Wahyis o Nahuales Mayas, en estudio etnohistórico

25 de noviembre de 2011

WAHYIS O NAGUALES MAYAS, EN ESTUDIO ETNOHISTÓRICO

INAH Noticias [Daniel Moreno INAH] | Foto: Justin Kerr

Entidades anímicas que son parte vital de un conjunto de creencias que perviven en las comunidades mayas contemporáneas, son investigadas por el arqueólogo Daniel Moreno

Los wahyis son un tipo de naguales con características potenciadas que tenían la facultad de causar enfermedades y aparecer en visiones oníricas de sus víctimas

Espíritus que acechan a manera de naguales, controlados por antiguos gobernantes mayas para producir enfermedades y muerte en sus adversarios, son parte vital de un conjunto de creencias que pervive en las comunidades mayas contemporáneas. Se trata de entidades anímicas llamadas en tiempos prehispánicos como wahyis, que tienen la capacidad de provocar daño en sus víctimas a través del sueño.

Un estudio etnohistórico sobre estos entes —antecedentes de los modernos naguales—, fue desarrollado por Daniel Moreno Zaragoza, arqueólogo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta), a partir de materiales arqueológicos, fuentes históricas y etnográficas, que revelan el significado, funciones y características de estas entidades.

Interesado en conocer la manera cómo se han preservado estas creencias sobrenaturales entre las sociedades mayas actuales, que jugaron un papel protagónico entre los mayas del periodo Clásico Tardío (550-850 d.C.), el especialista, con estudios en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), señaló que han surgido nuevas hipótesis sobre la naturaleza de estos antiguos espíritus.

“Sugieren que los wahyis no eran el alter ego de animales o seres tangibles del mundo terrenal, sino un tipo de naguales con características potenciadas que tenían la facultad de causar enfermedades y aparecer en visiones oníricas de sus víctimas”.

Al hablar de los orígenes de estas entidades, comentó que en la década de los 60, investigadores descubrieron en el sitio Altar de Sacrificios, en Guatemala, un entierro con diversos objetos, entre ellos, una peculiar vasija con representaciones pintadas de seres de apariencia animal o antropomorfa, o incluso híbrida, cuyas características fueron relacionadas con el inframundo.

Además, las entidades aparecían junto con un jeroglífico que el epigrafista inglés Eric Thompson había catalogado con el número 539, pero en 1989 otros especialistas descifraron este signo como “wahy”, a partir de los complementos fonéticos de que estaba rodeado. Posteriores investigaciones vieron que esta grafía se acompañaba del subfijo “is”, lo cual indica que el antiguo nombre de estas entidades era wahyis.

“Los investigadores recurrieron a las fuentes lexicográficas y encontraron que la raíz ‘wahy’ tenía diversos significados relacionadas con el sueño, los naguales, la transformación y la brujería”.

Sin embargo, aseveró que para abordar el estudio de los espíritus wahyis la información epigráfica es limitada, pues las glosas jeroglíficas que acompañan a estos seres únicamente mencionan el nombre de wahyis y el gobernante al cual estaban asociados, sin profundizar sobre sus características y naturaleza.

“Por tales motivos ha sido necesario recurrir a una investigación de corte etnohistórico para analizar las fuentes históricas y etnográficas que revelen el significado, funciones y características de estas misteriosas entidades anímicas que habitaban en el corazón de sus dueños y para atacar, debían salir por la boca del mandatario y viajar en forma de aire hasta encontrar una víctima en quien introducirse para producirle diversas enfermedades e incluso la muerte”.

Detalló que una de las menciones más tempranas que se refieren a este procedimiento mágico lo reporta el sacerdote franciscano Antonio Margil de Jesús, a principios del siglo XVIII, derivado de sus recorridos por la provincia quiché de Mazatenango. Para la misma época, en Los Altos de Chiapas, el obispo Francisco Núñez de la Vega describió la manera en que se ejecutaban estos hechizos:

“…o soplando por el aire diciendo las palabras aprendidas, o sobre plumas, o hierbas, palos, etcétera, que ponen en los caminos y partes en que pueda pisarlas el que ha de ser hechizado, para que enferme de fríos y calenturas, o de granos, lamparones, horrorosas llagas; o entrándole en las partes ocultas o en el vientre, cabeza y garganta, narices, brazo u otro cualquier miembro del cuerpo el animal que quieren por instrumento del maleficio, como sapo, culebra, tortuguilla, ciempiés, etcétera, y con los mismos soplos y palabras suelen quemar casas, destruir sementeras o milpas [a lo] que llaman [los] indios enfermar”.

El arqueólogo  Moreno Zaragoza señaló que esta manera de provocar enfermedades ha pervivido en esa región hasta la actualidad, a través de las prácticas de brujería, donde se maneja el concepto de “dador de enfermedades” en referencia a los brujos. “Éstos, se dice, pueden causar enfermedades al mandar a sus naguales a mirar el corazón de la gente, comer su carne y robarles el alma”.

La noción de enviar enfermedades a través del viento también se conserva entre los choles, donde al brujo se le conoce como soplador; esta manera de enfermar también ha sido registrada entre los tzotziles de San Andrés Larráinzar, donde se dice que el hechicero que decide mandar un mal aire, se detiene a cierta distancia y busca a la persona que quiera afectar. Una vez localizada la víctima, reza y pide que sea atacada por una enfermedad transmitida a través de diversos animales para que entren en su cabeza y corazón. Al terminar la oración, el hechicero sopla para enviar con sus labios el mal a su víctima.

De manera paralela, investigaciones en la población tzeltal de San Juan Cancuc, indican que ciertas enfermedades son enviadas en forma de palabras y a través de emisarios animales, que después pasan la enfermedad a sus víctimas. “Este tipo de naguales abandonan el cuerpo de la persona al morir, se dice que salen por su boca en forma de humo o vapor de agua bajo la silueta borrosa de un animal, de viento o de un rayo”.

De forma parecida, entre los tojolabales se considera a la culebra como un poderoso wahyin, el único que puede habitar dentro del individuo abandonándolo por la boca cuando muere.

Daniel Moreno Zaragoza detalló que los wahyis atacan en forma de malos sueños, pues durante esos momentos, el individuo es más susceptible a que lo perjudiquen las fuerzas del mal ocasionándole enfermedades del espíritu. “Desde principios del siglo XVIII, el historiador guatemalteco Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán dio noticia de que los brujos y naguales se hacían respetar y temer por sus ataques durante el sueño”.

Añadió que las etnografías modernas reportan que en los sueños aparecen diversas entidades que atacan a la víctima; “este tipo de visiones oníricas, como la mordida de un perro o de una serpiente, la coz de un caballo o la cornada de un toro, funcionan como signos que pueden asociarse con un grave daño sufrido por el espíritu. Los tzeltales, tzotziles y choles interpretan estos sueños como un tipo de brujería en el que los brujos mandan a sus naguales a atacar”.

El estudioso indicó que la comparación de los materiales etnográficos con la iconografía plasmada en la cerámica maya del Clásico Tardío, permite suponer que las imágenes oníricas relacionadas con el mal eran simbolizadas en los antiguos wahyis que aparecían de manera zoomorfa o antropomorfa.

Finalmente, comentó que estas creencias han sufrido diversas transformaciones, pero actualmente la persistencia de ellas es diversa y abundante. “El estudio de las entidades anímicas estriba en conocer ese componente invisible que da vida al hombre y que sólo puede ser conocido con los ojos del espíritu”.

3 comentarios en “Wahyis o Nahuales Mayas, en estudio etnohistórico

  1. Hola, estoy muy interesada en contactar al arqueólogo David Moreno, para saber si tiene algún artículo publicado. Lo estuve buscando y sólo sé que presentó algo sobre los wahyis en el Congreso Internacional de Etnohistoria. Quisiera saber dónde se encuentra esta vasija y si la fotografía se muestra entera o es un detalle.
    Agradecería su ayuda. Beatriz Ramírez

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