DE LA CASA #20: Aprender a convivir a través de la cultura del otro/ GG.

num20

Por Guadalupe

“Educar en la igualdad y el respecto es educar contra la violencia”
Benjamín Franklin

La situación actual del país de violencia, intolerancia, destrucción, escases de sentido de comunidad, racismo y discriminación llevan a pensar que la solución de raíz debe estar más allá de la guerra contra el narcotráfico, los programas sociales y la educación en competencias, es necesario educar y formar desde otras perspectivas, elaborar proyectos de intervención que permitan mitigar y mejorar nuestro país.

Esto nos lleva a pensar que lo que se requiere entre otras cosas es aprender a convivir, con todo lo que ello implica, si bien el informe de Lors de la UNESCO, no profundiza demasiado en este punto, si lo considera como indispensable y pilar de la formación de sujetos que sean capaces de afrontar los retos que no sólo se presentarán como resultado del siglo en el que nos encontramos sino además de solucionar los problemas que se arrastran del siglo pasado, aprender a convivir, para vivir en comunidad, no se trata de conseguir este fin únicamente en un sentido superficial, no debemos pensar que este pilar es sinónimo de aceptar la diversidad cultural y vivir en ella, se trata de vivir por, para y con los otros, los otros no únicamente como los culturalmente diferentes, distintos, sino todos los otros, todas sus formas, la flora y la fauna, aquello a lo que nos debemos y a lo que le debemos. Aprender a convivir para responsabilizarme de mi entorno, mi mundo, mis ideas, mis acciones y en palabras de Alexander Dumas “Uno para todos, todos para uno”, ya que ello implica respeto, valoración, empatía con otras sociedades y formas de vida y de relación con lo natural y lo cultural.

El ser humano vive en sociedad desde hace miles de años, pero existen cosas que no tenemos en el ADN, necesitamos que nos eduquen y formen en algunas, como es el caso de aprender a convivir.
Entonces la problemática gira alrededor de estas cuestiones: ¿cómo se enseña a aprender a convivir? Y ¿cómo se aprende a convivir? Para conseguir este fin es necesario desarrollar en los sujetos y principalmente en aquellos que se encuentran en formación, principios de ciudadanía que tenga como eje transversal la alteridad, elemento fundamental para pensar por y con los otros, “la formación ciudadana es, en estricto sentido compresión del otro (el semejante) y de lo otro (lo diferente en el semejante); así como búsqueda de comunicación y afiliación mediante lazos de solidaridad y de compasión (compartir la pasión) hacia lo que define y atañe al otro…”[1] además de criterios de justicia, dignidad personal, “(…)tolerancia y respeto hacia otras formas de vida pretéritas o actuales, básicamente a través de la empática cultural.”[2] Es decir, formar en ciertos valores, actitudes y habilidades que permitan estar con, por y para el otro.

Conocemos cuales son algunos de elementos que componen el aprender a convivir, sin embargo, lograrlo no es equivalente a una clase conceptual, no se trata de una serie de datos que deban memorizarse procedimentalmente, sino de una forma vivir, pensar el mundo y de actuar en él, consiste además de adquirir conocimientos teóricos sensibilizar ante lo que está a nuestro alrededor, esto es posible en la medida en que conocemos al otro y su cultura, ya que a través del conocimiento de ésta, identificamos como viven, porque viven de esa forma, como piensan el mundo, sus tradiciones, bienes, creencias, economía, política y educación, nos reflejamos en ellos y su cosmogonía, podemos compararnos, entenderlos y reflexionar, esto no siempre es un proceso consiente pero al encontrar los medios y las situaciones más propicias se logrará generar.

La cultura no es algo material, que se pueda tocar, oler o saborear, y en consecuencia formar a través y con la cultura del otro requiere elementos a partir de los cuales se pueda mostrar, esto es posible a través de las expresiones y fenómenos culturales, que se concretizan en el patrimonio de una determinada cultura, pero como bien explica Alba González no una concepción tradicional del patrimonio, sino como una construcción social, que no existe en la naturaleza, no es algo dado, que no se produce en todas las sociedad igual ni significa lo mismo, es históricamente cambiante y que va respondiendo a nuevos y distintos fines.

De esta concepción de patrimonio es de donde se puede partir para mostrar al otro, y lograr acercarnos por lo menos a una parte de su vida, este patrimonio es el elemento en el cual se forma al ciudadano y en consecuencia aprender a convivir. Esto porque la educación patrimonial mejora la interacción con el medio ambiente y el entorno cultural.

La escuela es el medio tradicional a través del cual se intenta conseguir este fin, en ocasiones se logra y en otras no, pero la cantidad de población que requiere aprender a convivir, sus gustos, necesidades específicas no pueden ser todos atendidos por la educación formal, se requieren otras opciones, que brinden posibilidades distintas y por tanto resultados diferentes pero igualmente trascendentales, de ahí que la educación no formal brinde esta posibilidad y en el campo del patrimonio y los fenómenos culturales los museos tiene potencial.

Al ser los museos contenedores del patrimonio de distintas culturas se creería que las posibilidades para aprender a convivir en ellos son ilimitadas y variadas, pero la realidad nos demuestra que no es así, que en ellos existen vicios y carencias, que los encuadran en modelos tradicionales de comunicación unidireccional, de exposición donde la prioridad está en: la estética como apariencia, forma y tratamiento visual, relacionada con lo bello; la síntesis descriptiva, datos y conceptos con una finalidad academicista, donde lo principal es el edificio, la colección y no el territorio, el patrimonio, la comunidad y la cultura. Los museos deben dar prioridad a ser representantes de diversidad étnica y cultural que abra posibilidades de terminar con estereotipos, propiciar el encuentro entre culturas y generar vínculos entre las mismas, es decir ser elemento de educación intercultural, ya que ésta posibilita mostrar que se otro del que debemos aprender posee múltiple formas de representarse, conformarse y por tanto entender que hay muchos otros.

Hablamos de generar estrategias innovadoras y de intervención pedagógica, donde las exposiciones y el discurso expositivo nos conviertan en lectores del patrimonio, intérpretes de la cultura de los otros, además de brindar herramientas que nos lleven a conocer y entender significados, relacionarlos y vincularlos con nuestro inmediato y no mantenerlo en el pedestal de lo ideal, lo divido e intocable, sino entenderlo como parte de nuestra cotidianidad y como fenómeno presente que por un lado puede llegar a mejor la calidad de vida o lastimarla y desdignificarla.

Lo que se requiere es construir museos que aunado a su tarea de conservación y disfrute de lo estético, permitan el conocimiento del otro, porque sólo a través del patrimonio que el museo nos ofrece podremos mirar, pensar y estar con los otros, se trata de convertirse en un espacio para el descubrimiento y la confrontación donde el encuentro con el patrimonio permita “ (…)el acercamiento a distintas culturas, representaciones y perspectivas, al valorar, por ejemplo, la imagen artística, para conocer mundo diversos.”[3]

Notas:

[1] Cantón Arjona, Valentina “El patrimonio colectivo como campo de problematización sociomoral y formación ciudadana. Una aproximación preliminar”, en: Ismael Vidales (coord.), Formación ciudadana. Una mirada plural, CAIEP, Monterrey, México, 2009, pág. 194.

[2] Vid. Calaf, Roser y Fontal, Olaia (coords.), Miradas al patrimonio, Gijón, TREA, 2006, pág. 56.

[3] Vid. González, A. S. Patrimonio, escuela y comunidad, Buenos Aires, Lugar, 2009, pág. 25.

Referencia Bibliográfica y Mesográfica:

Becerril Miró, José Ernesto, “La importancia del patrimonio histórico artístico en el proceso educativo”, en: Becerril, Miró, El derecho del patrimonio histórico-artístico en México, México, Porrúa, 2003, capítulo 13.

Calaf, Roser y Fontal, Olaia (coords.), Miradas al patrimonio, Gijón, TREA, 2006, pp. 23-89.

Cantón Arjona, Valentina “El patrimonio colectivo como campo de problematización sociomoral y formación ciudadana. Una aproximación preliminar”, en: Ismael Vidales (coord.), Formación ciudadana. Una mirada plural, CAIEP, Monterrey, México, 2009, pp. 193-208.

___________________, “La Educación Patrimonial como estrategia para la formación ciudadana”, Correo del Maestro, núm. 154, año 13, marzo de 2009, pp. 31-38. Versión electrónica en: http://www.correodelmaestro.com/…/incert154.htm

______________________, “Notas para una aproximación a la Educación Patrimonial como creadora de identidad y promotora de la calidad educativa”, Correo del Maestro, núm. 161, año 13, octubre de 2009, pp. 39-45. Versión electrónica en: http://www.correodelmaestro.com/…/2incert161.htm
Delors, La educación encierra un tesoro (Informe Delors), México, Correo de la UNESCO, 1997.

García Canclini, Néstor, Lectores, espectadores e internautas, Barcelona, Gedisa, 2007, “Internautas” pp. 78-86.
González, A. S. Patrimonio, escuela y comunidad, Buenos Aires, Lugar, 2009

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ArKeopatías opera bajo una licencia Creative Commons, Atribución-NoComercial 2.5 México, por lo que agradecemos citar la fuente de este artículo como: Proyecto ArKeopatías./ “Textos de la casa #20″. México 2014. https://arkeopatias.wordpress.com/ en línea (fecha de consulta).

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