bien y ejecuta de un modo opaco. Comenzando por su referente, el mercado de San Miguel está situado en una plaza que a principios de 1800 pertenecía a la Parroquia de San Miguel de los Octoes, derribada en 1809, es este espacio liberado dónde se estableció un pequeño mercado al aire libre, y ofrecía en su mayoría la venta de pescado. En una imagen mental del mercado donde nace Jean-Baptiste Grenouille en la cinta de “El Perfume”, pescado al aire libre, no es precisamente lo más higiénico y agradable, por eso es que en 1835 Joaquín Henri erigió una endeble estructura, que posteriormente en 1912 Alfonso Dubé y Diez proyectaría un mercado cubierto de estructura metálica. Contaba con el esquema tradicional y con los años se vio afectado por la aparición de los súper mercados y comprometiendo su existencia, hasta que en 1999 un colectivo nombrado “El Gastrónomo de San Miguel” invierte en una modernización del mercado y toman como modelo a “La Boquería de Barcelona” (efectivamente nadie descubre el hilo negro) para en 2009 reabrir sus puertas. Lo que caracteriza a esta intervención es la preservación de su estructura, perteneciente a la corriente de “Arquitectura de Hierro”, la inserción de grandes ventanales que permitan a raudales la entrada de luz natural y por supuesto 2000 m² de una muy selecta experiencia gastronómica (en comparación con los 700 m² del mercado Roma).

Juan Antonio Flores SegalMercado de San Miguel, Madrid, España.

plano antiguo Mercado_de_San_Miguel_Planta, fuente www.abc.es

Antigua configuración del Mercado de San Miguel, Madrid, España.

planos-mercado san miguel nuevo, fuente www.abc.es b

Actual disposición locataria. Mercado de San Miguel, Madrid, España

Si analizamos el proceso evolutivo del mercado de San Miguel, el de la Roma está poco menos que en pañales contra el bagaje histórico y arraigo cultural de su tío político Ibérico, olvidaron buscar un sitio que tuviera esa tradición de mercado, para que fuera identificable, en cambio hicieron uso de un inmueble que bajo ninguna circunstancia podría percibirse como una zona mercantil. Nos trajeron el genérico de un concepto evolucionado haciéndolo encajar con calzador en un ámbito urbano frágil. Que en efecto necesita una reactivación, pero también requiere de profunda reflexión y delicadeza.

Al final del día, puedo concluir lo siguiente: el mercado Roma, como proyecto aislado funciona (a secas), no cuenta con una buena ubicación, ni un atinado planteamiento y análisis, carece del agente unificador y va a desplazar a los habitantes de la calle, pues poco a poco, vendrán otros inversionistas con el mismo poco cuidado y respeto por el contexto e insertaran esquemas mal estudiados y forzados para una colonia que se caracteriza por su diversidad, ya sea en nacionalidades, edades o culturas, la Roma necesita de un lenguaje arquitectónico sólido que dé cabida a todas esas variantes de usuarios, si comienzan esas mutaciones urbanas, propicia una falta de afinidad, ¿Qué pasaría si todas estas casonas desaparecen y son sustituidas por esquemas como el del Mercado Roma? ¿Cómo vamos entonces a identificar la colonia?

Google Sreet View, 2011

2011

Marlen mendoza (3)

2014

Es de suma importancia que los arquitectos dejemos de lado nuestro ego y tratemos de dar soluciones específicas para cada caso, es un reto satisfacer todas las necesidades: los usuarios, la ciudad, los empresarios, la economía; pero si nosotros que tenemos las herramientas no nos comprometemos a renunciar al camino fácil y seguimos trasplantando esquemas que no pertenecen a un sitio, corremos el riesgo de volvernos cómplices de un crimen contra la ciudad y co-responsables de marchitarla. Auguro tiempos tempestuosos y una oleada de reconfiguraciones urbanas.

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ArKeopatías opera bajo una licencia Creative Commons, Atribución-NoComercial 2.5 México, por lo que agradecemos citar la fuente de este artículo como: Proyecto ArKeopatías./ “Textos de la casa #33″. México 2014. http://arkeopatias.wordpress.com/ en línea (fecha de consulta).

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