Guelaguetza en Zaachila

Por Totochtli

Con el pretexto de la reciente noticia de la autorización para llevar a cabo un concierto de Elton John en Chichen Itzá, y demás acciones muy criticables del gobierno estatal (PRI) a cargo de Ivonne Ortega, para revitalizar el turismo y la presencia de Yucatán en el mundo, se me ocurrió que podría en este espacio presentar un pequeño texto que se  ajusta a la temática que Lunarcita empezó a esbozar.

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Como casi todos saben la Guelaguetza es un evento folklórico del estado de Oaxaca relativamente nuevo (siglo XX), a pesar de que sus organizadores y autoridades le quieran rastrear orígenes prehispánicos, lo cual no tiene sustento histórico ni arqueológico. Este espectáculo se lleva a cabo cada año, los dos últimos lunes del mes de julio en el Cerro del Fortín dentro del auditorio construido expresamente para ello en la capital del estado. Sin embargo eso no le quita valor como expresión cultural del “Pueblo Oaxaqueño” (que chocante es esta frase), lo que si le quita valor es la utilización mercantil, turística, maniquea, interesada, oportunista, de los grupos de poder regionales, nacionales e internacionales dentro del evento. Es por esta razón que quienes hemos visto el espectáculo en el Fortín y nos aturde el ruido del helicóptero de Televisa mientras se baila “Flor de Piña” preferimos buscar otras alternativas para disfrutar del “Lunes del Cerro” de una manera un poco más tradicional (?). Para ello hay en los pueblos circundantes a la ciudad otras opciones, por ejemplo en Zaachila, San Antonino, Mitla -a veces- y otros, hasta los maestros de la APO tienen la suya alternativa. En esta ocasión escogimos Zaachila, por la cercanía y la posibilidad de que estuviera menos lleno, entonces allá fuimos…
Mi intención con esta entrada es poner sobre la mesa un par de reflexiones no acabadas sobre lo que es el Patrimonio Arqueológico y su protección cabal por parte del INAH y de los arqueólogos en general, ¿por qué digo esto?, porque la fiesta de la Guelaguetza en Zaachila se hace arriba de un cerro también, pero este cerro es sencillamente ¡la Zona Arqueológica! ¡Nooo! dirán algunos puristas y se rasgarán las vestiduras ante tal atentado contra los bienes arqueológicos, sin embargo, esta situación tiene más aristas de las que podemos ver a simple vista, por lo que vale la pena detenernos un poco en ellas.
La zona arqueológica de Zaachila es muy pequeña y ha sido poco explorada porque, como en muchos otros de lugares de México, el poblado está asentado sobre ella misma. Existen algunas estructuras liberadas, aunque es más famosa porque se dice que ahí se desarrollaron los eventos que cuenta la leyenda de princesa Donají, símbolo de la Ciudad de Oaxaca. En la parte alta están los restos de un montículo donde la gente se acomoda desde temprano en la mañana para ver mejor hacia templete, que es colocado en lo que seguramente fue la plaza del conjunto arquitectónico, frente a la ladera de dicho “cerro”. La pequeña entrada de metro y medio de ancho conduce hacia los servicios sanitarios y la caseta del INAH. Básicamente es toda la zona, sin embargo conforme la gente se arremolina para ver mejor las calenturas del palomo, nuestras sacrosantas piedras son tomadas por asalto para convertirse, bajo el mejor esquema de apropiación del espacio, en bancas, mesas, barras, camas, sillas, resbaladillas, columpios, estrados, basureros, baños -aunque los “polis” vigilan que no se haga esto último-, cunas, locales comerciales, puestos ambulantes, cervecería, taquería, mezcalería, y a veces, hasta se hace arqueología.

Es por demás interesante el fenómeno, puesto que los organizadores del evento son las autoridades del ayuntamiento en turno, tan así que el cabildo llega al sitio acompañado de una banda de viento, a la más vieja usanza de los presidentes municipales de los años 40. Al mismo tiempo el INAH Oaxaca tiene que autorizar de alguna manera que esto se realice, pero, ¿bajo que criterios lo hace, ¿existe un plan de manejo de la zona que prevea el impacto del deterioro al patrimonio arqueológico, cuando cientos o miles de personas se pertrechan sobre sus edificios para alcanzar a ver claramente los refajos de las mujeres istmeñas? No es mi intención hacerla de denunciante amarillista, sino más bien analizar los bemoles de esta situación, porque por otro lado, los habitantes de Zaachila -quienes en su mayoría son los que asisten al evento, pues los turistas casi no acuden, salvo algunos “hippies” trashumantes y otras especies similares- finalmente está haciendo uso de lo que les pertenece, para lo que les interesa y de la forma que les parece más correcta. El dilema ético se presenta de inmediato, ¿a eso se refieren los que pugnan por la “autonomía y el patrimonio”?, ¿es válida la destrucción o el deterioro de lo propio por consenso? Es cierto que la Zona Arqueológica de Zaachila no es solo de los zaachileños, es parte de un conjunto cultural de mayor escala que hemos denominado rimbombantemente “Bienes del Patrimonio Arqueológico”. Por eso, no cae solamente en un pequeño grupo de personas la decisión sobre su futuro, pero tampoco en una sola como sucede con los arqueólogos directores de zonas, que fácilmente se convierten en caciques de sus piedras y hasta la forma en que ruedan tiene que pasar por sus manos a través de un oficio en hoja membretada.

Esta zona arqueológica está de esta forma quizás siendo utilizada por la gente, más allá de ser solamente un artículo de contemplación al que no hay ni que verlo mucho porque se rompe, mientras poco a poco se va empolvando y perdiendo su cohesión con aquellos que le ven todos los días, que por ser cotidiano se convierte en sustituible o al contrario, por lejano se vuelve objeto de codicia y conflicto.

Al final de día, son los huecos no solo en la legislación, sino en los criterios para aplicarla los que permiten que Pavarotti desplome con su peso las mil columnas en Chichen Itzá y Thalía mancille con su trasero de millones las narices del Chac Mol, mientras doña Ernestina se sienta a terminarse lo que queda de su Modelo sobre la escalinata que conduce a la tumba de quien, probablemente en otro tiempo, fuera ella misma.

3 comentarios en “Guelaguetza en Zaachila

  1. Efectivamente, estoy de aceurdo contigo Atl, hay que empezar a hacernos estas preguntas y plantear sin miedos algunas respuestas. Cuando hablo de las lagunas en la legislación me refiero en realidad a las diferencias en la aplicación de criterios entre una fiesta familiar en el pueblo de San Juan Teotihuacan y un espectáculo de millones de pesos en Chichén Itzá o cualquier otro sitio. No hablo de que uno sea mejor o menos destructivo que otro, o que se le de preferencia a tal o cual actividad cultural sobre la primera, sino que mientras no tengamos claros los objetivos de nuestro quehacer y la consecuente protección del patrimonio seguiremos en estas disyuntivas, que nos pueden llevar a resultados funestos y trágicos como los suscitados en Chinkultic hace poco más de un año.

    No son las autoridades (INAH, SEP, SEGOB, etc.) quienes propiciarán el cambio, somos todos los profesionistas de a pie quienes tenemos la responsabilidad en principio de discutir estos temas, al final del día, seremos algunos de nosotros lo que tendremos capacidad de desición en algún momento. Espero por lo menos congruencia a aquellos elegidos.

  2. Solo puedo citar a sub marcos y decir !huy¡. Por que, que dificil dar respuestas a unas pregunta tan duras y sobre todo tan fressscas. Hasta hace relativamente poco tiempo empezamos a tocar estos temas y a cuestionarnos sobre ellos de manera oficial y obligatoria. ¿Autonomía? es algo tan desconocido que en verdad tenemos que preguntarnos si algunas de sus concecuencias ¿tendría que ser destrucción cocensada o no?
    Nadie puede dejar de destruir o conservar algo que no entiende a cabalidad y que la administración federal lo hace lejano (a pesar de ser cotidiano), desafortunadamente las zonas arqueológicas son parte del paisaje de la comunidad pero no son parte de su territorio (territorio que se debe protejer). Tal vez sea un dilema sorjuanista donde somos la razon de lo mismo que culpamos, separando las sitios y zonas de su contexto socuial, provocando que entonces la única forma de relación efectiva de las comunidades con los sitios sea mediática: vivirlas, explotarlas o usarlas de forma momentánea cuando pueden hacerlo y como pueden hacerlo de forma colectiva (en el único momento que sienten que es suya), cuando la federación se distraé o se hace de la vista gorda para “tolerar” cierta forma de uso o disfrute del patrimonio. Tal vez se no ha escapado algo y en lugar de entender las formas cambiantes de relacionarse “valorar y disfrutar” el patrimonio que tiene nuestra sociedad, estamos trando de que la sociedad, por fuerza vea y crea lo que queremos.
    Tal vez nos preocupamos mas en tartar de hacer válida una nacion de patrimonio que suponemos válida y la mejor disponible, que en verdaderamente analizarla y hacerla mas flexible para incluir las diversas asepciones que esta tiene en el grueso de la sociedad.
    El INAH,las casas de la cultura, las secretarías de cultura y cosas por el estilo, dificilmente van a tracender en este o en otro tema sino toman encuenta en sus decisiones al público al que se supone sirven.
    Por último,¿lagunas en las leyes? son dificil de identificar. El problema no son las leyes, sino los interese de quienes las aplican (no ya los policias o el mp), no podemos cambiarlas sin que antes se mida su covertura, cuando se llegen a cumplir de forma integra.

    Salud os, ,estos son los temas que en un rato van a guiar nuestro trabajo.

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