Los funcionarios del INAH destruyen monumentos arqueológicos en Tzintzuntzan

Comentarios sobre la construcción el museo de Tzintzuntzan.

La zona arqueológica de Tzintzuntzan forma parte de un conjunto urbano histórico de gran importancia que tuvo su inicio durante la época prehispánica, continuó en la colonia y se mantiene hasta nuestros días, presentando una profundidad histórica poco común en nuestro país.

Su ubicación y emplazamiento a orillas del lago de Pátzcuaro, sobre la ladera del cerro Yahuarato, muestra una Zona Arqueológica formando parte de un singular paisaje natural e histórico, la volumetría, materiales de construcción, emplazamiento y texturas, se integra perfectamente a su entorno natural. Es importante enfatizar que su emplazamiento obedeció a las condiciones topográficas, es decir, desde su fundación fue un asentamiento planeado para integrarse y adaptarse a las condiciones del terreno, ponderando el respeto y admiración del paisaje cultural de la cuenca del lago de Pátzcuaro.

El espacio de Tzintzuntzan se encuentra protegido por el INAH desde hace varias décadas, los terrenos fueron parcialmente pagados desde las primeras exploraciones, sin embargo, fue hasta 1991 y 1993 cuando el Centro INAH retomó las gestiones para regularizar la tenencia de la tierra, logrando pagar algunos de los predios que forman la poligonal envolvente. En este mismo periodo se estableció la poligonal actual que integra 180 has en un sólo polígono, donde el uso del suelo fue establecido por la Delegación Michoacán y la Dirección de Registro Arqueológico, como restricción total reservado para la investigación y conservación de los monumentos arqueológicos. En 1993 se decidió cercar un área de 18 hectáreas aproximadamente, en este espacio se localizan los principales edificios públicos de la antigua capital purépecha. Dicho cercado presupone que se trata del lugar de mayor monumentalidad e importancia arqueológica y por lo tanto, estaría limitado a labores de investigación, conservación y difusión del patrimonio arqueológico.

Durante años, el Centro o Delegación INAH Michoacán ha pugnado por respetar dicho entorno a través de restricciones al tipo y materiales constructivos utilizados en las inmediaciones, se convenció a las autoridades municipales de construir una unidad deportiva en terrenos alejados del centro ceremonial; se ha argumentado la imposibilidad de construir una clínica y un centro educativo en terrenos que forman parte del sitio arqueológico aunque están fuera de la poligonal envolvente, por motivo de estar muy cerca de la zona protegida y para evitar la alteración visual del sitio y su entorno.

Si bien la difusión a través de un museo o sala introductoria es parte de las labores sustantivas del INAH, no se justifica la construcción de un gran edificio al interior del perímetro antes señalado.

Son muchas las razones que podemos esgrimir para exigir la reubicación de la obra.

1.- Existe afectación directa sobre los monumentos arqueológicos, la construcción se realiza sobre la plataforma que delimita por el lado sureste la plaza central de la Zona Arqueológica. Como podemos observar en las imágenes y en el mismo informe de trabajo, existen edificaciones prehispánicas en ese lugar, las cuales fueron sepultadas por la construcción del museo. Si se analiza el sitio en su conjunto, puede observarse que “La Tira” como se conoce al mencionado terreno, es una parte importante del antiguo asentamiento, tal como lo demuestra el acceso recientemente excavado y seguramente (aunque los arqueólogos del Centro INAH Michoacán desconocemos la información obtenida con las excavaciones) las construcciones o contextos ubicados en la parte superior. Por lo que una construcción moderna en ese punto es absolutamente improcedente.

2.- Se trata de una construcción ubicada dentro de la poligonal envolvente de la Zona Arqueológica. Cabe señalar que esta ZA tiene un polígono único donde el Centro INAH Michoacán y la Dirección de Registro Arqueológico establecieron la restricción total al uso de suelo para fines de conservación e investigación.

3.- No es una obra “reversible”.

4.- Competencia con la Zona de Monumentos. Altura de la obra supera la altura de las estructuras piramidales.

5.- Afectación al paisaje cultural. Por lo que sabemos hasta ahora, se trata de una obra de gran impacto en el entorno.

6.- Procesos de excavación con técnicas inadecuadas para la excavación de contextos primarios no alterados. El uso de calas perimetrales para ubicar los muros, falta de un manejo claro de la información de contextos evidenciada en la ausencia de dibujos en los informes arqueológicos, se omite información relacionada a los pisos y a los puntos de contacto entre las estructuras y los pisos de la plaza, falta de control de las excavaciones al dejar tirados los restos culturales junto a las excavaciones.

7.- Trabajos de restauración con criterios fuera de las normas nacionales y las recomendaciones internacionales. Historia de las restauraciones del sitio. México es uno de los países miembros de la UNESCO, organismo que ha emitido desde los años 60 una serie de recomendaciones, convenciones y declaraciones en torno a la conservación del patrimonio cultural a las que –en principio- todo país miembro debe dar seguimiento. Como puede observarse en el documento anexo, hay en varios de esos documentos una serie de argumentos con los que de entrada se demuestra la improcedencia de la construcción de un museo en el sitio donde se pretende construir.

8.- Falta de planeación en la toma de decisiones. Una constante en las recomendaciones y exigencias para aprobar proyectos por parte del Consejo de Arqueología y para asignación de recursos por la Coordinación Nacional de Arqueología es que exista un Plan de Manejo de la Zona Arqueológica y que la tenencia de la tierra sea Propiedad Federal. En este caso, no se cumplen estas dos circunstancias. Por otra parte, hay una notoria e inexplicable falta de investigación y manejo de la información existente, sea bibliografía informes y tesis, esta ignorancia les ha llevado a tomar decisiones apresuradas ubicando la obra en el lugar menos indicado y omitiendo las opiniones y trabajos previstos de parte de los investigadores del estado de Michoacán, quienes manejan y sustentan otros espacios para edificar la obra. El caso más dramático es que el Centro INAH desde hace diez años viene trabajando en una línea de investigación y difusión para conformación del paisaje urbano histórico de Tzintzuntzan, esto incluía un Museo de Sitio y una propuesta para elaborar el Plan Parcial de Ordenamiento Territorial y el Plan de Manejo de la Zona Arqueológica.

9.- Normas arqueológicas y labores sustantivas del INAH. Falta de respeto a los investigadores de Michoacán. Los investigadores del Centro INAH hemos trabajado Tzintzuntzan y conocemos las problemáticas específicas del lugar, por lo que nos resulta del todo extraño no haber sido considerados para participar o por lo menos, para opinar sobre el Proyecto Especial Michoacán.

Los centros o Delegaciones del INAH son una especie de “patio trasero” de la institución y este es un buen ejemplo de la pésima administración federal, que pasa por encima de las atribuciones estatales y de la experiencia acumulada por los investigadores locales. Otros ejemplos son los mismos funcionarios siempre los mismos.

10.- Afectación total con los procesos locales de vinculación e interacción con la población local y con otras dependencias oficiales a las cuales les hemos regulado obras llegando a situaciones de gran presión como la construcción del CBTIS y la Unidad Deportiva y cuyo resultado fue la reubicación de la Unidad y la adecuación del CBTIS a las circunstancias que establece la poligonal envolvente. Varios casos más se han presentado en el pasado y las autoridades del Centro ahora Delegación INAH, han logrado ubicar o recomendar procurando siempre la menor de las afectaciones. Ahora, la mayor afectación la están haciendo los arqueólogos y arquitectos serviles a la Dirección General y Coordinación de Arqueología. Otras dependencias no están exentas de responsabilidad, por ejemplo, la Coordinación Nacional de Asuntos Jurídicos que no han acreditado la propiedad del terreno o la Coordinación de Centros INAH que no han manifestado. Quizá lo más grave es que nosotros mismos establecimos la poligonal, la argumentamos y la hemos gestionado, pero lo que no esperábamos es que nosotros mismos la echáramos abajo.

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Fuente: Sindicato Nacional de Investigadores y Docentes del Instituto Nacional de Antropología e Historia [http://investigadoresinah.org.mx/]

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