Suspiro Limeño

Por Lunarcita

Amigos lectores de ArKeopatías:

Damos la bienvenida al año, continuando con los posts que había dejado interrumpidos (por lo cual pido una disculpa) pero continuando con los relatos misceláneos que ofrezco de mi estancia en lares sudamericanos, retomaremos algunos tópicos que espero sean de su agrado.

De vuelta en tierras “tenochcas”, me encuentro en el quehacer de la redacción y repasando algunas anécdotas de la vasta cultura material que ofrece el Perú, comenzando por el detalle que de vez en vez, me arranca un suspiro de nostalgia, de alegría y un poco de romanticismo.

Y no, no hablaré del postre típico de Lima, que consta de un merengue con base de limón, el cual lleva por nombre el título de este post, sino de los balcones limeños.

Porque puede pasar todo, menos desapercibida, esta joya de la arquitectura de los periodos virreinal y republicano; la vista que ofrecen al turista o  al habitante  es imponente, majestuosa, señorial y elegante. Mudos testigos incluso desde la fundación del damero colonial limeño, donde se asentaron las primeras casas solariegas, son también testimonio vivo y ahora patrimonio de la humanidad (declarados por la UNESCO) que narran bajo la perspectiva material  y arquitectónica, el bello paisaje urbano que se resiste a morir en el imaginario citadino.

Cabe señalar que no es sólo Lima quien goza de estas joyas de la arquitectura colonial-republicana, sino también la provincia de Trujillo (en el norte) en  los alrededores de su Plaza de Armas, donde tuve oportunidad de contemplar algunos balcones inmensos y bellamente labrados, todavía habitados. Es por ello, una de las reminiscencias de la construcción señorial del siglo XVII, que argumentaron un cambio en la forma de las casas, resguardo de la tradición mudéjar e hispana que tomó su propio matiz en tierra peruana.

Como introducción en el marco de la arquitectura, para hablar de balcones, es necesaria la premisa de la “casa solariega”, pues la habitación limeña no participó de grandes edificaciones o palacios, más bien, bajo los constantes efectos telúricos que ha sufrido siempre, se empezó por construir casas de una sola planta: de mucho fondo, sin tejados en su mayoría, con bastante holgura en su interior, amuebladas bajo el criterio de los dueños y su disponibilidad económica; es a partir de 1555 cuando se levantan casonas de dos pisos, que distribuyeron desenfadadamente desde el recibidor, la sala y habitaciones, hasta la cocina, establos, capilla y cuarto de servidumbre.

En dichas casas, como punto de partida, la fachada singular de la urbe limeña (labrada en piedra traída de Arica, Panamá y de las canteras de Chorrillos), sirvió de marco para la colocación del balcón, bajo la mano de innumerables orfebres, ebanistas, artesanos, torneros y artífices que incluso se consolidaron en gremios.

Los elementos mayores de la fachada eran portada, ventanaje y balcón, siendo en el siglo XVII con marcada tendencia barroca, concentrando el adorno en un solo punto. Por ejemplo, en la Plaza de Armas de Lima, las casas se mencionaban con adorno de “mucho ventanaje, ladrillo cortado y con galerías”.  La ventana fue entonces precedente del balcón, quien también se decoró con gran hermosura: los estilos más prolijos fueron el plateresco de ajimez (dividido en dos por una columna) y las “loggia” de estilo italiano, que consistían en un pórtico volado construido en saledizos o al ras de la fachada.

Dando paso de lleno al balcón, este elemento es insertado en la capital del virreinato, quien en su favorable clima seco carente de lluvia torrencial (y sólo refrescado por una leve garúa o niebla marina en sus meses de invierno) sirvió principalmente como resguardo del mundo exterior o callejero; un “mirar sin ser visto” para las gráciles damas limeñas, que a través de sus celosías (entramados de madera) se regodeaban la vista, realizaban tertulias, tomaban el fresco mañanero e incluso se dieron lugar para memorables amoríos sofocados bajo la penumbra de la religiosidad imperante.

Fueron también, marco de vigía y protección para la gente pudiente que no perdía oportunidad (como mencionan algunos cronistas) de enterarse de los aconteceres diarios o las murmuraciones que frecuentemente se daban en los altos círculos y llegaban a bocas públicas.

Como símbolo entonces, el balcón identificaba la condición social de su propietario, sin que hubiera lugar a que personas de escasos recursos pudieran recurrir a él, pues  éstos sólo eran colocados en casas, nunca en callejones ni quintas (vecindades).

Sus características básicas tomando el modelo del siglo XVII, fueron: la horizontalidad, verse apoyado por un cuerpo inferior (vigas), llevar friso calado y bajo, sus tableros o recuadros tallados, incluían celosías y sobreluz  quedando coronados por una cornisa.

Siempre adornando el segundo piso, para el s. XVII los balcones eran tallados en maderas finas, uno a cada lado de la portada, generalmente en simetría, siempre al gusto del propietario, pues también había pequeños y aislados, sobresalían media vara de la pared (768-912mm aproximadamente) colocándoseles tableros horadados, celosías  y ajimez (ventana arqueada) al ras de la fachada, siendo generalmente barnizados para conservar el color original de la madera.

Una característica excéntrica (y que sólo puedo corroborar en libros) era la colocación de forro de azulejos y tapicería interior de terciopelo, ostentoso detalle que se perdió en el s. XIX. Mención creíble realizó el padre Calancha hacia el s. XVIII que, siendo en tan grande número los balcones, les refirió parecidos a “calles en el aire”, también por la disposición de estar muy juntos unos de los otros.

Habiéndose suscitado dos fuertes terremotos en Lima, uno en 1686 y otro en 1746 (con maremoto incluido), se incitó al Cabildo por parte del francés Luis Gaudín, de retirar y dejar de construir balcones; mas el Virrey Manso de Velasco, con agudo ingenio, hizo trabajar a los maestros arquitectos para lograr una composición basada en un telar de madera y caña enlucida con barro y cal para los segundos pisos de las casas, resistentes a temblores, que ayudó a la continuidad de la construcción de los balcones, asegurando su permanencia en la arquitectura citadina.

Por su parte, el balcón republicano fue de imperante estilo neoclásico: de forma austera y sobria, corrido y de crecida dimensión. Su adorno principal eran juegos de columnas adosadas a los muros.  Hubo algunos que llegaron a dar vuelta a la esquina, sustituyendo las celosías por ventanales de vidrio, abandonando por completo el azulejo en los interiores.

Y para el s. XIX, el balcón pierde las celosías, las tallas, los canes labrados, tableros trenzados y balaustres, pues al expandirse la ciudad y volverse popular, se construye con amplitud, completamente abierto.

De esta breve reseña del balcón limeño, recupero en mi memoria los más hermosos que pude contemplar.

En primera instancia, el del Palacio Arzobispal (a un costado de Catedral) con su estilo barroco-mudéjar que impresiona e intriga al que recién visita Lima.

El balcón de Palacio de Torre Tagle, ubicado en Jirón Ucayali (también en el centro de Lima) adorna una casona que alberga actualmente oficinas del Ministerio de Relaciones Exteriores. Dudo que alguien que camine incluso distraídamente por Cercado de Lima, pueda ignorar la magnificencia mudéjar que compone este balcón, que incluso lleva vigas bellamente labradas apreciables por debajo del cajón.

La casa Osambela-Oquendo, ubicada en Jirón Conde de Superunda, inició su construcción en época virreinal y  finalizada hacia 1805, por lo cual reúne una fusión de estilos, definiéndose como afrancesado rococó. Tiene cinco cajones de balcón y tres tipos diferentes del mismo. Por ello, se lleva la mención especial de haberse colocado en una de las fachadas más extensas de Lima antigua.

Otra de las joyitas del virreinato, pero la cual no existe más y por su fascinante historia he decidido incluir, es la de la casa de la famosa Micaela Villegas “la Perricholi”; esta mujercita limeña descrita de sutil hermosura, fue amante del Virrey Amat y Juniet, que a su vez en el delirio del romance, mandó construir en su honor el Paseo de las Aguas (muy cerca del Río Rímac, que  en aquel entonces,  alegre y limpio corría por los linderos de Lima).

La casa de la cantante cómica, en su condición elevada por el virrey y su profuso amor, se erigía sobria pero elegante en el barrio rimense, con dos pisos y balcón “de cajón” sobre la portada de la casa, y junto a él, una ventana de antepecho, con doble hilera de balaustres. Afirma la leyenda que despojados de todo pudor, se lanzaban besos volados desde dicho balcón en las despedidas después de la visita del virrey Amat a doña Micaela. De la casa y el balcón sólo queda un grabado además de la historia que sin duda, arranca un suspiro.

Para finalizar el recorrido, mencionaré los balcones de mi querido barrio de Jesús María, que recreaban mi vista en algunos paseos diurnos sin que pudiera accesar a ellos, tal y como antes se admiraban, de lejos o atrás de la reja de entrada.

El primero es el impresionante balcón de la municipalidad (delegación) de Jesús María, haciendo esquina con Jirón Pumacahua, a una cuadra de la avenida Salaverry; su estilo sobrio rescata las celosías, las vigas y los remates en madera barnizada; su tamaño es impactante, casi como los cajones del centro de Lima. Adorna las oficinas de la municipalidad en dos secciones, una en el frente y otra lateral. Bajo los balcones no hay ventanales.

Como varias casas, existe una  sobre la avenida Salaverry, a donde me fue imposible accesar por la existencia de un cánido de ferocidad inimaginable, pero que asemeja el estilo tanto de fachada como de balcón del que tiene la municipalidad, pero con menores dimensiones y con la característica que da vuelta. Este ejemplifica el diseño balcón sobre ventanal con herrería debajo, clásico del s.XVIII.

Otro ejemplo son el Centro Cultural de España en Perú y la Nunciatura Apostólica, el primero, con un balcón pequeño de galería abierta, con vigas labradas en detalle de hojas de acanto; el segundo, con el característico bastidor con celosías y casetones mixtilíneos, propios del estilo neoclásico; con dos cajones asimétricos en la fachada, donde uno de ellos da vuelta en la parte izquierda.

Los balcones no fueron exclusivos del centro de Lima, ni de barrios como Jesús María, San Isidro o Miraflores, pues se tiene mención que incluso había casas con balcones de cajón, con antepechos (muros protectores sobresalientes del balcón) o doselete, con vista al río Rímac, muy cerca del Puente de Piedra.

Eso sí, son un distintivo limeño que desgraciadamente, queda resguardado sólo bajo algunos patronatos privados para su conservación, pues muchos de ellos han sido tugurizados o quedan en franco peligro para el transeúnte o habitante por su avanzado deterioro a causa de los temblores, vandalismo y abandono.

Por ello es menester, que bajo la figura emblemática de esta maravilla arquitectónica que tiende a desaparecer, poner en marcha la conservación por parte de restauradores, historiadores, arquitectos y autoridades, pero sobretodo, el rescate histórico que debe hacer en primera instancia el limeño que se duele y precia de su ciudad; la recuperación de esa memoria señorial, romántica, elegante que tuvo la “Ciudad de los Reyes” a través de sus balcones.

Queda la invitación para todo aquel que visita Lima, el recorrer también las fachadas de casa Berckemeyer, casa Goyeneche, la casa del Oidor, toda la Plaza de Armas, la Escuela Nacional de Música y la casa Canevaro (por mencionar algunas).

Que perduren muchos años y se repitan más esos balconcitos que invitan a mirar por sus celosías, a adivinar quién murmura tras de ellos, a la poesía urbana de la casa solariega, a regocijarse con la belleza de sus acabados… en pocas palabras… a dar un suspiro limeño.

Balcón de casona sobre Av. Salaverry, distrito de Jesús María. Lima, Perú.

Balcón del Instituto Pestalozzi. Av. Arequipa, distrito de Lince. Lima, Perú.

Balcón del Centro Cultural de España, distrito de Jesús María. Lima, Perú.

Edificio de la Nunciatura Apostólica del Perú. Av. Salaverry. Lima, Perú.

Vista del balcón del Obispado Castrense de Lima. Distrito de Jesús María.

Balcones modernos cerca de la Plaza de Armas en el centro de Lima.

Balcón en piedra sillar, abierto y herrado. Arequipa, Perú.

Vista de la casa de Micaela Villegas “La Perricholi”. Grabado.

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Fuentes:

– Chiappe Lanatta, Marissa. “Top: Balcones”. Diario El Comercio. Lima, Perú. Dic. del 2008.

– Fiol Cabrejos, Jorge.  “El balcón limeño”. Editor Lima N & L. 1982.

– peruanocorazon.blogspot.com

6 comentarios en “Suspiro Limeño

    1. Estimado Miguel Ángel: qué bueno que haya sido de tu agrado el artículo, te invitamos a consultar nuestra edición #3 de la revista Textos Arkeopáticos, que fue dedicada especialmente a Sudamérica y el Caribe. Esperamos por supuesto, tus comentarios y que compartas. Saludos!

  1. Te damos la bienvenida en este 2011 Lunarcita! Siempre es un placer leer tus entradas, con ese toque de naturalidad que invita a estar por aquellas tierras. Resulta por demás interesante no perder de vista el componente humano dentro de los espacios y los elementos arquitectónicos, ya que estos no son, por supuesto, únicamente trozos de piedra, madera y cal, sino -por así decirlo-, un “pretexto” de la vida en las ciudades.

    1. gracias Totochtli!! sobretodo por la espera para postear, pero haré que valga la pena. Por cierto e incluyendo la anécdota en el marco de la arquitectura colonial, te hago mención de las famosas “tapadas limeñas”, de quienes hay lindos grabados y pinturas. Era pues la costumbre en época colonial ( y aún republicana) dentro de Lima, por su clima en otrora muy benévolo, sin lluvias ni cambios abruptos, que las mujercitas anduvieran tapadas completamente, y de pies a cabeza una mantilla de color oscuro resguardaba su faz, dejando ver sólo un ojo (o ambos,lo cual era ya bastante atrevido). Se dice que de vez en cuando, alguna parte de sus menudos pies asomaba, lo cual daba paso a la coquetería. Y me refiero a esta figura femenina porque tanto ellas como los balcones tienen una clara influencia hispano-árabe; la fémina por ir cubierta completamente,dejando su figura a la imaginación y conservando el recato, y los balcones, que resguardaban su integridad por considerarse nocivo que una dama anduviera vagando o divirtiéndose por las calles. Por ello, podriamos considerar estos conceptos como parte de una historia tanto bella como cruel, pues bajo la mirada actual occidental, no se concibe un encierro de semejante naturaleza, pero en aquellas épocas hasta romántico se suponía. Recomiendo ampliamente escuchar a la intérprete limeña Chabuca Granda, quien hace mención de esta clase de historias en las canciones “Puente de los Suspiros” y “La flor de la canela”. Y como bien dices, los espacios afortunadamente se conservan, pero más fortuna es que sigan vivos en el imaginario popular, que le da un candor especial a estas joyas arquitectónicas.

    1. hola!! pues para mi es un gusto poder compartir mi experiencia…qué te pareció el relato? espero subir más fotos porque en verdad hay muchísimos balcones! unos grandes, otros pequeños y otros muy sencillitos, pero todos bellos. Nos estamos leyendo ;)

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