DE LA CASA #123: CONTIGO NO APRENDÍ… A CUIDAR EL PATRIMONIO ARQUEOLÓGICO/ WMC.

Por Wilmer Mejía Carrión

Versión 2

Introducción

Este trabajo nace a partir de un debate que se inició de un par de artículos escritos anteriormente por mí. Se generaron una serie de respuestas y contra respuestas. Yo escribí que colocar una pantalla de cine adyacente a un sitio arqueológico para llamar la atención de los vecinos de las comunidades aledañas era poco efectivo pues este tipo de acciones no apuntaban a tomar como referente central el valor simbólico del patrimonio cultural arqueológico. Así propuse que todas las acciones y actividades para socializar el patrimonio hacia la comunidad que la alberga deberían “… emanar de la misma función social que posee la huaca”[2]

Una de las personas que estaba en desacuerdo conmigo entre otros comentarios[3] escribió:

“Mucha gente dice eso, pero pocos mencionan cual sería la “función social” de la huaca. Me pregunto si no es un término vacío que la gente repite, pero sin darle explicación? (Negritas son mías)

Este artículo tratará de dar una explicación a este término que –desde mi punto de vista- nada de vacío tiene.

Patrimonio cultural arqueológico y espacio público

¿Por qué no utilizar el patrimonio cultural arqueológico como un escenario para un concierto? ¿Acaso no buscamos que el patrimonio cultural arqueológico sea útil para las sociedades contemporáneas y se convierta en un espacio público de calidad? En nuestras mega ciudades latinoamericanas donde escasean tanto los espacios públicos de esparcimiento y recreación ¿no es una especie de pecado no usar los diversos sitios arqueológicos que se encuentran esparcidos en las diversas zonas urbanas para realizar eventos que congreguen a la mayor cantidad de gente (como conciertos y cines al aire libre)[4] y así convertirlo en un lugar valioso para los vecinos y de una vez por todas vean todos los ciudadanos su utilidad?

“Hay que entender las huacas como lugares modernos y públicos”, se nos dice. Y es cierto, concuerdo que las huacas son tan necesarias como los parques y plazas y que, como estos, deben ser de uso público. Sin embargo su uso no puede ser exactamente el mismo que el de un parque y una moderna plaza[5].

¿Por qué no? ¿Acaso pretendo señalar que la huaca debe preservarse mediante un muro que impida el paso de los vecinos y así evitar que maltraten nuestro valioso patrimonio cultural? No, nada de eso. Todo lo contrario deseo que todos conozcan el patrimonio de su localidad y que este sea un espacio público de calidad, lo cual no signifique que esté de acuerdo a que su uso sea igual que el de un parque o una plaza. Vayamos por partes.

En principio hay que entender algo sencillo, que tanto la idea de patrimonio cultural y de espacio público dentro de una ciudad, son construcciones sociales, es decir, conceptos que fueron inventados dentro de un determinado contexto social e histórico:

“… Es algo que no es inherentemente natural, sino creado por la sociedad. Es un concepto extremadamente importante en las ciencias sociales porque sin ellos, la sociedad no sería la misma. Las construcciones moldean mucho nuestras vidas. Pero nosotros también las moldeamos. Si la sociedad existente cambiase, nuevas construcciones se desarrollarían y las viejas se debilitarían”[6]

Así pues, cuando hablamos de patrimonio cultural se olvida que este es una construcción social, es decir, un concepto inventado y por tanto tiene una historia. El concepto de patrimonio cultural es una creación humana y como toda creación humana fue concebida con una función. Lo mismo el concepto de espacio público y dentro de ello parques y plazas. Ambos conceptos, espacio público y patrimonio cultural, tienen su propia historia, donde podemos ver que fueron creadas con funciones diferentes, que pueden interrelacionarse, pues al fin y al cabo nacieron bajo contextos sociales e históricos similares.

Parece ser que muchos en la actualidad olvidan o simplemente desconocen estas historias y funciones diferentes equiparando que un sitio arqueológico –sobre todo si se encuentra dentro de un área urbana- debe tener exactamente la misma función que un parque.

Ejemplo de esto es la siguiente apreciación:

“La propuesta de “Cine en tu Huaca” es interesante porque recoge la idea de la huaca y sus alrededores como un espacio público, como un parque que lo pueden usar todos, aun cuando el sitio no haya recibido una “puesta en valor”. Es la idea de convertir la huaca en un lugar y conectarla con el vecindario. Por supuesto que no puede ser una estrategia aislada, pero en una ciudad que carece de parques y otros espacios públicos y donde los pocos que hay están a cada rato en riesgo de ser privatizados o apropiados (miren el caso del Parque de la Exposición), plantear la huaca como una extensión del barrio, donde vas a jugar y ver pelis es algo positivo[7]

Lo que planteo es que correlacionar sitio arqueológico y parque es mezclar dos construcciones sociales con diferentes funciones, no me malinterpreten, existe un solapamiento(sic) entre ellas y de allí que puedan conjugarse y maximizar su potencial como elementos que generen un impacto positivo en el nivel de vida de gente, pero si perdemos de vista la historia de ambos y por qué fueron creados le daremos más importancia a uno (en este caso, la idea de parque, lugar de esparcimiento, recreación y articulación entre vecinos de una ciudad) que a la de patrimonio cultural (lugar con contenido simbólico que debemos conocer para reconocernos como miembros de la misma comunidad nacional)

Espacio público. La necesidad de espacios de reunión y esparcimiento en la ciudad

La idea de que una ciudad tenga espacios públicos de calidad exclusivamente para el esparcimiento y articulación de los vecinos de una ciudad no era una idea popular antes de la Revolución Industrial. Lo rural y lo urbano no tenían límites claros y aunque existían lugares de reunión para los habitantes de las ciudades (plazas de armas) estas no tenían el objetivo principal de que la gente se reuniera a pasar sus ratos de ocio con actividades que apuntaran a ese fin. La plaza era el lugar del mercado, el espacio de castigo para los pecadores castigados por la Santa Inquisición o de reunión de los vecinos para los asuntos del cabildo abierto, pero no eran lugares establecidos para el puro esparcimiento, ni para realizar actividades puramente “culturales”[8].

La revolución industrial crea nuevas formas de ganarse la vida; el taller familiar es reemplazado por la fábrica. Esto hace que muchos de los viejos lazos de articulación entre los vecinos de una ciudad se pierdan, y se creen nuevos.

“Durante la segunda mitad del siglo XVII y la primera del XVIII, Londres, París y algunas otras ciudades europeas crecieron en complejidad de funcionamiento a raíz del desarrollo manufacturero. A la par, comenzaron a albergar diferentes lugares destinados a una pujante clase media urbanizada; que con disponibilidad de tiempo libre–ocio–consumo dio paso al crecimiento de la ciudad, al centralismo, y al surgimiento de las zonas comerciales de finales del siglo XIX…” Con el urbanismo del siglo XIX, “…se formalizó la distinción jurídica entre espacio privado y espacio público y la diversidad de funciones y de usos colectivos que allí se podrían desarrollar”, “… La calle, el parque, la plaza y los lugares de encuentro ciudadano, son los vínculos que nos unen, conforman una sutil trama de relaciones que son el soporte de la vida urbana”[9]. Así pues el espacio público busca articular a los vecinos de una ciudad.

Ahora bien, los sitios arqueológicos puede funcionar como espacios articuladores similares a un parque o una plaza, sobre todo si el monumento arqueológico cuenta con suficiente espacio para realizar actividades de esparcimiento y recreación, pero aquí permítanme decir que el patrimonio tiene una función que va más allá de la mera articulación de los diferentes actores sociales de una ciudad, es más que un espacio de entretenimiento, es un lugar de memoria y reflexión, un lugar de formación ciudadana y de pensamiento crítico.

Patrimonio cultural, ciudadanía, nación  y memes

El patrimonio cultural tiene un valor simbólico derivado su propia historia, no necesita de elementos externos que lo “pongan en valor” Las comunidades humanas del pasado que lo crearon han plasmado parte de su cultura en ella, y por eso serían objetos culturales, está pues, llena de información sobre los seres humanos que la hicieron y la usaron con diversos fines. A diferencia de un parque no ha sido hecho con el objetivo de ser desde el principio un espacio público recreativo y de esparcimiento, aunque, obviamente, puede ser usado de ese modo, sin embargo por sus peculiaridades se le dotó de una función y sentido totalmente alejado de su función primigenia: la formación y consolidación de los Estados – Nación modernos. Lo repito tiene una función diferente pero que puede ser complementaría con la del espacio público.

Lo resumiría así, de una manera un tanto tosca:

El espacio público busca integrar a los vecinos de una ciudad, mediante la recreación y esparcimiento. El patrimonio cultural sirve para integrar a los ciudadanos de un país para que al ver que tienen un pasado común se integren a pesar de sus diferencias, reconozcan que tienen una identidad común y apuntar al desarrollo de su país.

Además el patrimonio cultural no es un depósito vacío, todo lo contrario, está lleno de información, de “memes”.

“El concepto de meme fue puesto en circulación por Richard Dawkins en su libro El Gen Egoísta. Además del gen, Dawkins identificó un segundo replicante, una unidad de transmisión cultural que saltaba de cerebro en cerebro por medio de la imitación y que iba mutando en el proceso. La palabra meme era una variación de la griega mimeme, imitar. Dawkins consideraba meme a cosas tan variadas como una canción o una frase pegadiza, pero la quintaesencia de meme son las ideas. El caso es que todos ellos compiten por una cosa: nuestra atención. Los memes eran los virus de la mente, algo infeccioso, un parásito de la mente”[10].

Los arqueólogos son los encargados de sacar estos memes contenidos en estos objetos culturales, estos memes nos pueden decir muchísimo de la sociedad que construyó lo que ahora es un sitio arqueológico y puede ser de muchísima utilidad tanto en la formación de una ciudadanía con pensamiento crítico, como para entender que entre pasado, presente y futuro existe un eslabón, un enlace y que tenemos una responsabilidad dentro de esta cadena, que es la de crear nuestro futuro colectivo como pertenecientes a un estado multicultural, pero que al fin y al cabo mantiene una base común, y en el caso de los latinoamericanos, esa base común está en los pueblos originarios.

Se quedan muchas cosas por hablar, el tema amplio y espero poder tocar otras aristas en otros artículos, por ahora como conclusión:

El monumento arqueológico debe ser parte de un espacio público de calidad pero nunca como parte de una escenografía donde una pantalla de cine o un concierto de jazz sean lo principal puesto que así no cumple con su función social[11], la de ser un lugar de memoria y reflexión, de educación ciudadana y de descolonización mental.

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Notas:

1. El título hace referencia a la canción “Contigo aprendí” escrita por Armando Manzanero  quien se presentó en Chichen Itzá. Este también es un claro ejemplo de la confusión de funciones que existe entre monumento arqueológico y espacio para conciertos en este caso. Chichen Itzá queda como un bonito escenario desprovisto de su valor simbólico y de su utilidad como lugar de memoria y reflexión.

2. Antes de proseguir debo aclarar que en el Perú el término “huaca” es usado como sinónimo de sitio o monumento arqueológico prehispánico.

3. Otro de los comentarios en contra de mi propuesta fue este “… El problema es que las huacas no vienen con una lista de instrucciones del uso correcto! Veamos un sitio como el Camino Inca de la PUCP – según esta interpretación, el único uso que tendría este monumento debería ser como camino! Aun cuando los sitios que conectaba ya no existan, o estén divididos por avenidas modernas…” Quisiera aclarar algo, es cierto las huacas no vienen con lista de instrucciones, realmente creo que no debería existir una pues cortarían la imaginación y las posibilidades inmensas en actividades que hacer en una huaca, sin embargo, la antropología y las demás ciencias sociales sirven para darnos una guía para la acción, nos plantea caminos para explorar a partir de la investigación y conocimiento de la realidad.

4. Ejemplos de uso de los sitios arqueológicos como simples escenarios son los siguientes:
https://www.youtube.com/watch?v=9exVe1JLw5g, (jazz en tu huaca) que fue parte del tour nocturno peatonal por el día de los museos el 2013 el cual incluía un recorrido guiado.

5. Ojo que la plaza y el parque con el pasar del tiempo y si la comunidad que lo alberga lo decide así puede convertirse en patrimonio cultural similar a los sitios arqueológicos.

6. https://www.theodysseyonline.com/social-constructs (traducción propia)

7. https://arkeopatias.wordpress.com/2015/04/18/de-la-casa-56-la-huaca-no-esta-en-la-pantalla-wmc/

8. Uso el término “culturales” entrecomillado para diferenciarlo del concepto antropológico, mucho más amplio. Así pues “cultural” es sinónimo de actividades recreativas relativas al arte, cine, teatro, música, ciencia.

9. http://revistascientificas.cujae.edu.cu/Revistas/Arquitectura/Vol-XXVI/1-2005/07-15-Lahistoriadelaciudad….pdf

10. https://evolucionyneurociencias.blogspot.pe/2015/05/que-fue-de-los-memes.html

11. Es a partir de esta función social que no estoy de acuerdo con una de las actividades que se quieren realizar para la socialización de la Huaca Mangomarca en San Juan de Lurigancho (Lima), la de enseñar a los niños de las familias vecinas a la Huaca, a tocar instrumentos de sinfónica. No me malinterpreten estoy de acuerdo con que este tipo de acciones se incentiven, aunque no conozco los detalles me aventuro a decir que si esta actividad es la actividad principal para socializar la huaca me temo que no servirá de mucho pero si es parte de un conjunto de acciones a realizar a favor de su socialización le doy el beneficio de la duda y la posibilidad de  que puede ser efectivo –al final de cuentas tocar un instrumento musical también te sensibiliza y te hace pensar- , siempre y cuando no se olvide que la huaca es más que un lugar para que las almas “sensibles” y “cultas” la aprecien solo porque es antigua.

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Sobre el autor: (Lima, Perú-1981) Antropólogo egresado de la Universidad Federico Villarreal. Miembro del área de investigación del Instituto Cultural Ruricancho, el cual se dedica a la investigación y la difusión de la historia local y el patrimonio cultural y natural de San Juan de Lurigancho, distrito de la ciudad de Lima. Apasionando por la historia local y la literatura, escribe diversos artículos enfocados en el tema del patrimonio cultural para la Revista Virtual ArKeopatías.

Foto: Juan Tonchez / Proyecto ArKeopatías (cc) 4.0

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DE LA CASA #122: LA BATERÍA DE ANTÓN LIZARDO COMO PARTE DEL SISTEMA DE DEFENSA DEL PUERTO DE VERACRUZ/ MHV.

Por Martha Judith Hernández Velasco

Panorama histórico

Con la llegada de los españoles a las costas de lo que actualmente conocemos como Golfo de México, se abrió paso a un sistema de intercambio material e ideológico entre lo que sería la Nueva España y Europa. De esta forma la Villa Rica de la Veracruz (desde su fundación y hasta su establecimiento en lugar definitivo frente a la Isla de la Gallega) se revistió de importancia al convertirse en punto estratégico, puerto al que arribaron navíos que pronto fueron codiciados por los corsarios que deseaban apropiarse de los productos que ellos transportaban.

La preocupación central de la Corona Española era asegurar el flujo de las riquezas hacia la Península Ibérica, esto requería la protección de los puertos y las rutas marítimas. Las naves españolas zarpaban de Sevilla y, tras cruzar el Atlántico, se dirigían a los principales puertos del Caribe y el Golfo de México: por Cartagena de Indias salían las riquezas de Sudamérica y se convertía en el mayor punto de comercio de esclavos traídos del continente africano; Portobelo fue puerto de salida del oro peruano; de Campeche salían las maderas preciosas y el palo de Campeche; y a través de Veracruz se mandaban los recursos minerales hallados bajo el suelo de la Nueva España (Rodríguez, 2013:4).

Para garantizar el flujo de las mercancías se adoptaron dos estrategias: una vinculada con las embarcaciones en altamar y como respuesta al incremento de la piratería, esta consistió en un sistema de convoyes denominados “la flota española del caribe” o “flota de indias”, embarcaciones que fueron utilizadas para el transporte de una gran variedad de artículos y personas; este sistema se mantuvo entre 1566 y 1790. Una segunda estrategia fue fortificar los principales puertos en las costas del golfo de México y el mar Caribe, sin embargo, la problemática exigía abordarla en tres niveles: continental, regional y local. Para ello, Felipe II creó el cuerpo de ingenieros militares que trabajó en la planeación y realización de las obras (Idem).

El sistema defensivo de Veracruz, para la ciudad consistió en un sistema amurallado, en la Isla de la Gallega se construyó la Fortaleza de San Juan de Ulúa, mientras que a lo largo de la costa  se construyeron, fuertes, baterías y fortines ubicados en lugares estratégicos para la vigilancia y protección de la ciudad. San Juan de Ulúa se ubica sobre el islote arrecifal de La Gallega, construida entre los siglos XVI al XVIII. Esta edificación formó parte de un conjunto de fortificaciones denominado Escudo Antillano emplazado en el golfo de México y mar Caribe, cuya función era esencialmente de control de entradas y salidas en el sistema comercial oceánico; además de estar localizadas como puntos estratégicos en las rutas marítimas ya que servían para proteger, controlar y administrar los envíos de oro, plata y otras mercancías con destino a España; así como una forma de dominar el territorio frente a los rivales europeos, Inglaterra, Francia y Holanda, principalmente. Este Escudo Antillano constituía un arco defensivo en el mar de las Antillas y golfo de México desde Florida (USA) hasta Cartagena de Indias (Colombia), con fortificaciones tanto en tierra firme como en las costas insulares (Montero, 2009).

Piratas

Se tiene el registro de dos ataques de piratas a Veracruz, el primero efectuado por el inglés John Hawkins en 1568 y el segundo en 1683 por parte del caballero de Granmont y Lorenzo de Graff “Lorencillo” con un grupo de 1200 hombres que desembarcaron muy cerca del puerto desatando destrucción y saqueo de la ciudad.

Posterior al ataque de Lorencillo se reforzó la defensa de Veracruz, en 1692, con la realización de obras en la Fortaleza de San Juan de Ulúa a la que se añadieron dos baluartes, además se trabajó en las murallas de la ciudad. En el siglo XVIII se continuó perfeccionando el sistema de  defensa de Veracruz con la construcción de nuevas fortificaciones, las cuales se… 

“agruparían en dos objetivos defensivos acordes con la realidad belicista que predominaba. El primer proyecto fue elaborado sobre el fundamento de impedir un desembarco por algún lugar de la costa de Sotavento. Con ese propósito se iniciaron los esfuerzos por fortificar algunas desembocaduras de ríos como Alvarado y Coatzacoalcos y zonas de trascendencia táctica. Nos referimos a Mocambo y Antón Lisardo” (Pérez, 1999:16).

La materialización de dicho proyecto tuvo varias etapas que abarcó desde 1737 hasta finales del siglo, que es el periodo en que se construyó esta batería.

Antón Lizardo en las fuentes históricas

La batería de Antón Lizardo se localiza en la localidad del mismo nombre en el municipio de Alvarado, Veracruz; sobre la calle Azueta sin número, entre las calles 5 de mayo e Independencia en el centro de dicha localidad.  Esta construcción se encuentra registrada por la Coordinación Nacional de monumentos Históricos, en el Inventario de Monumentos Históricos Inmuebles de Propiedad Federal, con el número clave 3001100030001, y fechada para el siglo XVII.

La presencia del nombre de “Punta de Antón Lizardo” en fuentes históricas del siglo XVIII, es recurrente, sobre todo al referirse a zonas propicias para el desembarco de naves y protección del puerto de Veracruz. En un texto con fecha de 1746 y titulado Theatro Americano, encontramos una descripción general de los reinos y provincias de la Nueva España y sus jurisdicciones, escrito por Don Joseph Antonio de Villa Señor y Sánchez, sobre sitios de importancia en la costa, hace mención de la ubicación de Antón Lizardo:

“Ay de distancia de este parage tres y media leguas corriendo la costa por el noreste sureste a la punta que llaman de Lizardo, distante de Boca del Rio tres leguas y seis y media de la Ciudad (Veracruz) y a distancia de dos leguas de dicha Punta, se halla un caudaloso arroyo conocido con el nombre de río Salado” (Villa Señor y Sánchez, 1746:276).

Por otro lado, en el Archivo de Simancas se ubica un “Plano marítimo de Veracruz, su puerto y costa desde Punta  Gorda hasta la Punta de Antón Lizardo”, fechado en 1764, esta carta señala con precisión los islotes, bajos y arrecifes. En el texto señala:

“Descripción del Puerto de la Nueva Veracruz en el Reyno de Nueva España; Contiene desde Punta Gorda hasta la Punta de Antón Lizardo; Reconocido y sondeado vltimamente el fondeadero de la Ysla de Sacrificios, Voca del Río, Medellín y sus Ynterioridades (sic) como también la Ensenada que ay entre la Punta de Mocambo y la de Antón Lizardo la qual es Limpia, Capaz para Navíos y el fondo arena menuda” (AGS, Marina 391, tomado de Calderón, 1968:32).

En este texto se anota la idoneidad de Antón Lizardo para el fondeo de navíos.

En cuanto a su construcción, en 1771 Miguel del Corral proponen dos proyectos para fortificar la Punta de Antón Lizardo, al respecto del área para ubicarla menciona:

“en toda la costa de Veracruz a Alvarado no hay paraje más a propósito para practicar un desembarco que desde la Punta de Antón Lizardo hasta el rincón de Vajo que dista legua y media a sotavento de dicha Punta, se hallan en esta distancia las Isletas de la Herradura Salmedina el Criso La del Medio e Isla Blanca separadas de tierras tres quartos (sic) de legua una legua y media las que con sus Arrecifes forman un Puerto u abrigo para cualquier Escuadra por numerosa que sea tanto mas seguro que el Puerto de la Veracruz. […] Practicando el desembarco cualquier enemigo ya dueño de este importante Puesto queda cortada la comunicación con Alvarado que es el conducto por donde se provee la Veracruz con mas facilidad de maíces, frijol, carne, aves y mariscos y al enemigo no le será difícil proveerse de carne fresca hallándose en la corta distancia desde Veracruz a este paraje de las Haciendas”  (Foja 2, 3).

En este mismo texto se presenta un presupuesto sobre los gastos para la construcción en forma Hexagonal, con el subtítulo de Cálculo prudencial del semiexagono (sic) propuesto, que asciende a un millón doscientos cincuenta y un mil cuatrocientos noventa y cinco pesos (1,2510495 pesos).

El segundo proyecto se reduce a una Torre de 60 varas de diámetro con su foso camino cubierto y explanada capas de 20 cañones de cualquier calibre […], alojamiento para 200 hombres con almacenes de polvora y víveres para dos meses” (Ibid, foja 5). Cálculo prudencial de la torre: trescientos dos mil seiscientos sesenta y cinco pesos.

A finales de 1792, Miguel del corral escribe una relación de la situación de las fortificaciones de Veracruz y sus costas, en la hoja 10 se menciona: “A 4 leguas de la misma Punta de Mocambo está la de Antón Lizardo y a distancia de esta de a 1500* 1800* y 2000* varas al frente hai Callos Islotes Bajos y Arrecifes que conforman una gran Bahia, con abrigo de mar y poco o ninguno de los Vientos en particular para Baxeles grandes” (AGN-AHH)

En el año de 1860 figura Antón Lizardo, por ser parte en un posible ataque al Puerto de Veracruz, al respecto Leonardo Pasquel menciona:

El incidente naval de Antón Lizardo –hermosa bahía frente al litoral veracruzano, donde ahora se encuentra la Heroica Escuela Naval Militar- fue uno de los episodios más significativos y comentados a lo largo de la guerra de Reforma, tanto por el peligro que para el puerto de Veracruz suponía el ataque por mar intentando por el marino don Tomás Marín, ya que tal ciudad servía de asiento al gobierno de Benito Juárez, como por la pretendida participación de navíos norteamericanos en esta función de armas (Pasquel, 1967:IX).

De las investigaciones

En las últimas décadas se han realizado esfuerzos encaminados a la conservación de sitios históricos como son las fortificaciones militares, algunos investigadores como Francisco Muñoz y Tamara Blanes mencionan la ubicación de este sitio, al respecto Blanes describe que se localiza:

…a una distancia de 5 leguas de Veracruz, aquí es levantada una batería para resguardar una excelente ensenada utilizada como puerto seguro y punto posible para desembarcos enemigos. […]Es construida sobre una superficie de 521,80 metros cuadrados. Su planta es irregular, sus dos cuerpos principales están reforzados con contrafuertes; bóveda de medio cañón, arco de medio punto, escaleras, sótano y aljibe son elementos que componen esta edificación (Blanes, 2001:188.189).

En este párrafo la autora resalta la utilidad de la ensenada como puerto seguro, es frecuente que se mencione a Antón Lizardo como parte del sistema de defensa de la plaza de Veracruz, sin embargo también eran necesarios otras instalaciones que surtieran de suministros y materiales para la construcción como piedra y cal; al respecto Israel Cano Anzures (2015) afirma que existen registros de los hornos de cal en Antón Lizardo. Sobre la construcción militar propone que tipológicamente se trata de una batería de fajina, que se implementó en diferentes emplazamientos, como Mocambo, Antón Lizardo, Alvarado y Coatzacoalcos, de los cuales realizó la descripción de los elementos compositivos recurrentes en ellas, apuntando los siguientes: batería de tierra, repuestillo o almacén de pólvora, puesto de guardia, cocina, caballeriza, instalaciones complementarias, estacada, torre de vigía o garita y horno de cal.

El autor propone una reconstrucción hipotética del emplazamiento de Antón Lizardo basándose en el análisis de documentos y los restos materiales que se conservan de la construcción

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Reconstrucción hipotética del emplazamiento militar de Antón Lizardo. Tomado de Cano, 2015, página 219.

En esta imagen se pueden reconocer algunos de los elementos que anota Israel Cano en su reconstrucción hipotética. En la parte central de la imagen los elementos A, C, E, F y D; mientras que en la parte lateral izquierda de la imagen se encuentra el que probablemente sea el elemento G o puesto de Guardia con patio cerrado.

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19243756_10213374406464325_536536647_o.jpgLa construcción en la parte central de la foto podría corresponder al puesto de guardia que menciona Cano en su reconstrucción hipotética.

Panorama actual

La batería de Antón Lizardo, es un monumento del que se observan algunos paredones y contrafuertes, el estado de conservación es bueno pero en constante deterioro por las condiciones ambientales y por la falta de vigilancia en el lugar. De acuerdo con los comentarios de la población el lugar casi siempre se encuentra limpio sin embargo por las noches es peligroso transitar por ahí ya que se esconden algunas personas entre los muros.

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La construcción responde a las características de una batería militar, el área que ocupa actualmente el sitio puede delimitarse en un polígono semi rectangular de 50 metros en dirección este-oeste, por 35 a 39 metros en dirección norte-sur; se localiza sobre la calle principal de la localidad, al sur colinda con construcciones contemporáneas, entre ellas se encuentra una Iglesia católica que está en proceso de construcción. De los planos históricos sobre las propuestas para la construcción de la Batería de Antón Lizardo, lo que está aún en pie corresponde a un porcentaje mínimo, se conservan algunos paredones y en la parte posterior se pueden ver alineamientos y bases de cimientos.

A unos cuantos metros se localiza la Heroica Escuela Naval Militar, por lo que algunas personas relacionan las “ruinas” con la Escuela Naval, pues son los estudiantes de esta institución quienes a menudo se encargan de hacer la limpieza en el lugar.

Uno de los problemas sobre este sitio es que no cuenta con información, no hay alguna placa que describa los hechos históricos o que haga referencia al nombre y función de este edificio. Otro aspecto es que  al tener acceso libre es más propenso a dañarse o a que lo utilicen como estacionamiento (ver imagen).

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Al realizar el análisis de encuestas y entrevistas que se aplicaron a la población de la localidad y visitantes, se observa que la población tiene una relación tan cotidiana con el inmueble que suelen minimizar la importancia histórica del edificio. Cuando se preguntó acerca de la historia, la mayoría de la población mencionó la existencia de piratas y la ocupación española. En cuanto a si consideran el lugar como patrimonio, respondieron que si al asociarlo con recuerdos familiares y de infancia, aunque por supuesto hubo quienes dijeron que no sirve de nada y que sería mejor tirarlo para hacer algo nuevo que sirva a la comunidad.

La población que habita en Antón Lizardo se dedica a la pesca y a servicios turísticos, sin embargo mucha gente tiene que trasladarse a la ciudad de Boca del Río o al Puerto de Veracruz para buscar trabajo y continuar con los estudios. La población que se encuestó hizo referencia a que los turistas llegan a comer y a pasar un día de descanso en la playa y cuando preguntan qué lugares hay para visitar los llevan a las ruinas “pero no hay información y nosotros no sabemos que decirles y se van”. Ellos creen que si este sitio se “rescata” podría atraer a más gente interesada por la historia de México.

¿Usted que opina?.

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Notas

[1] El presente texto es parte de la investigación titulada La percepción social sobre Boquilla de Piedras, Antón Lizardo y Santa Teresa como sitios patrimoniales, que realicé como proyecto para obtener el grado en la Maestría en Antropología de la Universidad Veracruzana, en diciembre de 2016.

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Bibliografía:

Blanes Martín, Tamara (2001) Fortificaciones del Caribe.  Editorial Letras Cubanas.

Calderón Quijano, José Antonio (1968) “Nueva Cartografía de los puertos de Acapulco, Campeche y Veracruz”. En Anuario de estudios americanos, XXV, Sevilla, pp. 515-563.

Cano Anzures, Israel (2015) “Emplazamiento militar de Antón Lizardo Veracruz”. En: Memorias del 1er Congreso Internacional Arquitectura Militar y Gestión de Recintos Fortificados. Veracruz México.

Pasquel, Leonardo (1967) “Prólogo”. En Nuevo aspecto del incidente de Antón Lizardo, Renato Gutiérrez Zamora (1895 primera edición). Editorial Citlaltepetl. Veracruz, México.

Pérez Guzmán, Francisco (1999) “Veracruz y La Habana en la concepción estratégica del Imperio español en América”. En Sotavento Revista de Historia Sociedad y Cultura, Número 6, Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales, Universidad Veracruzana, Xalapa, Veracruz, México. pp 9-17.

Rodríguez Viqueira, Manuel (2013) “Arquitectura militar y guerra de mercados durante los siglos XVII y XVIII en el golfo de México y el Caribe. Las Fortificaciones de la Isla de Tris y de las riberas de la Laguna de Bacalar y del Río Hondo”. En: Arquitectura y urbanismo militar en Iberoamérica. Jorge González Aragón, Everardo Carballo Cruz, coordinadores. UAM, México, pp. 1-47.

Villa Señor y Sánchez, Joseph Antonio (1746)  Theatro Americano, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/teatro-americano-descripcion-general-de-los-reinos-y-provincias-de-la-nueva-espana-y-sus-jurisdicciones-su-author-d-joseph-antonio-de-villasenor-y-sanchez–0/html/00bcd0d4-82b2-11df-acc7-002185ce6064_295.html

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Sobre la autora: Xalapa, Veracruz / 1983. Maestra en Antropología y licenciada en arqueología, ambos estudios en la Universidad Veracruzana, ha participado en proyectos de protección técnica y legal del patrimonio arqueológico en los estados de Oaxaca, Guanajuato y Veracruz; así como en proyectos de investigación arqueológica en los estados de Hidalgo, Tabasco, Oaxaca y Veracruz. Fue responsable del proyecto Registro de colecciones arqueológicas en el estado de Veracruz en las temporadas 2009-2010. Se interesa principalmente por los estudios de identidad a través del Patrimonio Histórico, así como la divulgación del mismo.

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#LasPrestadas: Dejar mi trabajo arqueológico como una acción política.

Por Marjolijn Kok

Introducción: En 2010 el gerente interino de la empresa arqueológica (parte de la universidad) en la que trabajé me dijo que el conocimiento no es importante. Para mí este fue el punto de no retorno y dejé mi trabajo. Por supuesto que podría haber buscado un nuevo trabajo en arqueología, pero la forma en que la arqueología contractual está organizada y politizada me hizo elegir un camino diferente. En este artículo explicaré cómo la forma en que se organiza la arqueología es política. En un momento dado tenemos que preguntarnos si quiero este tipo de organización, ¿puedo cambiarlo o necesito tomar una acción diferente? ¿Hasta dónde quieres ir para que puedas ganarte la vida en la profesión que amas?

Voy a dar una perspectiva holandesa, pero los temas tienen relevancia fuera de la arqueología holandesa. La idea de que la teoría no tiene cabida en la formulación de políticas es persistente, especialmente en contextos neoliberales. Esto ha conducido a un enfoque en el que la gestión se ha convertido en una comprobación poco profunda de parámetros fácilmente mensurables, integrados en las políticas de arqueología contractual. La arqueología se utiliza como lubricante en el proceso de reurbanización. Pero en mi opinión la arqueología no es un lubricante; La arqueología debe ser una herramienta crítica para mirar a los demás ya nosotros mismos. Mi participación en la arqueología contemporánea y el arte ha abierto nuevos caminos para abrazar lo político en la arqueología.

Ponencia completa:

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Fuente: “Quitting my archaeological job as a political deed”. Marjolijn Kok, Bureau Archeologie en Toekomst, Netherlands. Recording Archaeology

DE LA CASA #116: CRECIMIENTO URBANO EN TEOTIHUACÁN/ ARK.

teotihuacan

Hace uno días estuvimos probando Timelapse, el nuevo servicio de Google que permite hacer animaciones (similares a un gif) secuenciando las capturas anuales (desde 1984) de cualquier zona del planeta. Aunque la resolución no es la mejor y hay ciertas partes del mundo que cambian poco a lo largo del tiempo, es una buena herramienta para tener un panorama general y rápido del crecimiento en las ciudades. Como pueden imaginarse, una de las primeras pruebas que hicimos fue sobre el tema del crecimiento urbano en el Valle de Teotihuacán y la correspondiente afectación al patrimonio arqueológico de esta ciudad prehispánica patrimonio de la humanidad. El resultado lo pueden checar aquí.

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ArKeopatías opera bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento – NoComercial – Compartir Igual 4.0 Internacional License, por lo que agradecemos citar la fuente de este artículo como: Proyecto ArKeopatías./ “Textos de la casa #116″. México 2017. https://arkeopatias.wordpress.com/ en línea (fecha de consulta).

TACO’S / TALLER(ES) DE ACONTECIMIENTOS // SESIÓN UNO: FOTOGALERÍA

Versión 2

#ArKeopatías en la #calle.// 1ra. Sesión de los #TACOS.// Comenzamos con mucha energía las sesiones de taller en #ArKeopatías. El pasado domingo estuvimos con las amigas que se integraron a este proyecto, caminamos y observamos el entorno inmediato bajo la premisa de que el cuerpo es nuestro primer mapa.// Muchas gracias a Pamela y Cris Desentis, nuestras primeras invitadas a la mesa de #LaFondark.// ¡Nos vemos en la próxima sesión!

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#Ciudad #Talleres #Acontecimientos #patrimoniobarrial #LaFondark #TACOS #unaordencontodo #delaquepica #calles #metro #CU #CiudadUniversitaria #SantoDomingo.//  Fotos: Juan Tonchez / Proyecto ArKeopatías (cc)

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