#‎MARTES DE… CARNISALCHICHONERÍA

#‎HoyEnLaFondark‬… #‎MartesDeCarnisalchichonería‬‬ / Lluvia de ‪#‎TextosDeLaCasa‬ carnita textual acompañada de una buena chela… // Cata: Una Raramuri Imperial Stout con sabor fuerte al final, igual que los «golpes en la vida que yo no sé…» una entrada de Verónica Chirinos sobre la protección del patrimonio arqueológico en Perú.///// http://wp.me/pGVwp-1Ry ¡Salud!

DE LA CASA #4: HAY GOLPES EN LA VIDA, TAN FUERTES… YO NO SÉ / VAC.

num4

Por Verónica Chirinos

Nos sucede frecuentemente y no sólo en temas relacionados con la protección del patrimonio cultural de la Nación. Cada día nos topamos con una o más noticias sobre las medidas que se toman luego de un atentado, luego de la tragedia, luego de cometido el delito. Tendemos siempre a esperar que pase lo peor para reaccionar, o quizá se trate solamente de algo tan simple como la incapacidad para controlar el comportamiento humano, la incapacidad para adelantarnos a los hechos, la incapacidad para prever los golpes, sumada a ella nuestra ingenuidad.

pinta 12 ángulos

En la madrugada del día 9 de marzo, un sujeto aprovechó la ausencia de testigos (salvo una cámara de vigilancia) y realizó una pinta con aerosol en la denominada “Piedra de los Doce Ángulos”, símbolo del genio arquitectónico del Imperio de Tahuantinsuyo que formó parte de la residencia de Inca Roca y que representaría también a las doce familias que conformaban el Imperio. Hoy en día, el edificio donde se está la piedra es el lugar donde se encuentra el Palacio Arzobispal del Cusco y su respectivo museo. Ahora bien, por lo que he podido apreciar del video donde se le capta realizando la infame pinta, el sujeto tenía pleno conocimiento de lo que estaba haciendo… no por nada estaba encapuchado, no por nada aprovechó la falta de testigos, no por nada realizó la pinta precisamente al medio de la Piedra de los Doce Ángulos.

La Piedra de los Doce Ángulos, por su ubicación en plena vía pública (Calle Hatun Rumiyoc), siempre ha sido vulnerable a cualquier tipo de afectación, sin embargo, paradójicamente hacía realidad el sueño de los que trabajamos con y para el patrimonio cultural: el acceso simple y gratuito al conocimiento y apreciación del legado prehispánico en un contexto de cotidianeidad. Miles de personas cada año se retratan con este hermoso símbolo incaico dentro de una dinámica turística, otros miles que viven y trabajan en Cusco pasan cada día por su lado y la contemplan… como quien recuerda que todo lo que existe proviene de algo y que siempre hay una historia detrás de todo; finalmente, hay algunos que siempre querrán indagar más y se harán preguntas del cómo, el cuándo y el por qué. Mientras tanto, esta enigmática piedra seguiría allí dispuesta a inspirarnos algo, por pequeño que sea, pero siempre algo constructivo… No esperábamos para nada que sucediera lo que sucedió, como no esperamos ni deseamos nunca ser testigos del maltrato.

Entonces, yo me pregunto ¿Qué estamos haciendo mal? ¿Qué impulsó a este sujeto a dañar lo que es suyo? ¿Con qué afán hizo lo que hizo? ¿Será acaso con el mismo afán de quienes dañaron otros muros incaicos de la misma forma y cada vez con mayor frecuencia? ¿Será con el ánimo de sentirse superior ante el pasado? Yo no lo sé, pero estoy segura que contamos con legislación suficiente para que esta persona asuma la consecuencia de sus actos. Se realizarán las investigaciones respectivas, con suerte se identificará al sujeto y se le hará responsable del delito; con más suerte se revertirá el daño en la piedra y volveremos a contemplarla… ¿Y luego, qué? ¿Se situarán permanentemente dos policías flanqueando la Piedra de los Doce Ángulos? ¿Se colocará una lámina o vidrio protector sobre esta? ¿Se cerrará la calle Hatun Rumiyoc? Ya ha pasado antes con otros espacios patrimoniales, que a causa del vandalismo se ha visto necesario cerrar su acceso al público y con eso, considero personalmente, se da la grave señal de estar perdiendo la batalla.

Quienes comentan la noticia piden vigilancia permanente y capacidad de reacción inmediata. Se propone también la aplicación de penas carcelarias y multas más fuertes y hasta se ha hablado de calificar estos delitos como traición a la patria. No faltan quienes se rasgan las vestiduras y ven como único problema el revertir en el acto la pinta de aerosol y aquí no pasó nada. Una propuesta interesante es la creación de una fiscalía especializada contra los delitos al patrimonio cultural y claro está, desarrollar un “agresivo programa de difusión y sensibilización” (A ver si siendo agresivos, nos resulta mejor la sensibilización…). Opino que podemos hacer todo eso y más. Opino que si bien siempre esperamos a que el plato se rompa, en lugar de ponerlo a buen recaudo, existen los medios para restaurar el plato y volverlo a usar. Lo lamentable de todo esto es que ya sucedió, que siempre está sucediendo de una y mil maneras que no siempre son noticia, que no fuimos capaces de preverlo, que es una historia a la que cada vez nos acostumbramos más y que nos deja el mal sabor y la pena de estar perdiendo la guerra contra el olvido.

Personalmente siento que el día 9 de marzo alguien que aún no es identificado le dijo NO a su historia o a la historia de los demás (que es igual de triste), le dijo NO a la memoria colectiva y le dijo NO al respeto por los símbolos de una sociedad. Ante la pena que ello me causa, recordé las líneas del poema Los Heraldos Negros de César Vallejo, que al recitar «…son las crepitaciones de algún pan que en la puerta del horno se nos quema…» me hizo pensar en que justo en aquellos momentos en los que uno cree que vamos venciendo al olvido, en aquellos momentos en los que estamos casi seguros de que el patrimonio cultural significa algo para todos, justo ahí, siempre termina asomando un golpe, que es tan fuerte… yo no sé.

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Qué tal raza…

Por: Lunarcita

En días pasados se suscitó una tremenda polémica acerca de la acción de varios jóvenes que habían subido un video a YouTube donde mostraban la destrucción que pretendían realizar dentro de la huaca del Dragón, en la provincia de Trujillo (Perú) y que lograron a punta de pedradas y zapatazos en uno de los muros restaurados.

El escándalo  levantó protesta dentro de  todos los medios importantes del país: radio, televisión y prensa escrita, sin dejar de indignar mayormente a la comunidad arqueológica peruana. Tres adolescentes que viajaban con su grupo dentro de un paseo  de excursión del 5o. de secundaria tomaron como un juego el haber sido incitados por otro de su mismo grado, imitando un acento español, a “malograr” la huaca. El saldo puede contemplarse con horror al visitar tanto la huaca como los portales del mismo YouTube con las noticias que condenaron el hecho.

La institución que más alzó la voz en conferencia de prensa fue el Instituto Nacional de Cultura, proponiendo un castigo ejemplar para los vándalos que sin ninguna clase de escrúpulo arruinaron parte de la mencionada estructura. Otros como el Ministerio de Educación también propuso que se les retuviera su certificado (algo similar a la boleta de calificaciones) y ponerles conducta “desaprobatoria” para el grado correspondiente. Y  todo quedó en propuesta. Incluso uno de los padres disculpó el hecho que su hijo, uno de los participantes del acto vandálico, no sabía lo que hacía ya que no estaba conciente de la importancia del lugar que había visitado.

Estos fueron los hechos, pero más allá del  hecho de la destrucción, vemos que hay algo más, algo profundo (sin sonar a la dimensión desconocida) que se ve, no sólo en el entendido de que la protección al patrimonio cultural es escaso o nulo, sino que hay una evasión a niveles institucionales “pasándose la bolita” al aplicar las sanciones que se deberían poner en práctica por hechos en extremo reprobables como este.

La pregunta del millón es ¿A quién le importa el patrimonio? ¿Sólo al investigador, al arqueólogo, al antropólogo y todos sus derivados? ¿Al maestro, al padre de familia, al colectivo social, a la patria, a las instituciones?  Pero la destrucción  si bien explícita en este caso, ¿no lo es también cuando se realizan eventos sociales dentro de las estructuras arqueológicas?

Retomando los posts de mis compañeros como el caso de la Guelaguetza en Oaxaca  y Bali en Indonesia, donde se permiten los accesos para interactuar dentro del espacio y realizar actividades, dando cabida a festivales étnicos que propician la continuidad de las tradiciones y la cohesión social, llegan al extremo ridículo cuando se le da un uso indiscriminado y sobreexplotación del mismo sitio con actividades disfrazadas de “culturales” y que no entienden de capacidades espaciales; esto sin contar con la poca educación y respeto que muestra mucha gente (sin importar nivel socio – económico al que se adscriba) al alterar los edificios, dejar desperdicios, llevándose “una piedrita de recuerdo” y por último en la más grave instancia, destruyendo total o parcialmente el sitio.

Esto se empieza a notar con grave frecuencia cuando se realizan excursiones o visitas por parte de los colegios dentro de zonas arqueológicas (sustentado por las pintas y destrucciones cercanas que quedan como prueba para la posteridad) , notando el grado de instrucción que los profesores otorgan al alumnado, al futuro ciudadano inconsciente del valor de su cultura puesto que se ha suprimido la conciencia histórica que en otros tiempos fue vital dentro de la enseñanza básica.

Por un lado, es fácil condenar este tipo de hechos; analizar y resolver el problema de fondo, es lo difícil. La gran problemática de la arqueología cuyo fin principal es recuperar y proteger el patrimonio tangible e intangible debería estar sustentada en una legislación real que pudiera salvaguardar dentro de todos los matices, el mismo patrimonio dentro de cualquier nación, pero instalándonos en la realidad, pocas veces nuestra voz es escuchada a sabiendas de que las prioridades gubernamentales están enfocadas en otros aspectos que nunca se verán  por completo resueltos: salud, educación, vivienda, y lo que sigue en la interminable lista donde en la colita queda la cultura.

Y es precisamente la cultura y la educación que ya se disuelve fácilmente desde el hogar lleno de tecnología mal implantada y desinterés por los valores, pasando por las aulas donde se suprime el patriotismo, la educación cívica y la historia (para que no se agobien los parvulitos) que cosechamos a esta generación a la que no le importa ni le duelen sus monumentos, sus pirámides, sus sitio, su historia, porque ya no es suya,  es mundial, ya no hay amor por la patria, ni se diga de las tradiciones.

Es entonces, que vuelvo al post de la compañera Nancy, donde plantea las problemáticas del arqueólogo para añadirle otra: “vive aterrado por lo que te espera, aparte de verte sin radio de acción porque para las leyes, hay cosas más importantes que tus piedras, OK? “

A  menos que de verdad actos como este hagan mella en la conciencia colectiva, poco se puede hacer mientras los sitios sufren en silencio el maltrato que poco a poco los va destruyendo para ser inevitablemente desaparecidos no por acción del tiempo, ni por la acumulación de desechos o fenómenos naturales, sino por nuestra desidia para salvarlos de nuestra propia mano o de la ignorancia que acontece para otorgarles su real valor.

Nota: Cabe aclarar que los noticieros dicen que estas huacas son parte de chan chan, pero estan en trujillo fuera del complejo de chan chan actualmente.