FOLIO #1: RECORRIENDO SANTO DOMINGO (1era. sesión de los TACO’S)/ CDT.

Por Cristina Desentis Torres

Punto de encuentro: el mural de Metro C.U. Cierto es que en mis visitas a la ahora llamada CDMX acostumbro usar el sistema de transporte colectivo Metro, ese enredijo a veces subterráneo y otras a vuelo de pájaro donde en resumidas cuentas “hay de todo”. Esta ocasión fue diferente, pues la cita era en un rumbo que no frecuento: la estación Universidad. Dejé el andén buscando no una dirección o salida en particular, sino un mural, no sabía cuál ni en qué ubicación específica, pero alguno debía haber pues la referencia se hacía tan familiar como un domicilio conocido. Un clavado en la red: el mural “La universidad en el umbral del siglo XXI” (acrílico sobre tela; 55 m2), autoría del pintor Arturo García Bustos, fue inaugurado en 1989. En su parte central muestra el emblema de la Universidad, el cóndor y el águila; a la diestra sus grandes creadores y ejemplos de la labor científica y académica que ahí se gesta; y del lado izquierdo un recorrido por los periodos históricos más significativos que dieron lugar al estado-nación mexicano: la época prehispánica, el virreinato y el México revolucionario[1].

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Pues bien, ese día el nombre del mural quedó en incógnita porque la cédula estaba cubierta. Sin embargo, con el rato que estuvimos ahí es evidente que constituye un punto de encuentro, pues había varias personas esperando, muchas de ellas mirando sus teléfonos móviles, algunos sentados en el piso leyendo, otro más platicando. Para el pasajero que desciende en metro C.U., el mural es ese punto final de la estación donde se pueden tomar dos salidas, una hacia la UNAM y la otra hacia el Barrio de Santo Domingo. Tomando esta última, bajar a la calle es como muchas otras estaciones del metro donde hay paraderos de combis y micros con diferentes destinos…

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A través de “El Paso”

Tomamos una callecita corta y estrecha, popularmente conocida como El Paso. A través de este camino reducido y atestado de gente, vendedores y puestos de comida, se entra como tal al barrio de Santo Domingo. Hay mucho movimiento en la calle. Es medio día, domingo, día de mercado. Recorrimos calles asfaltadas donde los autos y micros se disputan el derecho de paso y plaza de estacionamiento, invadiendo las banquetas si es necesario. Las banquetas varían en anchura y cantidad de imperfecciones, y son escenario de diversas actividades del cotidiano: venta de comida, lavado de autos, bazares de fin de semana, etc. Aunque impera el gris de las construcciones, la mayoría habitacionales, esto se intercala con la típica anarquía cromática de los barrios mexicanos cuya formación y crecimiento obedece a una constante llegada de gente de fuera. Esta manera como se fue poblando el barrio, probablemente explique el curioso fraccionamiento de las cuadras, donde abundan privaditas o callejones sin salida. Como característica del barrio, las calles llevan nombres en náhuatl. ¿Por qué? Esta es una de las tareas interesantes a investigar.

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Con la protección de Yacatecuhtli: Día de mercado

Sobre las calles Copal y Jilotzingo recorrimos parte del mercado que se asienta los domingos sobre la vía pública con una amplia variedad de productos comestibles, ropa, flores y accesorios de todo tipo. La organización de los comerciantes se ve que lleva años y es muy buena, pues hay un orden en el derecho de piso, uniformidad en las estructuras de sus puestos y el color de sus lonas, y exhiben una manta con la leyenda “Unión de comerciantes en pequeño de baratas populares y permanentes A. C.” acompañada de un par de imágenes, una de Cuauhtémoc y otra de Yacatecuhtli, dios del comercio. Ni la Iglesia del barrio se salva de tener parte de su fachada tapada con la línea de puestos que se extiende sobre Jilotzingo, cosa que no impide los servicios religiosos. En las calles adyacentes algunos vecinos instalan bazares de segunda mano en sus cocheras o sobre las banquetas frente a sus domicilios, ampliando la oferta de productos. Un problema urbano que generan estas actividades es la reducción de las calzadas por la instalación de puestos y por ende un caos vial, ya que sobre el arroyo vehicular también van peatones, comerciantes moviendo sus mercancías, y especialmente para los micros se complica el paso por su tamaño.

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Privadas y nichos

Personalmente, hallé parte del encanto de este barrio en la cantidad de privadas que hay porque muestra un fraccionamiento urbano caprichoso y que me lleva a preguntarme por la relación que puede existir entre los vecinos de dichos espacios restringidos, los conflictos de su formación y la convivencia que provoca esta cercanía, así como la apropiación de ese pedacito de calle por quienes ahí habitan.

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Por otra parte, la presencia de nichos resguardando diferentes santos o advocaciones marianas muestra la religiosidad de los vecinos, el culto especial a estas imágenes y la dedicación para preservar cuidadas y adornadas estas pequeñas moradas. Éstos tienen un carácter público, pues se hallan sobre las banquetas de calles grandes, muchos en jardineras que parecen aprovechar la doble función de adornar el espacio con vegetación, proveer sombra y además servir de marco para los nichos; vimos también un ejemplo colocado en el tronco de un árbol. Casi todos están ofrendados con flores, veladoras, e incluso resguardados con vitrinas, rejas y candados.

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Preguntas que surgen a partir de estas bellas representaciones de la religiosidad popular son conocer más sobre las fiestas patronales del barrio, así como de los pequeños cultos, si son de introducción más tardía, y qué sector de la población (en cuando a edades, procedencia, etc.) se identifica particularmente con estas imágenes.

La fuerza de la colectividad

El tema del gasolinazo en toda la República sigue siendo actual y no fue extraño observar en el barrio de Santo Domingo diversas manifestaciones públicas en soportes varios contra esta medida federal a todos los niveles: desde propaganda de la que se cuelgan los partidos políticos, hasta organizaciones más formales y duraderas de grupos vecinales que desde hace varios años han peleado por causas diferentes en el afán de defender sus derechos y recursos, acciones personales y participación de colectivos.

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Hablando de muros…

Para mostrar un poco del colorido de este barrio y de las cosas positivas que puede hacer la gente para darle vida e identidad al lugar en donde vive, es interesante prestar atención a la multitud de bardas pintadas, unas sí con grafitis que legalmente han de considerarse vandalismo, pero también otras tantas con murales cuya iniciativa, permisos y ejecución debe ser interesante indagar. Los temas y estilos son variados, pero no deja de recordarnos la intención de hacer visibles ideas, deseos, preocupaciones o motivos que ponen de manifiesto esta necesidad de expresión de los habitantes y cómo hacerlo a través de formas plásticas. Sonará trillado, pero el arte sigue siendo una respuesta a muchos de los problemas sociales que atravesamos como país.

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Fotos: Juan Tonchez y Cristina Desentis.[1]: http://www.metro.cdmx.gob.mx/cultura/murlauniversidad.html

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Sobre la autora: (Oaxaca de Juárez, Oaxaca, 1985). Arqueóloga por la Universidad de las Américas Puebla (2011), ha participado en diversos proyectos, salvamentos y rescates arqueológicos en los estados de Oaxaca y Puebla. Coautora de ponencias en el XVI Congreso Nacional de Estudiantes en Ciencias Antropológicas (BUAP, Puebla, 2006), la 74th y 76th Annual Meeting of the Society for American Archaeology (Sacramento, California, 2009 y Atlanta, Georgia, 2011) y el VIII Coloquio Pedro Bosch Gimpera (UNAM, Ciudad de México, 2014). Labora desde 2007 en la Coordinación de Apoyo Arqueológico de la Universidad de las Américas Puebla en la ciudad de Cholula. Ha cursado diplomados y seminarios en el campo de la gestión cultural y usos públicos de la historia (CONACULTA, Taller Multinacional, Instituto de Estudios Críticos 17) en un creciente interés por la relación entre la producción científica de la arqueología y la historia, la memoria social y la política. Actualmente estudia la Maestría en Humanidades, línea formación docente en la Universidad Autónoma de Zacatecas, en el eje de Gestión del Patrimonio Cultural.

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ArKeopatías opera bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento – NoComercial – Compartir Igual 4.0 Internacional License, por lo que agradecemos citar la fuente de este artículo como: Proyecto ArKeopatías./ “Folio #1: Recorriendo Santo Domingo″. México 2017. https://arkeopatias.wordpress.com/ en línea (fecha de consulta).

TACO’S / TALLER(ES) DE ACONTECIMIENTOS // SESIÓN UNO: FOTOGALERÍA

Versión 2

#ArKeopatías en la #calle.// 1ra. Sesión de los #TACOS.// Comenzamos con mucha energía las sesiones de taller en #ArKeopatías. El pasado domingo estuvimos con las amigas que se integraron a este proyecto, caminamos y observamos el entorno inmediato bajo la premisa de que el cuerpo es nuestro primer mapa.// Muchas gracias a Pamela y Cris Desentis, nuestras primeras invitadas a la mesa de #LaFondark.// ¡Nos vemos en la próxima sesión!

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#Ciudad #Talleres #Acontecimientos #patrimoniobarrial #LaFondark #TACOS #unaordencontodo #delaquepica #calles #metro #CU #CiudadUniversitaria #SantoDomingo.//  Fotos: Juan Tonchez / Proyecto ArKeopatías (cc)

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TACO’S / TALLER(ES) DE ACONTECIMIENTOS // SESIÓN UNO

Si deseas integrarte, la próxima reunión y primera sesión de trabajo de los #TACOS, será el domingo 22 de enero a las 12:00 pm en el mural del Metro CU (línea 3), Ciudad de México, ahí les contaremos a los asistentes los detalles de esta actividad, sólo deben llevar zapatos cómodos y una cámara fotográfica (puede ser del celular).// Detalles en: arkeopatias@gmail.com

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#TACOS, ¿Quieres probar? Hay de #Arqueología, #Arquitectura, #Urbanismo, #Patrimonio, #Antropología, #Conservación, #Restauración, #Urbanismo, #Arte, #Diseño, #Fotografía y campechanos… estamos seguros que vas a pedir más.// #arkeoproyectos #arkséptimoaniversario #quieroprobar #contodo #delaquepica #demedos #paracomeraquí #parallevar…

 

¡TACO’S (Junta Informativa)!

#TACOS en #LaFondark.// En la Junta Informativa para los TAller(es) de aCOntecimientos by ArKeopatías.// Gracias a los chicos que nos acompañaron hoy.// Estamos listos para empezar esta nueva aventura. Pronto más noticias para todos los que se quieran sumar.//

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#Talleres #Acontecimientos #unaordencontodo #arkeoproyectos #arkséptimoaniversario #quieroprobar #contodo #delaquepica #demedos #paracomeraquí y #parallevar 

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#LasPrestadas: Violencia y narco obstaculizan el trabajo de arqueólogos.

Por Reyna Paz Avendaño

Reportaje. Crónica narra algunos de los casos de violencia que han provocado la disminución del trabajo arqueológico en los estados de Durango, Jalisco y Michoacán. No obstante, el trabajo de los investigadores continúa en diversas zonas de conflicto.

En el camino que diario tomaban para ir a su campamento de trabajo apareció un narcomensaje, la nota era una amenaza de muerte con firma de Los Zetas. Era el año de 2010. Fue entonces cuando el arqueólogo José Luis Punzo y su equipo de trabajo apresuraron las investigaciones en San Bernardino de Milpillas, Durango, para proteger un sitio prehispánico con barreras antifiltrantes y cortafuegos. Pero otras comunidades duranguenses con patrimonio arqueológico no tuvieron la misma suerte: el fuego cruzado destruyó la vida local, incluido el campamento de los arqueólogos.

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Una situación similar vivió el año pasado el arqueólogo Eduardo Ladrón de Guevara en Jalisco. Mientras un helicóptero del Ejército era derribado por el Cártel Jalisco Nueva Generación, el investigador tenía la tarea de registrar vestigios prehispánicos en una zona aledaña al incidente, la Sierra de Ameca; sin embargo, por su seguridad, lo transfirieron a otra zona, los Altos de Jalisco, pero ahí la violencia con cara de hombres armados también les impidió hacer su trabajo.

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Ésas son algunas historias que han vivido en los últimos años especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y son testimonios que evidencian cómo la violencia a causa del narcotráfico ha provocado la disminución del trabajo arqueológico en los estados de Durango, Jalisco y Michoacán.

Narcomensajes y pueblos quemados.

El arqueólogo José Luis Punzo llegó a la Sierra Madre Occidental de Durango en 1994 a excavar y registrar ciudades prehispánicas, pero llegó cuando el cultivo de amapola y la extracción de su savia para producir heroína ya era una práctica cotidiana.

“Llegué a la sierra, a la región Mesa de Tlahuitoles, en el invierno de 1994, en ese momento podíamos llegar a cualquier poblado después de las cortesías de rigor y explicar lo que hacíamos. Al ver que éramos unos locos inofensivos buscando cosas viejas se nos invitaba a pasar (a sus casas), a comer y a dormir, estableciéndonos con las familias. Así, pudimos hacer varias temporadas de trabajo al año”, señala el arqueólogo que trabajó en la zona hasta 2012.

De 1994 a 1999 el investigador del INAH comenta que en la sierra se podía vivir con bastante comodidad, hasta que inició la militarización de la región durante los sexenios de Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón Hinojosa.

“La violencia en la zona aumentó en 2007, con la disputa de los cárteles de Sinaloa y Los Zetas, los propios cárteles comenzaron un proceso de militarización de sus integrantes, cambiando las estrategias, formando lo que se ha conocido popularmente en esa región como la mafia nueva. Eso en la sierra ocasionó una fuerte ruptura en el tejido social que funcionaba a través de las relaciones de parentesco a escala regional, eso se trastocó porque ahora la relación era con el cártel con el cual se trabajaba”, platica.

Tal panorama hizo que el equipo de José Luis Punzo implementara nuevas estrategias para el trabajo de campo porque ya no tenían claro con quién debían hablar para desarrollar las excavaciones sin riesgos ni malentendidos.

“En 2007 iniciamos un proyecto de investigación en las Casas en Acantilado de la Cueva del Maguey, zona indígena del estado de Durango, y para iniciar el trabajo fue muy importante contar con el consenso de la comunidad y las autoridades tradicionales ya que la cueva (a estudiar) se encontraba en una zona de cultivo muy fuerte de amapola y mariguana”, recuerda.

Los estudios arquitectónicos, la conservación de vestigios y el registro puntual de materiales en dicho sitio, indica Punzo, se lograron gracias a la fuerte vinculación que establecieron con las autoridades comunitarias de San Bernardino de Milpillas, sin embargo, la investigación terminó abruptamente en 2010.

“En verano de 2009 recibimos una amenaza directa por parte de los grupos de sicarios de la región, Los Zetas. Nos dejaron una nota por la brecha en que transitábamos, amenazándonos de muerte, afortunadamente la comunidad nos arropó, pudimos continuar el trabajo y declaramos junto con la comunidad indígena a San Bernardino de Milpillas Chico como un bosque de alto valor cultural”.

Los arqueólogos además de colocar una cédula institucional que reconoce el valor arqueológico del sitio, trazaron polígonos de protección, hicieron barreras antifiltrantes y barreras cortafuegos. “Pero al subir a la sierra durante la última temporada de trabajo, en el trayecto pudimos ver los primeros pueblos quemados por la guerra entre cárteles”.

En diciembre de 2010, narra el investigador, se quemaron pueblos, entre ellos San Manuel, comunidad donde habían trabajado, entonces “ya no pudimos subir. Tuvimos que suspender el proyecto y no sabemos si nuestro campamento fue saqueado o quemado, ya nunca más regresamos”.

Narcolaboratorios y sembradíos.

“Ante el panorama de violencia surge continuamente una pregunta: ¿cómo cumplir cabalmente y coherentemente el cometido de dar protección al patrimonio arqueológico disperso por la amplia geografía jalisciense?”, comenta la arqueóloga Martha López Mestas, directora del Centro INAH Jalisco y quien afirma que el incremento de violencia en la entidad la ha llevado a replantear medidas de trabajo para asegurar la integridad de los investigadores a su cargo.

“Esta situación ha hecho que nos demos cuenta de que ya no podemos salir tan sencillamente a campo. Muchas de las medidas que hemos implementado son de carácter paliativo, si no es que psicológicas, ya que ante los grupos armados poco se puede hacer y el riesgo de ser levantado o de encontrarse en un tiroteo es latente”, comenta.

Por eso López Mestas se pregunta si en los próximos años los arqueólogos deberán limitarse al trabajo de gabinete y estudio de colecciones, en espera de tiempos mejores.

Para ejemplificar, la responsable del Centro INAH Jalisco realiza un breve recuento de noticias que reportan los medios de comunicación: el Cártel Jalisco Nueva Generación, con el liderazgo de Abigail González Valencia, superó al Cártel de Sinaloa en ganancias netas por el trasiego internacional de narcóticos a Europa y Asia, siendo el cártel mejor conectado con el extranjero, el proveedor número uno de la cocaína para México procedente de Colombia, Ecuador y Perú. También son la principal organización de tráfico de metanfetaminas en Canadá y Europa, al igual que los más grandes traficantes de precursores químicos de Asia y Europa hacia México.

¿Cómo afecta eso a la investigación?, se cuestiona.  “Implica que gran parte de la zona serrana de Jalisco, Colima y parte de Tierra Caliente en Michoacán, se encuentren ocupados por la presencia de narcolaboratorios que procesan clandestinamente los precursores químicos”, responde.

En ese contexto, a mediados de 2012, indica, el proyecto de salvamento arqueológico Macrolibramiento Sur de Guadalajara, tuvo que suspender temporalmente la excavación de un sitio arqueológico en el municipio de Atlacomulco que se encontraba sobre el eje del trazo de la carretera, por encontrarse a escasos 100 metros de narcolaboratorios.

Lo mismo sucedió con los sitios La Boquilla y Las Ánimas en el municipio de Tala, en donde se desmantelaron narcolaboratorios, lo cual dio origen a levantones y asesinatos en los meses de marzo y junio de 2012.

Un caso específico, narra, le sucedió al arqueólogo Eduardo Ladrón de Guevara, quien tuvo que cambiar su zona de trabajo porque acababa de suceder el derribo del helicóptero del Ejército por integrantes del Cártel Jalisco Nueva Generación.

“Sucedió el año pasado, cambié a Eduardo de lugar porque fue entonces cuando tiraron un helicóptero militar, le recomendé que se moviera porque estaba muy preocupada. Lo trasladamos a los Altos de Jalisco, pero tuvo una situación incómoda: se encontró con unos saqueadores que iban armados y que lo invitaron amablemente a que colaborara en el proceso de excavación”, platica la arqueóloga.

Otro problema ligado al narcotráfico es la siembra de amapola y marihuana, actividad común en la Sierra de Ameca que también afecta la conservación del patrimonio cultural.

“Los narcos suelen desmontar varias decenas de hectáreas (de bosque) ocasionando incendios forestales para (que ellos puedan) visualizar a los soldados y, en un momento dado, sembrar. Lo que sucede con esto es que todos los petrograbados ahí localizados se resquebrajan y deterioran”.

¿Cuánto bosque con patrimonio se ha quemado? 

—No lo sabemos, es un problema que están enfrentando las autoridades forestales porque se desmontan para el cultivo ilegal y lo que hemos notado es eso, que realmente el problema de afectación sobre los sitios arqueológicos es muy grande. Con el calor la piedra de los petrograbados se revienta y las áreas pequeñas como unidades habitacionales prehispánicas se arrasan para sembrar amapola o mariguana.

¿Cuántos proyectos arqueológicos se han detenido en Jalisco en los últimos dos años?

—Hemos hecho pocos. Por ejemplo, ahora tenemos el caso de una prospección arqueológica del Parque Eólico Palo Alto en el municipio de Ojuelos, pero nos recomendaron que los arqueólogos tendrían que ir cada día a campo con sus papeles de identificación porque estaba habiendo operativos militares, porque en las mesetas se estaban identificando campamentos de narcotraficantes, en teoría, relacionados con Los Zetas.

“El problema es que si los arqueólogos están en campo, cómo identificar que realmente son arqueólogos. Los estudios de campo se han vuelto riesgosos para ellos”, responde.

¿Ha buscado alguna protección o denuncia legal?

—Cuando hay afectaciones a sitios arqueológicos presentamos la denuncia con quien resulte responsable, pero la decisión de poner una denuncia en términos de violencia pensamos que debemos hacerla pero nos preguntamos si es lo indicado… como delegada tengo que estar consciente de la seguridad de los arqueólogos. Hemos tenidos casos de arqueólogos que han sido amenazados, entonces preferimos resguardar su seguridad.

Autodefensas michoacanas.

Después de que el arqueólogo José Luis Punzo terminó sus investigaciones en Durango, en 2012 le asignaron un proyecto en la cuenca del Río Balsas, región enclavada en la Tierra Caliente de Michoacán.

“Ahí el conflicto nos alcanzó porque con la llegada de Alfredo Castillo y del arresto y sustitución del gobernador, presidentes municipales y de altos funcionarios, surgieron las autodefensas. Nosotros tuvimos muy buena relación con las guardias comunitarias indígenas de Paramuén, donde pudimos hacer buen trabajo de campo con ellos, sin embargo, las autodefensas en la Huacana eran otra cosa, me gustaría aclarar que no todo es lo mismo”, platica.

En 2014 el investigador hizo salvamento arqueológico en el emplazamiento de una presa de riego en Chugüero, Huetamo, en la frontera con Guerrero y una de las zonas más conflictivas del país. “Implementamos las mismas relaciones que habíamos hecho y pudimos trabajar bajo el amparo de las autodefensas de Huetamo, con cortes y restricciones en cuanto a movilidad y horarios de trabajo”.

Fue un año tranquilo porque existía una violencia institucionalizada, es decir, los arqueólogos tenían con quien hablar y de esa forma pudieron trabajar.

“Pero la violencia apareció en la zona tras la disolución de las  autodefensas en 2015, muchas áreas quedaron bajo el control de cárteles locales y nosotros en medio. Gracias a las estrategias de comunidad, pudimos concluir los últimos seis meses del proyecto pero con intimidaciones directas a los arqueólogos. En esa zona registramos 59 sitios arqueológicos”, indica Punzo quien además comenta que a pesar de la violencia, el trabajo de investigación se continúa al igual que la vida de cientos de personas que habitan en localidades consideradas focos rojos de inseguridad.

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Fuente: Crónica.com.mx  [Consultado el 11 de noviembre del 2016] // Fotos: Juan Tonchez. Trabajos de Recorrido de Superficie en Zacatecas, México.