¿El “silencio de los ídolos” o el “silenciamiento” de las comunidades?

La apropiación social del patrimonio como “convidada de piedra” en la gestión del patrimonio arqueológico, a propósito de una exposición en el Museo Nacional de Colombia.

Diego Martínez Celis

“La exclusión en nuestro país, se ha practicado y se practica por muchas vías […] haciendo de ella el eje central de proyectos de poder. Se excluye a quien toma partido y a quien no lo toma. Tanto en un caso como en el otro se encuentran justificaciones para expulsar, desplazar, privar de la libertad, extorsionar, acallar, masacrar, para amenazar a todo aquel que piense distinto, para convertir cada municipio, cada corregimiento, cada caserío en especies de estancos en los cuales pareciera imposible vivir sin someterse, sin abdicar la libertad, sin comprometer la vida. Nuestra gran dificultad para tolerar la diversidad biológica y política ha ido reemplazando viejas formas de exclusión y marginando a millones de Colombianos de participar en la construcción de una nación en la que hoy, nuevamente, corre peligro quien se atreve a pensar distinto”. (Observatorio de Políticas Culturales del Ministerio de Cultura, Dialogos de Nación, 2002. Subrayado del autor).

Como uno de los actos centrales de la conmemoración del “Año de la cultura agustiniana” el ICANH y el Ministerio de Cultura planearon el traslado y exhibición en Bogotá de 20 estatuas del Parque Arqueológico de San Agustín e Isnos (Huila), como protagonistas de una exposición que llevaría por título “El retorno de los ídolos”, en alusión al centenario de los estudios científicos llevados a cabo en la región por el alemán Konrad Theodor Preuss hacia 1913. En la exposición se pretendían exhibir monolitos originales mediante la recreación de la atmósfera del “Bosque de las estatuas” (uno de los espacios de interpretación del Parque) a través de“medios tecnológicos de imagen, proyecciones y sonidos sincronizados” (ver fuente).

Sin embargo, la exposición que se inauguró el 28 de noviembre de 2013, tuvo que prescindir de la presencia física de los monolitos debido a que un sector representativo de la comunidad de San Agustín, luego de un traumático proceso, se opuso a su traslado hasta Bogotá; por tal razón los organizadores decidieron cambiarle el título por el de “El silencio de los ídolos” con el propósito de “[…] mostrar el “vacio” y expresar el “silencio” que surge cuando unos pocos se arrogan el derecho exclusivo sobre el patrimonio, por encima de las libertades culturales de todos los colombianos” (Panel introductorio de la exposición. Subrayado del autor).

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Aspecto del salón principal de la exposición en el Museo Nacional en que se recrea “El bosque de las estatuas”. Resalta el “vacío” en los nichos  donde debieron estar exhibidos los monolitos. Foto: DMC, 2013

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Para suplir la carencia de las piezas se implementó una aplicación para visualizarlas de forma virtual mediante dispositivos electrónicos. Foto: DMC, 2013

La oposición y resistencia de la comunidad de San Agustín estuvo coordinada desde un movimiento cívico en torno al cual se congregaron colectivos de diversa índole: cabildo indígena yanakuna, cafeteros, asociaciones de turismo, Juntas de Acción Comunal, comerciantes, gestores culturales, investigadores independientes, docentes, estudiantes, artesanos y amas de casa, entre otros (Ver comunicado respaldado por 3.000 firmas. Fuente), es decir lejos de la “minoría” a la que alude el ICANH se trató de un pronunciamiento civil concensuado y motivado principalmente por el incumplimiento de una instancia consultiva participativa que prometió la dirección del ICANH (ver recorte de prensa abajo) y las irregularidades en las labores de desmontaje y traslado de la estatuaria donde se advirtió improvisación, alto riesgo de alteración e incluso la posible fractura de una de ellas (ver fotos abajo).

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“Si el pueblo agustiniano dice no, no se realiza la exposición” Afirma Fabian Sanabria, Director del ICANH. Titular del diario del Huila, martes 27 de agosto de 2013.

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Improvisación en el uso de materiales para la protección de la estatuaria advertida durante las labores de traslado. Foto de Diego Fernando Muñoz, publicada el 31 de octubre de 2013 en (Fuente)

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Probable fractura y disposición irregular de uno de los monolitos del Bosque de las Estatuas que fue desmontado de su base.  Foto de Diego Fernando Muñoz, publicada el 4 de noviembre de 2013 en (Fuente)

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La promocionada alta tecnología que se aplicaría en el embalaje y traslado de la estatuaria hasta Bogotá contrastó con lo advertido por ciudadanos veedores en San Agustín. A la izquierda se presenta uno de los paneles dispuestos en los “vacios” de la exposición del Museo Nacional en que se muestra el monolito junto al embalaje técnicamente correcto; sin embargo, en la foto de la derecha se muestra la improvisación y el irregular estado en que permaneció varios días en el Parque luego de su desmonte. Foto arriba: DMC, 2013; Foto abajo: Diego Fernando Muñoz, publicada el 4 de noviembre de 2013 en (Fuente).

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“Conservar “IN SITU” monumentos y conjuntos debe ser el objetivo fundamental de la conservación del patrimonio arqueológico. Cualquier traslado viola el principio según el cual el patrimonio debe conservarse en su contexto original. Este principio subraya la necesidad de una conservación, una gestión y un mantenimiento apropiados. De él se infiere también que el patrimonio arqueológico no debe estar expuesto a los riesgos y consecuencias de la excavación, ni abandonado después de la misma sin una garantía previa de financiación que asegure su adecuado mantenimiento y conservación. El compromiso y la participación de la población local deben impulsarse y fomentarse como medio de promover el mantenimiento del patrimonio arqueológico. Este principio reviste especial importancia cuando se trata del patrimonio de poblaciones autóctonas o grupos culturales de carácter local. En ciertos casos, es aconsejable confiar la responsabilidad de la protección y de la gestión de monumentos y yacimientos a las poblaciones autóctonas”. ICOMOS, 1990. Carta internacional para la gestión del patrimonio arqueológico. Artículo 6. Mantenimiento y conservación.

Sin embargo los anteriores hechos solo fueron el detonante del malestar que venía manifestando un sector de la comunidad de San Agustín que desde diciembre del 2012 y mediante un derecho de petición (ver referencia)(respaldado por 1.850 firmas) exigió al Ministerio de Cultura y al ICANH concretar acciones en pro de la repatriación de las 34 estatuas que el homenajeado Preuss expolió del macizo colombiano a Alemania (ver referencia 1 y referencia 2) y que debería constituirse en la principal motivación de la conmemoración del centenario y la razón de nominar la exposición como el ”Retorno de los ídolos”, es decir no un “retorno” (inexplicable) de 20 estatuas desde San Agustín a Bogotá, sino el de las 34 estatuas que permanecen en los depósitos del museo etnológico de Berlín a San Agustín, y por las que el Estado colombiano no ha hecho aún peticiones formales (ver referencia).

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Comparsa y carroza alegórica de la “señorita de las estatuas en Berlín”, durante las fiestas de San Pedro en San Agustín, 2013. Foto del grupo de Facebook Repatriación Estatuas Colombia, en (fuente).

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Manifestantes durante una de las varias marchas que tuvieron lugar en San Agustín durante el año 2013 en exigencia por la repatriación de las estatuas en Berlín y el no traslado de otras tantas a Bogotá. Foto de Diego Fernando Muñoz, publicada el 27 de noviembre de 2013 en (Fuente)

Pero si se intenta ahondar más en las causas que motivaron a que un amplio sector de la comunidad se tomara la molestia de dedicar su tiempo y esfuerzos en pronunciarse e incluso mediante acciones de hecho poner en riesgo sus vidas con tal de evitar el traslado de unas cuantas estatuas de piedra, se podría advertir un reclamo por la histórica falta de presencia del Estado (en necesidades de mejoras viales, servicios públicos, etc.) y en concreto la indiferencia y la falta de reconocimiento por parte de los entes gubernamentales del verdadero rol que deben cumplir las comunidades locales en la gestión del patrimonio cultural que yace en sus territorios.

Ante lo anterior y como evidencia de la falta de coherencia en su discurso y de la no aplicación de los instrumentos de gestión que el mismo ICANH ha formulado para San Agustín, citamos del Proyecto de Gestión Local, componente del Plan de Manejo del Parque Arqueológico (ICANH, 2007):

“[…] los actores sociales están pidiendo espacios de discusión en los que se les informe y enla medida de los posible se les consulte las medidas que el parque adopta y que les afectan. Toda institución debe ser consciente de que la ideología política actual tiende a laparticipación ciudadana, en este sentido los actores se están acostumbrando a participar, a exigir espacios y a formular propuestas. Con ello se impone en el corto plazo establecer unespacio institucional de dialogo. La sugerencia que hacemos es que en un primer momento el Instituto convoque a los actores que solicitan estos espacios y a los que están mas cercanos al parque y en esa reunión concertar un espacio en el que cada dos o tres meses, estas comunidades puedan expresar sus demandas y el Instituto pueda presentar o discutir las decisiones tomadas” (ICANH, 2007. Ver fuente. Subrayado del autor)

Es decir, desde hace años el mismo ICANH ha venido advirtiendo en San Agustín la necesidad de tener en cuenta y contar con la participación de las comunidades como actores de primer orden en la toma de decisiones y no como meros “convidados de piedra” a los que simplemente –como en este caso– había que “socializar” los planes (ver Hoja de Ruta) y decisiones tomadas unilateralmente por la dirección del ICANH que, de la misma manera, fueron legitimadas a través de una Resolución (0593 de 2013) firmada por la Ministra de Cultura.

Si bien, la Hoja de Ruta diseñada por el ICANH propone una serie de actividades que pretenden proyectar el Parque Arqueológico como destino de “talla mundial” –en especial mediante el mejoramiento de su infraestructura de interpretación– algunas de las actividades planteadas no responden a solucionar problemáticas de fondo, en particular aquellas que involucran a las comunidades y su relación cotidiana con el espacio físico (utilitario) y simbólico (identitario) del sitio arqueológico o el fortalecimiento de las relaciones de estas con la administración del Parque a cargo del ICANH. Por esta razón desde un principio no cayeron bien entre los agustinenses los planes de trasladar las estatuas a Bogotá (de lo cual hay antecedentes de resistencia civil por un acto similar en 1978) ni el anunciado concierto de música sinfónica a realizarse en el Alto de Lavapatas donde se interpretaría “la séptima sinfonía de Beethoven que cumple 200 años de haber sido estrenada en Viena, el mismo día que 100 años después llegara Konrad Preuss al Alto Magdalena” (Ver fuente), ante lo cual se generaron reclamos por la no inclusión de expresiones autóctonas y en general por tratarse de eventos que no responden con la idiosincracia local ni persiguen involucrar a las comunidades sino que más bien se excluirían mediante la imposición de prácticas culturales ajenas*; esto sin contar con el riesgo que implicaría trasgredir la capacidad de carga y el impacto físico de una visita masiva en un espacio del Parque Arqueológico que no fue diseñado para este tipo de eventos públicos.

*Los procesos de globalización, lejos de naturalizarse pasivamente a través del intercambio cultural, también generan disensos que se expresan en manifestaciones de autoafirmación de las identidades locales como estrategia de resistencia y reivindicación de derechos vulnerados.

Ante esta problemática el declarado “Año de la cultura agustiniana” se ha tornado en una conmemoración y exposición sui generis en la historia del Ministerio de Cultura y el Museo Nacional, que el ICANH ha intentado capitalizar como “una oportunidad para reflexionar en torno a la apropiación del patrimonio cultural y los derechos culturales” (ver fuente), de tal manera que el objetivo principal y promesa de promocionar y divulgar la región y la cultura agustiniana a través de su patrimonio arqueológico parece haber quedado relegado a un segundo plano.

Aunque el ICANH invita a la reflexión pública sobre lo acontecido en torno a planteamientos como “¿qué es el patrimonio y a quién le pertenece?” o “¿cómo se debe administrar y para que sirve?” (Panel introductorio de la exposición), no se hacen explícitos los espacios de participación para el debate y la única voz presente en la exposición, a través de su guión, es la de la oficialidad. Pero además la situación ameritaría trascender lo coyuntural y ampliar la reflexión en torno a conceptos como los de Nación, Identidad, Derechos Culturales, Otredad, Apropiación Social, Globalización o Consumo Cultural y muchos otros que no han tenido cabida en la construcción de instrumentos de gestión del patrimonio arqueológico, del cual la Nación está en mora de construir una verdadera Política Pública que, de manera participativa, trascienda el formalismo normativo, su exclusiva valoración “científica”, e incorpore la multiplicidad de sectores sociales y voces que reclaman participación en la construcción de su significación cultural y su gestión como recurso cultural.

Quizás sea de esta carencia de donde emanan los ruidos de resquebrajamiento de la legitimidad (o por lo menos de la respetabilidad) de la monolítica autoridad del ICANH de hoy, que mediante recientes decisiones como la de sacar adelante una polémica y probablemente inconstitucional Ley de Patrimonio Sumergido (haciendo caso omiso a los reiterados pronunciamientos del grueso de la comunidad académica) o la estigmatización y calificación como una “minoría chantajista” a la comunidad de San Agustín que se opuso al traslado de la estatuaria (ver fuente), dejan entrever contradicciones con el objetivo de su misión institucional de “aportar elementos críticos y propositivos relativos a la diversidad cultural colombiana, para orientar y gestionar políticas estatales tendientes a la protección del patrimonio y promover el diálogo intercultural.” (verfuente. Subrayado del autor). Cabe preguntarse para estos casos ¿cuáles fueron los espacios de diálogo que promovió el ICANH para atender los disensos manifestados por tan diversos sectores de la sociedad en reclamo de su derecho constitucional (art. 8) de participar de la protección del patrimonio cultural de la Nación?

La actual Política Estatatal en Patrimonio Arqueológico (Art. 5 Dec. 833 de 2002) se enfoca en la “protección, conservación, rehabilitación, divulgación y recuperación” del aspecto tangible de un patrimonio que, además, debería trascender su materialidad hacia el reconocimiento de su dimensión patrimonial inmaterial,pues sólo cobra sentido a partir de mediaciones sociales que le dotan de significación cultural. En este sentido dicha Política se queda corta ante la necesidad de integrar este patrimonio al proyecto de construcción de Nación como “testimonio de la identidad cultural”, por cuanto hoy no se puede seguir hablando de “una”identidad en medio de un país que se auto reconoce como “pluriétnico y multicultural”.

Del mismo modo, el Patrimonio Arqueológico en Colombia parece ser un compartimento estanco dentro del sistema y Política Pública que guía la gestión, protección y salvaguarda del patrimonio cultural en general y cuyo objetivo central es alcanzar su apropiación social (Ministerio de Cultura, 2010:226, 235); puesto que su particular Política se enfoca en la gestión de su materialidad y no deja espacio para la participación ciudadana en aspectos esenciales como su definición (art. 3 ley 1185 de 2008) que privilegia la valoración científica por sobre otras formas (tradicionales, alternativas o contrahegemónicas) de comprenderlo y relacionarse con él. En este sentido García Canclini afirma:

“Un patrimonio reformulado que considere sus usos sociales, no desde una mera actitud defensiva, de simple rescate, sino con una visión más compleja de cómo la sociedad se apropia de su historia, puede involucrar a nuevos sectores. No tiene por qué reducirse a un asunto de los especialistas en el pasado: interesa a los funcionarios y profesionales ocupados en construir el presente, a los índigenas, los campesinos, migrantes y a todos los sectores cuya identidad suele ser trastocada por los usos hegemónicos de la cultura”. (García Canclini, 1999. Subrayado del autor).

Y reafirma el mismo Ministerio de Cultura:

“Es fundamental convocar la participación de las sociedades locales y regionales, de los grupos y los colectivos, para que comprendan el patrimonio como algo que les es propio, que conforma sus memorias y constituye sus identidades. La gestión del patrimonio cultural debe ser así asumida con la participación de los ciudadanos, y donde no sólo las entidades culturales participen”. (Ministerio de Cultura, 2010:246. Subrayado del autor)

Más que el “silencio de los ídolos” en la sala temporal del Museo Nacional, lo acontecido en San Agustín deja entrever grandes vacíos y contradicciones en la gestión del Ministerio de Cultura y el ICANH frente a su responsabilidad para con el patrimonio cultural y en particular en el cumplimiento e instrumentalización de la Política que aboga por su apropiación social; pero al mismo tiempo en aspectos vitales como los derechos culturales –derivados de los derechos humanos– que le atañen a las comunidades locales frente al patrimonio cultural:

“[…] existe un conflicto potencial entre el discurso del patrimonio cultural y la protección de los derechos culturales, ya que el primero enfatiza a las prácticas culturales como patrimonio de la nación o de la humanidad, deslocalizando así el sentido de propiedad de las prácticas y transfiriendo la autoridad para la toma de decisiones en materia de cultura a los actores institucionales. Esta institucionalización de la cultura puede constituir un mecanismo que permite menoscabar el pleno ejercicio de los derechos culturales.” (Villaseñor, 2012. Subrayado del autor).

La calificación de la estatuaria agustiniana como “ídolos”, por parte del ICANH, pareciera connotar la persistencia de un tipo de sacralización –no derivada de tradiciones prehispánicas sino (¿pos?)moderna–, que perseguiría dotar a estos objetos de un halo de misticismo artificioso que entroniza su aspecto material como el depositario de su valoración patrimonial, lo que en el contexto de la evolución del concepto de patrimonio cultural en el mundo representa un retroceso a los tiempos de los monumentos y las reliquias. Desafortunadamente este discurso, que invisibiliza la dimensión social (humana) del patrimonio, es el que ha calado en la superficialidad e inmediatez de los medios de comunicación que han hecho eco de las reclamaciones del ICANH y del señalamiento y estigmatización del movimiento social agustinense que se opuso y abortó su traslado a Bogotá (ver por ejemplo: referencia 1 o referencia 2).

Ante este panorama pareciera que a las que están acallando en el Museo Nacional, a través del discurso museográfico de la exposición, no es a los ídolos” sino a las comunidades locales, primeras dolientes y custodias naturales del patrimonio que yace en sus territorios y con el cual han convivido por generaciones; y que la ausencia de las estatuas en la sala temporal no es más que el reflejo de las históricas ausencias del Estado y su falta de iniciativa en la construcción de una política pública integral y verdaderamente participativa que tenga en cuenta y resalte el rol de la gente en la gestión de SU patrimonio arqueológico, o ancestral, o sagrado, o santuarios guacas o como tengan a bien nominarlo en el contexto de sus propias prácticas culturales y maneras de entender, significar, valorar y hacer uso de estas “antiguedades indígenas” o como los define la ley: “vestigios producto de la actividad humana”.

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Patrimonio in situ. Niños de San Agustín junto a un monolito semienterrado, durante la época de las primeras expediciones científicas a la región.Archivo de Gregorio Hernández de Alba [1935 -1968?], Biblioteca Luis Angel Arango, Libros raros y Manuscritos.

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“Mi patrimonio no se silencia mientras cuente con mi voz. Patrimonio in situ, derecho de las comunidades locales”. Afiche en el grupo de Facebook Apropiación Social de Nuestro Patrimonio Arqueológico Colombiano. (Fuente)

REFERENCIAS

García Canclini, Nestor. “Los usos sociales del patrimonio cultural”. En Patrimonio etnológico: nuevas perspectivas de estudio. Coord. Encarnación Aguilar. Concejería de Cultura, Junta de Andalucía. 1999

ICANHProyecto de Gestión Local. Parque Arqueológico de San Agustín y Alto de los Ídolos. Bogotá, 2007.

Ministerio de CulturaCompendio de Políticas Culturales, Bogotá, 2010

Observatorio de Políticas Culturales del Ministerio de CulturaDialogos de Nación, 2002

Villaseñor, Isabel. El patrimonio cultural y los derechos humanos: una reflexión desde el ámbito de la conservación. IX Foro de ciencia, creación y restauración. Escuela de conservación y restauración de occidente. Guadalajara, México, 2012.

OTROS ARTÍCULOS sobre “El retorno / silencio de los ídolos”

Socarrás, Jose Luis. Patrimonio en disputa: sobre la estatuaria de San Agustín. En Razón Pública.com, 25 de noviembre de 2013http://www.razonpublica.com/index.php/cultura/artes-y-cultura/7204-patrimonio-en-disputa-sobre-la-estatuaria-de-san-agust%C3%ADn.html

Gnecco, Cristobal. Notas sobre patrimonio y otras suertes. A raíz del debate creado alrededor de las estatuas de San Agustín. En Rupestreweb: http://www.rupestreweb.info/patrimoniognecco.html

Uribe, María Victoria. ¿El retorno hacia donde cuáles ídolos? En Revista Arcadia.com, 12 de noviembre de 2013. http://www.revistaarcadia.com/agenda/articulo/maria-victoria-uribe-responde-al-director-de-icanh/34210

GEAC. Grupo de Estudos em Antropologia CríticaContra el racismo arqueológico. Enhttp://antropologiacritica.wordpress.com/2013/11/14/contra-el-racismo-arqueologico/

Comite Pro Defensa del Patrimonio AncestralComunicado a la opinión pública. En Revista Arcadia.com, 12 de noviembre de 2013. http://www.revistaarcadia.com/agenda/articulo/comunicado-la-opinion-publica-del-comite-pro-defensa-del-patrimonio-ancestral/34206

Ministerio de Cultura -ICANH. Las esculturas agustinianas se silencian. En Revista Arcadia.com, 12 de noviembre de 2013. http://www.revistaarcadia.com/agenda/articulo/mincultura-icanh-escultura-san-agustin/34208

Los Angeles TimesColombia calls off exhibition of sculptures in face of protests. http://www.latimes.com/world/worldnow/la-fg-wn-colombia-sculptures-protest-20131113%2c0%2c6100675.story#axzz2kYZ1f71x

AUDIOS / El elocuente silencio de los ídolos. Entrevistas radiales en W Radio a Fabian Sanabria (Director del ICANH) y en UN Radio a David Dellemback (antropólogo, autor del libro “Las Estatuas del Pueblo Escultor”) y Martha Gil (abogada y traductora). http://www.agendasamaria.org/wp/2013/12/el-elocuente-silencio-de-los-idolos/

AUDIOVISUAL / ¿El silencio de los ídolos? Producto del Diplomado en “Comunicación y Territorio”, del Ministerio de Cultura, la Universidad Surcolombiana, la Asociación Ambientalista del Sur -ACAS y el Movimiento de Experiencias y Medios de Comunicación Ciudadanos y Comunitarios del Sur – 20 de Abril. Contiene citas de los editoriales del ICANH de junio y septiembre, tomas de las movilizaciones pacíficas y culturales, entrevistas a los pobladores y comunidad agustinense y opiniones panteadas en una reunión de la Asamblea del Huila el día del debate al ICANH. http://www.youtube.com/watch?v=5Ydg38xH5WA#t=0

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Nota del editor de ArKeopatías: Este artículo fue tomado de: http://www.rupestreweb.info/elsilenciodelosidolos.html / Favor de citarlo así: Martínez Celis, Diego. ¿El “Silencio de los ídolos” o el “silenciamiento” de las comunidades? En Rupestreweb, http://www.rupestreweb.info/elsilenciodelosidolos.html 2013

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