DE LA CASA #33: El Marchante Gourmet/ MMV.

num33Por Marlen

(…) y desde que llegamos a la gran plaza, que se dice Tatelulcu, como no habíamos visto tal cosa, quedamos admirados de la multitud de gente y mercaderías que en ella había y del gran concierto y regimiento que en todo tenían… cada género de mercaderes estaban por sí y tenían situados y señalados sus asientos.

-Bernal Díaz del Castillo

Mercado de Tlatelolco, Diego Rivera 1942

Mural: Mercado de Tlatelolco, Diego Rivera, 1942.

Cuando decidí el tema para mi siguiente entrega, estaba convencida que sería sobre el “hit” del momento, en cuanto a lugares “in” para dar el “rol” por la ciudad se trata, esos que aparecen en las revistas, especializadas en reseñar el abanico de posibilidades que nos ofrece la capital del país; y que mejor que hacer referente a una de las colonias con una fuerte presencia en la Ciudad de México: La Colonia Roma.

Nace de los potreros de la antigua “Hacienda de la Romita”, para posteriormente ser fraccionada a principios del siglo XX; fue diseñada con bulevares y amplios camellones, seccionada en extensos terrenos que permitieron trasplantar la idea anglosajona del chalet con mansardas, lucarnas y chimenea, circundado por un generoso jardín, a la inversa del modelo de construcción tradicional español. Fue concebido en sus inicios como un barrio para la élite capitalina; posterior al terremoto de 1985, un importante porcentaje de inmuebles desaparece y otros más presentan severos daños. Es así como baja la plusvalía de la zona y es ocupada por la clase social media y baja, en su mayoría comerciantes, que abren pequeños locales como barberías, misceláneas, panaderías y demás ultramarinos, creando así, una red vecinal sustanciosa que se fue consolidando en los años posteriores. Podemos encontrar un retrato muy acertado de cómo funcionaba la colonia en el libro de José Emilio Pacheco “Las Batallas en el desierto” enmarcando el contexto político y social durante el año de 1948.

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Colonia Roma. Fuente: http://www.ciudadanosenred.com.mx

No es una novedad que de unos años hasta la fecha, la colonia Roma ha estado en un proceso de auge, tanto inmobiliario como la revitalización de su infraestructura, se ha convertido en un atractivo foco de inversión y una excelente opción para vivir, ahora alberga a una población económicamente activa y de rangos de edad fluctuantes, sus gustos van enfocados hacia un comercio diferente al que contaba la zona; es propensa al cambio: una circunstancia generalizada en la ciudad, nada permanece estático.

Cobijado por la colonia Roma, se ubicaba en Querétaro 225 el prestigioso bar de rumba y música tropical: “El Gran León”, vástago del “Bar León” (con locación en el centro histórico) cuyo dueño era Pepe Arévalo; lugar conocido bajo la premisa de “La Rumba es Cultura”, albergaba noche a noche música en vivo, frecuentado por personalidades como Carlos Monsivaís, Gonzalo Celorio, Arturo Ripstein y el “Tigre” Azcárraga, entre otros. Operó durante 30 años, lugar de apabullante historia sirvió como locación en cintas como: “El mil usos”,”Hotel” y “Las glorias del gran Púas”.

Google Street View, 2011

 Bar “El Gran León”. Fuente: Google Street View, 2011.

Se me ocurriría pensar que un inmueble que es un referente social y urbano, dentro en una colonia con una importante carga histórica, estaría protegido y no pienso que la manera de proteger un inmueble sea mediante la conservación extrema (ponerle un domo de plástico encima), ni tampoco trato de compararlo con la aportación plástica de la Ciudad Universitaria o el Polyfórum Cultural Siqueiros, pero es en definitiva parte de la identidad de un barrio y de quiénes interactúan con él.

Estoy a favor de la rehabilitación urbana, incentivar el aumento de la plusvalía de zonas que están decayendo y considero imperante poner los ojos en edificaciones “olvidadas”, para posteriormente intervenirlas y darles un nuevo aire; sin embargo requiere que estas intervenciones se realicen acompañadas de un profundo sentido de conciencia, análisis y respeto.

El proyecto del “Mercado Roma” por el despacho Rojkind Arquitectos, lamentablemente no es un ejemplo de esta conciencia espacial. He leído una buena cantidad de reseñas, críticas, comentarios y entrevistas, en las cuales hacen alarde del despunte económico y social que implica un proyecto como éste, haciendo énfasis en la calidad y lo minucioso de su diseño interior, de mobiliario y “branding” (que eso no está a discusión) así como de la selecta lista de colaboradores en la composición de la oferta gastronómica del lugar. Es efectivamente un planteamiento fresco, con un esquema inexplorado en el país y que ofrece una experiencia cautivadora.

Victoria Zamora

Mercado Roma. Fotografía: Victoria Zamora.

Sin embargo dista mucho de lo que debió ser: un sitio de convergencia que preservara su identidad y funcione simultáneamente de parteaguas para nuevas prácticas, en sinergia con la atmósfera que se ha moldeado con el paso de los años y la evolución del lugar.

Comencemos con lo fundamental: La diferencia de tipología entre el inmueble original al giro del producto final, es así como brincamos de un salón de baile a un “mercado”, lo anterior no es ni positivo o negativo, depende únicamente del resto del análisis urbano para determinar si era conveniente o no cambiar por completo el uso.

Extirpando al “El Gran León” y todo lo que esto puede significar, en el sentido estricto de identidad espacial, la calle dónde se encuentra emplazado el inmueble, no es la idónea para un proyecto con tales pretensiones, como lo es el Mercado Roma, es cierto que como proyecto aislado de un contexto, funciona como epicentro para un “boom” gastronómico que está caracterizando a la colonia, pero no cumple con los requerimientos mínimos para una buena operación, y no va en función de equipamiento urbano o de infraestructura, tiene que ver con la solidificación de un tejido urbano en conjunción con los habitantes, explotar su atractivo visual (al que le han puesto mucho énfasis) y de integrarse armoniosamente con su entorno. Sobresale por las razones equivocadas.

El contexto que acompaña al Mercado Roma no empata bajo ninguna circunstancia con su lenguaje plástico, tiene en frente un estacionamiento, lo cual mantiene el acceso al mercado plagado de contaminación visual, abrirse paso entre los automóviles que están esperando y los que circulan en la calle se convierte en la primera faena (de muchas), el mercado es un terreno entre medianeras, es decir no posee ninguno de los beneficios de los que están en una esquina: proveer de dos frentes visibles entre 3 puntos.

Cuando vas caminando por la calle de Querétaro, si es la primera vez, es arduo advertir si estas cerca por llegar, hasta que vislumbras un tumulto de jóvenes en la calle riendo y conversando, tampoco queda claro como interactúa con el exterior, cuenta con mobiliario urbano, pero la rehabilitación incluye únicamente su sección de la acera, el acceso no es intuitivo, al grado que cuenta con una placa que indica por dónde comenzar.

Ya en el interior, abruma la cantidad de elementos que lo componen, entre la muy extraña disposición de los locales (los cuales impiden un flujo limpio) el exceso de diseño en muros y mobiliario aunado a los colores y texturas que proveen todos los productos que se venden; el visitante no sabe hacia dónde mirar, hay en mi opinión demasiados estímulos y es una sensación que no me abandonó en toda mi estancia.

Victoria Zamora (2)

 Interior del Mercado Roma. Fotografía: Victoria Zamora.

México tiene una gran tradición de mercados, nos sigue constantemente, la tenemos arraigada a nuestro código genético, pero estando en el mercado Roma nunca tuve la sensación de estar en un verdadero mercado, desde niña he visitado muchos (como casi cualquier Mexicano) y no logré encontrar una similitud en cuanto a su configuración espacial y mucho menos índices simbólicos de lo que identifico como un mercado. Lobo piel de oveja.

Modificaron la típica distribución locataria, proponiendo un esquema que no funciona óptimamente, genera flujos cruzados, donde es necesario caminar en zigzag, los locales centrales chocan con los que están arraigados a los muros circundantes, Sacal hace alarde de la zona comunitaria para comer, menciona que es algo que no se hacía en México, ¿Dónde entonces comí tacos de barbacoa y consomé, los Domingos por la mañana? ¿Soy la única persona que tiene recuerdos de mesas comunales en los tianguis y mercados?. El muro-huerto-verde lo considero como un acierto, quizás el más sobresaliente de todos los elementos que componen el proyecto; el mercado carece de adecuada iluminación natural y la movilidad es un verdadero inconveniente.

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 Disposición de los locales al interior del Mercado Roma.

Marlen Mendoza

Fotografía de área común para comer.

Vi la entrevista que le hicieron a Carlos Sacal en Foro TV, dónde cuenta el nacimiento de la idea; con inspiración tomada del reconocido mercado de San Miguel en Madrid, se encontraba con su hijo mayor Pablo Sacal, y observaban mientras bebían una copa de vino a la gente contenta pasando un momento agradable, compartiendo una buena plática y degustando deliciosa comida, en un breve instante casi cual epifanía, pensaron en conjunto que sería acertado traer ese concepto a México.

Nuevamente en el país de las buenas intenciones pero malas respuestas, un concepto distinto e interesante se presenta bien y ejecuta de un modo opaco. Comenzando por su referente, el mercado de San Miguel está situado en una plaza que a principios de 1800 pertenecía a la Parroquia de San Miguel de los Octoes, derribada en 1809, es este espacio liberado dónde se estableció un pequeño mercado al aire libre, y ofrecía en su mayoría la venta de pescado. En una imagen mental del mercado donde nace Jean-Baptiste Grenouille en la cinta de “El Perfume”, pescado al aire libre, no es precisamente lo más higiénico y agradable, por eso es que en 1835 Joaquín Henri erigió una endeble estructura, que posteriormente en 1912 Alfonso Dubé y Diez proyectaría un mercado cubierto de estructura metálica. Contaba con el esquema tradicional y con los años se vio afectado por la aparición de los súper mercados y comprometiendo su existencia, hasta que en 1999 un colectivo nombrado “El Gastrónomo de San Miguel” invierte en una modernización del mercado y toman como modelo a “La Boquería de Barcelona” (efectivamente nadie descubre el hilo negro) para en 2009 reabrir sus puertas. Lo que caracteriza a esta intervención es la preservación de su estructura, perteneciente a la corriente de “Arquitectura de Hierro”, la inserción de grandes ventanales que permitan a raudales la entrada de luz natural y por supuesto 2000 m² de una muy selecta experiencia gastronómica (en comparación con los 700 m² del mercado Roma).

Juan Antonio Flores SegalMercado de San Miguel, Madrid, España.

plano antiguo Mercado_de_San_Miguel_Planta, fuente www.abc.es

Antigua configuración del Mercado de San Miguel, Madrid, España.

planos-mercado san miguel nuevo, fuente www.abc.es b

Actual disposición locataria. Mercado de San Miguel, Madrid, España

Si analizamos el proceso evolutivo del mercado de San Miguel, el de la Roma está poco menos que en pañales contra el bagaje histórico y arraigo cultural de su tío político Ibérico, olvidaron buscar un sitio que tuviera esa tradición de mercado, para que fuera identificable, en cambio hicieron uso de un inmueble que bajo ninguna circunstancia podría percibirse como una zona mercantil. Nos trajeron el genérico de un concepto evolucionado haciéndolo encajar con calzador en un ámbito urbano frágil. Que en efecto necesita una reactivación, pero también requiere de profunda reflexión y delicadeza.

Al final del día, puedo concluir lo siguiente: el mercado Roma, como proyecto aislado funciona (a secas), no cuenta con una buena ubicación, ni un atinado planteamiento y análisis, carece del agente unificador y va a desplazar a los habitantes de la calle, pues poco a poco, vendrán otros inversionistas con el mismo poco cuidado y respeto por el contexto e insertaran esquemas mal estudiados y forzados para una colonia que se caracteriza por su diversidad, ya sea en nacionalidades, edades o culturas, la Roma necesita de un lenguaje arquitectónico sólido que dé cabida a todas esas variantes de usuarios, si comienzan esas mutaciones urbanas, propicia una falta de afinidad, ¿Qué pasaría si todas estas casonas desaparecen y son sustituidas por esquemas como el del Mercado Roma? ¿Cómo vamos entonces a identificar la colonia?

Google Sreet View, 2011

2011

Marlen mendoza (3)

2014

Es de suma importancia que los arquitectos dejemos de lado nuestro ego y tratemos de dar soluciones específicas para cada caso, es un reto satisfacer todas las necesidades: los usuarios, la ciudad, los empresarios, la economía; pero si nosotros que tenemos las herramientas no nos comprometemos a renunciar al camino fácil y seguimos trasplantando esquemas que no pertenecen a un sitio, corremos el riesgo de volvernos cómplices de un crimen contra la ciudad y co-responsables de marchitarla. Auguro tiempos tempestuosos y una oleada de reconfiguraciones urbanas.

rayo gentrificador

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ArKeopatías opera bajo una licencia Creative Commons, Atribución-NoComercial 2.5 México, por lo que agradecemos citar la fuente de este artículo como: Proyecto ArKeopatías./ “Textos de la casa #33″. México 2014. https://arkeopatias.wordpress.com/ en línea (fecha de consulta).

6 comentarios en “DE LA CASA #33: El Marchante Gourmet/ MMV.

  1. Hola soy estudiante de Mercadotecnia y te podría comentar que casí todo el desarrollo de que tiene este mercado esta basado en Mercadotecnia no en urbanismo ni tradición, inclusive en la distrubición y forma del mobiliario y de la secciones, tienen un proyecto de Marketing muchisimo mayor al de España.
    Así que ami umilde punto de vista y como “futuro mercadologo” te podría comentar que me parece EXCELENTE MERCADO

    1. Pero cual es entonces la finalidad de la arquitectura, ¿ volverse un objeto de marketing? Y al final ocupa un espacio en la ciudad. Te agradesco tu comentario y evidentemente el enfoque del artículo obedece a su relación con la ciudad y como objeto arquitectónico. Saludos!

  2. Pura modita banal. Nada como la barbacoa de las gordas en el mercado de Portales o las baguettes del Mercado de San Juan o los Mixiotes del mercado del Partenón o las flautas del mercado de Coyoacán o los tacos del mercado de La Cruz de Querétaro. ¡Muy buen análisis Marlen!

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