#LasPrestadas: Los vicios del INAH

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Por Anónimo

Carta a Alejandra Frausto Guerrero,

Licenciada Alejandra, el que su nombre se haya manejado desde diciembre pasado debió ser motivo de gran alegría por el reconocimiento de sus capacidades y de su trayectoria profesional, pero sin duda encara una gran responsabilidad.

El domingo 15 de julio al consultar los medios de comunicación observé con gran asombro el nombre de los próximos posibles nombramientos de la Secretaria de Cultura, destacando entre ellos el de Diego Prieto para el INAH.

Para la ratificación del puesto de Prieto, seguramente se valió de la evaluación del actual desempeño.

Un servidor desde hace más de 7 años laboro en el INAH, mediante un régimen de Servicio Profesional de Carrera, procedimiento de contratación que fue un intento de democratizar y profesionalizar la Administración Pública Federal.

Sin embargo, el ánimo teórico se topó con los métodos arcaicos del INAH, por lo que un servidor tiene un diagnóstico de esta Institución, que aunque ha sido noble y generosa con parte de su personal, le debe mucho a la sociedad y está en deuda con las funciones rectoras.

Más allá del debilitamiento institucional por los embates neoliberales es indispensable mencionar la crisis interna que se vive en el INAH:

En una situación no convencional, en el Instituto se cuenta con personal de primera, segunda y tercera categoría; los de base sindicalizada, los mandos medios o confianza, y los compactados y de proyecto (muy abajo y dispar en cuanto prestaciones y estabilidad laboral) respectivamente. Y que sin duda, estos desequilibrios se traducen en deficiente operación institucional.

Alejandra, ¿sabía usted de los jugosos negocios de los boleteros y de las agencias turísticas? Así es, es un lucro recurrente y descarado con los acceso a zonas arqueológicas y museos. De esto constan denuncias de las que en esta y anteriores administraciones no ha pasado nada.

¿Sabía Usted de que sindicalizar la seguridad es un impedimento para la protección del patrimonio cultural? Así es, la falta de personal y las condiciones laborales cada vez merman la función.

¿Sabía Usted que miembros de la base ATM (administrativos, técnicos y manuales, hoy llamados Sindicato Nacional Democrático de los Trabajadores de la Secretaría de Cultura) han sido denunciados penal y administrativamente por los abusos y excesos para con el visitantes) Así es y esta y las anteriores administraciones han optado por reubicarlos sin sancionarlos o de plano ser omisos ante las faltas.

¿Sabía Usted de los reiterados malos tratos de servidores públicos sindicalizados hacia los visitantes de los espacios que resguarda el INAH, y que son la cara de la Institución? Así es, sin que haya Órgano Interno de Control o Función Pública que se atreva a tocarlos.

¿Sabía Usted de la falta de personal profesionista en las ramas de arquitectura y restauración para la atención de los miles de monumentos históricos del país? Así es, sin que esta o las anteriores administraciones hayan generado una plantilla laboral que afrente (sic) la urgencia.

¿Sabía Usted que hay un muy buen número de Profesores Investigadores que no asisten a laborar y que en años no han producido nada?

¿Sabía Usted del apoderamiento por parte de algunos arqueólogos de las Zonas Arqueológicas, donde se han posicionado como amos y señores de todos los recursos y que por cierto son ejercidos discrecionalmente?

¿Sabía Usted del uso totalmente discrecional del recurso público que ejercen las comisiones y órganos sindicales?

¿Sabía Usted del tráfico de influencias y el nepotismo en la contratación de personal de base?

¿Sabía Usted, y en contraste con lo anterior, que hay compañeros profesionistas que han durado hasta 6 meses o más para recibir su sueldo? ¿Sabía también de las condiciones laborales del personal compactado y de proyecto (hoy eventuales) y de las abismales diferencias en los esquemas de contratación?

Quizás sí sabia o conocía acerca de la respuesta de los anteriores cuestionamientos, ahora ¿cree Usted que Diego Prieto ahora sí podrá?

Por cierto, sabía Usted que Diego Prieto es juez y parte en cuanto a la dirección del personal y el otorgamiento de prestaciones y concesiones a los sindicatos. Así es, Diego Prieto es sindicalizado y hasta hoy pareciera que ha velado por sus intereses particulares en la Institución.

El primero de julio la ciudadanía fue tajante: ¡Cambio de Gobierno!

Andrés Manuel López Obrador dispuso: ¡No más Corrupción!

Entonces, y a sabiendas de todo lo anterior, por qué no fortalecer la Institución pilar de la Identidad Nacional.

Usted es inteligente y tendrá sus particulares razones para sus propuestas de nombramientos; sólo considere la oportunidad histórica de que ahora sí se hagan las cosas bien en el INAH.

¡Deseándole lo mejor para su gestión!

Un empleado consiente y preocupado por nuestra Institución, nuestro País y nuestro porvenir.

#LasPrestadas: Leer la ciudad

Por Selene Velázquez

Es hora de ser conscientes de todo el patrimonio perdido en la ciudad de Monterrey, pero no quedarnos sólo en eso. Hay que observar, conservar, proteger y, sobre todo, usar la arquitectura que ya estaba aquí antes que nosotros.

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Foto: Hugo Rodríguez

Érase una vez una ciudad llena de montañas, con un río que la cruzaba, arroyos y ojos de agua; una ciudad llena de árboles, de construcciones de tierra con tiros de chimeneas y patios con naranjos, nogales y granadas.

Quien lea lo anterior podría imaginar esa descripción para lugares fantásticos del centro y sur del país, porque, suena a ensueño, ¿no? Pero la ciudad que describo está justo en el noreste agreste de México: Monterrey. Conste que no me lo invento: en los archivos históricos están las crónicas antiguas de la ciudad, hay todavía registros fotográficos de lo dicho y basta con preguntarles a nuestros padres o abuelos y nos contarán de una ciudad perdida, que ahora se encuentra ahogada prácticamente en cemento.

Con todo y que la modernidad, que a todos nos alcanza, ha cambiado drásticamente la cara de la ciudad, existen varias maneras de conocer y reconocer el Monterrey que existía antes de nosotros, (y no precisamente con el DeLorean). Llegamos entonces, al punto del que les vengo a platicar: el patrimonio arquitectónico de mi pueblo.

“¿Qué?”, me dirán ustedes. “¿Patrimonio arquitectónico en Monterrey?”

Y la respuesta es: ansina mero. Y no, no hablaré por millonésima vez del Obispado o de la Catedral, porque la ciudad está repleta de inmuebles con un alto valor histórico (o artístico, si queremos apegarnos a la Ley de Monumentos) de los que vale la pena hablar.

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Demolición en la calle Diego de Montemayor en el Centro de Monterrey / Foto: Cortesía

Pero entremos en materia. El pasado día 21 de marzo fueron demolidas dos propiedades contiguas en el centro de la ciudad (En la calle Diego de Montemayor entre Ruperto Martínez y Aramberri). Una de ellas, muy probablemente del siglo XIX, por sus características estilísticas ligadas a la arquitectura norestense: muros de sillares de caliche, cubiertas de terrado, dominando en la forma el macizo sobre el vano. La otra de mediados de la década de los cuarentas del siglo pasado, con formas orgánicas y rasgos de un Art Nouveau tardío. La construcción estaba elaborada con ladrillos de milpa (arcillas cocidas), con un domo de cristales de colores y ventanales completos. Las casas estaban íntegras.

Semanas atrás se había “corrido el rumor” que tirarían las construcciones (abandonadas por años), para hacer una clínica. En diferentes grupos de Facebook se pedía ayuda para detener lo que parecía inminente, pero poco se podía hacer siendo propiedad privada. Quien les escribe por acá incluso hizo un video con motivo de la quinta edición del Día del Patrimonio de Nuevo León para subirlo al Facebook de Restāurika, empresa en la que trabajo en la conservación, restauración y difusión del patrimonio cultural, sobre todo, del noreste.

El miércoles 21 de marzo, por la mañana, el ruido de la retroexcavadora sonó fuerte. La demolición había comenzado.

Cerca de las cuatro de la tarde, después de una denuncia ciudadana, el personal que labora en el Instituto Nacional de Antropología e Historia, delegación Nuevo León, se enteró de las demoliciones y fueron a parar las obras. El daño estaba hecho. Cerca del 60 por ciento de la construcción del siglo XX estaba desecha, y habían demolido un 40 por ciento del inmueble de tierra del siglo XIX. A la par de los trabajadores del INAH llegó prensa a cubrir el hecho. Habían demolido pero paraban las obras.

Día 22 de marzo. Sellos de clausura por parte del Instituto, construcciones hechas polvo y una nota en el periódico El Norte: “Detienen demolición de casonas antiguas”. En el artículo hay más de 50 comentarios, algo realmente impresionante para una nota del ámbito cultural en Monterrey, y en Facebook, llegamos a contar más de mil reacciones en distintos foros: algunas personas pedían que se demoliera todo lo viejo y abandonado y se diera paso a la modernidad (“Eso es patrimonio, pero de los dueños, que ya las tiren, eran un peligro”. “Estaban todas abandonadas y sucias”. “¿Históricos unos ladrillos? Que tiren todo”.) Por suerte eran los menos. Muchos más se sentían desolados ya que una de las construcciones, la de los años cuarenta, era la casa de sus sueños: “Solía pasar ahí a diario solo para verla”. “Siempre imaginé que ahí vivían duendes, desde niña”. “Soñaba con un día comprarla y vivir ahí”. “Era la casa de mis sueños y ahora, esos sueños son polvo”. “Pero si tenía un gran potencial, ¿cómo la tiraron?”. Son algunos de los cientos de comentarios lamentando la destrucción.

Cuando el INAH llegó a parar la obra, (que por cierto, no contaba con autorizaciones del Instituto para alguna demolición) los trabajadores tenían una hoja de Protección Civil en donde “recomendaban” la demolición inmediata de las casonas por estar en mal estado. Sin embargo, algunos ciudadanos subieron fotografías recientes del interior y exterior de las propiedades a las redes sociales: las construcciones no tenían un solo rastro de posible colapso, estaban en perfectas condiciones; sucias, sí, pero incluso con mobiliario de la década de los cincuenta en su interior. Nadie corría riesgo alguno.

¿Qué pasó entonces? ¿Por qué Protección Civil dio una carta “autorizando” demoliciones sin un dictamen preliminar avalado por arquitectos restauradores o estructuristas que conozcan de los sistemas tradicionales? ¿Quién autorizó qué? ¿Cuáles son los nombres de los dueños? ¿En dónde estaba el municipio de Monterrey y por qué no fue a parar la obra? ¿Después de la demolición existirá un castigo ejemplar por parte de la federación para quien demolió?

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Demolición en la calle Diego de Montemayor en el Centro de Monterrey / Foto: Selene Velázquez

No tenemos respuestas aún para ninguna de las preguntas que desde aquí formulamos. Sin embargo, hay algo muy rescatable en esta crónica de demoliciones: la acción y movilización ciudadana. Años atrás, la demolición de bienes inmuebles de estas características no hubiera sido motivo de discusión o asombro. Hoy, con todo y que se ha perdido muchísimo del patrimonio arquitectónico, en este caso de los regiomontanos, ellos mismos son los que dicen: ya basta. Cabe recordar otro caso muy movido en las redes sociales, en donde también por una denuncia ciudadana, el INAH se enteró que estaban demoliendo una casona de su catálogo.

Es hora de ser conscientes de todo el patrimonio perdido, pero es también hora de no quedarnos ahí, de observar, conservar proteger y, sobre todo, usar la arquitectura que ya estaba aquí.

Bien valdría la pena reconfigurar la protección de inmuebles patrimoniales, como en la ciudad de Monterrey, en donde existen muchos ejemplos de arquitectura de tierra (léase sillar de caliche o adobes, o de ladrillo de milpa con cubiertas como el terrado, de vigas y láminas) y dejar de hablar de fechas, que si corresponde al INAH, que si corresponde al INBA. Debemos de hablar de la permanencia de los sistemas constructivos tradicionales de una región, y sobre todo entenderlos, ya que nos hablan de nuestros antepasados, de quienes estuvieron aquí antes que nosotros, de quienes supieron entender un contexto complicado y aun así, le sacaron todo el provecho posible. Esta arquitectura nos habla de una forma de vivir más amigable con el medio ambiente y nos habla también de un pasado que se nos está yendo como agua. Los inmuebles son documentos, que si sabemos leerlos, nos contarán la maravillosa historia de la ciudad que habitamos.

Posdata: Mientras termino de escribir, sucedió algo histórico en Nuevo León. Se ha aprobado la propuesta de un fideicomiso para la conservación del Patrimonio Cultural del estado, gracias a Carmen Junco, quien fuera presidenta del Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León (Conarte), una de las personas más comprometidas en el ámbito de la conservación y rescate del patrimonio norestense. Acá la liga de Milenio Monterrey.

Fuente: “La zona sucia” http://www.lazonasucia.com/2018/03/26/leer-la-ciudad/

#LasPrestadas: “Nuestra señora del concreto”.

Sismo Juchitán

Por Alejandro López Musalem

Mucho antes de los sismos de septiembre de este año, comenzó la devastación de la herencia arquitectónica de los pueblos del Istmo. Desde los años 70 la fisionomía de Juchitán cambió, nos alcanzó la modernidad. Una tras otra las viviendas vernáculas fueron desapareciendo, dando paso a las casas de concreto de una y hasta dos plantas. Las primeras casas fueron edificadas por gente rica, cerca del centro, eran enormes, con balcones y estacionamiento. La creciente clase burocrática, imitando, edificó en lo que fueron sus patios y huertas. Ahora las máquinas, cual sicarios de un “cartel materialista” dan el tiro de gracia, derribando las restantes casas tradicionales, incluso las que aún se podrían restaurar.

No sólo se logró modernizar las casas y oficinas, también los gobiernos municipales se montaron a la ola “pavimentadora” del Salinismo. Las calles y hasta callejones fueron cubiertos por una gruesa capa de concreto, ahogando nuestro suelo. Se construyeron también edificios de tres y cuatro plantas desafiando el potencial telúrico de la región. Incluso fraccionamientos en lo que es un meandro del río Las Nutrias. Sin recato o aprecio, ni normas o plan urbanístico, pasamos de ser un idílico pueblo a ser una imitación barata de una “ciudad”. Claro, se restauraron edificios históricos como la Iglesia de San Vicente, el Palacio Municipal, la Casa de la Cultura para hacernos sentir “orgullo” por el pasado colonial, independiente y revolucionario.

Hubo al principio de este desastre, la opción de ser una futura ciudad habitable cuando en 1971 el reconocido Arquitecto Juchiteco Lorenzo Carrasco diseño un plan regeneración urbana donde, entre otras cosas, incluía un mercado de plaza (parcialmente techado), la venta de artesanías en el portal de la Industria y varios museos. El plan fue rechazado por las “fuerzas vivas” y ahora tenemos un mercado apestoso que crece como un cáncer y que además bloquea la vista de la doble arcada del palacio. Durante el terremoto de 8.2 R, la enorme estructura de concreto y acero del mercado, pegada al edificio del Palacio, no permitió el movimiento libre de éste, y al chocar ambas masas, el colapso sucedió en la parte donde hubo menor resistencia, que es la zona de arcos al extremo sur, ya que no tiene muros de carga como el resto del edificio.

Días después del terremoto, pude observar en una esquina de la calle Abasolo dos casos: en un lado, una casa de dos plantas en pie, donde el balcón dañado expuso una varilla de acero, esta era de mayor grosor que aquella que observe al otro lado, en lo que fueron castillos del edificio de tres plantas, el cual había colapsado totalmente. ¿Y las normas donde están? Otra de la cuestiones al trabajar con un material como el cemento armado es el fraguado, el cual afecta la resistencia del material si no se hace bien. ¿Quién capacita al respecto? Como siempre, queremos imitar, ser “modernos”, pero sin las previsiones ni la capacidad que implica manejar una nueva técnica constructiva.

Los materiales de construcción industriales (acero, cemento, aluminio, vidrio, yeso, etc.), vienen de lejos y son muy caros para el ciudadano común; además el costo ambiental de extraerlos, producirlos y transportarlos es altísimo, debido a que se requiere mucha energía en los procesos y a que contaminan. Sin embargo, aún dentro de una vivienda tradicional, puede haber usos adecuados para el concreto, como son refuerzos y amarres con cadenas y castillos. También es recomendable su uso en cisternas, tanques para almacenar agua de lluvia, tazas para sanitario seco, pisos, superficies de trabajo, etc.

Las casas hechas de concreto armado, losa y blocks de cemento, son inadecuadas para las condiciones tropicales como las del Istmo. Estas transmiten el calor solar al aire en el interior. Ademas, para ahorrar material, los espacios son reducidos y el techo mas bajo. Durante el día, la gente acaba estando más tiempo afuera que adentro; para soportar el calor, compra ventiladores o aparatos de aire acondicionado. Estas casas por lo general tienen puertas y ventanas metálicas, las cuales son mas susceptibles a la corrosion por salitre y transmiten mas calor aun hacia el interior. Por el contrario las casas de ladrillo, adobe, madera y teja, son más altas para que aire caliente suba por convección, y las gruesas paredes las mantienen frescas de día y tibias cuando hay “nortes”.

En un callejón de Juchitán encontré una vivienda tradicional con las tejas caídas, pero con las paredes completas y sin grietas; las de los costados son de ladrillo y las otras fueron hechas de lodo (técnica de bajareque). También visite una vivienda de ladrillo que fue luego reforzada con cadenas y castillos, con una grieta solamente, también solo las tejas se cayeron. Ambas se pueden reparar. Sin embargo, estamos en una encrucijada, o rescatamos y re-construimos nuestras viviendas y nuestra cultura con una combinación de materiales naturales y modernos, o de plano con la “ayuda” del gobierno y los bancos, nos convertimos en la ciudad Neza del trópico: violenta, gris, sin identidad.

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Fuente: http://cortamortaja.com.mx/opinion/4449-nuestra-senora-del-concreto

#LasPrestadas: Empresas Culturalmente Responsables.

Zitlala Jorge

Por Rodrigo Llanes Castro y Boris Berenzon Gorn

“Alfabeto, pan y jabón hay que decir y todo lo demás se os dará por añadidura.” Alfonso Reyes

A manera de presentación:

La cultura, una moneda social no valorada. ¿Por qué y para qué invertir?

México cuenta con una riqueza patrimonial que ha sido motivo de asombro a lo largo de los siglos. Su imponente belleza natural y su vasta diversidad cultural, han constituido un escenario histórico de verdadera excepción. Cuna de civilizaciones, en la lista de patrimonio mundial de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, nuestro país cuenta a la fecha con 33 lugares designados (27 como Patrimonio cultural, cinco como Patrimonio natural y uno, como Patrimonio mixto).

Esto lo convierte en el sexto país con mayor cantidad de sitios inscritos en la lista, sólo por detrás de Italia, España, China, Alemania y Francia, así como primero en el continente americano y de América Latina y Caribe. Además, cuenta con siete tradiciones y festejos como Patrimonio cultural inmaterial. Éste no se limita a los bienes materiales con un significado o valor excepcional, como las zonas arqueológicas, los monumentos, los centros históricos o las obras de arte. También comprende al acervo de conocimientos, valores y expresiones culturales heredadas de nuestros antepasados y que transmitimos a nuestros descendientes.

El patrimonio cultural inmaterial se manifiesta en la lengua y la tradición oral, tradiciones culinarias, artes del espectáculo, juegos tradicionales, rituales, actos festivos, conocimientos y prácticas relativos a la naturaleza y el universo; en la música y danza tradicionales, en saberes y técnicas vinculados a la artesanía milenaria, en la medicina de los pueblos originales, en modos de vida. Estas son expresiones culturales que cambian con el tiempo adaptándose a las nuevas realidades, pero que contribuyen a darnos un sentimiento de identidad y continuidad al crear un vínculo entre el pasado y el futuro: el vínculo somos nosotros, el presente.

La Conferencia General de la UNESCO aprobó, en el 2003, la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, un acuerdo firmado por 158 países, en el que se comprometen a trabajar en la salvaguardia de estas expresiones culturales.

Un primer paso se realiza mediante su identificación y registro en tres listas:

La Lista representativa del patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, en la que se incluyen las expresiones que ilustran la diversidad del patrimonio inmaterial con el fin de contribuir a una mayor consciencia de su importancia.

La Lista del patrimonio cultural inmaterial que requiere medidas urgentes de salvaguardia: se compone de elementos que las comunidades y los países consideran que necesitan medidas de salvaguardia urgentes para asegurar su trasmisión. Las inscripciones en esta Lista contribuyen a movilizar la cooperación y la asistencia internacionales, para que los actores interesados puedan tomar medidas de salvaguardia adecuadas. Por ejemplo, en México, muchas lenguas indígenas están en peligro de extinción.

El Registro de las mejores prácticas de salvaguardia se compone de programas, proyectos y actividades que mejor reflejen los principios y objetivos de la Convención. Del rico y diverso patrimonio cultural inmaterial de México, la UNESCO ha reconocido a siete expresiones como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad y ha seleccionado a un programa para la salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial.

Lo anterior nos habla de un nicho de mercado que privilegia a la cultura como una moneda social que, paradójicamente, ha sido desestimada por parte de la iniciativa privada en México, dejando el desarrollo cultural en manos del Estado. Esta herencia del mecenazgo cultural de los regímenes posrevolucionarios, ha cambiado su papel con el paso de los años, se ha ido reduciendo de la centralización a la dinámica de la administración de los recursos en los procesos la investigación y salvaguardia y en la asignación y ejecución de proyectos de turismo cultural, cultura popular y desarrollo artesanal comunitarios, creación y operación de infraestructura, teatros, centros artísticos; programación y divulgación de las llamadas bellas artes.

Este panorama nos obliga a echar manos de numerosos estudios sobre lo cultural que han realizado los especialistas para entender cuál es el papel de la cultura como pilar de desarrollo social, particularmente en contextos de violencia por los que atraviesa nuestro país, sobre todo si entendemos que la cultura es un proceso y no un evento; por eso genera valores éticos, pues constituye un proceso inherente al desarrollo integral de cualquier país, transmite saberes culturales, estereotipos, prejuicios, ideas, imágenes y sonidos del mundo, formas de representación y sistemas de interpretación. Por ejemplo, sería impensable concebir el modelo de desarrollo económico de los Estados Unidos de Norteamérica sin el papel fundamental que ha significado la lógica del capital y de los modelos de vida que comporta el neoliberalismo, sus dispositivos ideológicos, sus estrategias de posicionamiento y alienación sin la industria cinematográfica de Hollywood.

El sector empresarial mexicano tiene una deuda en materia de inversión cultural. No ha desarrollado esquemas de participación, sociedad, alianza, manejo y gestión del patrimonio cultural y los contenidos que otorga a diversos escenarios naturales, culturales e históricos en términos de las listas de patrimonio y la gran cantidad de posibilidades que existen para el desarrollo de la llamada industrias blanca, industria creativa y que Adorno llamó industrias culturales. México es una potencia económica en ciernes. La mayor aportación de una cultura, es que su pueblo, este país, disfrute y usufructué su riqueza y que de ella derive el alimento para el espíritu y para el cuerpo.

El estado de lo cultural, luego de las últimas reformas, requiere de un diagnóstico que nos permita hacernos de un panorama general sobre las posibilidades que guarda cada uno de nuestros estados desde sus regiones y procesos culturales, que a la vez redimensione el peso social de la cultura en el desarrollo económico de México, sin chovinismos, etnocentrismos, regionalismos o esencialismos históricos.

El Estado no ha podido democratizar los bienes y servicios culturales, entonces queda abierto el espacio de intervención del sector privado para el rediseño de legislaciones que flexibilicen y fomenten la inversión privada en el manejo y gestión de recursos culturales, en el rediseño de instituciones y políticas públicas a través de programas y acciones que abran un sector de oportunidad para una coyuntura reclinada en una crisis social severa a consecuencia de la corrupción y la impunidad radicalizadas en el narcotráfico.

El sector empresarial puede estimular a través de la producción de bienes y servicios culturales, la dinámica misma de los derechos culturales y de la participación ciudadana, incorporándose a procesos locales de financiamiento a través de agencias de proyectos que se planteen metas regionales, a partir de la organización del mismo sector cultural: corredores de teatro; locaciones, circuitos y festivales de cine y televisión por cable o Internet. La crisis de contenidos y financiera por la que atraviesan las dos grandes cadenas privadas, TV Azteca y Televisa, impone un análisis de mercado sobre cuáles son los gustos que hoy modelan no la personalidad del público ni del mexicano, sino la diversidad de públicos consumidores de contenidos innovadores.

Actualmente los proyectos gubernamentales en materia de desarrollo cultural encuentran oposición entre el sector cultural precisamente por la ausencia de transversalidad y legitimidad. Se piensa en hacer, pero desde el escritorio, sin tomar en cuenta los gusto, las preferencias, las necesidades de consumo de los públicos, de los actores sociales en donde se implantan esquemas de intervención cultural sin consulta: un ejemplo es la categoría de Pueblos mágicos, programa que no es malo en sí mismo, sino que muchas veces las instituciones estatales no atienden criterios serios de conservación, sino a la producción de escenografías que homogenizan la identidad de los pueblos, de las ciudades y/o centros históricos, contraponiendo legítimos valores comerciales contra auténticas expresiones en defensa del territorio.

1. Economía y cultura

1.1 ¿Por qué invertir en cultura?

Hay mercados, como la cultura, que normalmente son asociados con el gobierno. Se asume que el Estado es el único que debe invertir en la cultura, pues se trata de un bien público. Así, se deja a la voluntad del gobernante la construcción de espacios y proyectos culturales.

Los bienes públicos, como se sabe, son aquellos servicios que, por su naturaleza, no generan grandes beneficios económicos. Dentro de esta categoría podríamos incluir a los parques, el alumbrado público, la policía y el ejército.

Ningún empresario se atrevería a invertir en la policía de los mexicanos, pues sabe que su beneficio económico será muy pequeño. El Estado invierte en la capacitación y el mantenimiento de la policía porque no busca un beneficio económico. El Estado sabe que incluso perderá dinero con la policía. Sin embargo, decide invertir en ésta para garantizar un bien mayor: la seguridad de todos nosotros.

De la misma manera, existe la idea errónea de que la cultura es un mercado similar al mercado policiaco. Sólo un empresario inocente o frívolo se atrevería a invertir en museos, libros, música, pintura. Se cree, de manera equivocada, que la cultura no puede generar beneficios económicos. Sólo el gobierno debe invertir en cultura. Y esta idea es completamente falsa, pues la cultura no es un bien público.

1.2 ¿Cuál es el mercado?

Según datos del INEGI, en 2012, la cultura, en México, generó beneficios económicos enormes. Se dice que en ese año 2.8% del PIB nacional provino de diversos proyectos culturales a lo largo y ancho del país.

Es complicado comparar la relevancia de la cultura en el PIB nacional con años anteriores. Tristemente, el INEGI sólo tiene datos desagregados del sector cultural desde 2008. Lo interesante, en ese sentido, es notar que la producción cultural se ha mantenido constante desde 2008 hasta la fecha, a pesar de la crisis económica que comenzó en ese año y afectó de manera significativa a otras industrias como la de la vivienda y la automotriz.

1.3 ¿Y la demanda?

En 2012, el INEGI, en colaboración con Conaculta, realizó la Encuesta Nacional de Consumo Cultural de los Hogares. Este tipo de encuesta fue la primera que se realizó en nuestro país. Esto significa que, tristemente, no tenemos datos para comparar la evolución de la demanda agregada de cultura a lo largo de muchos años. Sólo hay datos para 2012.

Según la encuesta de 2012 del INEGI, 3.8 de cada 100 pesos gastados por un mexicano van al sector cultural. Parece poco dinero, pero si tomamos en cuenta el tamaño de la población mexicana, nos podemos dar cuenta que significa alrededor de 123 mil millones de pesos anuales.

La pregunta importante, en este sentido, tiene que ver con los motivos por los que la cultura, actualmente, genera tanto dinero. Es necesario profundizar en los estudios sobre este tema para determinar si realmente ha habido un aumento significativo en la demanda cultural en los últimos años.

Lo que sí se puede afirmar, sin lugar a dudas, es que el mercado cultural es sumamente importante en nuestro país. Invertir en cultura, a pesar de lo que se cree, no es invertir en vano. Hay una demanda importante de bienes y servicios culturales. En otras palabras, los mexicanos demandan teatro, pintura y arte con regularidad.

1.4 Mercados complementarios a la cultura

Es evidente que hay mercados complementarios a la cultura, que otros sectores económicos se benefician de los proyectos culturales. En general, se puede decir que las industrias hoteleras, alimenticia, de transporte (aéreo y terrestre), de publicidad, editorial y televisiva son mercados complementarios de la cultura.

Así, por ejemplo, la construcción de un museo en un municipio no sólo generará utilidades para quien lo construye: gracias al turismo, incrementará las ganancias del hotelero, el restaurantero y el vendedor de souvenirs. También obtendrá un beneficio económico quien tiene inversiones en el transporte o cuenta con una agencia de publicidad, comunicación o diseño.

Se puede decir, entonces, que muchos sectores económicos son beneficiados con los proyectos culturales. Éstos permiten la preservación de una identidad que resulta atractiva para el extranjero o el foráneo. México es un destino turístico importante porque se trata de un país con una amplia diversidad cultural. Aquí tenemos los tacos, los tamales, el pozole, los bordados a mano y el mariachi. Aquellos extranjeros que deciden visitar nuestro país buscan una experiencia novedosa, extraña, atípica para ellos.

Es importante fomentar proyectos culturales para mantener esa identidad nacional. No debemos permitir que México pierda sus muy originales raíces, pues esto puede ir en detrimento de la industria turística. No dejemos que el mariachi pierda terreno frente a la bachata o el pop en inglés.

2. Sociedad y cultura

La cultura no sólo genera beneficios económicos en distintos mercados. Además, a diferencia de otros mercados, la cultura es un concepto que debe ser entendido desde la sociología, las clases sociales, los grupos de referencia y pertenencia.

Supongamos, en principio, que la sociedad está dividida en tres grandes clases sociales: la clase alta, la clase media y la clase baja. En este sentido, durante siglos, la cultura fue un espacio reservado para la clase alta. Las clases más favorecidas eran los que asistían a los conciertos de música clásica, las obras de teatro. Lo menos favorecidos tenían otros medios de entretenimiento que no necesariamente eran considerados cultura.

Sin embargo, con el desarrollo de la Internet y la globalización, los actos y proyectos culturales comenzaron a masificarse. Actualmente, en las zonas urbanas, no sólo los ricos van al teatro. También la clase media se ha incorporado a muchas actividades culturales que antes sólo eran frecuentados por los ricos.

Ejemplo de esta apertura cultural es el desarrollo de ciertas tribus urbanas como los “hípsters”   o los “bon vivant”.   Se trata de nuevos sectores de mercado que consumen bienes culturales como una forma de pertenecer a un cierto grupo social. El hípster, por ejemplo, no siempre asiste al teatro porque éste le apasione; más bien, va al teatro para pertenecer a un cierto grupo social, para encajar con sus amigos.

Así, la cultura se ha vuelto un medio para ganar cierto estatus. Anteriormente, sólo los ricos veían en la cultura un mecanismo para preservar su nivel socioeconómico. Desde siempre, la clase media se ha percatado de la importancia de la cultura como una forma de pertenecer o integrarse a ciertos sectores de la población, como una forma de destacar.

3. Cultura y política

La cultura promueve conceptos. Las personas que hacen cultura quieren expresar ideas, sentimientos o preocupaciones de su realidad social. Y lo más importante: buscan (o pretenden) transformar esa realidad. Así, por ejemplo, quien pinta un cuadro sobre el nazismo no sólo pretende denunciar las atrocidades que se cometieron en el régimen totalitario de Hitler; el pintor busca que el nazismo no vuelva a ocurrir. El pintor quiere influir en el pensamiento de los demás. El pintor busca que todo aquel que vea su cuadro se percate de lo terrible que fue el nazismo.

La cultura, así, debe ser entendida como una forma de expresar ideas, valores, o principios. Y también como un mecanismo para influir en los demás. La cultura es una de las formas mediante las que se busca una alternativa a de pensar o actuar, de cambiar la realidad

Entonces, podemos decir que toda cultura, al promover valores, ideas y sentimientos, tiene una carga ideológica. Se hace cultura porque se pretende influir en el pensamiento de los demás. Así, los nazis desarrollaron sus instrumentos culturales. Lo mismo puede decirse de los soviéticos o de los mexicanos en el régimen postrevolucionario.

Todo régimen político ha promovido su propia cultura. Los soviéticos, por ejemplo, promovían la cultura de la igualdad. Para la URSS, inspirada en las ideas marxistas, era muy importante que la población entendiera la necesidad de acabar con las clases sociales. Así, la idea de la igualdad fue un principio promovido por los gobiernos soviéticos.

Por el contrario, el régimen nazi de Hitler promovió, mediante la cultura, los valores o ideas de la diferencia. Para el régimen nazi, era muy importante que los alemanes se sintieran diferentes de los demás. Por ello, promovieron los ideales de la “supremacía de la raza aria”. Así, la población comenzó a hacer distinciones entre los alemanes cristianos y los alemanes judíos. El régimen nazi promovió la cultura de la diferencia, pues necesitaba justificar la existencia de los campos de concentración.

Es fundamental comprender que toda cultura promueve una cierta ideología. Más allá de los beneficios económicos, la cultura es un mecanismo para alcanzar el poder o para defenderse de éste; para expresar descontento, para proponer.

Por este motivo, la cultura no puede ser solamente promovida por el gobierno. Como es evidente, el gobierno promoverá aquella cultura que le convenga, que le favorezca. Y hay muchas ocasiones en las que los intereses del Estado son distintos a los intereses de los empresarios y de la población en general.

Por ello, los empresarios también deben promover su propia cultura. Es un mecanismo alternativo para defenderse de los abusos estatales y de otro tipo. En México, cuando los empresarios dejaron de hacer cultura, el gobierno se aprovechó y promovió un discurso nacionalista y autoritario que dejó sin margen de acción a los empresarios y a mucha gente más.

En el régimen postrevolucionario, todo se hacía por el “bien de la nación”. Así, cuando se expropió la banca en 1982, por ejemplo, los empresarios no tuvieron el apoyo de la sociedad. Todo el mundo se creyó el discurso del “bien de la nación” y no escuchó a los empresarios.

Es fundamental que los empresarios entiendan a la cultura como un mecanismo para evitar el abuso estatal. Los empresarios no deben permitir que el Estado abuse de su poder o influencia. La cultura es el mecanismo de defensa para los empresarios.

Así, cuando un empresario se disponga a financiar cultura, éste debe tomar en cuenta los valores, ideas o principios que subyacen en esa cultura. Sería un error, por ejemplo, que un empresario promoviera libros, cuadros u obras teatrales que fomenten el autoritarismo estatal. Podría decirse que el empresario cometería un error, pues favorecería un discurso que, a la larga, puede jugarle en contra.

Los empresarios deben promover aquellas expresiones culturales que protejan a los individuos de la intervención estatal. Los empresarios necesitan fomentar el liberalismo político, es decir, aquella corriente que privilegia la existencia de los derechos humanos. Hasta el momento, el liberalismo es la única corriente política que le ha impuesto una serie de límites al poder. En virtud de los autores liberales, el Estado ya no puede hacer lo que quiera.

Ahora, gracias a los derechos humanos, los individuos y sus empresas, están protegidos de la intervención estatal. El gobierno ya no puede expropiar la banca sin respetar los derechos humanos. Ahora, el empresario tiene mayores elementos para defenderse legal y políticamente.

Si bien el liberalismo político ya es una realidad, es fundamental que se sigan promoviendo proyectos culturales que se opongan al estatismo recalcitrante. No debemos permitir que fenómenos autoritarios o anárquicos y escépticos se vuelvan a repetir.

Además, tomando en cuenta lo violento que se ha vuelto nuestro país, el empresario debe favorecer proyectos culturales enfocados hacia la paz. Es importante, desde la empresa, encontrar los mecanismos para reducir la violencia en México, pues ésta tiene costos económicos y sociales muy elevados para los empresarios y para el país

A los empresarios les conviene acabar con la violencia en México, pues día a día pierden millones de pesos como consecuencia de este fenómeno. Además, el empresario también debe promover la cultura del estado de derecho y la no corrupción, pues un país corrupto significa mayores gastos y mayor incertidumbre para la inversión.

Por último, el empresario debe promover aquella cultura que incentive a las personas a superarse profesionalmente, a emprender proyectos de negocios y esforzarse día con día. Los empresarios necesitan que los mexicanos aumenten considerablemente su productividad, sus ganancias y su consumo. Por ello, es fundamental instaurar la cultura del esfuerzo y el trabajo en la conciencia de todos los mexicanos.

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Fuente: Revista Siempre. Parte 1: http://www.siempre.mx/2016/07/empresas-culturalmente-responsables/ Parte 2: http://www.siempre.com.mx/2016/09/empresas-culturalmente-responsables-2/

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Fotografía: Máscara de Tigre, Zitlala, Guerrero. Autor: Jorge Cervantes Martínez

#LasPrestadas: ¿Aprender arqueología en el colegio? ¿y por qué no?

Por Adrián Carretón

En el colegio no me gustaban las ciencias naturales. Ni Física y Química. El latín tampoco es que se me diera muy bien, la verdad. A lo largo de toda mi etapa dentro del sistema educativo me encontré algunos años con asignaturas que me generaban gran rechazo. De hecho muchas veces me preguntaba la verdadera utilidad que esas temáticas podrían tener en mi futuro profesional.

“¿Para qué estudiar filosofía si no voy a ser filósofo?”

“¡Ya ves tú lo que me puede aportar a mí saber los compuestos químicos de la sal, el agua o cualquier otro material!”

“¿Acaso me va a salvar la vida saber calcular funciones derivadas?”

Estas y otras preguntas seguro que son habituales en muchos adolescentes que se encuentran cursando el instituto.

No es lo que te aportan para tu profesión futura sino lo que significa para tu formación y aprendizaje.

Sin embargo, la importancia de las asignaturas que menciono y otras, no está en lo que te aportarán para tu profesión sino en lo que te ayudarán en el proceso de aprendizaje y desarrollo personal.

También es cierto que sería mejor enseñar o hacer las asignaturas más atractivas desde un punto de vista didáctico. Y a todo el mundo no le puede gustar lo mismo. Por eso, quizás se podría plantear el estudio o la realización de actividades diferentes a las habituales con un mismo cometido: aprender y adquirir los conocimientos indispensables de la etapa educativa.

Y con la Arqueología se podría abordar numerosos objetivos educativos de una forma muy atractiva y permitiría desarrollar una serie de habilidades y aptitudes para la vida. Aprender Arqueología en el colegio es posible ¿Que no me crees?

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Las Ciencias Sociales y el estudio de la Arqueología

Desde la disciplina y sus tareas cotidianas, se puede adquirir y desarrollar las competencias básicas  (o claves) como elemento de desarrollo personal.

Las Ciencias Sociales tienen gran carga lectiva durante la etapa de Primaria y Secundaria. Asignaturas como Conocimiento del medio, Geografía, Historia, Sociales son materias de perspectiva generalista del tiempo y el espacio porque acerca el conocimiento del pasado y del espacio habitado por los seres humanos que sirve para entender el presente.

Por eso, la Arqueología no es en absoluto una materia rara o extraña en el programa educativo actual. Es una ciencia integrada dentro de las Ciencias Sociales  con la peculiaridad de que estudia el pasado de la humanidad a partir de sus restos materiales.

Esta disciplina ayuda a que el alumnado entienda la realidad que le rodea a partir de la asimilación intelectual de los hechos históricos y geográficos estudiados a través de la Arqueología.

La Arqueología de campo permite aprender por descubrimiento, a través de la propia experiencia: ver, tocar, sentir, compartir la experiencia personal…. Son cuestiones que se dan en un yacimiento arqueológico.

Ya hay algunos proyectos a través de los arqueódromos destinados a introducir los beneficios educativos de aprender Arqueología en los colegios. ¿Qué es un arqueódromo? Un arqueódromo  es un espacio de simulación de una excavación de arqueología donde se pude excavar y desenterrar objetos, con herramientas arqueológicas y siguiendo los métodos de recopilación de información propios de la Arqueología.

¿Qué aporta la Arqueología al desarrollo educativo?

La Arqueología permite aprender por descubrimiento, consiste en plantearse preguntas y tratar de buscar respuestas. Establecer hipótesis e intentar encontrar soluciones a partir de un método científico.

Algunos de las habilidades o competencias que se podrían trabajar con la Arqueología y que estarían estrechamente relacionados con los objetivos de las diferentes etapas educativas son los siguientes:

Al ser una disciplina tan sistemática, la práctica de la Arqueología desarrolla y consolida hábitos de disciplina, estudio y trabajo, tanto individual como en equipo. En una excavación hay tareas que se realizan de forma individual, físicas e intelectuales, pero otras muchas se hacen en equipo y contrastando información con los compañeros.

En un ambiente al aire libre y de entretenimiento, se promueve la convivencia y la integración de las personas del aula, fomentando la cooperación. Algunos proyectos de arqueódromos en la provincia de Murcia o Granada se comprobó cómo las actividades de Arqueología generaban un vínculo entre el trabajo a realizar y el alumnado, que adquiría gran compromiso en la elaboración de tareas. No cabe duda que el interés por las actividades era mucho mayor que en otras asignaturas llevadas a cabo en el aula.

La actividad arqueológica, cualquiera que sea, aunque simulada, genera gran cantidad de información que debe ser procesada. Es lo que se conoce como trabajo de laboratorio y del que te hablamos aquí. Manejar diferentes fuentes de información y en gran cantidad permite desarrollar destrezas en el uso de fuentes en el desarrollo del conocimiento, competencia imprescindible en los objetivos educativos tanto de primaria como de secundaria.

Estas actividades de Arqueología fomentan además la iniciativa y la confianza en uno mismo, la participación y el sentido crítico para aprender a aprender, planificar, tomar decisiones y asumir responsabilidades.

Que decir tiene que trabajar la Arqueología fomenta en el alumnado el respeto por el Patrimonio Cultural y la diversidad. Ofrece conocimiento de la Historia y la cultura, pilares fundamentales para la formación educativa de cualquier persona. Conociendo es posible comprender. Y a través de la comprensión se trabaja en el respeto a los demás.

Algunos temas recurrentes de Arqueología para el aula

¿Y qué temáticas podríamos trabajar dentro de una clase de Arqueología? Se me ocurren muchos. Y todos ellos se podrían abordar tanto en el aula como en el exterior.

  • Qué es la Arqueología.
  • Las herramientas principales de la Arqueología.
  • El diario del/de la arqueólog@.
  • Materiales y usos de herramientas del pasado.
  • El contexto arqueológico.
  • El método estratigráfico.
  • Las etapas de la historia.
  • Construyendo hipótesis. El método científico.
  • La cuadrícula de un yacimiento.
  • Prospección en el patio.
  • ¿Cómo tratamos un objeto descubierto en el yacimiento?
  • Las etiquetas. Una bolsa para cada objeto.
  • Rellenando fichas.
  • Catalogar las piezas.

Claro está que estas actividades tendrían que estar bien planificadas, basadas en los objetivos de etapa y con recursos para elaborar actividades con las que adquirir el conocimiento. Pero creo sinceramente que aprender Arqueología puede servir para formar personas y adquirir conocimientos además de servir como alternativa profesional para el gremio.

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Fuente: Patrimonio Inteligente.