La pérdida de influencia de Monte Albán en la transición del Formativo al Clásico

Mapa

P. Guillermo Ramón Celis

Uno de los periodos mejor comprendidos cronológicamente en la arqueología Oaxaqueña es el que abarca desde la fundación de la ciudad de Monte Albán y hasta su afianzamiento como un estado, esto en el periodo de tiempo que va del Formativo tardío (500 a.C.-250 a.C.) y el Clásico temprano (300-500 d.C.). También se ha documentado muy bien como los desarrollos culturales de las demás regiones oaxaqueñas emulaban la cultura material producida por Monte Albán evidenciando la formación de una gran red de intercambios en el que uno de sus nodos giraba en la antigua capital zapoteca.

Para entender el desarrollo de la expansión zapoteca por parte del Estado de Monte Albán, tendremos que comenzar por entender el cómo es que surgió este sitio tan importante. Para ello tendremos que remontarnos a la situación del Valle de Oaxaca en el Formativo Temprano y Medio, es decir entre el 1400 y 500 a.C en sus fases Tierras Largas a Rosario. Para este periodo de tiempo el sistema regional del Valle era de escala pequeña, involucrando un promedio de alrededor de 1500 personas. Los asentamientos estaban dispersos en los tres brazos del Valle, sin embargo existió una concentración de la población en el Subvalle de Etla particularmente alrededor del sitio de San José el Mogote, el cual es el único sitio identificable dentro de un nivel jerárquico superior a un grupo de comunidades más pequeñas a las cuales no se les puede diferenciar entre sí (Kowalewski, 1989:509). Este sistema, con San José el Mogote como sitio dominante, se mantuvo estable por un periodo relativamente largo de tiempo, unos 900 años. Tenemos que aclarar que aunque usemos el término de estabilidad, ello no significa que no hubo cambios; al contrario, fue un periodo de tiempo en el cual surgió todo un complejo sistema de jerarquías, inequidad hereditaria, una estructura social estratificada y en conjunto, se dio la génesis de las instituciones que derivarían en la constitución de un Estado zapoteco, principalmente la consolidación de una élite gobernante apoyada por la existencia de artesanos especializados y el intercambio de bienes de regiones distantes del Valle de Oaxaca y más allá como la Cuenca de México, y las costas del Golfo y del Pacífico (González Licón, 2003:154). Al final del Formativo Medio en cada subvalle de la región se localizaba una jefatura importante: San Martín Tilcajete con una población que rondaba entre 700 y 1000 personas en el Valle Grande; Yegüih en el Subvalle de Tlacolula con la misma población; y San José Mogote en el Subvalle de Etla (ibid.).

Después de este gran periodo de estabilidad y crecimiento, se realizó un cambio significativo en el patrón de asentamiento del Valle de Oaxaca, surgiendo la ciudad de Monte Albán justamente en el cruce de los tres brazos del Valle. Por la similitud de iconografía encontrada en el periodo más temprano de Monte Albán y una escultura encontrada en San José Mogote que se fechó en la fase Rosario, se ha considerado a la capital regional como el sucesor del sitio de San José Mogote (Kowalewski, 1989:510). Además de esta evidencia también hay que mencionar que a fines de la fase Rosario, se produjo una pérdida importante de población en el mismo sitio, puesto que las 40 hectáreas de núcleo ceremonial y residencial con que contaba fueron abandonadas para quedar únicamente en el lugar barrios dispersos de campesinos; otra evidencia para tomar en cuenta es que también la mitad de las aldeas de la fase Rosario que fueron abandonadas para el periodo Monte Albán I temprano pertenecían al Subvalle de Etla (Flannery y Marcus, 1996:169)

Existen varias propuestas para dar cuenta de la fundación de Monte Albán. La primera es que esta fundación pudo responder a la necesidad de regularizar las relaciones con las poblaciones vecinas por parte de la élite política de San José Mogote, por lo que se requirió de un grado más alto de integración regional con niveles más altos de producción. Como consecuencia, esta necesidad fue acompañada de la fundación de una nueva capital localizada en un lugar más céntrico para poder integrar la región más eficazmente de lo que pudo haber sido administrada desde San José Mogote, con el resultado de una transformación importante de la sociedad en muchos aspectos (Kowalewski, 1989:510). Otra propuesta nos explica que los pobladores de las regiones de Tlacolula y del Valle Grande al prever y observar el rápido incremento en el poderío del sitio de San José Mogote y la población del Valle de Etla pactaron fundar la ciudad de Monte Albán a fin de bloquear esta expansión (Flannery y Marcus, 1996:188). Una tercer propuesta va en el sentido contrario, San José Mogote puede haber sido una entidad política en efecto lo suficientemente fuerte como para preparar una expansión en contra de los jefes de Tlacolula y los del Valle Grande, realizando una confederación de aldeas de la región de Etla y del Valle Central, moviéndose todos a la cima de una montaña donde se podía establecer un sitio estratégicamente colocado en la entrada a todos los ramales del Valle (ibid.:189). Esta última opción es avalada por el número de aldeas del sur de Etla que fueron abandonadas a fines de la fase Rosario y el patrón de asentamiento de Monte Albán I temprano que nos muestra el área habitacional distribuida en tres bloques probablemente indicándonos diferencias en el origen de sus ocupantes (Blanton, 2004).

El establecimiento de Monte Albán como una capital regional para el Valle de Oaxaca representó una transformación estructural tan fundamental, que el sistema conformado nunca más se aproximó a las características que le precedieron en las fases anteriores y su fundación representó un incremento vasto en la escala de la unidad política como medida por el área y la población que estuvo bajo la autoridad política del sitio en el poder (Joyce, 2004:194). Este cambió representó un crecimiento enorme en cualquier escala, aumentó la población en 20 veces en promedio, se incrementó la jerarquía de asentamiento hasta cinco niveles, aumentó la diferenciación vertical respecto a la disponibilidad de los bienes manifestada en la gran variación de las ofrendas funerarias y en la arquitectura doméstica, además de que el sistema regional hubo de incrementar en producción, escala, integración y complejidad (Kowalewski 1989:510). Uno de los elementos más significativos del cambio en la dinámica social del Valle de Oaxaca es el establecimiento de un sistema de mercado e intercambio interregional y el incremento en el número y la variedad de edificios públicos los cuales evidencían también una mayor diferenciación interna. Para el periodo de Monte Albán I temprano, el sitio tiene una población estimada en 5 280 personas (González Licón 2003:155)

Para la fase de Monte Albán I tardío la población alcanzó los 17 000 habitantes, extendiéndose por casi cuatro kilómetros cuadrados, además de estar representada en el patrón de asentamiento una jerarquía de sitios de cuatro categorías, contando el Valle con 745 comunidades y una población de unas 50 000 personas. Aun con esta cantidad de asentamientos es muy importante notar que la tercera parte de la población del Valle habitaba la ciudad de Monte Albán y no solo eso sino que también 155 sitios se encontraban sólo en un radio de 10 kilómetros alrededor de la ciudad, lo que puede inferirse como la necesidad de Monte Albán de tener cerca grandes concentraciones de campesinos, jornaleros y guerreros posiblemente porque todavía Monte Albán no había podido subyugar o lograr contar con el apoyo de la totalidad de las poblaciones del Valle de Oaxaca (Flannery y Marcus 1996:201).

Para este momento y observando la proliferación de centros administrativos y las construcciones no residenciales dentro del Valle de Oaxaca podemos hablar de un Estado de Monte Albán bien establecido con una estructura social estratificada, además de haberse alcanzado una gran complejidad política; se puede deducir que el Valle de Oaxaca como sistema regional estaba llegando a sus límites (González Licón 2003:144). La explosión demográfica dentro y fuera de Monte Albán que se dio después de la fundación del sitio sugiere nuevas creencias y prácticas que atrajeron a mucha gente de las comunidades del Valle, las cuales con nuevos espacios públicos sagrados y con practicas rituales unificadas fueron conducidas por una élite que pronto consolidó ideologías dominantes que encausaron las decisiones que pudieron haber realizado la población en general (Joyce 2004:203).

Durante el periodo II de Monte Albán los lugares de jerarquía alta en el sistema del patrón de asentamiento del Valle de Oaxaca cambiaron de lugar estableciéndose nuevos sitios, redireccionándose en lugares fuera del brazo de Etla que era la principal subregión de los Valles Centrales, por lo que hubo probablemente un cambio en la cantidad de personas disponibles para trabajar (Kowaleski 1989:511). Este cambio nos sugiere que para este periodo Monte Albán ya había subyugado la totalidad del Valle de Oaxaca. Para Flannery y Marcus es probable que este sometimiento se haya realizado alrededor del 100 a.C. poniendo las áreas lejanas tanto del Valle como de las montañas circundantes bajo la hegemonía de Monte Albán mediante una combinación de construcción de alianzas, reubicación de pobladores y fuerza militar (Flannery y Marcus 1996:202). Dentro de esta discusión se han manejado distintas evidencias arqueológicas para su sustento, uno de las principales datos utilizados para esto es una aparente muralla que rodea Monte Albán (Blanton,2005; Wiesheu, 2006); en cuanto a este muro defensivo se le ha fechado para Monte Albán I (ibid.), y parece que sirvió para ofrecer protección de la sede del aparato estatal además de segregar el área de acción de los gobernantes de la ciudad del resto de la gente, el que la población se haya concentrado en una ubicación estratégica para fines defensivos rodeada de murallas se ha manejado también como sustento para una hipótesis militarista del origen urbano (Wiesheu, 2006:160)

El impacto interregional que el Estado Arcaico de Monte Albán alcanzó a finales del periodo Formativo en su periodo II ha sido tema de discusión por parte de muchos investigadores (Flannery y Marcus, 1996; Joyce, 2003; Spencer et al., 2008; R. Zeitlin, 1990a y 1993; Zeitlin y Joyce, 1999), y en general los distintos autores están de acuerdo en que este impacto influyó en muchas áreas y de manera directa durante el Formativo Terminal (Joyce, 2003:53), motivado probablemente por un deseo de la élite gobernante en adquirir grandes cantidades de conchas para su ajuar ornamental, frutas tropicales, y otros bienes exóticos y la forma más fácil de agenciarse de ellos era mediante el tributo (R. Zeitlin y Joyce, 1999:384). Sin embargo la evidencia material a lo largo de todas las áreas dónde se ha podido evidenciar la presencia del Estado zapoteco varían demasiado como para poder establecer la existencia de la subyugación de todos los lugares donde se ha detectado esta presencia (Flannery y Marcus, 1996; R. Zeitlin 1993; Joyce, 2003).

Los lugares dónde se ha detectado por lo menos la presencia cerámica producida en Monte Albán en cantidades importantes que evidencian una influencia interregional son las regiones de la Mixteca Alta, la Mixteca Baja, el Valle de Ejutla, el Valle de Miahuatlán, el Valle Sola, la Cañada de Cuicatlán, el Valle del Bajo Río Verde y el sur del Istmo de Tehuantepec.

Estos lugares que fueron conquistados o colonizados por Monte Albán, no fueron incorporados a este Estado en un solo momento. Spencer y sus colaboradores proponen un modelo de dos etapas que es al que nos apegaremos (2008:335 – 338):

En una primera etapa de este proceso de expansión, la entidad política de Monte Albán anexó a su territorio la Cañada de Cuicatlán, el área de Peñoles y el Valle Sola durante la fase de Monte Albán I. Esta conquista al parecer se dio alrededor del 300 a.C., lo que valida la hipótesis establecida de que Monte Albán fue fundada primordialmente por familias gobernantes del Subvalle de Etla y del Valle Central principalmente de San José Mogote, los cuales se enfocaron en expander su influencia hacia el norte donde no había sitios que les pudieran hacer frente dado su desarrollo en la complejidad social, al contrario de los subvalles de Tlacolula y Grande donde se encontraban fuertes competidores, principalmente Cerro Tilcajete, sitio dominante del Valle Grande. Este sitio fue atacado al parecer por Monte Albán también alrededor del 300 a.C., no obstante el lugar pudo resistir esta primera oleada conservando su autonomía. El establecimiento de una colonia de habitantes zapotecos en el Valle de Sola tiene a juicio de Spencer y colaboradores, una relación con el establecimiento de una ruta entre el Valle de Oaxaca y la costa Pacífica alterna al Valle Grande puesto que Cerro Tilcajete dominaba el paso (ibid.)

Un segundo momento de expansión se da con un movimiento claro hacia el control total de las rutas comerciales que llevaban hacia el Océano Pacífico, puesto que a pesar de haber establecido una colonia en el Valle de Sola la ruta más importante se genera por el curso del Río Atoyac, incorporando para este fin el Valle de Zaachila o Grande, el Valle de Ejutla y el Valle de Miahuatlán. Este segundo periodo de expansión llevó a la entidad política de Monte Albán a cubrir un área de 20 000 km2 durante la fase II de dicho sitio. Dentro de las áreas al parecer incorporadas en este momento de expansión estaba Tututepec en la costa del Pacífico, la cual presenta un alto índice de cerámica relacionada con las fases Monte Albán I y Monte Albán II. Sin embargo el trabajo realizado recientemente en la región así como en la zona del Bajo Río Verde sugiere que la Costa Pacífica pudo haber tenido una relación diferente a la establecida por Monte Albán con La Cañada de Cuicatlán (Joyce, 2003 y 2005; Spencer et. al., 2008; Zeitlin y Joyce, 1999).

En general estamos de acuerdo en la idea de observar al Estado emergente de Monte Albán agenciándose y expandiéndose en un primer momento hacia áreas alejadas pero con niveles de integración sociopolítica débil antes de proceder a subyugar a sus rivales más fuertes e integrados del resto del Valle de Oaxaca (Spencer et al. 2008:338). Sin embargo, este tipo de expansión no siempre significó la conquista militar como en La Cañada de Cuicatlán o en Cerro Tilcajete, sino que también fue incorporando a su periferia una serie de regiones mediante la negociación y la diplomacia con la que podía contar un Estado que ya era un nodo con una fuerza gravitacional difícilmente ignorable.

Parece ser que la consolidación política del Estado zapoteco se consumó para el Formativo Terminal en la fase de Monte Albán II, no sólo mediante la conquista militar sino a través de la negociación social y la persuasión religiosa, estableciendo con ello una jerarquía de asentamientos de cinco niveles, dentro de los cuales se instalaban distintos nobles menores, de manera que se alcanzó una nueva etapa donde no sólo Monte Albán se encontraba presente en el ámbito regional, sino que compartía el mapa con otras unidades políticas poderosas como Teotihuacan, El Mirador, Izapa y Tikal, los cuales se disputaban el prestigio y dominancia sobre la interacción a largas distancias (Joyce 2004 : 205) .

La transición del periodo Formativo al Clásico fue un tiempo de conflicto entre distintas unidades políticas, así como de inestabilidad entre grupos en el poder (ibid.:207). El cambio en este sistema en expansión se dio aparentemente durante el paso del periodo II al IIIa. Esta retracción y pérdida aparente de influencia tuvo que estar relacionado posiblemente con causas internas, por ejemplo la guerra entre regiones menos integradas al interior del Estado de Monte Albán (Kowalewski, 1989 : 510). Se infiere con esto una fragmentación del “imperio” fuera del Valle de Oaxaca y se observa por ejemplo un incremento en la presencia de la entidad política de Teotihuacan en el valle de Tehuacán y en la Cañada de Cuicatlán. Además de este factor el Estado de Monte Albán se sostenía mediante el tributo y el intercambio de productos localizados fuera del Valle así como dentro del mismo, por lo que durante varios cientos de años no desarrolló nuevas fuentes productivas internas. Sin embargo, para el periodo IIIa el sistema regional se reorientó al desarrollo interno en lugar de las fuentes externas y el resultado fue a gran escala un sistema mas complejo e integrado (Kowalewski 1989 : 511).

El sistema de Monte Albán III probablemente ya no era el de un imperio tributario que con un extenso territorio, sino que fue un centro económicamente desarrollado el cual transformó a su periferia en dependiente económicamente del núcleo formado por la capital zapoteca. También habría que pensar en la influencia de Teotihuacan, que aunque no fuerte si era selectiva, principalmente en contextos de élite de Monte Albán. Pensando en esta influencia, se aprecia una retracción del norte de su área de control e influencia, mientras que el sistema regional del Valle se expandió hacia el sur con una expansión demográfica significativa dentro del Valle Grande. Kowalewski piensa en la posibilidad de que esta región proporcionase a Monte Albán, así como a Teotihuacan, con productos de la costa del Pacifico, incluyendo algodón, textiles, concha marina entre otros (1989:511). Añadiendo otras opiniones aparte de esta explicación, encontramos que una de las razones para este cambio fueron las presiones en las fronteras del sistema que forzaron al desarrollo de instituciones políticas más fuertes, incrementando la integración y también la escala del sistema. Otras explicaciones para la retracción y el fin del “Imperio” zapoteca son más drásticas, por ejemplo Winter asevera que uno de los resultados del Proyecto Especial Monte Albán es “la incontrovertible presencia teotihuacana en Monte Albán” (2001 : 56-60), puesto que encuentra materiales ceremoniales de procedencia teotihuacana en el palacio de la Plataforma Norte, infiriendo con esto una conquista de Monte Albán por parte del asentamiento de la Cuenca de México. Empero, al parecer la relación entre ambas partes no parece haber llegado a tales niveles de interacción tan directa, sino que al parecer se trataba de una relación más bien diplomática; esto atestiguado por diversas evidencias, principalmente la presencia de un barrio zapoteco en Monte Albán ahora llamado Tlailotlacan (Rattray,1987; Fahmel, 1995). No obstante la presencia de Teotihuacan en Monte Albán parece no haber sido de carácter permanente, aunque podemos mencionar cierta influencia en la arquitectura, pintura mural, decoración dentro de las tumbas, inscripciones en las estelas, así como formas cerámicas y decoraciones (Flannery y Marcus, 1996:282; González Licón, 2003:176).

Otra propuesta la encontramos en la explicación de que el Estado de Monte Albán experimentó un desarrollo esperado para un Estado arcaico, el cual consiste en un crecimiento muy rápido al inicio de su creación; esto debido a que presenta una ventaja organizativa además de una complejidad mayor respecto a poblaciones vecinas menos desarrolladas, para posteriormente decrecer en tamaño, aunque su capital haya aumentado en población, esto debido a que las áreas sometidas en un primer momento alcanzan en determinado tiempo la fuerza suficiente para emanciparse del núcleo rector (Marcus 1996:69-71). En este caso se podría apreciar que las poblaciones sometidas al Estado de Monte Albán, principalmente de la región mixteca, pudieron alcanzar un nivel estatal de organización suficiente para poder alcanzar una autonomía política y poder tener un desarrollo cultural propio.

En concreto se puede observar una cascada de sitios que o fueron abandonados, o consiguieron su autonomía del Estado de Monte Albán; por ejemplo en la Mixteca Alta, centros como Yucuita y Monte Negro fueron abandonados al final del periodo Formativo, además de que surgieron sitios políticamente fuertes como Yucuñudahui. En la Mixteca Baja por otra parte, Cerro de las Minas parece haber sido el sitio de más influencia en términos de la definición de las identidades sociales de la elite en la Mixteca (Joyce, 1994:73). En el Río Verde inferior, los centros urbanos se desarrollaron durante el periodo Clásico, siendo Río Viejo el más grande de los centros de la Costa en esta región estableciéndose como el centro primario de un sistema de asentamiento jerárquico de tres niveles.

Otras regiones sin embargo siguieron permaneciendo sujetas al dominio de Monte Albán. Estamos hablando de los Valles de Ejutla y de Miahuatlán, así como algunas partes de las montañas que rodean el Valle de Oaxaca (Feinman y Nicholas, 1990:234)

En este estado de transformación social, así cómo de reconfiguración del Estado zapoteco y su periferia, encontramos muy interesante el comportamiento de las élites autónomas o semiautónomas que se encontraban en la influencia de este dinámico estado, y como opera la cultural material de los mismos en el registro arqueológico. Tomaremos de ejemplo un sitio ubicado en el sur del Istmo de Tehuantepec, Laguna Zope, uno de los sitios principales de la región, este no fue ajeno a esta oleada de movimientos políticos y sociales que hemos comentado. El sitio es uno de los más antiguos de la región y de toda el área mesoamericana, pues se encuentra ocupado desde el Preclásico temprano (1500 a.C.) (Zeitlin R. 1979, 1990a, 1990b, 1993, y Zeitlin R. y Arthur Joyce 1999).

Este sitio presenta una ocupación continua durante todo el Preclásico y posteriormente es abandonado alrededor del 300 d.C. justo en la transición entre el periodo Monte Albán II y IIIa, sin embargo, este abandono coincide con la aparición de un nuevo asentamiento ubicado a solo 2.5 km denominado Saltillo, este ya presentaba una ocupación desde el Formativo terminal, pero es al momento en el que se abandona Laguna Zope cuando este presenta un crecimiento muy importante y ocupa el lugar del sitio más importante del área en el Clásico temprano (Ramón 2010, Zeitlin J. 1978), este cambio tan repentino de asentamiento nos hace pensar en que existió un proceso de migración de un sitio a otro (Ramón 2010:. Sin embargo existe una gran diferencia entre ambos sitios, su complejo cerámico; mientras Laguna Zope presenta características cerámicas que lo vinculan estrechamente con Monte Albán (Zeitlin R. y Joyce 1999), principalmente la vajilla gris pulida con diseños esgrafiados característica de los Valles Centrales, el sitio de Saltillo sus características lo ligan más con el sur de Chiapas y con el norte del Istmo de Tehuantepec en la costa sur de Veracruz, representado por cerámicas bicromas y polícromas manufacturadas de caolín.

Las características nos muestran un importante cambio en las características de la cultura material entre Laguna Zope y Saltillo, con lo que observamos un importante cambio en las redes de intercambio de la población istmeña de este momento, en donde antes estaban orientadas al comercio con Monte Albán mientras que en el Clásico este comercio se diversifica a un mayor número de sitios. Esto lo explicamos a que en las características encontradas en el sitio de Saltillo existió una nueva adscripción cultural dentro de la élite gobernante del sitio, es decir, es en efecto la aparición de una nueva cultura, pero no por parte de un nuevo grupo humano, sino una adopción de ideas y manifestaciones por parte del mismo grupo de personas que habitó y gobernó el sitio de Laguna Zope: La aparición de una cultura de la élite con características novedosas que reflejaron una estrategia para la consolidación política asegurando una identidad ligada al prestigio social y político, logrando esto al emular lo que a todas luces eran símbolos de poder y de manifestaciones de fuerza y control de nuevas entidades políticas.

Justo en la última fase de ocupación del sitio de Laguna Zope, y sea por alguna de las razones ya esbozadas anteriormente, la entidad política de Monte Albán, a la cuál las élites gobernantes de Laguna Zope estaban ligadas de manera directa, al menos mediante la emulación de elementos culturales de la élite zapoteca, decayó en el sentido de una pérdida de influencia directa o bien concentró su dominio directo a un área más pequeña. Monte Albán, siendo un centro rector y generador de cánones estilísticos a lo largo de toda su fase II, fue un gran modelo a seguir y como aliado, muy conveniente; pero al fin de esta fase, retrajo su área de control. Esta pérdida de control seguramente estuvo también ligada a una pérdida de prestigio hacia las élites periféricas ya no vinculadas con Monte Albán; esta desvinculación no pudo ser vista con buenos ojos por parte del grupo dominado por los gobernantes de Laguna Zope, ya que estos últimos como miembros de una extensa red de intercambios entre las élites, necesitaban estar en conexión directa con un conjunto de ideales y percepciones de poder ahora bloqueados, ubicándolos en una posición vulnerable. En concreto, los gobernantes de Laguna Zope tuvieron que elegir entre mantener una relación y alianza estratégica con un sector social ahora con una táctica política que no los tomaba en cuenta y agenciarse una pérdida de prestigio social, o bien crear o adscribirse a una nueva cultura de la élite que mostrase ante la sociedad en general una fuerza política y ritual que reflejase poder y seguridad; además de que pudiese ofrecer una alianza más segura e importante.

Tabla

BIBLIOGRAFÍA

Blanton Richard E.

2004 Monte Albán: Settlement Patterns at the Ancient Zapotec Capital. Percheron Press, Nueva York, EUA.

Fahmel Beyer, Bernd

1995 En el Cruce de Caminos, Bases de la Relación entre Monte Albán y Teotihuacan. Instituto de Investigaciones Antropológicas, Universidad Nacional Autónoma de México, México D.F.

Feinman, Gary y Linda Nicholas

1990 At the Margins of the Monte Albán State: Settlement Patterns in the Ejutla Valley, Oaxaca, México. En Latin American Antiquity I, 1990, pp. 216-246

Flannery, Kent y Joyce Marcus

1996 La Civilización Zapoteca. Fondo de Cultura Económica, México D.F.

González Licón, Ernesto

2003 Social Inequality at Monte Albán Oaxaca: Household Analysis from Terminal Formative to Early Classic. Tesis doctoral, Universidad de Pittsburgh, EUA.

Joyce, Arthur A.

1994 Late Formative community organization and social complexity on the Oaxaca coast. Journal of field Archaeology No.21 Vol. 2. pp. 147-168

2004 Sacred Space and Social Relations in the Valley of Oaxaca. En Hendon Julia A. y Rosemary A. Joyce (Ed.), Mesoamerican Archaeology, Theory and Practice, Blackwell Studies in Global Archaeology, UK pp. 192-216.

Marcus, Joyce

1996 The Peaks and Valleys of Ancient States, an Extension of the Dynamic Model. En Feinman Gary y Joyce Marcus (Ed.), Archaic States, School of American Research Press, Santa Fe, Nuevo Mexico, EUA, pp. 59-94.

Kowalewski Stephen A., Gary Feinman, Laura Finstein, Richard E. Blanton y Linda M. Nicholas

1989 Monte Alban’s Hinterland: Part II. En Museum of Anthropology Memoir, No. 23, University of Michigan. Ann Arbor.

Ramón Celis, P. Guillermo

2010 El proceso de abandono de un asentamiento en el sur del istmo de Tehuantepec durante el Formativo terminal, Tesis de Licenciatura, Escuela Nacional de Antropología e Historia, México.

Rattray, Evelyn Childs

1987 Los Barrios Foráneos de Teotihuacan. En E. McClung de Tapia y E.C. Rattray (Ed.), Teotihuacan: Nuevos datos, nuevas síntesis, nuevos problemas, Instituto de Investigaciones Antropológicas, Universidad Nacional Autónoma de México, México D.F., pp. 243-273.

Spencer Charles, Elsa M. Redmond y Christina M. Elson

2008 Ceramic Microtypology and the Territorial Expansion of the Early Monte Albán State in Oaxaca, México. En Journal of Field

Wiesheu Walburga

2006 El Proceso de Urbanización en Monte Albán. En Corona Cristina, Patricia Fournier, Alejandro Villalobos (Coord.), Perspectivas de la Investigación Arqueológica III, Escuela Nacional de Antropología e Historia, México, pp. 137-164.

Zeitlin, Judith Francis

1978 Community Distribution and local Economy on the Southern Isthmus of Tehuantepec: an Archaeological and Etnohistorical Investigation. Tesis de Doctorado, Universidad de Yale, EUA.

Zeitlin, Robert N.

1979 Prehistory Long Distance Exchange on the Southern Isthmus of Tehuantepec. PhD Dissertation, Yale University, EUA.

1990a The Isthmus and the Valley of Oaxaca: Questions about Zapotec imperialism in formative period Mesoamérica. En American Antiquity, Vol. 55, No. 2, Society for American Archaeology, EUA, pp. 250-261.

1990b Informe al Consejo de Arqueología del Instituto Nacional de Antropología e Historia de Investigaciones en Campo conducidas por el Proyecto La Arqueología de Interacción de Monte Albán con el Istmo meridional de Tehuantepec en el Periodo Formativo Tardío. Inédito. INAH, México.

1993 Pacific Coastal Laguna Zope. En Ancient Mesoamerica, Vol. 4, Cambridge University Press, EUA, pp. 85-101.

—-y Arthur Joyce

1999 The Zapotec-Imperialism Argument: Insights form the Oaxaca Coast. En Current Anthropology, Vol. 40, No. 3, Junio de 1999, pp 383-392.

—-y Judith F. Zeitlin

1990 Arqueología y Época Prehispánica en el Sur del Istmo de Tehuantepec. En Marcus Winter (Compilador), Lecturas históricas del Estado de Oaxaca, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s