DE LA CASA #142: SUBASTA DE ARQUEOLOGÍA PRECOLONIAL EN PARÍS. ¿POR QUÉ EL RECLAMO DE GUATEMALA RESULTÓ FRUCTÍFERO MIENTRAS QUE EL DE MÉXICO NO? / DSC.

El pasado miércoles 18 de septiembre se vendieron más de un centenar de piezas arqueológicas de América precolonial por un valor total de 1.2 millones de euros en una controversial subasta organizada por la casa Millon en París. El catalogo estaba conformado por piezas de la colección de Manichak y Jean Aurance y contaba con esculturas, cerámicas, máscaras y policromados producidos por pueblos mesoamericanos como los mexicas, mayas o teotihuacanos, además de vasijas y textiles del Perú precolonial, ornamentos de oro de Colombia precolonial y ciertas máscaras de madera de los siglos XIX y XX.

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Fig. 1: Algunas de las piezas precoloniales subastadas en París el pasado 18 de septiembre. (Foto: Casa Millon)

Pese a que el catálogo se hizo público a finales de agosto, en México la amplia cobertura y discusión respecto a dicha subasta realmente comenzó tras las declaraciones públicas del embajador de México en Francia Juan Manuel Gómez Robledo del 17 de septiembre, un día antes de la subasta. En dicho comunicado se reprobó la comercialización del patrimonio arqueológico mexicano, señalando la posible reciente manufactura de algunas de las piezas e informando respecto a una denuncia interpuesta por el INAH “contra los propietarios de dichas piezas para obtener su restitución” y de la solicitud de cooperación la fiscalía mexicana ante las autoridades judiciales galas.

La conferencia de prensa de Gómez Robledo desató una intensa discusión en medios y redes sociales, en donde se reprochó la subasta y abundaron las peticiones para detener la subasta parisina y repatriar las piezas arqueológicas a México.

Sin embargo, los reclamos tanto diplomáticos como públicos resultaron ineficaces y no lograron amedrentar a la casa Millon. La subasta se llevó a cabo como estaba planeado el 18 de septiembre por la mañana y las 95 piezas provenientes del “patrimonio cultural de México” fueron vendidas, continuando así en manos particulares y pasando a formar parte de nuevas colecciones privadas, las cuales muy seguramente se encuentran fuera de México.

No obstante, una de las piezas sí fue retirada del catálogo previo a la subasta: el espectacular fragmento central de la estela 9 del sitio maya de Piedras Negras, la cual fue reclamada públicamente por el gobierno de Guatemala el 27 de agosto. ¿Por qué el reclamo de Guatemala resultó fructífero mientras que el de México no?

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Fig. 2: Lote 55 de la subasta de Millon: un fragmento de la estela 9 de Piedras Negras, sitio arqueológico maya en Petén, Guatemala. (Foto: Casa Millon)

Primero que nada, las autoridades guatemaltecas comenzaron a gestionar la recuperación de la pieza desde principios de agosto, más de un mes y medio antes de la subasta. Pero más importante aún, la pieza en cuestión contaba con una amplia documentación que la identifica sin lugar a dudas como un fragmento de la estela 9 de Piedras Negras, la cual fue excavada y registrada en 1899 por el arqueólogo alemán Teobert Maler. El fragmento de la estela que estaba en venta, un tocado de búho, fue sustraído ilegalmente en la década de 1960 y desapareció hasta aparecer en venta en el catálogo de la subasta de Millon. Como bien comentó en su momento la Dra. Donna Yates, “no había forma legal de que la estela abandonara Guatemala en la década de 1960 o después. La única posibilidad es que fue mutilada, saqueada, traficada y lavada en un mercado que no le importó y tal vez todavía no le importa.”

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Fig. 3: Fotografía de la estela 9 de Piedras Negras tomada por Maler en 1899, en donde claramente se identifica la talla de piedra del tocado de pájaro que se intentaba subastar en Paris. (Foto: David Stuart)

Ahora bien, muy seguramente un gran número de las piezas mexicanas subastadas también fueron sustraídas en circunstancias ilegales similares, ya que en México hay legislaciones que protege al patrimonio arqueológico nacional justo contra el robo y exportación desde al menos 1897. Sin embargo, la gran diferencia entre el exitoso retiro de la estela 9 de Piedras Negras de la subasta y el fallido intento respecto a las piezas mexicanas fue precisamente el infalible registro y documentación que la primera contaba y que las últimas carecían. Es decir, debido a la certera identificación del Lote 55 del catálogo de Millon como un fragmento de la estela 9 de Piedras Negras, el cual indudablemente fue saqueado y retirado ilegalmente de Guatemala en la década de 1960, es que la casa de subastas se vio forzada reconocer el reclamo de Guatemala y retirar la pieza de su catálogo. Al no contar con documentación tan irrefutable, el patrimonio mexicano no resultó tan afortunado.

Desgraciadamente las piezas mexicanas no cuentan con registros o documentación que las identifiquen y vinculen a un sitio, excavación o colección específica, determinando así si su exportación fue ilegal o no. Debido a la falta de rastros documentales, no hay realmente forma de saber de dónde son y cuándo fueron excavadas, así como cuándo, cómo y en qué circunstancias salieron de México. Un reclamo sobre bienes culturales como el interpuesto por México ante Francia y la casa de subastas Millon se debilita enormemente si no se cuenta con la procedencia de los bienes, esto es con una detallada y bien documentada cronología de la propiedad, custodia o ubicación de ellos a través de los años.

Además, la incógnita respecto a la procedencia de las piezas implica que se ha perdido gran parte de su contexto arqueológico, social y temporal, el cual nos podría brindar mayor información sobre la situación en la que fueron creadas y utilizadas así como la importancia que tuvieron en el pasado. Como acertadamente señaló María Villareal, coordinadora nacional de asuntos jurídicos del INAH, al carecer de contexto y ser comercializadas como mercancía, las piezas se han convertido en “objetos decorativos”, arte de gran belleza y antigüedad que simplemente engalana las casas de millonarios.

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Fig. 4: Al perder su contexto, estás piezas pasan a ser simples objetos decorativos que han perdido gran parte de su valor histórico, científico y social, quedándose sólo con su importancia estética. (Fotos: Casa Millon)

La venta al mejor postor de piezas arqueológicas del pasado precolonial mexicano del mes pasado es terrible, mas no es la primera vez que esto sucede y tristemente probablemente no sea la última. Desdichadamente, y pese a múltiples tratados y convenciones internacionales como la de la UNESCO de 1970 citada en el comunicado de la Embajada de México en Francia, sin contar con un registro y documentación claros e innegables, es muy fácil que la rampante mercantilización del patrimonio continúe, que casas de subastas como Millon continúen comercializando antigüedades sin restricción y que piezas como las vendidas hace dos semanas permanezcan en colecciones privadas fuera de México en donde no pueden ser disfrutadas por las personas que tienen una filiación cultural con ellas.

Las leyes y tratados internacionales en torno a la comercialización de antigüedades son complejas. Debido a que por lo general estos no son retroactivos y se consideran ‘leyes suaves’ (es decir, no legalmente vinculantes), a la hora de su aplicación en situaciones como la del mes pasado, es fácil que resulten inefectivas y que innumerables piezas arqueológicas de dudable e incierta procedencia se sigan comercializando. Afortunadamente la compraventa de antigüedades se ha vuelto cada vez más socialmente reprochable y, en conjunto con las recientes discusiones respecto a la repatriación de bienes culturales de las colecciones de museos foráneos a sus lugares de origen, cada vez hay más consciencia y demandas públicas respecto a estos asuntos. Puede que siga habiendo varias circunstancias en las que la comercialización de patrimonio arqueológico sea legal, pero eso no necesariamente significa que esto sea justo o moral.

El saqueo, tráfico y venta de bienes arqueológicos es un tema amplio, complicado y con una larga historia, sin embargo, como apunta mi colega Omar Espinosa, algunos primeros pasos para combatirlo son fortalecer el registro preciso de los bienes arqueológicos y hacerlos accesibles para que el público pueda involucrarse en conocerlos y protegerlos. Además es importante atender la raíz del problema: el saqueo de bienes patrimoniales florece debido a la existencia de un mercado ilícito de piezas arqueológicas y antigüedades precoloniales; el saqueo y comercio ilegal continúan con tanto vigor debido a que sigue habiendo demanda así como grandes sumas de dinero involucradas.

Independientemente de su legalidad, subastas cómo la organizada por la Casa Millon promueven la comercialización y privatización del patrimonio cultural al exaltar su valor económico, lo cual funge como un incentivo al saqueo, el tráfico ilícito y las falsificaciones de piezas arqueológicas. Es imperativo que continúen e incrementen los esfuerzos para detener la compraventa de bienes arqueológicos, ya sea por medios de educación y concientización, el fortalecimiento de las legislaciones nacionales e internacionales y su adecuada implementación, así como mejorando los sistemas de registro y documentación de dichos bienes. Sólo así se podrá detener a aquellos que inmoralmente sólo buscan lucrar con el pasado de otros pueblos y culturas.

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Sobre el autor:

Daniel Salinas Córdova (Monterrey / 1991). Licenciado en historia por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y maestro en arqueología y patrimonio por la Facultad de Arqueología de la Universidad de Leiden, Países Bajos. Sus temas de investigación giran en torno a la relación entre patrimonio, identidad nacional y turismo.

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ArKeopatías opera bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento – NoComercial – Compartir Igual 4.0 Internacional License, por lo que agradecemos citar la fuente de este artículo como: Proyecto ArKeopatías./ “Textos De La Casa #142″. México 2019. https://arkeopatias.wordpress.com/ en línea (fecha de consulta).

DE LA CASA #141: ANTES DE MEDUSA / DMEV.

Pocos saben la historia de Medusa antes de que se convirtiera en Medusa, y es que como ya les había contado, cuando yo era chica me obsesioné un poco con este personaje e investigué todo lo que pude acerca de ella, realmente nunca entendí su historia sino hasta hoy que tuve la oportunidad de entrar a registrar las pintas (a las cuales de ahora en adelante llamaré “intervenciones”) que se hicieron durante la mega marcha feminista, en el Monumento a la Independencia (mejor conocido como “Ángel de la Independencia, el cual a partir de ahora llamaré por su verdadero nombre: “Victoria Alada”), en fin, pues ahí estaba yo, registrando cuando me topé con la imagen tallada de la cabeza de Medusa, ahora intervenida con los ojos llorando sangre, y entonces recordé su historia, y de pronto su historia cobró todo el sentido que de niña no pude ver.

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Y ahí estaba yo frente a Medusa, comprendiendo que en la marcha también alzó su voz, y como parte del monumento también contó su historia, la historia de Medusa también es la historia de las mujeres violentadas.

Medusa, antes de ser ese “monstruo” temido por todos fue una hermosa doncella que custodiaba el templo de Atenea diosa de la guerra; durante muchos años Medusa fue acosada por el dios del mar, Poseidón, y a pesar de que el dios era sumamente insistente, Medusa siempre lograba burlarlo y alejarse de él; Medusa sufría por esto e imploraba a Atenea su intervención pero Atenea no hacía caso, un día Medusa no pudo huir de Poseidón y éste la violó, Medusa no atinó más que gritar e implorar por ayuda, por lo que Atenea irritada por los gritos decidió castigarla convirtiendo su cabello en un nido de serpientes, a partir de ese momento Medusa se convirtió en un “monstruo” agresivo y cruel que convertía en piedra a todo aquel que la mirara a los ojos, Atenea quiso detenerla pero no pudo, fue hasta muchos años después que Perseo guiado y ayudado por la misma Atenea, logró cortarle la cabeza, no sin antes transformarla en piedra.

¿Ven?, la historia se repite una y otra vez. La víctima denuncia varias veces a su acosador, implora porque alguien haga algo, el violentador abusa de su poder y comete un crimen, la ley castiga y re-violenta a la víctima en vez de al violador; la víctima ahora no solamente sufre por la agresión inicial sino por la constante re victimización que sufre día tras día, tanto por la ley como por la sociedad, y el delincuente sigue libre y adorado por todos, una vez más se salió con la suya y no solo no hay justicia sino que peca de cinismo y burla, la víctima se ve sola y desamparada; ya no puede más y su corazón se vuelve piedra, y entonces ahora solo puede dar lo que es (en lo que la convirtieron), ahora entonces ella es el monstruo, ella es a quien se debe desaparecer, y callar, y se debe invisibilizar, e ignorar, ahora ella es la no “políticamente correcta” porque ya no nos importa su historia, ni su dolor, ni su causa, ni su circunstancia; lo que nos importa es que no esté fea y que no vaya gritando por las calles asustando a la gente y convirtiéndola en piedra, lo que nos importa es que no nos incomode; entonces aparece un “héroe”, un hombre que recibe absolutamente toda la ayuda posible departe de la ley, de los dioses, y entonces la decapita; corta su cabeza para que se calle, para que ya no tengamos que oírla, ni verla, ni recordar que nos pidió ayuda y no hicimos nada, para que ya no sintamos culpa de haberla castigado siendo ella la agraviada, para no acordarnos de que dejamos libre a su violador y para colmo, lo adoramos solo porque nos da peces; y entonces creemos que muerta Medusa su historia se olvidará como se olvidan todas las historias similares.

Pero Medusa es fuerte y trasciende el tiempo y cruza el puente de la mitología a la vida real, y entonces emerge y se une a los gritos de las miles de mexicanas que salieron a exigirle al pueblo y al Estado ¡que ya no nos violen!, ¡que ya no nos maten!, ¡que ya estamos hartas de tanta impunidad!, y entonces Medusa se cuela por más de cien años en uno de los monumentos más importantes de nuestro país, y permanece ahí, tallada en piedra, pacientemente espera callada y pasando casi desapercibida en una esquina cerca del dintel de la entrada principal, espera por cien años el día de la marcha; porque Medusa sabía que nos íbamos a cansar de no ser escuchadas, de no ser atendidas, Medusa sabía que después de intentarlo todo sin éxito, entonces íbamos a levantar la voz, y entonces ella estaría ahí para unirse y alzar la suya, porque Medusa mejor que nadie sabe que las piedras son importantes, pero nunca más importantes que la vida y la integridad de las mujeres.

#RestauradorasConGlitter ✨
#PrimeroLasMujeresLuegoLasParedes
#NiUnaMas

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Sobre la autora:

Dinna Maricela Esparza Vázquez (Ciudad de México / 1986). Egresada de la licenciatura en Arqueología de la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Desde 2005 se desarrolla como investigadora, y en 2010 comienza su labor docente. Ha participado en numerosos proyectos arqueológicos tanto en la Ciudad de México, en sitios como Tlatelolco, Chapultepec, y Centro Histórico (Proyecto Boturini), así como en el interior de la República, en donde estuvo a cargo de las zonas arqueológicas de Dainzú y Yagúl en Oaxaca, así como de las excavaciones del Monasterio de San Pedro y San Pablo en el centro de esa ciudad; en Hidalgo, a cargo de las excavaciones del Palacio Quemado en la zona arqueológica de Tula; también ha colaborado en el área de investigación en el Museo Casa Morelos de Ecatepec.

Fotografía: Dinna Maricela Esparza Vázquez

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DE LA CASA #140: EL OFICIO AGUAMIELERO EN LA CAPITAL DE ZACATECAS: DECADENCIA EN EL SIGLO XXI/ KB.

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Por Kaban Basurto

Resumen: La producción de aguamiel se ve muy favorecida para esta región que aunque semiárida, carece de una gran diversidad de flora, pero no de la presencia del maguey. El aguamiel es una bebida que existe en México desde tiempos inmemoriales. En Zacatecas el aguamiel está ligado, a distintos tipos de vida como la de las culturas mesoamericanas, las cazadoras recolectoras nativas de la región y a las sociedades coloniales. El oficio del aguamiel nace de una necesidad social de adquirir este producto para su consumo hasta transformarse en una tradición, que como podemos ver, aún persiste en la sociedad zacatecana. Dicha actividad ha estado en declive en los últimos años hasta llegar al punto de existir solo dos personas dedicadas a esto en la capital y sus zonas aledañas.

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El maguey y el aguamiel

En México existen aproximadamente 200 especies de maguey, (Fournier, 2007) las cuales las podemos encontrar en casi todos los estados de la república. Estos han tenido distintos usos en las distintas culturas mesoamericanas y cazadoras-recolectoras del norte de México desde 7000 a.C. a 1500 d.C. (ibídem). Sus usos van desde la elaboración de textiles, alimentos, bebidas y hasta se utiliza en la construcción. Entre los pueblos que explotaban el maguey en el siglo XVI, se encuentran culturas de los grupos náhuatl, tarascos, matlatzinca y chontal; en el norte de México, encontramos los grupos otomís, chichimeco y  cazcana, los cuales producían pulque, vinagre, cáñamo, comida, indumentaria, medicina y aguamiel. (Ibídem)

En este trabajo, nuestro objeto de estudio es el aguamiel o por su nombre en náhuatl “Neutli” (consultado en: página electrónica de CONABIO el 2 de junio del 2012) por lo que nos enfocaremos solo en este producto, aunque no siempre podemos separar la estrecha relación que existe de esta bebida con el pulque (octli), que es el resultado de la fermentación de la misma por el agente Diplococo viscoso y algunas levaduras. (Fournier, 2007) También el aguamiel contiene una considerable cantidad de carbohidratos. (Vargas, 2009)

Existen algunos mitos e historias sobre el descubrimiento del aguamiel, los cuales  en su mayoría se relacionan con   Mayahuey la deidad del pulque, considerada como la primera en extraer este néctar del maguey. (Breña, Luis,  Domínguez, González, Esquivel, Lucio, 2010)  También se tenía la idea, de que el descubrimiento del pulque y por lo tanto del aguamiel, fue en la época  Preclásica  dentro de la cultura tolteca. Alfredo chavero nos cuenta que según los campesinos,  el descubrimiento del aguamiel, se dio cuando un roedor entró dentro del corazón del maguey y lo empezó a raspar, esta acción trajo como consecuente el brote del aguamiel, después de observar lo que pasó, los indígenas empezaron a imitar esto. (Chavero citado en Breña, Luis,  Domínguez, González, Esquivel, Lucio, 2010)

El nombre con el que se le denomina a la persona  que se encarga de la recolección del aguamiel es: “tlachiquero”  proveniente del náhuatl, el cual tiene como traducción “Rasguño”. (Breña, Luis, Domínguez, González, Esquivel, Lucio, 2010) No utilizaremos la el nombre de tlachiquero, ya que éste concepto no existe en este lugar. La denominación en Zacatecas para el oficiante es “aguamielero” Y a diferencia de otros lugares ellos no solo extraen en aguamiel sino que también la comercializa directamente.

Durante la época colonial, es muy probable que junto con el mestizaje el consumo del aguamiel se generalizara hasta fundirse en la cotidianidad de la sociedad de aquel tiempo. Dicha costumbre aún podemos observar en pocos lugares de México. Uno de estos sitios, sino es que el último, es el Estado de Zacatecas, siendo más específicos, en el centro histórico de la ciudad, donde todas las mañanas en algunas esquinas vemos a un hombre con su característico burro vendiendo este refrescante néctar.

Existen en registro fotográfico algunas imágenes del “burro del aguamiel” cargando los recipientes llenos la bebida para aproximadamente los inicios y mediados del siglo XX en Zacatecas. (Foto 1) Para ese tiempo solo podemos imaginarnos como para tomar un poco de este producto, se tenía que seguir el grito del vendedor, confundido entre tantos pregoneros callejeros que ofrecían todo tipo de productos. (Burciaga: 2010)

Captura de Pantalla 2019-06-17 a la(s) 0.57.42Foto 1. Zacatecas tomada de Revista Artes de México AÑO XXII No. 194/195

En el 2007 se realizó un cortometraje-documental llamado “Burrito de agua-miel” dirigido por Edín Alaín, el cual nos da a conocer la rutina laboral de Juan Ortiz, un aguamielero proveniente de Hacienda Nueva, una comunidad de Morelos, quien vende su producto en el centro de Zacatecas, quien nos cuenta como es su oficio.

A partir de estos antecedentes el presente ensayo explica los factores que llevaron al declive del oficio y como esto influye en el ámbito sociocultural. De esta manera se pueden encontrar estrategias para su conservación, protección o difusión según convenga a los actores sociales involucrados. La pregunta de investigación parte de rastrear los orígenes histórico-contemporáneos de los aguamieleros que se dedican a la producción y comercio tradicional del aguamiel en la ciudad de Zacatecas ¿Qué factores afectan la preservación del oficio aguamielero y quiénes se relacionan con la producción y la comercialización del aguamiel en Zacatecas?

El oficio tradicional actual en Zacatecas

El comercio del aguamiel realizado en las calles del centro histórico y el característico “burrito” en el que se transporta y comercializa esta bebida son pieza fundamental de esta práctica en la cultura zacatecana.

Para llevar a cabo esta investigación etnográfica se delimitó nuestra área de estudio al centro histórico de la capital zacatecana, en la cual se localizaron los lugares en donde se comercializa el aguamiel, dentro de estos hay cuatro diferentes aguamieleros los cuales se ubican en los puntos geográficos que se describen a continuación.

Se le puede encontrar a un aguamielero de 72 años en la esquina de Tacuba frente a la fuente de los faroles, quien se  dedica a este oficio desde que tenía cinco años de edad. Luis Mireles Salazar otro aguamielero, está sobre la avenida Hidalgo enfrente del callejón de la bordadora. Él a sus 50 años de edad comenzó en actividad hace dos años y Pedro Salcedo e Isidro Carrillo quienes se pueden ver en contra esquina de la plaza Zamora sobre la calle Aldama. Ellos se alternan el  sitio de trabajo durante la semana aunque no son familiares. También se le puede ver a Isidro en la plazuela de Vivac en las ocasiones que Pedro se encuentra en su lugar habitual.

Los procesos de venta y compra del aguamiel

Al vendedor lo acompaña un burro. El aguamiel se vende en vasos de plástico desechable y  tiene un precio de diez pesos cada uno.

Se puede decir que la mayoría de los compradores han consumido del mismo vendedor varias veces, la relación que tienen estas dos personas es estrecha y fraterna, pues son gente que mantiene relaciones de amistad desde hace mucho tiempo. El comprador consume la mercancía en el mismo lugar, mientras puede verse que se establecen alrededor del burrito conversaciones agradables.

El comprador consume la mercancía en el mismo lugar, mientras puede verse que se establecen alrededor del burrito conversaciones agradables. Otro tipo de clientes frecuentes son los que compran por litros, estos llevan consigo aguamiel para consumirlo posteriormente. También existe el cliente irregular o poco frecuente, el cual al momento de ver al “burrito aguamielero” transitar por las calles, es invadido por un sentimiento de nostalgia que le hace recordar los años provinciales, por lo tanto se detiene a compra un poco y mientras bebe cuentan sus anécdotas relacionadas con este delicioso néctar (Foto 2). Por ultimo tenemos al turista, que es un consumidor eventual que asiste a los sitios donde el “burrito” se encuentra estacionado en alguna esquina del centro histórico.

Por lo general los consumidores locales son individuos adultos o en senectud, mientras los turistas son de todas las edades.

Los “aguamieleros” llegan después de transcurrir una hora y media o dos de camino desde la comunidad de Hacienda Nueva.  Están en su lugar de venta entre las 8:00 y 8:40 am y termina su día laboral aproximadamente a las 11:30 am, pero sus jornadas no son siempre continuas ya que se les puede ver algunos días y otros no.

Testimonios de aguamieleros, consumidores y transeúntes

Las entrevistas realizadas a los consumidores, transeúntes y al aguamielero fueron estructuradas y semi-estructuradas mediante la conversación informal y al igual que los compradores habituales, aproveché estos momentos mientras bebía un vaso de aguamiel.

Captura de Pantalla 2019-06-17 a la(s) 0.58.32Foto 2. Tomada el 21 de junio del 2011

Los aguamieleros

Los cuatro son originarios de la comunidad de Hacienda Nueva, una comunidad aledaña a la capital. Ninguno de ellos se dedica o ha dedicado de tiempo completo al comercio del aguamiel, uno de ellos fue brasero y trabajador de la mina, mientras los otros tres trabajan de obreros en la construcción y como mineros. La cantidad de aguamieleros ha sido fluctuante a través del tiempo, al parecer – nos cuenta uno de ellos- cuarenta años atrás él conocía treinta aguamieleros, pero que ahora solo a cuatro, pero por otra parte otro se trasladó a un año atrás.

“Antes hace como un año nada más estábamos dos o tres hoy ya hay más. Unos se van a Fresnillo y otros a Calera” (Pedro Salcedo, 20 de Julio del 2011)

La producción

El proceso comienza en su propia parcela familiar en donde tienen de 10 a 30 magueyes,

“Tenía unos 12 pero me los roban para hacer birria y otros se los comen las vacas y tardan como 20 años en madurar” (Aguamielero de Tacuba, 22 de julio de 2011, Centro histórico de Zacatecas).

Los Magueyes se preparan para que se les pueda extraer el aguamiel del corazón. Pero para esto se tiene que pasar por varios pasos: el dejar madurar el maguey unos 15 años, descapotar, raspar diariamente (para algunos en la madrugada), esperar y recolectar.

Solo el aguamielero trabaja en este oficio porque regularmente a los hijos les avergüenza practicarlo o bien porque éstos muestran un desinterés. La producción diaria oscila entre dos y cinco litros por maguey según nos cuentas los cuatro aguamieleros.

El Burrito y los contenedores de cerámica

El burro, siempre utilizado como medio de transporte y como generador de fuerza bruta, una especie siempre al servicio del hombre, y que en este caso no es la excepción. El burro es quien transporta la preciada mercancía y a su compañero el aguamielero en todo el transcurso laboral. Terminada la jornada diaria es hora de alimentarlo, su dieta se basa en una ración de heno que al final de la semana se convierte en una paca entera, lo que equivale a cincuenta pesos de las ganancias por su trabajo. Sobre su lomo carga una estructura con cuatro compartimientos de madera y palos, que sirven para sostener cuatro jarrones de cerámica que contienen el aguamiel. Para conservarse fresca e impedir que se derrame el líquido, a los contenedores se les coloca un tapón hecho de pencas enroscadas de maguey. La mayoría de los comerciantes no sabe de donde son originalmente estas vasijas, solo pasaron de generación o se las vendieron, pero como comentó el de mayor experiencia, éste las consiguió en Tlaquepaque, Jalisco.

El oficio del aguamielero depende en gran medida del burro, el transportar y cargar no es lo más importante de su trabajo, algo que sostiene el consumo de muchos compradores es su presencia, su imagen y su peculiaridad, aparte de ya ser parte de una tradición.

“Pues sí me ven en camioneta o así nada más con unos botes, pues nadie me va a comprar” (Pedro Salcedo, 19 de julio de 2011, Centro histórico de Zacatecas)

La venta y el consumo

Tres de los aguamieleros llegan al centro histórico montados en el burro desde la comunidad de Hacienda Nueva después de una hora y media o dos transcurridas, y  haber pasado por caminos de terracería y brechas entre los cerros, cargando entre 18 y 20 litros de aguamiel cada uno. Un caso muy especial y sobresaliente es del aguamielero Isidro quien no lo adquirió por tradición familiar, pues él siendo de la misma comunidad que los demás no emplea al asno para llegar a su destino, él utiliza un automóvil llevando consigo el aguamiel en recipientes plásticos, para posteriormente ya estando en la ciudad, verter la bebida en los jarrones y colocarlos a cuestas del burro que está en una casa propia en las periferias del Centro histórico y de ahí se dirige a su punto de venta. También es el único que trabaja los domingos vendiendo en el tianguis de un municipio a un costado de la capital, pero esta vez sin burro.

Todos expenden el aguamiel en el mismo sitio, pero no periódicamente. Ellos creen que aun la gente consume aguamiel por sus cualidades nutricionales, cosa que saben, porque ellos y sus familias también lo toman.

Pérdida del oficio

Se consume menos aguamiel pero no han disminuido las ventas, al parecer hay temporadas donde tienen más ganancias. Estas temporadas coinciden con las vacaciones y la llegada de los turistas

Algunas personas sustituyeron por completo el consumo de este producto por la leche. Cuando empezó la industria lechera a tener un gran auge a partir de su embasamiento en cartón, afectó en gran medida la demanda de aguamiel, pues según el testimonio de un antiguo consumidor local, con lo que cuesta un litro de aguamiel actualmente pueden comprarse seis litros de leche. A su vez al disminuir la demanda los aguamieleros fueron buscando otras alternativas de trabajo, con ello el número de vendedores de esta bebida disminuyó hasta encontrarse al borde de la extinción.

El oficio ha vuelto a mantenerse un poco estable gracias al turismo, pero solo es cuestión de tiempo, ya que por ser un trabajo tan duro que requiere de tiempo, esfuerzo y paciencia, por falta de interés en los descendientes de los aguamieleros y por los procesos globales está muy próximo a desaparecer.

Algunos puntos sobresalientes de las entrevistas a consumidores y transeúntes:

a) Los individuos jóvenes no conocen el aguamiel y no lo han probado.

b) Los adultos consumen este producto para la salud y el tratamiento de enfermedades como la diabetes y padecimientos renales.

Se debe hacer mención que en Zacatecas el consumo de pulque no es tan común, no existe ninguna pulquería, siendo el aguamiel la materia prima de este.

c) Algunos consumidores entrevistados comentaron que prefieren el aguamiel por tener un sabor dulce. Al parecer relacionan al pulque principalmente con la embriagues, pero para éste caso les agrada más la cerveza.  Por su parte los aguamieleros no saben hacerlo y saben que no lo venderían porque ni siquiera ellos lo consumirían.

d) Una de las causas por que algunas personas dejaron de consumir fue por el aumento de su valor monetario.

Algunas consideraciones finales

Efectivamente el característico “burrito” da el toque llamativo y tradicional a este oficio, es una pieza fundamental de atracción turística que ha convertido a esta actividad en parte de la cultura zacatecana y la ha rescatado un poco de la extinción.

Después del análisis realizado, se determinaron los factores que intervienen en el declive del oficio aguamielero en Zacatecas:

Al haber menos magueyes, como consecuencia hay menos producción. Teniendo en cuenta que el tiempo aproximado  para la maduración en donde se puede extraer el néctar del maguey es de aproximadamente 15 años y que una vez quebrado y retirado todo el aguamiel de la planta esta morirá.

Al no plantarse más magueyes este oficio no es sustentable

La falta de interés o el desconocimiento de esta bebida por parte del sector joven de la sociedad también tienen gran peso.

La falta de interés por continuar en el oficio aguamielero por parte de los descendientes o de las nuevas generaciones.

La introducción de la leche y otros productos envasados han desplazado al consumo del aguamiel, los cuales son más baratos.

Existe una falta de interés por parte de las autoridades.

Los tiempos actuales exigen nuevas estrategias para el comercio de este tipo de bebidas tradicionales  Como en el caso del aguamielero Isidro quien busco nuevas alternativas para el ahorro de tiempo dejando al burro y su equipo cerca de la ciudad, mientras el hace el mismo recorrido que el de sus colegas, pero él en camioneta y transportando el aguamiel en botes plásticos. Aun así esto no salva a la tradición, ya que la forma de transportar el aguamiel le influye en el sabor, al contenerlo en plástico y no en cerámica, también los tiempos en los que raspa el maguey son distintos que los tradicionales por lo que el producto que él vende es de mala calidad.

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Bibliografía:

ARTES de México. 1960 Año XXII No. 194 / 195, Pág. 109

BARFIELD, Thomas, 2000. Diccionario de antropología, Siglo XXI.

BREÑA, Luis, Domínguez, González, Esquivel, Lucio. 2010 “Estrategia de exportación del pulque enlatado”, Tesina para obtener el titulo de ingeniero industrial y licenciado en administración industrial, Unidad Profesional Multidisciplinaria de ingeniería y Ciencias sociales y Administrativas, IPN, México D.F, archivo electrónico visto el 1 de junio del 2010 en

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CONABIO, 2010

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VARGAS, Carla, 2009 “Obtención de insumos de interés industrial a partir de las fructanas del agave mezcalero potosino (Agave salmiana)”, Jiquilpan, Michoacán, IPN.

EDÍN Alaín 2007 “Burrito de Aguamiel”, Documental.

BURCIAGA, José 2010 Zacatecas: Memoria sobre el Arte Popular, IDEAZ, Zacatecas, México, Pp. 59.

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ArKeopatías opera bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento – NoComercial – Compartir Igual 4.0 Internacional License, por lo que agradecemos citar la fuente de este artículo como: Proyecto ArKeopatías./ “Textos De La Casa #140″. México 2019. https://arkeopatias.wordpress.com/ en línea (fecha de consulta).

ARK_MAGAZINE #24 // ÉTICA Y PATRIMONIO

¡YA SALIÓ! //
¡Paren todo, es hora de leer!
http://bit.ly/2UTE763

#yoleoarkmagazine
#éticaypatrimonio
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ARK_Magazine [Textos ArKeopáticos] convocó hace algunos meses a participar en este número especial de la revista, donde pretendemos abordar la relación entre ÉTICA y PATRIMONIO desde un punto de vista teórico y práctico, preguntándonos, sobre todo, si la ética podía funcionar como mecanismo o herramienta transformadora de paradigmas en las acciones y relaciones humanas, laborales, de investigación, gestión, administración o cualquier otra que toque el amplio espectro de lo que llamamos patrimonio. Para ello, buscamos textos que se plantearan críticamente el papel de la ética en el juego de poder que es el patrimonio y su gremio, desde lo técnico hasta lo humano.

De esta forma recibimos contribuciones de arqueólogos, arquitectos, museógrafos, restauradores y sociólogos, quienes nos comparten aquí sus reflexiones, crítica y análisis de las problemáticas y experiencias en cada una de sus áreas, así como el planteamiento de propuestas encaminadas a propiciar buenas prácticas en estos rubros, que favorezcan, sobre todo, la protección del patrimonio cultural al interior y exterior de las instituciones, partiendo de un reconocimiento de los saberes frente a la burocratización y la especulación, sin olvidar el componente de responsabilidad que nuestras profesiones tienen con la sociedad, sobre todo en el contexto político pos-neoliberal. Por supuesto las reflexiones no son locales, pues al compartir problemáticas con el mundo, cada uno de los planteamientos se vuelven globales, tanto en el diagnóstico como en las visiones hacia un futuro deseado, cada vez más promisorio.

Este número se despliega a partir de una curaduría que privilegia la lectura, digamos lineal (así los invitamos a hacerlo), donde empezamos sentando algunas bases de los principios filosóficos y teóricos de la ética, su relación con la moral y el mundo contemporáneo, para “entrarle” de lleno a una serie de temas y casos, tanto en México como en España, de prácticas cuestionables ya sea al interior del gremio, como hacia el exterior, es decir, en la relación de este con el medio social que le rodea en el trabajo cotidiano.

Finalmente, en cada uno de los textos encontramos pistas que nos ayudarán a construir, en adelante, relaciones cada vez más virtuosas entre cada uno de los actores que nos vemos involucrados en el fin último de nuestro quehacer, la conservación de la memoria de los pueblos en lo local y del mundo en un sentido amplio y universal. De ese tamaño es el reto que tenemos frente a nosotros. Confío en que cada uno de ustedes está haciendo su parte, sirva entonces esta edición para dar guía e impulsar ese camino, a través de la crítica, en principio, de nosotros mismos.//

Pueden consultar la revista completa en la siguiente liga: https://issuu.com/arkeopatias/docs/ark24

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DE LA CASA #138: TESTIFEROS Y AHUAQUES, GUARDIANES DEL AGUA EN LA SIERRA DE TEXCOCO/ IKG.

Por Ivan Kevin Gil Cruz

El territorio serrano de Texcoco está compuesto por las comunidades de San Jerónimo Amanalco, Santa María Tecuanulco, Santa Catarina del Monte y San Pablo Ixayoc. Además de los cerros Tlaloc, Tlamacas y Tezcutzingo, donde abundan los arroyos y manantiales que suministran de agua potable a los pobladores de Texcoco, Tepetlaoxtoc y San Miguel Tlaixpan.

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En la sierra existe un mundo extrasensorial, que algunas veces puede ser difícil de comprender, entender y aprender por la mayoría de los investigadores sociales, pero, hay personas que viven de forma cotidiana experiencias mágicas como atraer a las nubes, para otorgar lluvia en la tierra y de esta manera tener campos de cultivo abundantes y prósperos en la época de cosecha.

De acuerdo con las fuentes los Testiferos son humanos que nacieron con dones, para sanar o en algunos casos, para dañar. Son expertos ritualistas, que dedican parte de su vida a intermediar entre el mundo de los Ahuaques y el de los humanos, para aliviar enfermedades y propiciar una temporada de cultivo prospera. Resulta interesante como, a partir de un ritual de ofrendas con flores, semillas, licor, velas, humo de tabaco y oración estas personas tienen el poder de hacer llover e incluso de evitar cualquier tipo de tempestad en los cultivos, por ejemplo, que caigan heladas o granizadas.

Ahora bien, los seres llamados Ahuaques habitan en las fuentes de agua de la sierra y de acuerdo al trabajo etnográfico realizado por David Lorente (1996), pueden enfermar de locura hasta la muerte, a quienes no respetan los arroyos, manantiales y en general al medio ambiente son de aspecto pequeño, suelen tener género, jerarquía social e incluso religión. Bajo estas circunstancias los Testiferos tienen la cura, para sanar la locura que producen los guardianes de la sierra texcocana, mediante rituales de ofrenda en las fuentes de agua, (manantiales, arroyos, ojos de agua, etc.) recuperan la salud del convaleciente. Pero no todo sucede así de sencillo atrévanse a descubrir el mundo mágico de los Testiferos y Ahuaques en la sierra de Texcoco.

De acuerdo, con las narraciones (David Lorente, 1996) en San Jerónimo Amanalco los Ahuaques tienen una personalidad traviesa, burlona e inclusive ambiciosa ya que son capaces de apropiarse del alma de aquellos humanos irrespetuosos del medio ambiente. Estos seres, que para la mayoría de nosotros no son visibles tienen la función principal de proteger, resguardar, cuidar y preservar las fuentes de agua (manantiales, arroyos, ojos de agua, etc.), en los cerros y/o las montañas.

Sin embargo, la apropiación del alma también se puede dar por motivos egoístas de los Ahuaques, porque de acuerdo con las narraciones de Don Cruz había una mujer de aproximadamente 35 años, que solía lavar su cabello en el río de San Jerónimo Amanalco, varios meses después esta mujer comenzó a realizar actos inconscientes como desnudarse en público, deambular por el bosque de noche y sola, conversar o discutir con el aire, etc.

Don Cruz nos comenta, que los Ahuaques le robaron su alma, para convertirla en la reina de su territorio algo sumamente interesante, porque estamos en presencia de una sociedad que tiene una jerarquía social establecida. Lamentablemente la familia de la joven no pidió auxilio de un Testifero y la mujer falleció al año siguiente con un dictamen clínico que señalaba un derrame cerebral.

¿Quiénes son los Testiferos? Son hombres o mujeres que nacieron con los poderes de controlar el clima, pero, también se pueden comunicar con los Ahuaques, con el fin de reincorporar el alma, de esta manera la persona afectada solicita la ayuda del Testifero llevándole una ofrenda o pago, que puede ser dinero, algún animal (borrego, puerco, guajolote, gallina, gallo, cabra y/o caballo), costales de semillas, maíz, frijol, calabaza, alverjón, etc. o alguna cosa de valor. Así el especialista meteorológico se dirige, a la fuente de agua donde se cometió la ofensa, para recuperar el alma por medio de un ritual.

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El Testifero y la persona sin alma se presentan ante los Ahuaques con ofrendas de flores (endémicas de la región), semillas (maíz, frijol, cacao, etc.), 3 velas o veladoras, humo de tabaco, la imagen del Ángel San Miguel, platos, vasos y ollas de juguete con dulces que pueden ser amaranto, cocadas, tamarindos, etc. se lleva licor (pulque o mezcal), ramas de pirul, huevos de gallina y al despojado de su alma arrepentido.

Todos los elementos se ofrendan por el Testifero entre rezos, oraciones y cantos en lengua náhuatl hacia los Ahuaques procurando seguir un orden que solo el sabio del tiempo conoce. La persona sin alma debe rogar el perdón a los Ahuaques cuando el Testifero se lo indique, de esta manera la negociación del alma implica varios elementos:

1) El sabio del tiempo o Testifero ofrenda: flores, semillas, fuego, licor, dulces y tabaco a los Ahuaques en los espacios sagrados donde habitan (de preferencia donde la persona perdió el alma).

2) La persona sin alma arrepentida y de corazón les ruega el perdón a estos duendes del bosque mientras el Testifero le realiza una limpia a su campo energético.

3) Cuando se termina el ritual de sanación se lleva a la persona ya con alma al hogar, para que allí retome fuerzas, para continuar con su vida.

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De esta manera, el Testifero recupera el alma de los afectados, sin embargo, los tiempos cambian y en pleno 2019 es muy difícil conocer personas que posean este tipo de habilidades. Estamos viviendo una época donde el pensamiento occidental arrasa con la cosmovisión de los guardianes de la sierra de Texcoco.

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Bibliografía:

Broda, Johana. Ritos mexicas en los cerros de la cuenca: los sacrificios de niños, en Joanna Broda y Arturo Montero (coords.). La montaña en el paisaje ritual. INAH-CONACULTA. México pp. 295-317, 2001.

Lorente y Fernández, David. La Razzia Cósmica una concepción nahua sobre el clima del agua y graniceros en la sierra de Texcoco, editorial Publicaciones de la Casa Chata, CIESAS y Universidad Iberoamericana. Impreso en México, 2011.

López Austin, Alfredo. Cuerpo humano e ideología. Las concepciones de los antiguos nahuas, UNAM/IIA, 2 vols. México, 1996.

Palerm, Ángel y Erick Wolf. Agricultura y civilización en Mesoamérica, SEP Setentas. México, 1972.

Vigliani, Silvina y Roberto Junco. Bajo el volcán. Vida ritual en torno el Nevado de Toluca. INAH. México, 2013.

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Sobre el autor: (Texcoco de Mora, Edo. Méx. – 1993) Arqueólogo por la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), con experiencia profesional en: Excavación en Teotihuacán, realizada por el arqueólogo Rubén Cabrera, en 2014. Reconocimiento de superficies en Copalita, Huatulco, Oaxaca por el arqueólogo Raúl Matadamas, en el año 2015. Excavación en Tezontepec, Hidalgo, por el arqueólogo Eduardo Ambrosio, en 2016. Excavación en el Templo Mayor, a cargo del doctor Leonardo López Luján, en el año 2017. Es asesor de viajes y guía turístico, en la Agencia: Ollin Machtia, desde el año 2018. Contacto: nahui.ollin2018@gmail.com

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Fotografías: Monte Tláloc. Autor: Ivan Kevin Gil Cruz

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