Reflexiones sobre el INAH de Luis Alberto López Wario

Lopez Wario

Luis Alberto López Wario*

México, D. F. 7 de febrero de 2013

A LA COMUNIDAD DEL INAH:

Hace poco más de 74 años que se fundó el Instituto Nacional de Antropología e Historia, con una visión que privilegió el contendido social de su misión; a casi tres cuartos de siglo sus objetivos y fundamentos nacionales siguen vigentes, a pesar de los embates que ha sufrido esta noble institución.

En ese sentido, es que queda de manifiesto que no es con base en la labor de una sola persona y de su equipo de trabajo como se lograrán las ineludibles reformas que le resultan impostergables al INAH y que conduzcan por ende obtener su anhelada consolidación; es una labor necesariamente plural y que mire en beneficio de la colectividad nacional e institucional.

Es muy compleja y crítica la situación social mundial, nacional e institucional que se vive. En ese ámbito, el INAH puede aportar en la comprensión y mejora de las condiciones sociales; por ello, su participación reflexiva resulta ya inaplazable.

Aún sus detractores consideran que el INAH tiene valiosas facultades, que es poseedor de brillantes pasajes en su historia de investigación, protección, salvaguarda y difusión del patrimonio arqueológico, antropológico e histórico nacional, que cuenta con recursos, principalmente los humanos, de alta calidad y que tiene normas fundamentales que posibilitan su actuar.

Ante esto, tenemos el reto colectivo de definir tanto las prioridades como el impulsar los programas académicos y el establecer los criterios necesarios que hagan posible afrontar los retos que esta convulsa realidad nos ha impuesto. El INAH cuenta con los argumentos y experiencia necesarios para crear con base en principios líneas de trabajo muy bien definidas.

Es el tiempo del INAH y de su obra, no es el tiempo de la diatriba ni de la desconfianza; como personal de una valiosa institución debemos y podemos superar las descalificaciones a priori.

Lo que se requiere no es el apoyo a alguien en particular sino a esta noble institución que ha soportado incluso pésimas administraciones, las que fueron carentes de calidad académica y moral, ausentes del rumbo social y que incluso resultaron en exceso soberbias y dispendiosas.

Tal situación nos obliga a mantener la autocrítica institucional y personal, cumpliendo nuestros propios compromisos pues independientemente de quien sea el titular del INAH es nuestra responsabilidad individual y colectiva el realizar nuestras encomiendas de manera cotidiana, mirando siempre por el bien social e institucional, antes que el beneficio personal o de grupo.

Podemos otorgar el beneficio de la loable esperanza que generó el regreso del etnólogo Sergio Raúl Arroyo García a la Dirección General del INAH para poder discutir sus propuestas de trabajo, solicitando la definición explícita de principios y estrategias fundamentales en el orden académico, técnico y legal, con los que se intente y finalmente ojalá se logre recuperar el rumbo social de la institución.

*Investigador del INAH adscrito a la Dirección de Salvamento Arqueológico

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Fuente: RMA [http://remarq.ning.com/]

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