REVISTA #ARK20 // PÉRDIDA Y PATRIMONIO.

PORTADA ARK20

REVISTA #ARK20 //
PÉRDIDA Y PATRIMONIO

En octubre del año pasado ARK convocó a nuestros lectores a compartirnos sus trabajos, mediante artículos, ensayos, opiniones, proyectos, fotografía, video, etcétera, que dieran cuenta de los procesos de documentación y recuperación de la memoria material e inmaterial a raíz de los sismos del pasado mes de septiembre del 2017 en México.A través de disciplinas como la arqueología, antropología, arquitectura, restauración, antropología física y demás afines, quisimos reflexionar sobre las responsabilidades e implicaciones que la pérdida (a veces anterior al sismo mismo) de los referentes del patrimonio cultural tiene en la vida de quienes lo reproducen y le dan sentido.

La amable respuesta de nuestros autores nos entusiasma, por la variedad de enfoques que se dan cita en este número y nos permiten presentarles un rico panorama, como es ya nuestra costumbre, con un fuerte componente crítico y reflexivo que se aleja de los lugares comunes en los que muchos otros cayeron al hablar de estos temas.

Institucionalmente, durante desayunos, reuniones, juntas, entrevistas, las palabras que más se escucharon fueron “la situación (magnitud, cantidad, necesidad…) nos rebasa”, mientras que al lado pasaban verdaderas caravanas de ayuda ciudadana destinadas a apoyar lo prioritario.

Muchos, desde sus lugares hicieron su máximo esfuerzo, no queda duda, sin embargo, los sismos dejaron ver un deficiente sistema de prevención (registro, documentación…) e intervención que no tenía, desde antes de los fenómenos naturales, recursos financieros, técnicos o humanos necesarios para enfrentar la responsabilidad que de pronto se les vino encima.

En este número hemos tratado de reunir las visiones, cercanas y otras laterales, sobre lo que se desencadenó a partir de aquellos trágicos días, asumiendo que nuestra responsabilidad es convertirlos en una oportunidad para transformar las grietas en una verdadera (re)construcción.

La liga a la revista está aquí: https://issuu.com/arkeopatias/docs/ark20

P.D. No se olviden que pueden escuchar la charla con los autores en nuestro canal de YouTube aquí: https://youtu.be/WkpQRp4n4Y8

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ARK es un proyecto encaminado a propiciar espacios de reflexión, análisis y discusión sobre el Patrimonio Cultural. Utilizamos las herramientas de internet para generar investigación y debates con conocimiento, libertad y responsabilidad. Conservamos una postura crítica y sin censura porque estamos convencidos de que es el camino a la transformación de la realidad patrimonial de México y el mundo. Actualmente operamos bajo una licencia Creative Commons 4.0

#LasPrestadas: Leer la ciudad

Por Selene Velázquez

Es hora de ser conscientes de todo el patrimonio perdido en la ciudad de Monterrey, pero no quedarnos sólo en eso. Hay que observar, conservar, proteger y, sobre todo, usar la arquitectura que ya estaba aquí antes que nosotros.

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Foto: Hugo Rodríguez

Érase una vez una ciudad llena de montañas, con un río que la cruzaba, arroyos y ojos de agua; una ciudad llena de árboles, de construcciones de tierra con tiros de chimeneas y patios con naranjos, nogales y granadas.

Quien lea lo anterior podría imaginar esa descripción para lugares fantásticos del centro y sur del país, porque, suena a ensueño, ¿no? Pero la ciudad que describo está justo en el noreste agreste de México: Monterrey. Conste que no me lo invento: en los archivos históricos están las crónicas antiguas de la ciudad, hay todavía registros fotográficos de lo dicho y basta con preguntarles a nuestros padres o abuelos y nos contarán de una ciudad perdida, que ahora se encuentra ahogada prácticamente en cemento.

Con todo y que la modernidad, que a todos nos alcanza, ha cambiado drásticamente la cara de la ciudad, existen varias maneras de conocer y reconocer el Monterrey que existía antes de nosotros, (y no precisamente con el DeLorean). Llegamos entonces, al punto del que les vengo a platicar: el patrimonio arquitectónico de mi pueblo.

“¿Qué?”, me dirán ustedes. “¿Patrimonio arquitectónico en Monterrey?”

Y la respuesta es: ansina mero. Y no, no hablaré por millonésima vez del Obispado o de la Catedral, porque la ciudad está repleta de inmuebles con un alto valor histórico (o artístico, si queremos apegarnos a la Ley de Monumentos) de los que vale la pena hablar.

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Demolición en la calle Diego de Montemayor en el Centro de Monterrey / Foto: Cortesía

Pero entremos en materia. El pasado día 21 de marzo fueron demolidas dos propiedades contiguas en el centro de la ciudad (En la calle Diego de Montemayor entre Ruperto Martínez y Aramberri). Una de ellas, muy probablemente del siglo XIX, por sus características estilísticas ligadas a la arquitectura norestense: muros de sillares de caliche, cubiertas de terrado, dominando en la forma el macizo sobre el vano. La otra de mediados de la década de los cuarentas del siglo pasado, con formas orgánicas y rasgos de un Art Nouveau tardío. La construcción estaba elaborada con ladrillos de milpa (arcillas cocidas), con un domo de cristales de colores y ventanales completos. Las casas estaban íntegras.

Semanas atrás se había “corrido el rumor” que tirarían las construcciones (abandonadas por años), para hacer una clínica. En diferentes grupos de Facebook se pedía ayuda para detener lo que parecía inminente, pero poco se podía hacer siendo propiedad privada. Quien les escribe por acá incluso hizo un video con motivo de la quinta edición del Día del Patrimonio de Nuevo León para subirlo al Facebook de Restāurika, empresa en la que trabajo en la conservación, restauración y difusión del patrimonio cultural, sobre todo, del noreste.

El miércoles 21 de marzo, por la mañana, el ruido de la retroexcavadora sonó fuerte. La demolición había comenzado.

Cerca de las cuatro de la tarde, después de una denuncia ciudadana, el personal que labora en el Instituto Nacional de Antropología e Historia, delegación Nuevo León, se enteró de las demoliciones y fueron a parar las obras. El daño estaba hecho. Cerca del 60 por ciento de la construcción del siglo XX estaba desecha, y habían demolido un 40 por ciento del inmueble de tierra del siglo XIX. A la par de los trabajadores del INAH llegó prensa a cubrir el hecho. Habían demolido pero paraban las obras.

Día 22 de marzo. Sellos de clausura por parte del Instituto, construcciones hechas polvo y una nota en el periódico El Norte: “Detienen demolición de casonas antiguas”. En el artículo hay más de 50 comentarios, algo realmente impresionante para una nota del ámbito cultural en Monterrey, y en Facebook, llegamos a contar más de mil reacciones en distintos foros: algunas personas pedían que se demoliera todo lo viejo y abandonado y se diera paso a la modernidad (“Eso es patrimonio, pero de los dueños, que ya las tiren, eran un peligro”. “Estaban todas abandonadas y sucias”. “¿Históricos unos ladrillos? Que tiren todo”.) Por suerte eran los menos. Muchos más se sentían desolados ya que una de las construcciones, la de los años cuarenta, era la casa de sus sueños: “Solía pasar ahí a diario solo para verla”. “Siempre imaginé que ahí vivían duendes, desde niña”. “Soñaba con un día comprarla y vivir ahí”. “Era la casa de mis sueños y ahora, esos sueños son polvo”. “Pero si tenía un gran potencial, ¿cómo la tiraron?”. Son algunos de los cientos de comentarios lamentando la destrucción.

Cuando el INAH llegó a parar la obra, (que por cierto, no contaba con autorizaciones del Instituto para alguna demolición) los trabajadores tenían una hoja de Protección Civil en donde “recomendaban” la demolición inmediata de las casonas por estar en mal estado. Sin embargo, algunos ciudadanos subieron fotografías recientes del interior y exterior de las propiedades a las redes sociales: las construcciones no tenían un solo rastro de posible colapso, estaban en perfectas condiciones; sucias, sí, pero incluso con mobiliario de la década de los cincuenta en su interior. Nadie corría riesgo alguno.

¿Qué pasó entonces? ¿Por qué Protección Civil dio una carta “autorizando” demoliciones sin un dictamen preliminar avalado por arquitectos restauradores o estructuristas que conozcan de los sistemas tradicionales? ¿Quién autorizó qué? ¿Cuáles son los nombres de los dueños? ¿En dónde estaba el municipio de Monterrey y por qué no fue a parar la obra? ¿Después de la demolición existirá un castigo ejemplar por parte de la federación para quien demolió?

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Demolición en la calle Diego de Montemayor en el Centro de Monterrey / Foto: Selene Velázquez

No tenemos respuestas aún para ninguna de las preguntas que desde aquí formulamos. Sin embargo, hay algo muy rescatable en esta crónica de demoliciones: la acción y movilización ciudadana. Años atrás, la demolición de bienes inmuebles de estas características no hubiera sido motivo de discusión o asombro. Hoy, con todo y que se ha perdido muchísimo del patrimonio arquitectónico, en este caso de los regiomontanos, ellos mismos son los que dicen: ya basta. Cabe recordar otro caso muy movido en las redes sociales, en donde también por una denuncia ciudadana, el INAH se enteró que estaban demoliendo una casona de su catálogo.

Es hora de ser conscientes de todo el patrimonio perdido, pero es también hora de no quedarnos ahí, de observar, conservar proteger y, sobre todo, usar la arquitectura que ya estaba aquí.

Bien valdría la pena reconfigurar la protección de inmuebles patrimoniales, como en la ciudad de Monterrey, en donde existen muchos ejemplos de arquitectura de tierra (léase sillar de caliche o adobes, o de ladrillo de milpa con cubiertas como el terrado, de vigas y láminas) y dejar de hablar de fechas, que si corresponde al INAH, que si corresponde al INBA. Debemos de hablar de la permanencia de los sistemas constructivos tradicionales de una región, y sobre todo entenderlos, ya que nos hablan de nuestros antepasados, de quienes estuvieron aquí antes que nosotros, de quienes supieron entender un contexto complicado y aun así, le sacaron todo el provecho posible. Esta arquitectura nos habla de una forma de vivir más amigable con el medio ambiente y nos habla también de un pasado que se nos está yendo como agua. Los inmuebles son documentos, que si sabemos leerlos, nos contarán la maravillosa historia de la ciudad que habitamos.

Posdata: Mientras termino de escribir, sucedió algo histórico en Nuevo León. Se ha aprobado la propuesta de un fideicomiso para la conservación del Patrimonio Cultural del estado, gracias a Carmen Junco, quien fuera presidenta del Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León (Conarte), una de las personas más comprometidas en el ámbito de la conservación y rescate del patrimonio norestense. Acá la liga de Milenio Monterrey.

Fuente: “La zona sucia” http://www.lazonasucia.com/2018/03/26/leer-la-ciudad/

#LasPrestadas: “Nuestra señora del concreto”.

Sismo Juchitán

Por Alejandro López Musalem

Mucho antes de los sismos de septiembre de este año, comenzó la devastación de la herencia arquitectónica de los pueblos del Istmo. Desde los años 70 la fisionomía de Juchitán cambió, nos alcanzó la modernidad. Una tras otra las viviendas vernáculas fueron desapareciendo, dando paso a las casas de concreto de una y hasta dos plantas. Las primeras casas fueron edificadas por gente rica, cerca del centro, eran enormes, con balcones y estacionamiento. La creciente clase burocrática, imitando, edificó en lo que fueron sus patios y huertas. Ahora las máquinas, cual sicarios de un “cartel materialista” dan el tiro de gracia, derribando las restantes casas tradicionales, incluso las que aún se podrían restaurar.

No sólo se logró modernizar las casas y oficinas, también los gobiernos municipales se montaron a la ola “pavimentadora” del Salinismo. Las calles y hasta callejones fueron cubiertos por una gruesa capa de concreto, ahogando nuestro suelo. Se construyeron también edificios de tres y cuatro plantas desafiando el potencial telúrico de la región. Incluso fraccionamientos en lo que es un meandro del río Las Nutrias. Sin recato o aprecio, ni normas o plan urbanístico, pasamos de ser un idílico pueblo a ser una imitación barata de una “ciudad”. Claro, se restauraron edificios históricos como la Iglesia de San Vicente, el Palacio Municipal, la Casa de la Cultura para hacernos sentir “orgullo” por el pasado colonial, independiente y revolucionario.

Hubo al principio de este desastre, la opción de ser una futura ciudad habitable cuando en 1971 el reconocido Arquitecto Juchiteco Lorenzo Carrasco diseño un plan regeneración urbana donde, entre otras cosas, incluía un mercado de plaza (parcialmente techado), la venta de artesanías en el portal de la Industria y varios museos. El plan fue rechazado por las “fuerzas vivas” y ahora tenemos un mercado apestoso que crece como un cáncer y que además bloquea la vista de la doble arcada del palacio. Durante el terremoto de 8.2 R, la enorme estructura de concreto y acero del mercado, pegada al edificio del Palacio, no permitió el movimiento libre de éste, y al chocar ambas masas, el colapso sucedió en la parte donde hubo menor resistencia, que es la zona de arcos al extremo sur, ya que no tiene muros de carga como el resto del edificio.

Días después del terremoto, pude observar en una esquina de la calle Abasolo dos casos: en un lado, una casa de dos plantas en pie, donde el balcón dañado expuso una varilla de acero, esta era de mayor grosor que aquella que observe al otro lado, en lo que fueron castillos del edificio de tres plantas, el cual había colapsado totalmente. ¿Y las normas donde están? Otra de la cuestiones al trabajar con un material como el cemento armado es el fraguado, el cual afecta la resistencia del material si no se hace bien. ¿Quién capacita al respecto? Como siempre, queremos imitar, ser “modernos”, pero sin las previsiones ni la capacidad que implica manejar una nueva técnica constructiva.

Los materiales de construcción industriales (acero, cemento, aluminio, vidrio, yeso, etc.), vienen de lejos y son muy caros para el ciudadano común; además el costo ambiental de extraerlos, producirlos y transportarlos es altísimo, debido a que se requiere mucha energía en los procesos y a que contaminan. Sin embargo, aún dentro de una vivienda tradicional, puede haber usos adecuados para el concreto, como son refuerzos y amarres con cadenas y castillos. También es recomendable su uso en cisternas, tanques para almacenar agua de lluvia, tazas para sanitario seco, pisos, superficies de trabajo, etc.

Las casas hechas de concreto armado, losa y blocks de cemento, son inadecuadas para las condiciones tropicales como las del Istmo. Estas transmiten el calor solar al aire en el interior. Ademas, para ahorrar material, los espacios son reducidos y el techo mas bajo. Durante el día, la gente acaba estando más tiempo afuera que adentro; para soportar el calor, compra ventiladores o aparatos de aire acondicionado. Estas casas por lo general tienen puertas y ventanas metálicas, las cuales son mas susceptibles a la corrosion por salitre y transmiten mas calor aun hacia el interior. Por el contrario las casas de ladrillo, adobe, madera y teja, son más altas para que aire caliente suba por convección, y las gruesas paredes las mantienen frescas de día y tibias cuando hay “nortes”.

En un callejón de Juchitán encontré una vivienda tradicional con las tejas caídas, pero con las paredes completas y sin grietas; las de los costados son de ladrillo y las otras fueron hechas de lodo (técnica de bajareque). También visite una vivienda de ladrillo que fue luego reforzada con cadenas y castillos, con una grieta solamente, también solo las tejas se cayeron. Ambas se pueden reparar. Sin embargo, estamos en una encrucijada, o rescatamos y re-construimos nuestras viviendas y nuestra cultura con una combinación de materiales naturales y modernos, o de plano con la “ayuda” del gobierno y los bancos, nos convertimos en la ciudad Neza del trópico: violenta, gris, sin identidad.

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Fuente: http://cortamortaja.com.mx/opinion/4449-nuestra-senora-del-concreto

Fotogalería_: ¡Salvemos Casa Castiello!

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Patrimonio arquitectónico sobre la avenida Vallarta, Guadalajara, Jalisco, México. “Casa Castiello“, Av. Vallarta 1168 esquina Robles Gil, norponiente, proyecto Ing. Alberto Pani, 1912.

Está casa perteneció a Don Carlos Ávalos, posteriormenre el Dr. Ricardo Garibay (le decían el Dr. Penicilina pues fue el primero en traerla a Guadalajara, la vendía en $3,000 pesos! de aquel entonces, su padre tenía una botica por el rumbo de Sn. Juan de Dios, hacia el mismo sus pomadas, entre las mas eficaces “la pomada del soldado” para curar enfermedades venéreas.

También la habitó Fco. Javier Garcia de Quevedo “chorros de oro” quien la vende en $40,000 pesos al Sr. Fco. de la Torre y Ramos, de ascendencia española, se caso con Esperanza Ochoa de Tecalitlán Jalisco, con quien tuvo 8 hijos. La finca se queda con uno de ellos, se dedicaron a la explotación de bosques en la sierra de Tapalpa.// Fuente: Fernando Brizuela.

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DE LA CASA #122: LA BATERÍA DE ANTÓN LIZARDO COMO PARTE DEL SISTEMA DE DEFENSA DEL PUERTO DE VERACRUZ/ MHV.

Por Martha Judith Hernández Velasco

Panorama histórico

Con la llegada de los españoles a las costas de lo que actualmente conocemos como Golfo de México, se abrió paso a un sistema de intercambio material e ideológico entre lo que sería la Nueva España y Europa. De esta forma la Villa Rica de la Veracruz (desde su fundación y hasta su establecimiento en lugar definitivo frente a la Isla de la Gallega) se revistió de importancia al convertirse en punto estratégico, puerto al que arribaron navíos que pronto fueron codiciados por los corsarios que deseaban apropiarse de los productos que ellos transportaban.

La preocupación central de la Corona Española era asegurar el flujo de las riquezas hacia la Península Ibérica, esto requería la protección de los puertos y las rutas marítimas. Las naves españolas zarpaban de Sevilla y, tras cruzar el Atlántico, se dirigían a los principales puertos del Caribe y el Golfo de México: por Cartagena de Indias salían las riquezas de Sudamérica y se convertía en el mayor punto de comercio de esclavos traídos del continente africano; Portobelo fue puerto de salida del oro peruano; de Campeche salían las maderas preciosas y el palo de Campeche; y a través de Veracruz se mandaban los recursos minerales hallados bajo el suelo de la Nueva España (Rodríguez, 2013:4).

Para garantizar el flujo de las mercancías se adoptaron dos estrategias: una vinculada con las embarcaciones en altamar y como respuesta al incremento de la piratería, esta consistió en un sistema de convoyes denominados “la flota española del caribe” o “flota de indias”, embarcaciones que fueron utilizadas para el transporte de una gran variedad de artículos y personas; este sistema se mantuvo entre 1566 y 1790. Una segunda estrategia fue fortificar los principales puertos en las costas del golfo de México y el mar Caribe, sin embargo, la problemática exigía abordarla en tres niveles: continental, regional y local. Para ello, Felipe II creó el cuerpo de ingenieros militares que trabajó en la planeación y realización de las obras (Idem).

El sistema defensivo de Veracruz, para la ciudad consistió en un sistema amurallado, en la Isla de la Gallega se construyó la Fortaleza de San Juan de Ulúa, mientras que a lo largo de la costa  se construyeron, fuertes, baterías y fortines ubicados en lugares estratégicos para la vigilancia y protección de la ciudad. San Juan de Ulúa se ubica sobre el islote arrecifal de La Gallega, construida entre los siglos XVI al XVIII. Esta edificación formó parte de un conjunto de fortificaciones denominado Escudo Antillano emplazado en el golfo de México y mar Caribe, cuya función era esencialmente de control de entradas y salidas en el sistema comercial oceánico; además de estar localizadas como puntos estratégicos en las rutas marítimas ya que servían para proteger, controlar y administrar los envíos de oro, plata y otras mercancías con destino a España; así como una forma de dominar el territorio frente a los rivales europeos, Inglaterra, Francia y Holanda, principalmente. Este Escudo Antillano constituía un arco defensivo en el mar de las Antillas y golfo de México desde Florida (USA) hasta Cartagena de Indias (Colombia), con fortificaciones tanto en tierra firme como en las costas insulares (Montero, 2009).

Piratas

Se tiene el registro de dos ataques de piratas a Veracruz, el primero efectuado por el inglés John Hawkins en 1568 y el segundo en 1683 por parte del caballero de Granmont y Lorenzo de Graff “Lorencillo” con un grupo de 1200 hombres que desembarcaron muy cerca del puerto desatando destrucción y saqueo de la ciudad.

Posterior al ataque de Lorencillo se reforzó la defensa de Veracruz, en 1692, con la realización de obras en la Fortaleza de San Juan de Ulúa a la que se añadieron dos baluartes, además se trabajó en las murallas de la ciudad. En el siglo XVIII se continuó perfeccionando el sistema de  defensa de Veracruz con la construcción de nuevas fortificaciones, las cuales se… 

“agruparían en dos objetivos defensivos acordes con la realidad belicista que predominaba. El primer proyecto fue elaborado sobre el fundamento de impedir un desembarco por algún lugar de la costa de Sotavento. Con ese propósito se iniciaron los esfuerzos por fortificar algunas desembocaduras de ríos como Alvarado y Coatzacoalcos y zonas de trascendencia táctica. Nos referimos a Mocambo y Antón Lisardo” (Pérez, 1999:16).

La materialización de dicho proyecto tuvo varias etapas que abarcó desde 1737 hasta finales del siglo, que es el periodo en que se construyó esta batería.

Antón Lizardo en las fuentes históricas

La batería de Antón Lizardo se localiza en la localidad del mismo nombre en el municipio de Alvarado, Veracruz; sobre la calle Azueta sin número, entre las calles 5 de mayo e Independencia en el centro de dicha localidad.  Esta construcción se encuentra registrada por la Coordinación Nacional de monumentos Históricos, en el Inventario de Monumentos Históricos Inmuebles de Propiedad Federal, con el número clave 3001100030001, y fechada para el siglo XVII.

La presencia del nombre de “Punta de Antón Lizardo” en fuentes históricas del siglo XVIII, es recurrente, sobre todo al referirse a zonas propicias para el desembarco de naves y protección del puerto de Veracruz. En un texto con fecha de 1746 y titulado Theatro Americano, encontramos una descripción general de los reinos y provincias de la Nueva España y sus jurisdicciones, escrito por Don Joseph Antonio de Villa Señor y Sánchez, sobre sitios de importancia en la costa, hace mención de la ubicación de Antón Lizardo:

“Ay de distancia de este parage tres y media leguas corriendo la costa por el noreste sureste a la punta que llaman de Lizardo, distante de Boca del Rio tres leguas y seis y media de la Ciudad (Veracruz) y a distancia de dos leguas de dicha Punta, se halla un caudaloso arroyo conocido con el nombre de río Salado” (Villa Señor y Sánchez, 1746:276).

Por otro lado, en el Archivo de Simancas se ubica un “Plano marítimo de Veracruz, su puerto y costa desde Punta  Gorda hasta la Punta de Antón Lizardo”, fechado en 1764, esta carta señala con precisión los islotes, bajos y arrecifes. En el texto señala:

“Descripción del Puerto de la Nueva Veracruz en el Reyno de Nueva España; Contiene desde Punta Gorda hasta la Punta de Antón Lizardo; Reconocido y sondeado vltimamente el fondeadero de la Ysla de Sacrificios, Voca del Río, Medellín y sus Ynterioridades (sic) como también la Ensenada que ay entre la Punta de Mocambo y la de Antón Lizardo la qual es Limpia, Capaz para Navíos y el fondo arena menuda” (AGS, Marina 391, tomado de Calderón, 1968:32).

En este texto se anota la idoneidad de Antón Lizardo para el fondeo de navíos.

En cuanto a su construcción, en 1771 Miguel del Corral proponen dos proyectos para fortificar la Punta de Antón Lizardo, al respecto del área para ubicarla menciona:

“en toda la costa de Veracruz a Alvarado no hay paraje más a propósito para practicar un desembarco que desde la Punta de Antón Lizardo hasta el rincón de Vajo que dista legua y media a sotavento de dicha Punta, se hallan en esta distancia las Isletas de la Herradura Salmedina el Criso La del Medio e Isla Blanca separadas de tierras tres quartos (sic) de legua una legua y media las que con sus Arrecifes forman un Puerto u abrigo para cualquier Escuadra por numerosa que sea tanto mas seguro que el Puerto de la Veracruz. […] Practicando el desembarco cualquier enemigo ya dueño de este importante Puesto queda cortada la comunicación con Alvarado que es el conducto por donde se provee la Veracruz con mas facilidad de maíces, frijol, carne, aves y mariscos y al enemigo no le será difícil proveerse de carne fresca hallándose en la corta distancia desde Veracruz a este paraje de las Haciendas”  (Foja 2, 3).

En este mismo texto se presenta un presupuesto sobre los gastos para la construcción en forma Hexagonal, con el subtítulo de Cálculo prudencial del semiexagono (sic) propuesto, que asciende a un millón doscientos cincuenta y un mil cuatrocientos noventa y cinco pesos (1,2510495 pesos).

El segundo proyecto se reduce a una Torre de 60 varas de diámetro con su foso camino cubierto y explanada capas de 20 cañones de cualquier calibre […], alojamiento para 200 hombres con almacenes de polvora y víveres para dos meses” (Ibid, foja 5). Cálculo prudencial de la torre: trescientos dos mil seiscientos sesenta y cinco pesos.

A finales de 1792, Miguel del corral escribe una relación de la situación de las fortificaciones de Veracruz y sus costas, en la hoja 10 se menciona: “A 4 leguas de la misma Punta de Mocambo está la de Antón Lizardo y a distancia de esta de a 1500* 1800* y 2000* varas al frente hai Callos Islotes Bajos y Arrecifes que conforman una gran Bahia, con abrigo de mar y poco o ninguno de los Vientos en particular para Baxeles grandes” (AGN-AHH)

En el año de 1860 figura Antón Lizardo, por ser parte en un posible ataque al Puerto de Veracruz, al respecto Leonardo Pasquel menciona:

El incidente naval de Antón Lizardo –hermosa bahía frente al litoral veracruzano, donde ahora se encuentra la Heroica Escuela Naval Militar- fue uno de los episodios más significativos y comentados a lo largo de la guerra de Reforma, tanto por el peligro que para el puerto de Veracruz suponía el ataque por mar intentando por el marino don Tomás Marín, ya que tal ciudad servía de asiento al gobierno de Benito Juárez, como por la pretendida participación de navíos norteamericanos en esta función de armas (Pasquel, 1967:IX).

De las investigaciones

En las últimas décadas se han realizado esfuerzos encaminados a la conservación de sitios históricos como son las fortificaciones militares, algunos investigadores como Francisco Muñoz y Tamara Blanes mencionan la ubicación de este sitio, al respecto Blanes describe que se localiza:

…a una distancia de 5 leguas de Veracruz, aquí es levantada una batería para resguardar una excelente ensenada utilizada como puerto seguro y punto posible para desembarcos enemigos. […]Es construida sobre una superficie de 521,80 metros cuadrados. Su planta es irregular, sus dos cuerpos principales están reforzados con contrafuertes; bóveda de medio cañón, arco de medio punto, escaleras, sótano y aljibe son elementos que componen esta edificación (Blanes, 2001:188.189).

En este párrafo la autora resalta la utilidad de la ensenada como puerto seguro, es frecuente que se mencione a Antón Lizardo como parte del sistema de defensa de la plaza de Veracruz, sin embargo también eran necesarios otras instalaciones que surtieran de suministros y materiales para la construcción como piedra y cal; al respecto Israel Cano Anzures (2015) afirma que existen registros de los hornos de cal en Antón Lizardo. Sobre la construcción militar propone que tipológicamente se trata de una batería de fajina, que se implementó en diferentes emplazamientos, como Mocambo, Antón Lizardo, Alvarado y Coatzacoalcos, de los cuales realizó la descripción de los elementos compositivos recurrentes en ellas, apuntando los siguientes: batería de tierra, repuestillo o almacén de pólvora, puesto de guardia, cocina, caballeriza, instalaciones complementarias, estacada, torre de vigía o garita y horno de cal.

El autor propone una reconstrucción hipotética del emplazamiento de Antón Lizardo basándose en el análisis de documentos y los restos materiales que se conservan de la construcción

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Reconstrucción hipotética del emplazamiento militar de Antón Lizardo. Tomado de Cano, 2015, página 219.

En esta imagen se pueden reconocer algunos de los elementos que anota Israel Cano en su reconstrucción hipotética. En la parte central de la imagen los elementos A, C, E, F y D; mientras que en la parte lateral izquierda de la imagen se encuentra el que probablemente sea el elemento G o puesto de Guardia con patio cerrado.

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19243756_10213374406464325_536536647_o.jpgLa construcción en la parte central de la foto podría corresponder al puesto de guardia que menciona Cano en su reconstrucción hipotética.

Panorama actual

La batería de Antón Lizardo, es un monumento del que se observan algunos paredones y contrafuertes, el estado de conservación es bueno pero en constante deterioro por las condiciones ambientales y por la falta de vigilancia en el lugar. De acuerdo con los comentarios de la población el lugar casi siempre se encuentra limpio sin embargo por las noches es peligroso transitar por ahí ya que se esconden algunas personas entre los muros.

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La construcción responde a las características de una batería militar, el área que ocupa actualmente el sitio puede delimitarse en un polígono semi rectangular de 50 metros en dirección este-oeste, por 35 a 39 metros en dirección norte-sur; se localiza sobre la calle principal de la localidad, al sur colinda con construcciones contemporáneas, entre ellas se encuentra una Iglesia católica que está en proceso de construcción. De los planos históricos sobre las propuestas para la construcción de la Batería de Antón Lizardo, lo que está aún en pie corresponde a un porcentaje mínimo, se conservan algunos paredones y en la parte posterior se pueden ver alineamientos y bases de cimientos.

A unos cuantos metros se localiza la Heroica Escuela Naval Militar, por lo que algunas personas relacionan las “ruinas” con la Escuela Naval, pues son los estudiantes de esta institución quienes a menudo se encargan de hacer la limpieza en el lugar.

Uno de los problemas sobre este sitio es que no cuenta con información, no hay alguna placa que describa los hechos históricos o que haga referencia al nombre y función de este edificio. Otro aspecto es que  al tener acceso libre es más propenso a dañarse o a que lo utilicen como estacionamiento (ver imagen).

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Al realizar el análisis de encuestas y entrevistas que se aplicaron a la población de la localidad y visitantes, se observa que la población tiene una relación tan cotidiana con el inmueble que suelen minimizar la importancia histórica del edificio. Cuando se preguntó acerca de la historia, la mayoría de la población mencionó la existencia de piratas y la ocupación española. En cuanto a si consideran el lugar como patrimonio, respondieron que si al asociarlo con recuerdos familiares y de infancia, aunque por supuesto hubo quienes dijeron que no sirve de nada y que sería mejor tirarlo para hacer algo nuevo que sirva a la comunidad.

La población que habita en Antón Lizardo se dedica a la pesca y a servicios turísticos, sin embargo mucha gente tiene que trasladarse a la ciudad de Boca del Río o al Puerto de Veracruz para buscar trabajo y continuar con los estudios. La población que se encuestó hizo referencia a que los turistas llegan a comer y a pasar un día de descanso en la playa y cuando preguntan qué lugares hay para visitar los llevan a las ruinas “pero no hay información y nosotros no sabemos que decirles y se van”. Ellos creen que si este sitio se “rescata” podría atraer a más gente interesada por la historia de México.

¿Usted que opina?.

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Notas

[1] El presente texto es parte de la investigación titulada La percepción social sobre Boquilla de Piedras, Antón Lizardo y Santa Teresa como sitios patrimoniales, que realicé como proyecto para obtener el grado en la Maestría en Antropología de la Universidad Veracruzana, en diciembre de 2016.

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Bibliografía:

Blanes Martín, Tamara (2001) Fortificaciones del Caribe.  Editorial Letras Cubanas.

Calderón Quijano, José Antonio (1968) “Nueva Cartografía de los puertos de Acapulco, Campeche y Veracruz”. En Anuario de estudios americanos, XXV, Sevilla, pp. 515-563.

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Sobre la autora: Xalapa, Veracruz / 1983. Maestra en Antropología y licenciada en arqueología, ambos estudios en la Universidad Veracruzana, ha participado en proyectos de protección técnica y legal del patrimonio arqueológico en los estados de Oaxaca, Guanajuato y Veracruz; así como en proyectos de investigación arqueológica en los estados de Hidalgo, Tabasco, Oaxaca y Veracruz. Fue responsable del proyecto Registro de colecciones arqueológicas en el estado de Veracruz en las temporadas 2009-2010. Se interesa principalmente por los estudios de identidad a través del Patrimonio Histórico, así como la divulgación del mismo.

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