DE LA CASA #14: 70 AÑOS DE RESCATE ARQUEOLÓGICO EN EL MONTÍCULO DE ARENA/ GAD.

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Por Gustavo

¿Qué pasaría sí los templos hablaran? Resultaría interesante entablar una charla con ellos para conocer su historia e identificar la función política que tuvieron en el tiempo que fueron construidos.

Esta idea aunque parece desequilibrada o imprudente, no está tan lejos de la realidad si entendemos la relación que poseían dentro del espacio geográfico y la cosmovisión en la vida de Mesoamérica.

Las construcciones prehispánicas son emplazamientos de comunicación que vigilan silenciosas el devenir histórico en la vida del hombre y han registrado de manera cronológica el desfallecimiento social en el orden de nuestras conductas.

Tlatelolco es un ejemplo claro de esto: el templo de Ehécatl-Quetzalcóatl, los altares circulares sobrepuestos, el altar “Tzompantli” de los patios sur y norte, el templo calendárico, el palacio, el templo de las pinturas, su templo mayor, los amantes de Tlatelolco, la plataforma oeste, el gran basamento, la calzada Tepeyac, la iglesia y el convento de Santiago, la plaza de las tres culturas, la zona chica, el Tecpan y caja de agua con pinturas murales de 1536, son sitios que han sido parte de la morfología de esta ciudad y son sin duda: La primera manifestación de cultura urbana que registra México como país.

tlate 1Foto 1. Zona arqueológica Tlatelolco.

Tlatelolco es conocido como el gemelo viejo de Templo Mayor, y aunque ha sido comparado por muchos investigadores en menor dimensión informativa al complejo que hoy comprende el noreste de la plaza de la constitución, no podemos olvidar que pudo haber sido aquí donde seguramente surgieron las primeras formas de expresión mercantil de América, mismas que hoy reconocemos en el jolgorio popular de nuestros “tianguis”, las famosas frases de: ¡Pásele marchanta!.. ¡Bara bara, bara bara!.. ¡Llévelo, llévelo!.. Etc. Han sido denominaciones que en otra lengua y en otro tiempo, formaron parte del bullicio comercial en esta ciudad y dieron origen a un regionalismo inmerso de un pueblo que convive con su pasado y que genera sus mensajes a partir de una herencia prehispánica.

Tlatelolco es junto con Cuicuilco las matrices poblacionales de nuestra gran capital mexicana y no se puede entender la vida que hoy conocemos de esta metrópoli sin conocer lo que fue en el pasado: Las inundaciones, el tránsito pesado, el statu quo, la plusvalía y la interrelación de etnias que hoy observamos, fue también parte de la vida conurbada en el México-Tenochtitlán de los años mil trescientos, tal y como lo expresa Diego Rivera en su mural de 1945 pintado en Palacio Nacional.

tlate 2Foto 2. Fotografía. Parte del mural de Diego Rivera. 1945 Palacio Nacional

Cumplir setenta años de excavación pocos pueden presumir, y más aún cuando los resultados han sido base científica para modificar los libros de texto en las escuelas. Tlatelolco fue el sitio propicio donde se desarrolló la vida lacustre del México antiguo y fue uno de los primeros centros en ser evangelizados al cristianismo, jugó un papel importante dentro del periodo de la revolución, y penosamente sirvió como epicentro de aquella matanza estudiantil del 1968 cuando la nación intentaba proyectarse como un país “emergente y vanguardista” dentro del plano mundial.

tlate 3Foto 3. Fotografía movimiento estudiantil de 1968

En materia arqueológica, ha sido fundamental durante todo este tiempo la recuperación sistemática y paulatina de cada uno de los sitios históricos de toda la periferia Tlatelolca, ya que un mal estudio en la analogía o en el uso de suelo dentro del espacio, podría haber alterado no sólo los materiales precolombinos, sino el flujo urbano y artístico de esta gran ciudad.

Yo considero y puedo definir a Tlatelolco como: “El centro arqueológico propedéutico de México”, ya que aquí ha sido la casa donde se han formado grandes arqueólogos y excelentes investigadores en el campo de la disciplina, pero además, ha tenido una visión global en la enseñanza colectiva del tema principalmente en los niños y padres de familia, pocos saben de los talleres interactivos que se imparten en el museo de sitio y de los cursos de verano donde los infantes aprenden a desarrollarse como verdaderos arqueólogos y se divierten a través de un sistema de instrucción experimental.

tlate 4Foto 4. Fotografía. Curso de Verano Zona arqueológica Tlatelolco

Tengo que decir también que este esfuerzo educativo todavía tiene mucho que dar a la sociedad mexicana, la demanda histórica le ha quedado grande al INAH encargado de difundir esto y aunque la labor hecha hasta ahora ciertamente es plausible, también es sabido que existen pocas memorias escritas por los investigadores y en el sitio se ha invertido poco para generar nuevas áreas de exploración que fortalezcan nuestro patrimonio.

El museo Tlatelolco del centro cultural universitario es un espacio que para mí es digno de resaltar, ya que ha servido como gran trampolín para promover el rescate arqueológico del lugar, pues le ha dado al público mediante la museografía una visión diferente de todos los complejos arquitectónicos y es un ejemplo claro de la cooperación académica de la que siempre he hablado que necesita el INAH para mejorar sus servicios.

Sería injusto en esta columna, no reconocer el esfuerzo de los arqueólogos que han dejado parte su vida en recuperar la memoria colectiva del espacio que comprende la zona de Tlatelolco, es por ello que hago mención al trabajo pionero de 1944 hecho por : Antonieta Espejo, Pablo Martínez del Río y Robert H. Barlow, así como la continuidad que dieron al proyecto: James B. Griffin, Franklin Mash, Francisco González Rul y Eduardo Matos Moctezuma, actualmente: Salvador Guilliem, Lucía Sánchez, Paola Silva, y Edwina Villegas, todos ellos acompañados de grandes equipos interdisciplinarios necesarios en cualquier trabajo de campo.

tlate 5Foto 5. Fotografía. Equipo del INAH que inició las investigaciones de 1944 en la zona arqueológica de Tlatelolco.

Es por todo esto, que hoy felicito al equipo que trabaja en la zona arqueológica de Tlatelolco, muchas gracias por retomar los estudios del pasado, por ser casi una facultad más en la disciplina arqueológica, por tener y proyectar un plan de docencia a favor de la familia, por mantener sus programas de desarrollo integral y fomentar el cuidado del patrimonio durante estos setenta años de trabajo.

Mucho éxito en el futuro y que Tlatelolco siga siendo un espacio abierto a la equidad de género y el rescate material e inmaterial del legado histórico en la vida cultural de esta gran capital del país./

Entrevista realizada por Gustavo Díaz a finales de 2012 como parte de un trabajo universitario en la zona de Tlatelolco. Arqloga. Lucía Sánchez.

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ArKeopatías opera bajo una licencia Creative Commons, Atribución-NoComercial 2.5 México, por lo que agradecemos citar la fuente de este artículo como: Proyecto ArKeopatías./ “Textos de la casa #14″. México 2014. https://arkeopatias.wordpress.com/ en línea (fecha de consulta).

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